Espacio “Cultura y Nación: el Misterio de Cuba” dedicado a la Meteorología
Por: Dra Caridad Pacheco

Como cada primer jueves del mes, llegó a la Sociedad Cultural José Martí el espacio “Cultura y Nación: el Misterio de Cuba”. En esta oportunidad los asistentes, desde las 3:00 p.m. del pasado jueves 6 de septiembre, en la esquina de 17 y D, en el capitalino barrio del Vedado, contaron con la presencia del doctor Luis Enrique Ramos Guadalupe, de la Fundación Fernando Ortiz, quien comentó su libro titulado Mariano Gutiérrez Lanza. Centinela de huracanes; y el doctor José Rubiera Torres, destacado académico que ha brindado el parte meteorológico en diversos espacios de la televisión, y diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular.
Luis Enrique Ramos Guadalupe explicó que su libro sobre Mariano Gutiérrez tuvo una edición española y ahora una edición cubana, gracias a la Fundación Fernando Ortiz, a su presidente, Miguel Barnet, y a su vicepresidenta Trinidad Pérez, entre otros compañeros que han aportado entusiasmo y esfuerzo para la publicación de esta obra.
La necesidad de hacer una biografía se debe a que Gutiérrez- Lanza, aunque nació en España, por su obra y consagración puede ser considerado un cubano, ya que se hizo meteorólogo en nuestro país. Su profesión estuvo motivada por la necesidad de dar continuidad a la obra de otros meteorólogos que le antecedieron en el Colegio de Belén, donde vivió destinado como profesor y donde había un observatorio meteorológico muy famoso.
En el transcurso de su interesante presentación, Ramos hizo mención a las aportaciones y controversias en las que participó el Padre Gutiérrez Lanza, así como algunas de sus pifias en relación con el curso de algunos fenómenos meteorológicos en la primera mitad del siglo XX, que le atrajeron detractores y graves ataques cuando en realidad los principales culpables eran los gobernantes de turno que no tomaban las medidas de precaución necesarias para garantizar la vida de las personas.
Por su parte, el doctor Rubiera ofreció una disertación en torno a Los ciclones tropicales en la cultura cubana, en la que destacó el origen maya del término huracán. Mencionó en ese sentido a Fernando Ortiz (1881-1969), antropólogo, jurista, arqueólogo y periodista cubano y su estudio denominado El Huracán, su mitología y sus símbolos. Pero también aclaró que en las artes plásticas y en la música está presente la influencia cultural de tales eventos de origen natural y particularmente citó el caso del Trío Matamoros, fundado en Santiago de Cuba que estaba de gira en República Dominicana cuando los sorprendió el Ciclón de San Zenón en 1930 y se corrió el rumor de que los integrantes del trío habían perecido, lo cual sirvió de fuente de inspiración a su director para componer un Son que hasta el día de hoy ha hecho historia.
Rubiera Torres destacó además cómo una parte considerable de la cultura sobre ciclones tropicales en Cuba obedece a la particular atención que le prestó el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, quien dedicó mucho tiempo al estudio de los fenómenos hidrometeorológicos y, sobre todo, a contrarrestar su impacto en los bienes de la población y la economía, lo que ha determinado que gran parte de nuestro pueblo tenga vastos conocimientos sobre la materia, como reconoció un importante especialista estadounidense. Recordó la presencia del Comandante en Jefe en áreas de sumo peligro del ciclón Flora, del cuatro al ocho de octubre de 1963, cuando las lluvias intensas e ininterrumpidas convirtieron el valle del río Cauto en un mar de fango y aguas enlodadas. Contaba Rubiera que en aquella ocasión Fidel salvó casi milagrosamente la vida, porque en su afán de estar en las zonas de mayor riesgo, cayó a las corrientes turbulentas que todo lo arrastraban.
Los asistentes hicieron preguntas sobre algunos equipos utilizados en la meteorología, personajes que se dedicaron antes del triunfo de la Revolución a esta materia, y también contaron sus experiencias vividas durante algunos de estos fenómenos, como cuando a la sanitaria que estuvo horas sin comer bocado durante el ciclón Flora, Fidel envió unos plátanos, y ni ella ni sus compañeros quisieron comerlos porque nadie quería desprenderse de un obsequio del Comandante, que finalmente las aguas se llevó.
La directora del Centro de Estudios Martianos, Ana Sánchez Collazo relató, emocionada, que durante el último de los ciclones, el Irma, aunque los jóvenes meteorólogos trabajaron muy bien durante aquellos nefastos días, todo el mundo preguntaba por Rubiera, quien se encontraba en el extranjero y cuando a las pocas horas se le vio en la televisión, hubo en los hogares cubanos grandes expresiones de júbilo y de confianza.

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