Celebrando el año 67 de la Revolución

Los trabajadores de la Oficina del Programa Martiano (OPM) y su sistema de instituciones celebraron, este 26 de diciembre, el aniversario 67 del triunfo de la Revolución, rememorando los análisis del doctor Eduardo Torres Cuevas (La Habana: 1942-2024) acerca de la repercusión de José Martí en el pensamiento cubano del siglo XX y, en especial, del paradigma que constituyera para un hombre como Fidel Castro quien supo sembrar el ideario martiano en el alma de la nación.

En el acto, celebrado en la Sala Bolívar del Centro de Estudios Martianos, recibieron la medalla Aniversario 30 de la Sociedad Cultural José Martí los doctores Héctor Hernández Pardo, subdirector general de la OPM y Pedro Pablo Rodríguez López, jefe del equipo de la Edición Crítica de las Obras Completas de José Martí, así como el profesor y periodista Gustavo Robreño Dolz, asesor de la OPM.

En la Fragua Martiana

El día 28, en el acto provincial por el aniversario 30 de la Sociedad Cultural José Martí, la filial habanera entregó la medalla a personalidades destacadas de la cultura, como María Eugenia Azcuy Rodríguez, Proyecto Comunitario Granjita Feliz y al Club Martiano A la sombra de un ala, del municipio La Habana Vieja y a otros colectivos, clubes y proyectos.

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Venezuela somos todos

El mundo asiste hoy, con alarma e indignación crecientes, a la amenaza bélica contra Venezuela, o lo que es lo mismo, contra Nuestra América. En el caso de Cuba, todo pasa por la razón, el pensamiento, y el sentimiento, y esos hilos afectivos no son de última hora, sino de larga data.

De la mano de Martí, y leyendo “Tres héroes”, en La Edad de Oro, aprendimos a amar a Bolívar como a un padre. Ello fija un ritual para cada cubano que llega a Caracas: hay que visitar la estatua del prócer y reeditar el fervor martiano, con la convicción de que ambos, el venezolano y el antillano, tienen mucho que hacer en América todavía.

Tan entrañable fue el vínculo de Martí con esa tierra, que así lo sintetizó en su carta de despedida a Fausto Teodoro de Aldrey, director de La Opinión Nacional:

Muy hidalgos corazones he sentido latir en esta tierra; vehementemente pago sus cariños; sus goces, me serán recreo; sus esperanzas, plácemes; sus penas, angustia; cuando se tienen los ojos fijos en lo alto, ni zarzas ni guijarros distraen al viajador en su camino: los ideales enérgicos y las consagraciones fervientes no se merman en un ánimo sincero por las contrariedades de la vida. De América soy hijo: a ella me debo. Y de la América, a cuya revelación, sacudimiento y fundación urgente me consagro, esta es la cuna; ni hay para labios dulces, copa amarga; ni el áspid muerde en pechos varoniles; ni de su cuna reniegan hijos fieles. Deme Venezuela en qué servirla: ella tiene en mí un hijo.1

Esa declaración apasionada sintetiza los muchos servicios que prestó el cubano a Venezuela y a nuestra América durante los meses que vivió en Caracas. Su intención de establecerse definitivamente en ese país se vio frustrada por la expulsión suya por órdenes del presidente Antonio Guzmán Blanco. Profesor; fundador de órganos de prensa y colaborador de otros ya establecidos; interlocutor asiduo en tertulias y otros espacios de intercambio intelectual; orador respetado y reconocido, todo eso fue el cubano en el semestre en que vivió en tierras venezolanas. Y llama la atención cómo desde esa época tan temprana reconoce a Venezuela como la cuna de Nuestra América. Ni siquiera en un momento tan amargo como el de la salida intempestiva del país, en la que se frustraban muchos proyectos de estabilización familiar y laboral, dejó Martí de expresar su amor a la patria de Bolívar.

Los antecedentes de esa partida forzada son bien conocidos. El primero de julio de 1881 salió a la luz el primer número de la Revista Venezolana, concreción y continuidad de un proyecto anterior no materializado, la Revista Guatemalteca.2 En las orillas del Anauco retomó la empresa, caracterizada por su autor del siguiente modo:

Extraña a todo género de prejuicios, enamorada de todo mérito verdadero, afligida de toda tarea inútil, pagada de toda obra grandiosa, la Revista Venezolana sale a luz. Nace del afecto vehemente que a su autor inspira el pueblo en que la crea: va encaminada a levantar su fama, publicar su hermosura, y promover su beneficio. No hace profesión de fe, sino de amor. No se anuncia tampoco bulliciosamente. Hacer, es la mejor manera de decir.3

