Murió la gran Araceli García Carranza

¡Qué pena! Una vida entera dedicada a la preparación de la bibliografía de notables autores cubanos. Fiel colaboradora del Centro de Estudios Martianos y de su revista científica, el Anuario. Mujer noble, decente, sensible y trabajadora incansable. Despedimos a una mujer íntegra y de auténtico sentido de pertenencia a la cultura cubana. La semana pasada estaba preocupada por la digitalización de la bibliografía martiana correspondiente al año 2025. Nos deja una obra y ejemplo colosal. La nación cubana siempre estará en deuda con ella.

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Nuestra América en el ojo del águila: La anexión a Estados Unidos en la mirada de José Martí

Los devotos del anexionismo son una especie antigua en la Historia de Cuba. Desde los albores del siglo XIX la admiración desmedida hacia los Estados Unidos encandiló a muchos cubanos, que pretendían encontrar remedio fácil a sus males mirando hacia el Norte. La ingenuidad de los pioneros de esa posición era entendible, pero igualmente estaba marcada por el egoísmo de quienes pretendían acercarse al coloso vecino buscando libertades democráticas y bienestar económico para la sacarocracia criolla, a la vez que conservaban la posesión de sus esclavos.

Alguien como José Antonio Saco, por ejemplo, que siempre mantuvo una postura reformista, fue de los primeros en proclamar lo inadmisible del anexionismo, que significaría, de materializarse, la pérdida de la nacionalidad y la cultura cubanas. “Saco, que no creía en parches  andaluces ni postizos rubios para las cosas del país […]”[1], fue el mismo que escribió un texto contra la anexión  que habría que repasar hoy.

Para Martí, heredero intelectual de las generaciones precedentes, admirador del propio Saco, pero sobre todo de Varela y Luz y Caballero, y formado en el colegio de Rafael María de Mendive, el pensamiento anti anexionista fue incorporado de forma natural, y desde su más temprana juventud supo discernir respecto a nuestras diferencias abismales con el vecino del norte, demasiado afecto a la prosperidad material en detrimento del espíritu y los sentimientos,[2] y precisamente por eso debíamos ser creativos y nunca imitarlo.

Martí jamás aceptó el anexionismo como una opción cómoda frente a la guerra inevitable. Mucho pudiera leerse al respecto en su vasta obra, donde rechazó y alertó sobre  la emergencia de esos proyectos indignos, así como la denuncia de los pretextos esgrimidos por el gobierno norteamericano para intervenir en Nuestra América al menor indicio  de conflictos internos y hacerse dueños de la situación, los territorios y los recursos.

Dentro de su punto de mira en los textos que escribió para La Nación de Buenos Aires y El Partido Liberal de México en la década del ochenta, valoró frecuentemente las tentativas de anexión de otros territorios, como México, Canadá y Hawaii. Vale la pena citar in extenso un artículo suyo de 1887 sobre estos asuntos, pues le preocupaba y alarmaba la fuerza que esas ideas iban adquiriendo dentro de los Estados Unidos y la complicidad de sus partidarios en los territorios objeto de deseo:

Era de noche, como conviene a estas cosas, cuando en los salones de un buen hotel de New York, se reunieron en junta solemne los directores de la “Liga de Anexión Americana” […]cuyo objeto inmediato es “aprovecharse de cualquier lucha civil en México, Honduras o Cuba, para obrar con celeridad y congregar su ejército”; pero no había ningún hondureño, ningún cubano, ningún mexicano. “La ocasión puede llegar pronto”, decía el Presidente; “lo cierto es que puede llegar de un momento a otro”. “¿Honduras también?” preguntó un neófito. “¡Oh, sí; vea el mapa de Byrne. Honduras tiene muchas minas”. “¡Que no nos tomen en poco”, decía un orador, “que lo que va detrás de nosotros, nosotros lo sabemos; con menos empezó Walker hace treinta años!; sólo que tendremos cuidado con no acabar como él”.[3]

El cierre con la referencia a William Walker no es casual. Es un motivo recurrente en la prosa martiana como personificación del espíritu aventurero  y  la falta de escrúpulos más absoluta, y remite a las tentativas de conquista de este ser deleznable, con la anuencia del gobierno yanqui. Su intentona por hacerse con el territorio de Nicaragua, con la complicidad de los nacionales,  (1855) y extender su dominio por Centroamérica culminaron con la derrota de sus fuerzas por los ejércitos unidos de la zona el primero de mayo de 1860, y su posterior fusilamiento en Honduras.[4]

