Bayamo: historia y contemporaneidad
Por: Mauricio Núñez Rodríguez

Bayamo es una ciudad que respira historia. Si sus calles hablaran expresarían los múltiples acontecimientos que han protagonizado en cada una de las etapas de nuestras guerras de liberación. Numerosos de sus sitios, seguramente, relatarían la biografía de un héroe, el proceso de creación de algún escritor o artista nacido en esta fecunda región del oriente cubano que hoy pertenece a la provincia Granma.

Caminar por sus avenidas significa acercarse a las raíces más auténticas de nuestra nacionalidad y cultura. Aquí nació Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria y esta zona fue el contexto de sus patrióticas hazañas. También se compuso el Himno Nacional y fue entonado por vez primera como preámbulo de una lucha que recién comenzaba contra el colonialismo español y en esa gesta, Bayamo fue la Primera República en Armas. «Yo tengo de Bayamo el alma intrépida y natural» —escribió José Martí, nuestro Héroe Nacional, sobre la hidalguía de la ciudad que fue fundada como villa en 1513 por Diego Velázquez con el nombre de San Salvador de Bayamo.

Siglos han pasado y —por diversas razones— los valores del entorno se han enriquecido. Por ejemplo: una de las ventanas de Bayamo debe su celebridad a que en ella se compuso una de las canciones trovadoresca más conocidas por los enamorados de la época y también de la posteridad. Se trata de la pieza: «La Bayamesa», que situó a la ventana de Luz Vázquez en uno de los lugares de obligada visita del recién llegado. Esta canción, además, inmortalizó la belleza y sensualidad de la mujer bayamesa.

Bayamo es una ciudad leyenda. Sus calles estrechas y adoquinadas conducen a numerosas iglesias cuya verticalidad parece indicar que están conquistando el cielo. Asimismo, muchas de sus casas expresan la arquitectura colonial predominante, es decir, el techo de tejas a dos aguas, puertas a la española y la utilización de la madera como elemento ornamental y de sostén. Y no podía faltar el Parque Central a partir del cual se nuclea la estructura arquitectónica de la ciudad.

Resulta imposible hablar de Bayamo y no mencionar sus coches. Este es un elemento típico del mundo colonial; pero su presencia es obligada en la vía pública a cualquier hora del día porque este medio de transporte es uno de los más utilizados actualmente. Su imagen y significación ha trascendido de tal manera que hasta forma parte de la letra de una popular canción:

«Quiero ir a Bayamo de noche

a pasear por sus calles en un coche».

O la estrofa que dice: «Pare cochero que me bajo del coche».

Y si de coches se trata, pues en uno de ellos se puede recorrer el centro histórico para visitar la Casa Natal de Carlos Manuel de Céspedes, la Plaza del Himno o la Iglesia de la Catedral o llegar hasta el mismo corazón de la ciudad donde está enclavada la Plaza de la Revolución, uno de los escenarios más frecuentados por los pobladores: el eslabón más importante de cada ciudad. Pero sucede que en el caso de los bayameses, se conjuga su hospitalidad y amabilidad con el enorme orgullo que sienten por la ciudad natal.

También el sentido de pertenencia a la urbe se expresa en la obra de sus artistas, pues numerosos de los símbolos  principales de la ciudad de Bayamo están reproducidos en barro. Así, el visitante puede llevar consigo varios de los lugares que visitó o de los cuales escuchó: la ventana de Luz Vázquez, el yate Granma, el monumento a Martí en Dos Ríos o alguna de sus estructuras arquitectónicas más representativas o los famosos coches.

El talento de los creadores bayameses también se expresa en los impresionantes trabajos en madera que se hallan en la decoración de centros turísticos, educacionales, recreativos, hospitalarios y que embellecen artísticamente y con buen gusto el entorno bayamés sumando así una arista más al incremento de su calidad de vida.

Estas razones (y muchas más, por supuesto) constituyen la causa de que Bayamo fuera declarada Monumento Nacional, es decir, por la riqueza histórica, cultural y patriótica que encierra y por el protagonismo de sus hijos en cada coyuntura epocal desde sus orígenes (aquellos que prefirieron quemarla antes de verla esclava) hasta las generaciones más contemporáneas sumadas a las nuevas tareas sociales.

La propia historia y sus protagonistas se encargaron de catapultar los símbolos de la cultura bayamesa a toda la isla y por eso, hoy constituyen elementos distintivos de la nacionalidad cubana. No es casual, entonces, que la ciudad se conozca como la Cuna de la Nacionalidad Cubana.

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