El sentido de la utilidad de su labor, y de la trascendencia de esta hacia una práctica social que quiebra los estereotipos tradicionales de escritura, se hacen explícitos cuando declara que la Revista viene:

[…] —a poner humildísima mano en el creciente hervor continental; a empujar con los hombros juveniles la poderosa ola americana; a ayudar a la creación indispensable de las divinidades nuevas; a atajar todo pensamiento encaminado a mermar de su tamaño de portento nuestro pasado milagroso; a descubrir con celo de geógrafo, los orígenes de esta poesía de nuestro mundo, cuyos cauces y manantiales genuinos, más propios y más hondos que los de poesía alguna sabida, no se esconden por cierto en esos libros pálidos y entecos que nos vienen de tierras fatigadas […] Cosas grandes, en formas grandes.4

Fiel a su criterio de que la independencia tan arduamente conquistada en el continente debía ser fortalecida de manera constante, Martí se propuso revelar la originalidad de la historia y la cultura venezolanas, y contribuir, con su labor pedagógica, a la educación de sus ciudadanos. Es conocida su labor como profesor en dos colegios caraqueños, el Santa María, de Agustín Aveledo, y el Villegas, de Guillermo Tell Villegas.

Su excelencia como docente y orador, sus dos números de la Revista Venezolana, así como su fama de hombre de pensamiento libre y espíritu original, le granjearon la animadversión de Antonio Guzmán Blanco, especialmente a partir de la publicación de su obituario “Cecilio Acosta”, con motivo del deceso del notable intelectual, contrario al guzmancismo. Por esa razón fue expulsado del país a finales de ese propio mes, y marchó con destino a Nueva York. Desde allí continuó colaborando con La Opinión Nacional de Caracas, e inició sus Escenas norteamericanas, punto de giro en la literatura en nuestra lengua y en la labor de prevención antimperialista y de mediación cultural entre las dos Américas.

Durante muchos años se mantuvo divulgando la cultura venezolana y nuestroamericana por todos los medios posibles, y relacionándose con sus naturales asentados en los Estados Unidos, con los cuales fue formando una red intelectual de sentido descolonizador, cuyo nodo, sin duda alguna, fue la Sociedad Literaria Hispanoamericana de Nueva York,5 desde donde pronunció un trascendental discurso de homenaje a ese país, en marzo de 1892:

[…] ¡pero a Venezuela, como a toda nuestra América, a nuestra América desinteresada, la hemos de querer y de admirar sin límites, porque la sangre que dio por conquistar la libertad ha continuado dándola por conservarla! ¡Proclamemos, contra lacayos y pedantes, la gloria de los que en la gran labor de América se van poniendo de quicio y abono para la paz libre y decorosa del continente y la felicidad e independencia de las generaciones futuras!6

Honremos hoy la fidelidad histórica hacia esa tierra hermana, cuya soberanía y paz está siendo amenazada seriamente por los Estados Unidos, esos que Bolívar avizoró como destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad.

Es un asunto de la mayor importancia, y es nuestro deber y cuestión de honor y principios respaldar el gobierno legítimo del presidente Nicolás Maduro. Urge hacer un llamado a la paz y exigir el respeto a la soberanía de Venezuela, que es la de Nuestra América y la de todos los pueblos que luchan por un mundo mejor y más justo.

1 José Martí, Carta a Fausto Teodoro de Aldrey: Obras Completas, Edición Crítica, Centro de Estudios Martianos, La Habana, p. 110 (en lo adelante OCEC). Subrayados en cursivas de MVP.

2 La Revista Guatemalteca (1877) muestra sus tempranas intenciones de universalizar a la que ya, desde su etapa de residencia en México, asume como Nuestra América. Esta tentativa cultural, de la que quedan como testimonios su prospecto y dos breves artículos, tenía dos direcciones de trabajo fundamentales: divulgar acá el acontecer internacional, y dar a conocer en el resto del mundo lo más notable de la vida en nuestras jóvenes repúblicas independientes.

3 OCEC, t. 8, p. 55.

4 OCEC, t. 8, p. 56.

5 Véase de Enrique López Mesa, José Martí y la Sociedad Hispano-Americana de New York, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2024.

6 JM: Discurso pronunciado en la velada de la Sociedad Literaria Hispanoamericana en honor de Venezuela, 1892. En OC, t. 7, p. 291.

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La visión martiana desde su sistema narrativo

El encuentro “Martí, narrador”, impartido por el Doctor Mauricio Núñez Rodríguez, como parte del programa del Curso de Posgrado “Martí, escritor” que ofrece el Centro de Estudios Martianos, aconteció el miércoles 12 de noviembre, como continuación de la disertación de la escritora e investigadora Caridad Atencio Mendoza, a propósito del carácter artístico de los Diarios de Campaña de José Martí, como culmen de su pensamiento.