Entre los muchos momentos en que Martí lo menciona como personificación del anexionismo, cabe destacar el prólogo a sus Versos sencillos, salida poética de su padecer durante la Conferencia Panamericana: “¿Cuál de nosotros ha olvidado aquel escudo, el escudo en que el águila de Monterrey y Chapultepec, el águila de López y de Walker, apretaba en sus garras los pabellones todos de la América?”[5]

Lo avecinaba allí con otros antecedentes del mismo linaje espurio: la Guerra Estados Unidos–México (1846-1848), que despojó a este último de una gran parte de su territorio, y con Narciso López y su pretensión fracasada de anexar a Cuba a los Estados Unidos. Ninguno de sus dos desembarcos en la Isla, respaldado por norteamericanos anexionistas, tuvo apoyo popular y fue apresado y ejecutado en La Habana en 1851.

De ese propio prólogo procede la confesión de Martí respecto a aquel “invierno de angustias”, acrecentadas por “[…]el temor legítimo de que pudiéramos los cubanos, con manos parricidas, ayudar el plan insensato de apartar a Cuba, para bien único de un nuevo amo disimulado, de la patria que la reclama y en ella se completa, de la patria hispanoamericana[…]”[6]

Esos temores no eran infundados. Las ideas anexionistas y sus partidarios habían ganado cada vez más fuerza. Es conocida la campaña mediática, en el sentido actual de la frase, contra los cubanos, considerados como seres inferiores, por los periódicos norteamericanos The Manufacturer, Filadelfia, y The Evening Post, de Nueva York. A ella respondió Martí enérgicamente el 25 de marzo de 1889 con su texto “Vindicación de Cuba”, en carta dirigida al director del rotativo neoyorquino.[7]

Difundidas y conocidas son también las crónicas sobre la Conferencia Panamericana, de finales de ese propio año e inicios del siguiente, donde Martí reseña los debates, las ideas que circulaban, los planes confesos u ocultos, los peligros reales que entrañaba aquel cónclave. No son historia pasada: su lectura hoy es extremadamente útil para entender los orígenes del expansionismo yanqui por Nuestra América y el mundo, su aplicación contemporánea de la Doctrina Monroe y su sistema de tratados leoninos para sujetar a los países del área. [8]

Otra zona no menos interesante de sus análisis sobre este congreso es su epistolario privado. En  carta a Gonzalo de Quesada, fechada en Nueva York el 29 de octubre de 1889,  escribe:

Hay marea alta en todas estas cosas de anexión, y se ha llegado a enviar a La Discusión de La Habana, desde Washington, una correspondencia sobre una visita a Blaine, en favor de la anexión, en que la dan por prometida por Blaine, y al calce están mis iniciales: ¡y en Cuba creen los náufragos, que se asen de todo, que es mía la carta, a pesar de que es una especie de anti-vindicación, y que yo estoy en tratos con Blaine […] hasta ofertas de agencias he recibido de personas de respeto, como primer resultado de esta superchería.[9]

Se trataba de una noticia falsa, algo muy de moda hoy, para desacreditar al líder indiscutible del independentismo cubano, y proponer la anexión como opción contraria a la guerra que se estaba preparando. Al mismo tiempo, se intentaba fortalecer la imagen de los Estados Unidos como “salvador” de la Isla, mientras ese país intentaba infructuosamente, una vez más, comprar a España la joya de su corona.

De esa propia carta es esta lacerante afirmación, que salvando las distancias epocales, es una alerta para el presente y una guía para nuestro quehacer diario: “Para que la Isla sea norteamericana no necesitamos hacer ningún esfuerzo, porque, si no aprovechamos el poco tiempo que nos queda para impedir que lo sea, por su propia descomposición vendrá a serlo. Eso espera este país, y a eso debemos oponemos nosotros.”[10]

