Cintio Vitier, martiano ejemplar
Por: Marlene Vázquez Pérez

Cintio Vitier estuvo haciendo aportes trascendentales a la cultura nacional desde su más temprana juventud. Uno de sus textos fundamentales, Lo cubano en la poesía, apareció como libro en 1958, y fue el resultado de su labor docente, pues reúne en libro  un curso suyo sobre el tema, dictado años antes, de ahí su organización en lecciones. En él se aúnan felizmente su erudición, su sensibilidad exquisita y su patriotismo raigal. El lector agradece siempre  ese estudio sistemático de la poesía cubana desde los orígenes hasta el momento de la escritura, que sobresale por su agudeza inquisitiva, su valoración justa, pero sobre todo, por la belleza de esa prosa, de honda raigambre poética.

Su obra abarca ensayo, poesía y narrativa, y en su amplia producción destacan sus valiosos Temas martianos, tanto en solitario como en coautoría con Fina García Marruz. O su indispensable biografía Vida y obra del Apóstol José Martí, fiel al aserto bíblico “…Por sus obras los conoceréis”. . Tampoco puede soslayarse ese pequeño volumen por su extensión, pero inmenso por su contenido, que fue Ese sol del mundo moral, o sus acercamientos a la crítica literaria cubana, entre otras muchas contribuciones decisivas.

Como poeta, dejó una producción de altos quilates, que brilla con luz propia dentro de la obra luminosa del Grupo Orígenes, del cual formó parte, junto a otras voces mayores de la lírica nacional, como José Lezama Lima, Fina García Marruz y Eliseo Diego. Sus poemarios estuvieron saliendo a la luz durante medio siglo, marcado por Experiencia de la poesía y Epifanías, su última entrega. Ponemos a disposición de los lectores una muestra de sus poemas.

Ahora, al conmemorar el  aniversario 99 de su natalicio, vale recordar al hombre, al poeta, al ensayista, al maestro, al humanista en el más alto sentido de la palabra. Sobre todo, y a tenor con los momentos difíciles que atravesamos hoy en Cuba y en el mundo, hay que releer su obra, hermosa, útil, y ponerla a disposición de nuestros lectores. Hay que ser como él, patriota entero, y hombre honrado, pues el heroísmo en tiempos arduos requiere de la firmeza y la decencia que lo acompañaron toda su vida.

EL Centro de Estudios Martianos se honra de haberlo tenido entre sus fundadores, de que haya sido nuestro Presidente de honor durante décadas y los que formamos parte de este colectivo, de haber contado  cotidianamente con su magisterio y guía.

Para nosotros, cada onomástico suyo es motivo de júbilo. Preparémonos desde ahora para que la conmemoración de su centenario, el 25 de septiembre de 2021, sea una verdadera epifanía de la Cultura cubana.

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MARTÍ EN LA HORA ACTUAL DE CUBA

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oc-icono José Martí, Cuadernos Martianos
José Martí, Cuadernos Martianos, cuenta con la selección de textos realizada por Cintio Vitier para el trabajo en las aulas martianas por niveles de enseñanza y con orientaciones metodológicas para los profesores.

 

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San Juan de la Cruz revisitado por Fina García y Cintio Vitier

Mauricio Núñez Rodríguez

El otrora Centro de Promoción Cultural Alejo Carpentier en ocasión del onceno aniversario de su creación organizó la presentación de los libros: Conversación con los difuntos, de Eliseo Diego; y San Juan de la Cruz,[1] de Fina García Marruz y Cintio Vitier. Ambos títulos pertenecen a la colección Venablos de las Ediciones Vigía —institución que también celebraba por esos días sus ocho años de creada.

San Juan de la Cruz está formado por dos ensayos: “De la palabra y el silencio”, de Fina García Marruz y “San Juan de la Cruz”, de Cintio Vitier. Ambos están dedicados al poeta español en su cuatricentenario.