El Doctor Núñez Rodríguez realizó su apertura aseverando las palabras de Atencio Mendoza: José Martí fue un poeta en mayúsculas. Afirmó, además, que el Apóstol no era un poeta solo en la poesía; fue un poeta que incursionó en el periodismo y que abarcó numerosas áreas del saber como la ciencia, la política y la tecnología. También estuvo presente la condición de poeta en su extraordinario epistolario, en circulares a jefes militares, así como en los prólogos a numerosas obras. “La condición inmanente, visceral de poeta está implícita en toda su obra”, estableció el conferencista como punto clave en la comprensión profunda e integral de la obra y pensamiento martianos.

Como segundo punto clave, el Doctor Núñez Rodríguez hizo alusión a los saberes que había adquirido José Martí, no solo mediante la ávida lectura, sino también por la formación que recibió de su mentor Rafael María de Mendive. Además, fueron decisivas, entre las diferentes experiencias que le marcaron a lo largo de su vida, el Presidio Político en las Canteras de San Lázaro en Cuba y sus estancias en España, países latinoamericanos como México, Guatemala y Venezuela y, por último, sus vivencias en los Estados Unidos.

El Presidio Político en Cuba marcó un antes y un después en la vida del adolescente que devino en una adultez precoz, sembrando la semilla de un pensamiento que evolucionaría durante su vida como escritor y revolucionario.

El conferencista, en otro momento, hizo alusión a la importancia de España y de las dos carreras que terminó José Martí en la Universidad de Zaragoza (Filosofía y Letras y Derecho Civil y Canónico), conocimientos que permearon su visión.

Para concluir el viaje, el Doctor Mauricio se adentró en la estancia del Apóstol en los Estados Unidos, que describió como “su etapa de plena madurez y mayor estabilidad desde el punto de vista creativo”. En ese momento, aseveró, nació la mayor parte de la obra literaria y periodística de José Martí: la revista La Edad de Oro, las traducciones de novelas de escritores norteamericanos, los prólogos de numerosas obras, el periódico Patria, entre otros. Martí fue partícipe, además, del proceso de efervescencia norteamericana conocida como la Modernidad.

Como último elemento clave para entender a José Martí, el Doctor Mauricio Nuñez, el Doctor David Leyva y la Doctora Marlene Vázquez, en sus respectivas intervenciones, confirmaron la complejidad, hibridez y riqueza del sistema narrativo de José Martí, pues numerosas piezas de su obra literaria no se atienen a géneros literarios canónicos. La obra de José Martí transgrede géneros, tiene una naturaleza plural, compleja desde el punto de vista del estilo, por citar algunos de los argumentos presentados por los especialistas. “La oficina de José Martí en 120 Front Street se convirtió en su laboratorio de creación.”

El encuentro “Martí, narrador” por el Doctor Mauricio Nuñez fue un viaje a la esencia de José Martí desde su sistema narrativo, un sistema narrativo que encontró su génesis prematura en El Presidio Político en Cuba y alcanzó su punto máximo en su laboratorio neoyorquino donde devino en traductor, escritor y periodista, donde pensó y reflexionó sus vivencias y volvió tangible cada idea.