Es un mandato sagrado para todos los que nos sentimos orgullosos de ser cubanos, buscar e implementar soluciones a los graves problemas que aquejan hoy a nuestro país, a sabiendas de que no es sencillo pero sí urgente. Si en aquel momento el paso perentorio era conquistar la independencia respecto a España para fundar luego una república “con todos y para el bien de todos”, en la cual los únicos excluidos eran los anexionistas, hoy vale recordar también, con Martí, que la independencia hay que completarla día a día.[11] Ese  completamiento abarca desde la búsqueda del bienestar material para un pueblo que padece desde hace más de seis décadas un bloqueo genocida y sus muchas leyes complementarias, la búsqueda de soluciones prácticas a nuestras propias deficiencias internas, hasta el fortalecimiento de las estrategias de comunicación contra la guerra cognitiva que se nos hace a diario, con el consiguiente intento de desmontaje de nuestros símbolos, héroes e historia. De nosotros, de  nuestra inteligencia y capacidad de trabajar, de buscar vías alternativas sin hacer concesiones en materia de principios para avanzar y resistir, dependen hoy el futuro de Cuba como nación y el destino ulterior de la Revolución cubana, y para decirlo a la manera de Martí, el equilibrio del mundo.

[1] José Martí, Obras completas, editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975,  tomo 5, p.152. (En lo adelante, OC).
[2] Véase José Martí, Cuaderno de apuntes nro. 1, OC, t. 21, p. 15-16. 
[3] JM: OC.t. 7, p. 51.
[4] Véase Marlene Vázquez Pérez: “El espectro de William Walker y las discordias en Centroamérica. Constantes en la escritura martiana”, Anuario del Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2014, no. 37, pp. 118-130.
[5] José Martí, Obras Completas, edición crítica, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2010, t. 14,  p. 297. 
[6] Ibídem.
[7] Véase, entre otros, de Marlene Vázquez Pérez “José Martí, Vindicación de Cuba, de América, de la Humanidad.” En  Cubadebate, 11 de junio de 2024.
[8] Todas ellas pueden consultarse en OC, tomo 6.
[9] JM: Carta a Gonzalo de Quesada, 29 de octubre de 1889, OC, t. 1, p. 248-249.
[10] Ibídem, p. 249.
[11] “La manera de celebrar la independencia no es, a mi juicio, engañarse sobre su significación, sino completarla.” José Martí, OC, t. 7, p. 110.

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Llamaron en Guatemala a andar en cuadro apretado por Nuestra América

José Martí es hoy más necesario que nunca, consideró una fuente especializada en evento en Guatemala, quien llamó a responder a ese llamado suyo de andar en cuadro apretado por Nuestra América.

En un ensayo en La Revista Ilustrada de Nueva York, Estados Unidos, el 10 de enero de 1891 y también el 30 de ese propio mes en El Partido Liberal de México, el intelectual cubano realizó esa exhortación, recordó desde La Habana la directora del Centro de Estudios del Apóstol antillano, Marlén Vázquez.

Mediante un mensaje digital enviado al lanzamiento de la Cátedra Binacional que llega el nombre de ese patriota de la isla, entre la Universidad San Carlos (Usac) y la Autónoma de Chiapas (Unach), México, la doctora leyó la siguente frase.

“¡Los árboles se han de poner en fila para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes!”, citó.

Vázquez reconoció primero a ambas universidades por emprender con esfuerzo conjunto el desarrollo de esa iniciativa y desde el centro que dirige aseguró que pueden contar con su apoyo o colaboración.

Ante altos representantes de esas dos casas de altos estudios e invitados especiales, en el Paraninfo de la Usac, deseó éxitos en esa labor de la Cátedra Internacional José Martí que por fortuna decidieron instalar.

Igualmente por vídeo conferencia, el reconocido catedrático Mario Alberto Nájera, de la Universidad de Guadalajara, México, aplaudió la decisión, porque se pasó a un nivel diferente de una cátedra martiana a dos.

Es una experiencia única, en un contexto en que es más vigente el pensamiento del Héroe Nacional de Cuba, “en estos tiempos en que vemos que el plano internacional se está moviendo hacia una presión de pensamiento político”.

Pensamos en que Martí debe estar muy activo en todas las cátedras y lo estamos constatando, expresó el doctor en Ciencias Sociales.

El poeta antillano dijo que si la guerra nos la hacen a pensamiento, ganémosla a pensamiento, porque las narrativas, las ideas se están debatiendo con mucha fuerza y desde estos espacios tenemos un papel muy importante que jugar, acotó.