La autora “De la palabra y el silencio” realiza un análisis poético y estilístico de fragmentos de las tres obras más significativas de San Juan de la Cruz: Subida al monte Carmelo, Cántico espiritual y Llama de amor viva para de esta manera acercarnos al sentido profundo de las expresiones del poeta. Las palabras de la poetisa se detienen en los diferentes sentidos que adquieren en los textos seleccionados las metáforas, frases y giros verbales, así como la relación que se establece entre los recursos y el mensaje lírico. Asimismo, el lector podrá encontrar en el desarrollo del trabajo frecuentes referencias a la poesía de José Martí a propósito del análisis textual de los versos del fundador del primer convento de los Carmelitas Descalzos.

Cintio Vitier dirige su interés en el segundo texto, fundamentalmente, a la vida y obra de San Juan de la Cruz; y aborda temas como la relación de la poesía con la mística, para lo cual cita criterios de diferentes personalidades que han analizado este horizonte, por ejemplo: María Zambrano y José M. Gallegos Rocafull, quien hizo el prólogo a las Obras completas de San Juan de la Cruz.

La presentación de ambos volúmenes en el Centro Alejo Carpentier fue realizada por jóvenes críticos matanceros y más que un acto formal, el encuentro se convirtió en una conversación familiar con los autores allí presentes, quienes agradecieron a las Ediciones Vigía el esfuerzo y la dedicación en la realización de las obras.

Es meritorio destacar el trabajo de edición que estuvo al cuidado de Alfredo Zaldívar y, también, la originalidad en el diseño, en los dibujos de la portada y las páginas interiores de este volumen, realizadas con acierto por Hiram Aguiar y que mantienen una estrecha coherencia con la temática mística desarrollada en los dos textos críticos.

Esta indagación de Fina García Marruz y Cintio Vitier constituye —sin lugar a dudas— una mirada exhaustiva y poética a la obra de San Juan de la Cruz y se convierte, a la vez, en un punto de referencia para los que gustan de la mejor poesía española de todos los tiempos.

[1] La mística española alcanza su lugar cimero con dos figuras extraordinarias de la orden de los Carmelitas: Santa Teresa de  Jesús y San Juan de la Cruz. El verdadero nombre de este último es Juan de Yepez y Álvarez (1542-1591). De él ha escrito Menéndez y Pelayo: “su poesía es más ardiente en pasión que ninguna poesía profana, y tan elegante y exquisita en la forma y tan plástica y figurativa como los más sabrosos frutos del Renacimiento (Tomado de Poesía, de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, Editorial Arte y Literatura,  l985).

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En ocasión del Aniversario 99 de su natalicio

CINTIO EN LA MEMORIA

María Caridad Pacheco

Al acercarnos al centenario del natalicio de Cintio Vitier, no puedo menos que agradecer a la vida haberlo conocido. La primera vez que lo vi, trabajaba absorto en un pequeño cubículo de la Biblioteca Nacional, a donde yo acudía con mucha frecuencia para encontrarme con la obra del Apóstol de la mano de otro ser humano imprescindible: la amiga mexicana Teresa Proenza.

Entonces, la joven estudiante de la carrera de historia conoció del resultado de los 15 años de trabajo de Cintio y Fina en la Sala Martí de la Biblioteca Nacional, antecedente del Centro de Estudios Martianos (CEM), fundada por iniciativa de Manuel Pedro González, quien propuso su creación en 1967, durante un congreso celebrado en Varadero por el centenario de Rubén Darío.

De este modo, llegan estos grandes intelectuales, después de lo que el propio Cintio llamó con bastante mesura un eclipse de varios años, al centro creado por iniciativa de Fidel y Armando Hart, entonces Ministro de Cultura, con el fin de investigar y promover la vida y obra del más universal de los cubanos.

Cuando arribé, hace ya 20 años al CEM, mi primer trabajo sobre recepción martiana indagó sobre su padre, Medardo Vitier, quien en 1911, diez años antes de su nacimiento, fue premiado por el primer libro sobre José Martí; así descubrí que el magisterio que tanto ejercía, venía de tradición familiar, ya que tanto el padre como la madre fueron maestros e incluso su hogar funcionaba como escuela.

En muchas oportunidades tuvimos el placer de escuchar en su propia voz relatos relacionados con su padre y acerca de su abuelo materno, carpintero de oficio, hombre pacífico que durante la guerra de independencia admitía no tener miedo a morir, sino a matar; así como sobre las Islas Canarias de donde provenían sus ancestros. También nos habló de su gran amigo José Lezama Lima, de Jorge Mañach, a quien consideraba el mejor biógrafo de Martí; de su cuñado Eliseo Diego a quien estimaba como hermano, y de sus hijos músicos, a quienes adoraba.