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Dramaturgia martiana

La tercera clase del curso de posgrado “Martí, escritor”, impartida el pasado miércoles 5 de noviembre en el Centro de Estudios Martianos por el Dr. David Leyva, permitió a los asistentes descubrir el universo del Martí (dramaturgo) que, de pequeño, sin temor alguno, compraba a un precio mucho más bajo los asientos número trece de los teatros.
Por si quedase alguna duda del genio precoz del Apóstol, cabe recordar que con tan solo once años ya se lanzaba a traducir Hamlet, de William Shakespeare, y con dieciséis conformó su propia obra maestra del género: Abdala. Leyva señaló que, en dicha pieza, se halla el primer héroe negro del teatro cubano, y este es solo uno de sus valiosos aportes. El teatro martiano, que con Abdala inicia, suele estar escrito en verso endecasílabo y tener un carácter autobiográfico. De hecho, cuando apareció este primer texto en el periódico Patria Libre, el autor adolescente se llevó un buen regaño por parte de sus padres, quienes, como la progenitora de Abdala, no entendían por qué su joven hijo arriesgaba tanto por una causa que consideraban de menor importancia que su supervivencia.
En España Martí comenzó su crítica actoral y escribió su única obra dramática en prosa, Adúltera, donde usa nombres parlantes alemanes para los personajes y presenta como conflicto principal los celos y el engaño. A pesar de su importancia, nunca se escenificó. Tiempo más tarde, ya en México, bajo el seudónimo de Orestes –como el personaje de Esquilo–, creó Amor con amor se paga, una pieza metateatral, su primera obra completa –que sí pudo representarse– y ganó muchas admiradoras, entre ellas la propia Carmen Zayas Bazán, quien se convertiría en su esposa. En Guatemala, el Héroe Nacional de Cuba publicó su último drama, Patria y Libertad, de tono más serio; aquí aparece por primera vez la voz del pueblo.
Además del teatro martiano que sí vio la luz en su día, llevado a escena o solo como escrito, existe el teatro martiano sin publicar, proyectos escritos desde 1880 hasta 1894. Entre estos encontramos, por ejemplo, la historia del fracaso de un matrimonio, anécdotas de hombres de mala reputación o dudosos valores y la disyuntiva de quien tiene que elegir entre sus seres queridos o su Patria. En medio de la clase, discutimos lo curioso que resulta que, incluso después de la muerte de José Martí, se hayan escenificado pocos de sus trabajos, solo en contadas ocasiones. Quizás se piensa que la responsabilidad es muy grande, o quizás se les presta mayor atención a sus textos narrativos, poéticos y periodísticos, impartidos usualmente en las escuelas, desde la primera enseñanza, a diferencia de sus piezas teatrales, con excepción de Abdala.
Estudiar la vida y obra completa del Apóstol es, sin dudas, una tarea titánica; no obstante, le debemos una investigación más profunda y, sobre todo, una representación justa de sus dramas, incluso de aquellos que no alcanzó a hacer públicos. Seguramente, así lo hubiese querido ese niño que comprobaba los asientos “malditos” para disfrutar con mayor frecuencia de los espectáculos y nutrir, de este modo, su alma de creador.

© Olivia Busto Legrá

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Intercambios del CEM e instituciones solidarias con Cuba (+ fotos)

Con la presentación y donación de ejemplares de la antología de textos martianos Tengo yo en mi corazón, y la conferencia “José Martí: pensamiento descolonizador y cultura de paz” (5 de noviembre último), impartida en el Ateneo de la comarca del Bidasoa, en Kabigorri, Irún (Guipúzcoa, País Vasco, España), cerró el programa de intercambios con instituciones españolas e italianas solidarias con Cuba, en el que participó (desde el 18 de octubre) Marlene Vázquez Pérez, en representación del Centro de Estudios Martianos (CEM).

Vázquez Pérez, directora del CEM, quien hizo la selección de los textos, ya había compartido ese valioso compendio en la sede de la Embajada de Cuba en Madrid (31 de octubre) y, luego (3 de noviembre), en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras, de la Universidad de Zaragoza –en esta ocasión junto a la profesora de Gramática española de la Universidad de La Habana (UH), Gretel Gutiérrez.

En la sede diplomática cubana, Vázquez Pérez discursó acerca del imprescindible texto martiano “Vindicación de Cuba”, la trascendencia de los cuatro números de La Edad de Oro, así como de las cualidades éticas de Martí y la cercanía y vigencia de su pensamiento, tanto para Cuba como para el mundo.

Se entrevistó con el director del Instituto Cervantes –el poeta Luis García Montero–, para acordar líneas de intercambio académico interinstitucional. Además, donó publicaciones del sello editorial CEM a la Biblioteca Nacional de España, la Casa de América, el Ateneo de Madrid; se reunió con grupos de solidaridad de Madrid y San Sebastián y con la directiva de Alto Cedro Finanzas Internacional, con quienes pudo precisar detalles del proyecto de colaboración con el CEM.

Organizado por las embajadas de Cuba y Venezuela, Vázquez Pérez participó en la presentación del filme venezolano Alí Primera y la misa de celebración por la canonización de José Gregorio Hernández y Madre Carmen Rendiles.

En Italia, Vázquez Pérez impartió la conferencia “La emigración latinoamericana en la mirada de José Martí”, en el Encuentro de cubanos residentes en Europa.

Parada indispensable, fue la visita a la sede de la ONG Semillas de Paz –Tarquinia (2 de noviembre)–, recibida por su presidente Luca Bondi; Ugo Longo, director del Instituto Internacional “José Martí” para la Paz y Solidaridad entre los Pueblos, y Paolo Vittoria, Universidad “Federico Segundo”, de Nápoles.