Debemos difundir y estudiar ese pensamiento crítico que es nuestro americano, aseveró el investigador, igualmente coordinador de la Red Internacional de Cátedras Martianas.

Este domingo trascendió un comunicado del Centro de Estudios Martianos con la condena enérgica a las nuevas medidas dictadas contra el heroico pueblo de Cuba por el gobierno estadounidense.

Ese decreto espurio pretende, una vez más, legalizar un genocidio. La isla no es una amenaza: es un ejemplo de dignidad, solidaridad y firmeza frente a la agresividad y el desprecio imperial, acotó la institución.

“Cuba no anda de pedigüeña por el mundo: anda de hermana, y obra con la autoridad de tal. Al salvarse, salva.”, rescató de Martí.

mem/znc

Tomado de: https://www.prensa-latina.cu

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Un camino de paz

El Día de la Ciencia Cubana –señalado como 15 de enero a propósito de la sugerencia del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz (“El futuro de nuestra Patria tiene que ser, necesariamente, un futuro de hombres de ciencia, de hombres de pensamiento”), expresada un día similar de 1960, fue celebrado en el Centro de Estudios Martianos (CEM), este jueves 22 de enero, mes en que también se le rinde tributo al nacimiento del prócer de la independencia cubana, José Martí (28 de enero de 1853).

En la apertura, la directora del CEM enfatizó la idea martiana de que las ciencias deben revertir beneficios prácticos a la sociedad y, como resultado, abrir vías a la anhelada paz entre los hombres sobre la base de la creación de una humanidad más justa. En ese sentido, exhortó a difundir el pensamiento y la obra martiana no solo como patrimonio de Cuba sino del mundo.

Los integrantes de los tres grupos de trabajo que definen la razón de ser de la institución: Historia, Estudios Literarios y Edición Crítica de las Obras Completas de José Martí, detallaron resultados del trabajo realizado durante el año 2025 y anunciaron proyecciones para 2026.

En general, también se mencionó la contribución de los especialistas de las áreas de la institución para la garantía del funcionamiento del sistema de trabajo: biblioteca, editorial, plataformas de divulgación como el Portal José Martí, y una red de colaboradores nacionales e internacionales que viabilizan gestiones en relación con las investigaciones científicas del CEM y que, de modo solidario, contribuyen a la difusión de esos conocimientos mediante impresiones de libros en soporte papel.

Se anunció la posibilidad de contar ya con el tomo 30 de la Edición Crítica de las Obras Completas de José Martí y el número 47 del Anuario del Centro de Estudios Martianos en la cercana edición de la Feria Internacional del Libro, de la cual el CEM es subsede.

En el encuentro, los participantes pudieron escuchar la interpretación al piano de la pieza «That is all», a cargo de Keyla Morera, estudiante de la Escuela Elemental de Música «Manuel Saumell».

© PJM

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Vitalidad del pensamiento martiano y bolivariano

Videos y textos del Centro de Estudios Martianos fueron compartidos en el Foro Vigencia del pensamiento antimperialista de Bolívar y Martí, organizado este miércoles 21 de enero, en el Salón Rojo de la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV), donde fue recordado el aniversario 145 de la llegada del prócer cubano a Caracas.

En el acto se rindió tributo a los héroes y heroínas que cayeron en combate el 3 de enero de 2026, defendiendo la soberanía de Venezuela ante las agresiones del gigante de las siete leguas, como llamara José Martí al imperio que históricamente ha mirado con desprecio a toda la América nuestra.

Comparecieron en el acto José Gregorio Linares, director del Archivo de Miraflores y la doctora Aura Elena Rojas, coordinadora del doctorado en Pensamiento Bolivariano y académica de la UBV. Además, fue visualizada una intervención que hiciera la Dra. Marlene Vázquez Pérez, directora del Centro de Estudios Martianos, en la masiva marcha de nuestro pueblo (16 de enero) para honrar a los 32 combatientes cubanos, también declarados Héroes y Mártires de la nación bolivariana.

 

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Directora del CEM, miembro de mérito de la SEAP

En la más reciente Junta General de la Sociedad Económica de Amigos del País (SEAP) –celebrada este 9 de enero en recordación del día fundacional de dicha institución–, le fue concedida la condición de Miembro de Mérito a la doctora en Ciencias Literarias Marlene Vázquez Pérez, directora del Centro de Estudios Martianos.