Por él supimos que fue Fina quien lo atrajo a estudiar más profundamente la obra del Apóstol, al leer un ensayo suyo publicado en 1951 en la revista Lyceum, y descubrimos que tanto él como su compañera en la vida tenían, como Martí, la encarnación de esos dos misterios, Cuba y la noche, la Revolución y la Poesía, que nunca abandonaron la una por la otra, porque ambas tenían un único y vital significado.

Cuando triunfa la Revolución en 1959, estas figuras emblemáticas de nuestra cultura, que tenían ya una sólida formación y una obra poética consolidada, lo pusieron todo al servicio de su patria,  actitud mantenida a lo largo de más de medio siglo de existencia de la Revolución, sin ambigüedades ni vacilaciones.

Otros hablarán de sus estudios y publicaciones, de sus numerosos premios y reconocimientos, en mi caso lo he querido evocar como un ser humano sencillo y amable, de una ética y conducta intachables, en su posición revolucionaria y antimperialista sin fisuras, todo lo cual lo convierten no solo en uno de los más destacados y profundos especialistas en la obra del Apóstol, sino en uno de los más leales continuadores de su pensamiento, de su senda y ejemplo.

La Habana, 24 de septiembre de 2020.

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En el 99 aniversario del nacimiento de Cintio Vitier Bolaños

(25 de septiembre de 1921 – 25 de septiembre de 2020)

por Araceli García Carranza

 

Cintio Vitier merece ser recordado en este aniversario y siempre, por su hermoso legado a la cultura cubana y, en especial, por su inmensa labor de investigación y promoción en la Biblioteca Nacional de Cuba, desde 1961 hasta 1976.

Siempre, junto a su esposa la poetisa y ensayista Fina García Marruz, integró el pequeño grupo que, con la Dra. María Teresa Freyre, refundó nuestra biblioteca en los primeros años de la Revolución. En esos años Vitier seleccionó en los fondos de la biblioteca y en las librerías de viejo para lograr el completamiento de nuestra bibliografía cubana, función primera de toda Biblioteca Nacional y dirigió nuestra revista hasta 1963. Después integró también el pequeño Grupo de Investigadores Literarios del Departamento Colección Cubana.

Su extensa bibliografía da fe de su producción literaria, y en especial los títulos logrados, desde Colección Cubana, en los años 60 y 70. Baste recordar algunas de sus obras: “La crítica literaria y estética del siglo XIX cubano”, “Temas martianos”, “Ese sol del mundo moral” y “Flor oculta de poesía cubana”.

Por su iniciativa y dentro de Colección Cubana creó la Sala Martí, el más grande monumento al Apóstol, hasta su fecha, como lo calificara el profesor Manuel Pedro González, en su inauguración el 28 de enero de 1968 y como órgano de la sala, Vitier publicó el Anuario Martiano en el cual incluyó textos antológicos sobre el Apóstol.

No podemos olvidar sus colaboraciones en la revista de la Biblioteca Nacional, desde la Sala Martí y hasta 1973 Cintio y Fina lograron un excepcional trabajo de promoción como reza en los informes de la época.

Cintio y Fina trabajaron en nuestra Colección Cubana hasta 1976 cuando, a instancias del Primer Ministro de Cultura de Cuba, Armando Hart Dávalos, la Sala Martí se convirtió en Centro de Estudios Martianos donde Vitier trabajó hasta su muerte acaecida el 1 de octubre del 2009.

En los años 1967 – 1976, quien redacta estas líneas dirigía Colección Cubana y por ello doy fe de sus acciones éticas, la coherencia de sus ideas, su acertada exégesis martiana, su dignidad y su fuerza moral. Vitier hubo incorporado a su propia naturaleza el pensamiento de José Martí, en su obra y en especial en “Ese sol del mundo moral” (1975) nos entregó sus concepciones espirituales y lo más puro del pensamiento cubano.

Nuestra Biblioteca Nacional debe rendirle homenaje perdurable a quien la honró con su decencia, sabiduría, nobleza, resistencia y disciplina: única aristocracia verdadera.

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