Previamente (28 de octubre), Vázquez Pérez participó, en Roma, en el seminario sobre José Martí en la Facultad de Letras y Filosofía de La Sapienza, Universidad de Roma, junto a la doctora Mirella Dalffieri y el profesor Luciano Vasapollo. Allí retomó una las claves del trabajo del Centro de Estudios Martianos, la Edición Crítica de las Obras Completas de José Martí.

En el Vaticano estuvo presente en la misa del Papa León XIV, de la cual comentó en mensaje enviado al colectivo del CEM: “La gente aplaudía y cantaba junto a nosotros La Guantanamera; loaban la esperanza, apoyaban peticiones de paz y de salud para los cubanos y manifestaban su oposición al bloqueo imperialista contra nuestra Isla”.

© PJM

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La selva poética martiana

En el segundo encuentro del posgrado “Martí, escritor” –22 de octubre último–, la Lic. Caridad Atencio, investigadora, poeta y ensayista, miembro del Departamento de Literatura del Centro de Estudios Martianos, impartió una conferencia introductoria al universo Martí poeta.

Atencio, durante décadas, ha estudiado la poesía martiana, incluso desde los primeros cuadernos de notas; decidió no enfocarse solamente en los poemarios más (re)conocidos del célebre escritor. Esta vez, dio inicio a su clase con dos cuestiones fundamentales: qué es y para qué sirve la poesía. Las interrogantes podrían parecer de difícil respuesta; no obstante, la investigadora aportó un conjunto de definiciones, propias y ajenas, para llevarnos a cierto consenso. Varios autores señalan que poesía es instinto e inconsciente, también mezcla de razón y pasión, de inteligencia y sentimiento. Evoca un mundo subjetivo, simbólico y misterioso. Fina García Marruz aclaraba que la poesía de Martí puede ser llamada misteriosa, pero no enigmática: el misterio “es siempre una revelación, una Aparición […] es el comienzo mismo de toda historia” (1951).

El Héroe Nacional de Cuba, aun habiendo tenido una existencia relativamente breve, dejó decenas de obras literarias, cuanto menos, admirables. Atencio recordó que su creación poética no se limita solo a la que fue publicada, sino además a la que no vio la luz; en el primer grupo, tenemos Ismaelillo (1882) y los Versos Sencillos (1891), mientras que en el segundo figuran sus primeros versos –escritos en Cuba y España, siendo adolescente y joven adulto–, los poemas de México y Guatemala, los Versos Libres, los poemas de La Edad de Oro, Polvo de Alas de Mariposa, y hasta los Diarios de Campaña podrían ser considerados un extenso y hermoso poema. No nos extraña encontrar influencias de renacentistas, místicos y románticos en el hombre que inauguró la poesía moderna en su Isla; más que precursor, debe considerársele iniciador del Modernismo latinoamericano. Caridad Atencio expresó que Martí es “un león hecho de leones digeridos, no de corderos”.

Como “escritor clásico de la lengua” –entiéndase por “clásico” aquel creador capaz de engendrar una obra a la que se puede y se debe volver, esa en la que siempre se hallan nuevos mensajes–, nuestro Martí crea una tensión que oscila entre “la oscuridad y la magia, la inteligibilidad y el hechizo”. Atencio narró que, cuando ella estudiaba en la universidad, la poesía de Martí le “parecía una selva”. Sin embargo, tiempo después de haberse adentrado en dicho ecosistema, está segura de que el Apóstol “tiene un pensamiento muy armónico”, pues apenas se contradice, todo fluye en su universo. Por tanto, destaca la vigencia real de su quehacer literario; parece que nos habla a los lectores y creadores actuales, como en su día les susurró al oído a Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, José Lezama Lima, la propia Fina García Marruz, Cintio Vitier y tantos otros.

Si bien José Julián afirmaba que el dolor y el sacrificio eran necesarios para conocer la vida, la poesía martiana se nos ha hecho necesaria para comprender el mundo. En sus poemas denunció –con la mayor maestría y sencillez posibles– “el poder corruptor del colonialismo y la riqueza”, añoró “la patria ausente”, reivindicó “la utilidad de la virtud”, transitando la vida “como lucha y ascensión”. No hay mejor manera de honrar el enorme legado martiano que acercarnos a sus textos de forma honesta, sensible e inteligente; adentrarnos, hechizados, en esa selva.

© Olivia Busto Legrá

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Las amistades mexicanas de José Martí

El joven José Martí con 22 años de edad llegó a México el 8 de febrero de 1875. Esta primera estancia en el país azteca que duró —casi dos años— hasta el 2 de enero de 1877 fue decisiva en su formación humana; allí conoció lo que luego llamaría «Nuestra América», aprendería los problemas del indio, se desarrollaría como periodista y disfrutaría la puesta en escena de su proverbio «Amor con amor se paga». Fue también en México que conoce a la sería su esposa y conquista amistades para toda la vida.

