[Nueva York, 2 de agosto de 1886]

030 Manuel Mercado[Nueva York, 2 de agosto de 1886]

Mi hermano querido.

Mucho he pensado antes de escribir la correspondencia que hoy le envío: pero ¿cómo hubiera podido prescindir de ella, escribiendo desde aquí en estas graves circunstancias para un diario de México? Ya V. sabe mis grandes miedos de parecer intruso; pero ese es mi deber de corresponsal, y lo he cumplido. Vd. y sus amigos sabrán allá si es oportuno publicar lo que les mando, escrito en virtud de mucho pensamiento, y con una previsión en cada palabra.

Ya V. imaginará la angustia en que quedo; porque siempre he visto más cerca el peligro de la guerra de México que todos los que la creen imposible porque ellos no la desean. Este país no necesita ahora la guerra, y si México aprovecha con habilidad alguna salida técnica en el caso legal, o halla en las extrañezas del proceso de Cutting pretexto para abandonar o esquivar la extraña posición en que se ha puesto, contra todos los precedentes que venían atestiguando su rara habilidad, la guerra podrá por esta vez evitarse, dejando enseñanzas que en mi humilde modo he de ayudar a inculcar, tales como la necesidad de infiltrar en la frontera un elemento numeroso de gentes de buen consejo y cautela, y abrir sobre la masa de este país una campaña infatigable de lo que pudiera llamarse “explicación de México”,-para que, conociéndolo y respetándolo más la masa, lo estime como lo estiman ya los que lo conocen y respetan.

Pero hoy, el peligro es tan cierto como V. sabe y yo repito, y la salvación no está tal vez sino en el hecho de que el país en masa no tiene necesidad de esta guerra, ni el Presidente dirige por ese camino sus ambiciones. La actitud del Congreso es, sin embargo, temible.-Y yo he escrito toda mi carta sin falsear ni atenuar ningún hecho; pero con el ánimo puesto en ayudar a hacer fácil la concesión que veo inevitable, y hasta ahora parece justa, por parte de ese Gobierno. Preveo que sin ella es difícil de evitar la guerra, y he querido contribuir a hacer fácil la salida.

Se va el correo. Lo que digo en la carta es verdad. Sufro tanto de esto como si viera en peligro de muerte a mi propia tierra. Dígame si he obrado con cordura, y no esté tanto tiempo sin escribirme.

Enviaré a Villada cuanto creo que le interese de lo que aquí se publique.

Quiera siempre mucho a su hermano

J. MARTÍ

 

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