Creada en 1793 para apoyar el crecimiento de la economía, la cultura y la educación de la nación, la SEAP –reconocida entre las más antiguas y activas hoy de su tipo en el mundo– mantiene una labor constante que prestigia la esencia de sus funciones inaugurales y continúa retomando el espíritu de la nómina de prestigiosos fundadores y miembros que ha tenido a lo largo de su historia, entre los que se cuentan personalidades como: José de la Luz y Caballero, Tomás Romay, José Agustín Caballero, Antonio Bachiller y Morales, Félix Varela, Felipe Poey, Enrique Piñeyro, Domingo del Monte, entre otros.

En su intervención de agradecimiento por la elección como Miembro de Mérito, Vázquez Pérez instó a privilegiar el lugar que le corresponde a las Ciencias Sociales en la sociedad contemporánea, y a la necesidad de promover la lectura de la obra martiana como posibilidad de hallar respuestas a lo que está sucediendo hoy en el continente: “un legado de inspiración cuya vigencia continúa sorprendiendo a estudiosos a pesar del tiempo transcurrido y de los cambios operados en el mundo”.

Durante la sesión, dedicada al centenario del líder histórico de la Revolución, la directora de la SEAP (Zoila Benítez) entregó los Premio Pro Patria al Centro Fidel Castro Ruz y Carlos Alberto Cremata y su compañía La Colmenita, además de otras distinciones y premios a los poetas Virgilio López Lemus y Lucía Muñoz y al doctor Luis Suárez Salazar.

© PJM

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Honor a quien honor merece

Nuestra institución se viste de gala y es reconocida, una vez más, con el Premio Nacional de Edición al gran Pedro Pablo Rodríguez porque todos sabemos que ese galardón descansa en su labor de varias décadas dirigiendo un proyecto magno como la Edición Crítica de las Obras completas de José Martí en el Centro de Estudios Martianos al que le ha dedicado mucho tiempo, talento y sus mejores energías creativas.
Su equipo de trabajo ha sido el espacio de formación y crecimiento profesional de numerosos especialistas que han contado con su apoyo, asesoría y, sobre todo, con su ejemplo de ética, consagración y fidelidad al trabajo investigativo.
El Pedro Pablo que nos resulta tan cercano y familiar es una personalidad muy reconocida en el ámbito intelectual del Continente, no solo por su faena en el universo editorial, sino también por sus aportaciones a la historiografía cubana y latinoamericana.
Este Premio coincide, precisamente, con la noticia de la impresión del tomo 30 de la colección. ¡Enhorabuena!

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Entregan Premio Nacional de Edición a Pedro Pablo Rodríguez

En la tarde de hoy, se otorgaron los Premios Nacionales de Literatura, Edición y de Ciencias Sociales y Humanísticas 2025, en el Centro Cultural Dulce María Loynaz.

El Premio Nacional de Literatura 2025 fue otorgado a Virgilio López Lemus tras la deliberación del jurado, presidido por Miguel Barnet, Premio Nacional de Literatura(1994) , e integrado por Nancy Morejón, Premio Nacional de Literatura (2001); Waldo Leyva, Premio Nacional de Literatura(2024) ; Alberto Marrero, poeta y escritor; José Manuel Espino, narrador y crítico literario.

José Bell Lara fue galardonado con el Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas 2025 por el jurado, presidido por René González Barrios, director del Centro Fidel Castro Ruz, e integrado por Omar González, escritor y periodista; Fernando Rojas, asesor del ministro de Cultura; Luis Emilio Aybar, director del ICIC Juan Marinello; y
Rigoberto Santiesteban,presidente del Instituto de Historia de Cuba.

La decisión de otorgar el Premio Nacional de Edición 2025 a Pedro Pablo Rodríguez fue tomada
por el jurado , presidido por
Olga Marta Pérez, Premio Nacional de Edición 2015, e integrada por Mercy Ruiz, Premio Nacional de Edición 2020; Norberto Codina, Premio Nacional de Edición 2021; Osmany Echevarría, director de la Editorial Arte y Literatura; y
Enrique Ubieta, ensayista y periodista.

Los premios se entregarán de manera oficial durante la 34 Feria Internacional del Libro de La Habana a celebrarse del 12 al 22 de febrero de 2026.