 

José Martí en México en 1875.

El vapor «City of Mérida», de 1 492 toneladas, fondeó en el puerto de Veracruz a las seis y media de la tarde, Martí continúa el viaje en tren hacia la capital mexicana. En la terminal de Buenavista esperaban al joven, procedente de Europa, su padre y Manuel Antonio Mercado de la Paz, quien era entonces secretario del Gobierno del Distrito Federal y ya había sido secretario del gobierno en el Estado de Michoacán y diputado al Congreso de la Unión. Entre Martí y Mercado surgió una amistad que perduraría para toda la vida, una coincidencia parecía unirlos: ambos habían nacido un 28 de enero, aunque Mercado era quince años mayor que Martí.

 

 

En aquella época gobernaba en México Sebastián Lerdo de Tejada sucesor de Benito Juárez, quien dirigía con sus tendencias de liberalismo las contradicciones con el clero, y contaba entre sus partidarios con el apoyo de los intelectuales para el desarrollo de la cultura. Martí abrazó las ideas de Lerdo, incluso contó con su amistad, se conocieron luego de un discurso pronunciado por el presidente en la Escuela de Derecho.

Mercado llevó a Martí a conocer a José Villada Perea, político y militar, diputado al Congreso de la Unión de México, Villada era director de la «Revista Universal» y colocó al joven emigrado en la lista de los redactores del diario. De la franca discusión sobre las colaboraciones del cubano surgió la amistad. Fue en la redacción del periódico donde Martí entabló amistad con Juan de Dios Peza Osorio, poeta y dramaturgo, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, quien en 1874 había conmocionado a la sociedad mexicana con su obra de teatro «La ciencia del hogar». Allí también conoció a José Peón Contreras, médico, poeta, dramaturgo, novelista quien intercambiaba sus versos con el bardo cubano.

Muy conocida en la época la poeta Rosario de la Peña y Llerena realizaba en su casa amenas tertulias frecuentadas por los intelectuales, hasta allí llegó Martí que admiraba las declamaciones de la joven a quien llamaban «la de Acuña», pues se decía que un joven poeta se había suicidado por ella. En el álbum de Rosario, Martí escribió: «En ti pensaba, en tus cabellos que el mundo de la sombra envidiaría/ Y puse un punto de mi vista en ellos/ y quise yo soñar que tú eras mía».

 

 

Otro de los dramaturgos que intimó con Martí fue Enrique Guasp de Peris, proveniente de España había sido militar ayudante de Francisco Lersundi y Ormaechea, gobernador de la Isla de Cuba durante dos mandatos: 1866 y 1867-1869. Enrique dirigía una compañía de teatro y le propuso a Martí que le escribiera una obra. Esta petición fue reforzada por la actriz Concepción (Conchita) Padilla. Martí escribió el proverbio «Amor con amor se paga», lo hizo en un día, según sus propias palabras: «Por la mañana encargó,/ Y se pensó en la mañana/ Más frívola que galana/ Por la tarde se acabó».

 

Compañía de teatro de Enrique Guasp. Sentado de izquierda a derecha el primero es Enrique, la quinta es Concepción Padilla.

El domingo 19 de diciembre de 1875 en el Teatro Principal se estrenó la obra, fue un gran éxito, el público entre aplausos pedía que subiera el autor. Martí se presentó y Conchita le obsequió una corona de laureles que el joven cubano, con modestia, acercó a su pecho. A Enrique le escribió Martí un hermoso poema que se publicó en la prensa: «Surcando el mar, pidiendo a las inquietas/ Olas del Golfo espacio y albedrío/ Al par llegamos, tú con tus poetas,/ Yo con el mal de un alma en el vacío/ Los dos trajimos a esta tierra bella/ Un sueño y un amor; algo de canto/ En la voz juvenil, y algo de estrella/ En ti de gloria, para mí de espanto».

Manuel Egidio Ocaranza, pintor costumbrista, enseñaba los primeros trazos del pincel a las hermanas de Martí, llegando a ser el novio de María Salustiana. El artista viajó a Francia a una beca, a su regreso la muchacha había fallecido, conoció entonces a su hermano, el poeta cubano. Ocaranza tenía su estudio en casa de Mercado, hasta allí llegaba Martí, sostenían amplias pláticas a las que se incorporaba doña Dolores García Parra, la esposa de Mercado, quien les servía un gustoso café. El artista plástico pintó un boceto de la novia, obra que luego Martí le solicitaba y de la que no se conoce su destino final.

