Sotero Figueroa

Sotero Figueroa es uno de los hijos más meritorios, de los caracteres más probados y de los escritores más enérgicos y conocidos de Puerto Rico. Tuvo un maestro que no se puede recordar sin ternura: el maestro Rafael.

Desde la adolescencia escribió mucho, en verso y en prosa. De la prosa, ya por entonces eran notables, por la fidelidad de la observación y el buen sentido, sus artículos de costumbres. Pronto empezó a coleccionar y a estudiar con afán todo lo referente al país, a colaborar en todas las obras de su adelanto y cultura con sus personas distinguidas, y a defender con marcado tesón las libertades públicas. .

Su labor ha sido, desde sus comienzos, continua y múltiple; en la prensa, donde fue pronto adalid formidable, en la tribuna, en la que luce con dotes de expositor sereno, en el teatro, a que ha dado obras sustanciosas y de sagaz actualidad, en la conversación familiar, donde se muestra de preferencia su carácter firme y su buen consejo, ha sido como aquel ilustre Baldorioty de Castro, que lo tuvo en el periódico de compañero privilegiado, «ha ido siempre adelante». En 1a polémica política de su país, Figueroa sólo ha tenido iguales; ni da de costado, ni perdona juntura. A los males les busca el remedio en la raíz, y quiere que en todo se proclame y respete el pleno derecho del hombre. La suya es una energía que no ceja jamás hasta la transacción, ni sube nunca hasta la arrogancia. Su párrafo es numeroso, sin palabras que huelguen, ni ideas recalentadas, y con la música completa de los acentos y del sentido. .

Cuando flaqueaba casi todo a su alrededor, él no flaqueaba. Cuando en los días del «componte» terrible, en los días de las torturas de sus compañeros, el principal periódico de Ponce, El Pueblo, no tenía más redactor que él, él no faltó un solo día a la mesa del periódico. Cuando se convenció de que no había esperanza legítima de reforma por los métodos que había abogado como miembro valiosísimo del autonomismo, cesó de escribir. De su ciudad querida, de Ponce, cuyo espíritu progresista y liberal encomió en notable artículo, a modo de altivo saludo, en la visita del general Palacio, mudó su hogar a New York, donde su pluma, siempre activa, y cada día más útil y elocuente, continúa manteniendo con sobriedad ejemplar todas las formas y la esencia plena del derecho. Sus versos son robustos y sentenciosos; sus discursos son breves, bien repartidos y memorables; sus artículos fáciles e instructivos, versan sobre los temas más varios de Europa o de América, de biografía o de literatura. Es escritor de arte, a la vez que de trabajo; en todo lo suyo se le ve el carácter, que es su dote principal, el carácter honrado, afirmativo y directo. Entre puertorriqueños y cubanos y entre cuantos le conocen, goza de autoridad y simpatías. .

De sus obras, aparte de la continua y laboriosa de la prensa, y de sus comedias verdaderamente notables, la más conocida es la colección de «Estudios Biográficos» de Puerto Rico, premiada por la primera corporación de Ponce. Es obra en que ya se ven, aunque sin el crecimiento a que han llegado luego, las cualidades dominantes de Figueroa; la unidad de pensamiento, la investigación laboriosa, la forma elegante, el indómito y ardiente patriotismo. Hoy escribe como uno de los redactores principales, en La Revista Ilustrada de New York, y allá vieron la luz sus Reparos Literarios, colección de cartas sobre literatura de Hispanoamérica, en que entre nuevos y excelentes datos biográficos, pone de realce la individualidad, e ignorada riqueza, de las letras hispanoamericanas y muestra la viveza y profundidad con que ha comprendido el problema de América, aún cerrado para muchos que lo debieran entender, y la estrecha relación de las Antillas con el problema americano. .

JOSÉ MARTÍ.

Publicado en La Igualdad, de La Habana, 1892, y reproducido en La Doctrina de Martí, Nueva York, 2 de marzo de 1897.

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