Tomado del Instituto cubano del libro

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Ni siervos futuros ni aldeanos deslumbrados: Venezuela para la América de Juárez

El 20 de diciembre de 1989 los Estados Unidos invadieron Panamá. Nunca olvidaré la angustiosa noche, siguiendo los trágicos sucesos por la televisión cubana hasta horas muy tardías. El ametrallamiento de la población civil en las zonas populosas del Chorrillo, los bombardeos y combates, el arresto de Noriega, y la destrucción de un pueblo hermano. Han pasado 26 años y el guion vuelve a repetirse, con las lógicas diferencias de actores y circunstancias, pero los pretextos esgrimidos son casi los mismos, y el tono amenazante rebasa los límites del país agredido injustamente para extenderse a toda Nuestra América, con el cinismo y la naturalidad del que se refiere a su patio trasero. Otra vez el gendarme mundial se arroga el derecho de violentar a un país soberano y secuestrar a su presidente, pisoteando todas las normas del derecho internacional, y sin un solo argumento convincente.

Mientras, una ola de protestas, emociones y reacciones encontradas se han alzado alrededor del mundo en las últimas horas. Los que conocemos algo de Historia, y del pensamiento antimperialista de nuestros próceres, no podemos dejar de pensar en frases lapidarias, proféticas, como aquella de Bolívar, en su carta a Patricio Campbell,   cuando aseguraba, con toda razón, que los Estados Unidos parecían destinados por la Providencia para plagar la América de miserias a nombre de la libertad.

Las amenazas se han multiplicado hoy, en la arrogancia demente de esa versión de Nerón contemporáneo que gobierna los Estados Unidos. No es nueva la retórica triunfalista, ni las promesas de “libertad” hacia el país que acaba de bombardear, y también hacia México, Colombia y, por supuesto, Cuba, obsesión de todos los presidentes del aquel país, incluso desde los momentos iniciales en que dejaron de ser Trece colonias inglesas para convertirse en los Estados Unidos.

No menos monstruosas son las declaraciones de ciertos venezolanos y cubanos; unos celebran la agresión a su tierra, y otros, ansían que Cuba acabe de pasar por la misma experiencia sangrienta. Muchos de esos seres deleznables viven en sus países de origen, y muestran una vocación anexionista vergonzosa y cínica. Otros viven en las entrañas del monstruo y, evidentemente, en ninguna de las dos variantes hay el menor sentido común ni de ética. Tal parece que las bombas vendrán con nombres y apellidos, destinadas solo a comunistas y patriotas, a políticos y militares. Tal parece, también, que a ellos y a sus familias les será dado un manto protector que los libre de todo mal.

Y la maldad no está, repito, en el lugar de residencia. Está en el odio, en la traición, en la sed de una venganza absurda que glorifica al mismo ser que deporta cada día a centenares de migrantes sin la menor consideración, haciendo gala de un racismo y una brutalidad heredera de las limpiezas étnicas propias de la barbarie medieval o del fascismo del siglo xx.

No cuestiono el derecho de la gente a vivir donde quiera, por los motivos que fuere: personales, familiares, económicos, incluso políticos. Te puede gustar más o menos un gobierno, puedes simpatizar o no con el presidente de determinado país, pero de ahí a ponderar el ataque directo, la guerra de rapiña contra un pueblo soberano, la distancia es enorme. Hoy es Venezuela, hace pocos años fueron Irak, o Siria, o Libia, o cualquiera que tuviera algo codiciable por los intereses de un imperio decadente y desesperado, que en su hundimiento pretende arrastrar al mundo. Mañana puede ser cualquier otro, pues nadie está a salvo.

Vale recordar la definición y las consideraciones que daba Martí, el 19 de diciembre de 1889, en su discurso conocido como “Madre América”, sobre los motivos de la emigración nuestramericana a los Estados Unidos, y de qué manera podíamos ayudar a la América de Juárez, aun viviendo en la de Lincoln. No está de más precisar que este discurso fue pronunciado en la velada que la Sociedad Literaria Hispanoamericana de Nueva York organizó para agasajar a los delegados del continente a la Conferencia Panamericana, o Congreso de Washington, los cuales fueron sometidos a una estrategia de presión y seducción para que se sintieran minimizados y accedieran a los planes imperiales de sojuzgar a nuestras repúblicas por medios de tratados comerciales leoninos y otros engendros jurídicos.