Además del médico José Peón Contreras hubo otros dos galenos que atendieron la salud del Maestro y se convirtieron en sus amigos, fueron ellos el doctor Francisco Montes de Oca quien le realizó una intervención quirúrgica en mayo de 1876 y el doctor Regino González. Este último galeno asistió a Martí en julio de 1894, en el Hotel Iturbide, por los trastornos respiratorios que presentaba el cubano. Desde la primera entrevista médico paciente surgió la amistad, de Martí diría el doctor Regino que era «un hombre extraordinario».

Claro que estas son algunas de las amistades de Martí, es conocido que el pueblo azteca le abrió las puertas de su corazón y él correspondió con creces. Martí mantuvo un vínculo constante con este pueblo, su última carta, conocida como testamento político fue a su amigo mexicano Manuel Mercado. Múltiples escritos dedicó a México, con profundo sentimiento escribió el Apóstol: «¡Oh México querido! ¡Oh México adorado! Ve los peligros que te cercan ¡Oye el clamor de un hijo tuyo que no nació de ti! […] yo habré muerto, oh México por defenderte y amarte».

Tomado de: https://www.trabajadores.cu

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Posgrado “Martí, escritor”: la amplia gama del grotesco martiano

El curso de posgrado “Martí, escritor”, organizado por el Centro de Estudios Martianos para quienes desean acercarse a la actividad creadora de José Julián y estudiar su relación con el arte y la literatura universal, dio inicio en la institución este miércoles 15 de octubre.

El primer encuentro estuvo a cargo del Dr. David Leyva, quien presentó su libro La sinuosa imagen grotesca en José Martí. Explicó que el grotesco en Martí se manifiesta de varias formas y como consecuencia de distintas influencias. Lo grotesco terrible y fuerte le viene del florentino Dante Alighieri y del infierno plasmado por él en la Divina Comedia: Nueva York en ocasiones, como destino de su destierro, será para Martí una especie de Ciudad de Dite.

Lo grotesco ligado al optimismo renacentista, de François Rabelais, el gran creador de gigantes, no tan alejados estos del Puente de Brooklyn o la locomotora. Lo grotesco más humanista lo toma principalmente, por supuesto, del Quijote de Cervantes, quien también fuera un joven enfermizo que, al igual que Martí, debió “armarse caballero”. Lo grotesco satírico surge de Quevedo, su Buscón y sus poemas burlescos, esos que se centran en airear los defectos físicos y morales de las personas.

En cierta ocasión Domingo Faustino Sarmiento, presidente de la Argentina, le atribuyó a la obra martiana el “estilo de Goya”, en referencia a las pinceladas del caos ejecutadas por el artista español, a quien Martí llamara “genio padre”. El Apóstol pudo apreciar con sus propios ojos las pinturas negras en medio de su segundo destierro. Lo feo le llegaba a parecer hermoso; la unión de la vida y la muerte, algo sublime, y la deformación de las autoridades religiosas, una demostración inequívoca de que el poder conduce a la corrupción. Ambos, Francisco y José Julián, se mueven con soltura dentro de la amplia gama de lo grotesco.

La exposición de David Leyva fue grabada en audio y está disponible (formato podcast), en el Portal José Martí. Las conferencias restantes, ya próximas, también serán conservadas de esta manera, con el objetivo de ampliar el acceso a dichos contenidos y que se difundan detalles de interés acerca del quehacer literario de un cubano tan brillante y universal como José Julián Martí Pérez.

En este curso, además de las conferencias magistrales de tres de los miembros del Departamento de Literatura de la institución –con avances de sus respectivas investigaciones–, se sumarán dos invitados de excelencia: el Dr. Osmar Sánchez Aguilera, del Colegio de México, y Aldana Ratuschny, profesora e investigadora de la Universidad de Sevilla (España) y de la Universidad Nacional del Sur (Argentina).

© Olivia Busto Legrá

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Aristas del Martí escritor

Integrantes del Grupo de Estudios Literarios del Centro de Estudios Martianos expusieron resultados de sus investigaciones en el más reciente Taller Científico que, como parte del programa del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), sesionó en el Salón Bolívar de la institución.

La licenciada Caridad Atencio, también poeta y ensayista, expresó su deseo de actualizar los estudios sobre la recepción de los Versos Sencillos, tema ya tratado por ella a finales de los años noventa, el cual dio como fruto la publicación de un cuaderno. Atencio afirma haber leído, hasta ahora, aproximadamente treinta y cinco de los cuarenta y cuatro asientos de la bibliografía, que entregará este año, sumada a un artículo centrado en el Poema I.

Por su parte, el Dr. David Leyva, quien acaba de finalizar con éxito su tesis Interrelaciones entre las artes plásticas y la literatura en la obra de José Martí (1875-1891), con tutoría de la Dr. Astrid Santana Fernández de Castro, enfoca su estudio inmediato en referentes teatrales del Apóstol, a partir de paralelismos estilísticos y temáticos con las piezas de Esquilo, William Shakespeare y Calderón de la Barca.

El Dr. Mauricio Núñez, quien presidió el encuentro, desempeña hoy dos tareas fundamentales: coordinación académica del Anuario del Centro de Estudios Martianos e investigación de la presencia de José Martí en la revista costarricense Repertorio Americano, “decana de las revistas del continente”, viva durante treinta y nueve años.

En su intervención, aportó detalles acerca del trabajo de sus colegas, y recomendó, en especial, tres artículos del Anuario… que aparecerán en el no. 47, ya diseñado y casi listo para ver la luz: un texto-homenaje a Gabriela Mistral acerca de su vínculo con la intelectualidad cubana, con autoría del Dr. Omar Sánchez Aguilera; un estudio de valor acerca de las diversas biografías martianas, de los doctores Maximiliano Francisco Trujillo, Félix Julio Alfonso y Juan Eduardo Besada, y una selección de las ponencias presentadas en el Coloquio Internacional “El Modernismo de José Martí”, celebrado al año pasado en el propio centro.

La licenciada Olivia Busto Legrá, investigadora adiestrada del departamento, dio a conocer su desempeño durante el primer semestre en la institución: estudio de la representación de la mujer o el sujeto femenino en la obra literaria de José Martí; colaboración en la conformación de los números 47 y 48 del Anuario; colaboraciones para el Portal José Martí y, además, un texto en el Anuario no. 48, acerca de La Edad de Oro, edicion enriquecida con realidad aumentada, dedicada a Jorge Lozano Ros y Salvador Arias García.

Grosso modo, estas intervenciones corroboran, en primer lugar, que los aspectos de interés dentro de la obra del Martí-escritor son prácticamente inagotables y, también, que el centro cuenta con varios profesionales que, desde diversas perspectivas, explorando distintas aristas de la creación martiana, se dedican con orgullo al rescate y a la divulgación de datos valiosos para la cultura nacional.

© OBL

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Torres Cuevas: Las raíces y el devenir de la Nación Cubana

En la Plaza de Armas del Centro Histórico de La Habana Vieja se presentó este sábado la obra póstuma del historiador y profesor Dr.C. Eduardo Torres Cuevas

El libro Memorias de la Nación Cubana I: Formación y liberación de la nación, de los doctores en Ciencias Históricas Eduardo Torres Cuevas y Yoel Cordoví Nuñez, fue presentado este 11 de octubre en el espacio del Sábado del Libro, como parte de las actividades conmemorativas por el aniversario 157 del inicio de nuestra primera Guerra de Independencia, el inicio de la Jornada de la Cultura Cubana y el aniversario 39 de la Asociación Hermanos Saíz.

«Torres Cuevas no solo fue un gran intelectual, un profesional interdisciplinario, sino un formador de generaciones, un pedagogo, y una gran persona, que dedicó su vida al estudio de la Historia de Cuba, a sus raíces fundacionales y el devenir como Nacion”, afirmó el MCs. Javier Gutiérrez Forte, subdirector de la Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz, adscrita a la Universidad de La Habana, y que tuvo a su cargo la edición del texto, de conjunto con la Oficina del Programa Martiano.

«En estas 459 páginas se sintetizan 400 años de historia, divididas en 9 acápites, en los que se abordan los múltiples procesos que dieron origen a la cubanidad y en los que se evidencia dos de sus principales propósitos como investigador y profesor: tratar de entender a Cuba, y transmitirle a las nuevas generaciones el orgullo de sentirse cubanos «, aseveró Gutiérrez Forte.

Por su parte, Yoel Cordoví agradeció póstumamente a quien fuera su maestro, por haberlo convidado a compartir la redacción de ese proyecto, estructurado en tres tomos, y señaló que ese fue el último texto en vida de Torres Cuevas, fallecido el pasado 31 de agosto.

Cordovi destacó también la condición humanista de quien fuera un formador de generaciones de historiadores cubanos y foráneos, y resaltó sus aportes a los orígenes y la historia del pensamiento cubano y su relación con los modelos de pensamientos internacionales.

A la presentación de su obra póstuma asistieron su viuda, Patricia González Díaz; el presidente del Instituto Cubano del Libro, Juan Rodríguez Cabrera; y el presidente de la Asociación Hermanos Saíz, Yasel Toledo Garnach.

Tomado de: https://www.tribuna.cu

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