Decía así el cubano, apelando al patriotismo de los que habían fijado residencia en el Norte:

Por eso vivimos aquí, orgullosos de nuestra América, para servirla y honrarla. No vivimos, no, como siervos futuros ni como aldeanos deslumbrados, sino con la determinación y la capacidad de contribuir a que se la estime por sus méritos, y se la respete por sus sacrificios; porque las mismas guerras que de pura ignorancia le echan en cara los que no la conocen, son el timbre de honor de nuestros pueblos, que no han vacilado en acelerar con el abono de su sangre el camino del progreso, y pueden ostentar en la frente sus guerras como una corona. En vano —faltos del roce y estímulo diario de nuestras luchas y de nuestras pasiones, que nos llegan ¡a mucha distancia! del suelo donde no crecen nuestros hijos!—, nos convida este país con su magnificencia, y la vida con sus tentaciones, y con sus cobardías el corazón, a la tibieza y al olvido.1

Obviamente, Martí, como tantos otros latinoamericanos, muchos de ellos miembros de la propia junta directiva de la Sociedad Literaria, o luchadores por la independencia de Cuba, pertenecía a esa estirpe de hombres dignos que continuaban honrando a la Patria grande. No buscaron asimilarse: continuaron honrándola desde el destierro, y mostraron una dignidad que pretendía echar por tierra el “desdén del vecino formidable que no la conoce”, como escribió poco después en el ensayo “Nuestra América”.2

También fue consciente Martí de la ingenuidad entendible entonces –e inexcusable hoy–, de los que

[…] creen que los Estados Unidos son un gigante de azúcar, con un brazo de Wendell Phillips y otro de Lincoln, que va a poner en la riqueza y en la libertad a los pueblos que no la saben conquistar por sí propios, o es de los que han mudado ya para siempre domicilio e interés, y dice “mi país” cuando habla de los Estados Unidos, con los labios fríos como dos monedas de oro, dos labios de que se enjuga a escondidas, para que no se las conozcan sus nuevos compatricios, las últimas gotas de leche materna[…].3

De esos renegados nada hay que esperar. De los que conservan con orgullo el vínculo con los orígenes, se anhela hoy un rechazo a las agresiones, a las amenazas a la paz. De esos se espera, porque son casi mayoría lingüística y cultural dentro de las entrañas del monstruo, una postura pacifista, de respeto a la soberanía de Nuestra América, de exigencia por la salvaguarda de la vida de nuestras familias, ya bastante desangradas por el odio, las intrigas, el egoísmo. De ellos su entereza cabe desear, además de que no permitan que sus hijos, por imperativos económicos o por desear un derecho a la residencia, cedan a la tentación de hundir el sable: “tinto en la sangre de sus mismas venas”, en la carne del hermano agredido. Salvar a Venezuela es salvar a nuestra América, a la Humanidad, y a todos los pueblos que han apostado por la paz, la soberanía y la justicia.

1 JM: “Madre América”, OC, t. 6, p. 140.

2 Ibídem, p. 22.

3 Ibídem, p. 35.

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El CEM se pronuncia ante invasión de USA a Venezuela

«Ningún país tiene derecho a invadir a otro; ningún país tiene derecho a secuestrar al presidente de otro», proclamó hoy la Dra. C. Marlene Vázquez, investigador y directora del Centro de Estudios Martianos.
El colectivo de la institución se reunió este lunes en el Salón Simón Bolivar para denunciar la agresión militar perpetrada por Estados Unidos contra Venezuela que terminó con el secuestro del presidente constitucional Nicolás Maduro y de su esposa Cilia Flores.
Trabajadores y académicos expresaron su rechazo más enérgico con el hecho que viola los principios del Derecho Internacional, vulnera la Carta de las Naciones Unidas y pretende reinstaurar en el planeta «la ley del más fuerte».
El CEM respalda la posición adoptada por el gobierno de Cuba ante el ataque y, como parte del pueblo cubano, expresa dolor e indignación por los 32 cubanos, en el cumplimiento de su deber, asesinados por tropas estadounidenses en Venezuela.
En el encuentro, se destacó el principio del pensamiento Martiano de respeto a «Nuestra América».
El pensamiento político del Héroe Nacional de Cuba, José Martí, cobra en este contexto vigencia suprema: ¡Los árboles se han de poner en fila para que no pase el gigante de las siete! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes.»

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