Rinden homenaje a Eduardo Torres-Cuevas en el primer aniversario de su partida física

Directivos, trabajadores del Programa Martiano y la Universidad de La Habana, junto a familiares y amigos, rindieron homenaje al Dr. Eduardo Torres-Cuevas en el primer aniversario de su desaparición física, en una jornada que reafirmó la vigencia de su pensamiento y obra para la cultura cubana.

En el emotivo encuentro, la Dra. Marlene Vázquez, directora del Centro de Estudios Martianos, destacó la amplia trayectoria de Torres-Cuevas como intelectual y revolucionario, su prolífica obra escrita y su ejemplar conducta. La directora subrayó además la valía del epitafio de su tumba y la perdurable vigencia de su pensamiento y acción en la Cuba y el mundo contemporáneos .

Eduardo Torres-Cuevas —quien falleciera el 31 de agosto de 2025 a los 82 años— fue una de las figuras cimeras del pensamiento histórico cubano. Doctor en Ciencias Históricas y Profesor Titular de la Universidad de La Habana, dedicó su vida al estudio del proceso de formación de la nación cubana y al pensamiento martiano . Como director de la Oficina del Programa Martiano y presidente de la Sociedad Cultural José Martí, su labor fue fundamental para la difusión de la obra del Apóstol y la defensa de la identidad nacional .

Torres-Cuevas dejó un legado intelectual de más de 60 libros y decenas de artículos, entre ellos obras imprescindibles como el primer tomo de Memorias de la nación cubana, titulado Formación y liberación de la nación, que dedicó a los jóvenes cubanos donde quiera que estén . También son recordados sus cursos televisivos Cuba: el sueño de lo posible y Los que pensaron a Cuba, que acercaron la historia nacional a millones de cubanos .

Miembro de la Comisión Redactora de la Constitución de 2019 y del grupo de trabajo para la creación del Centro Fidel Castro Ruz, Torres-Cuevas fue también un activo militante del Partido Comunista de Cuba y diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular . Recibió numerosas condecoraciones, entre ellas la Orden Félix Varela de Primer Grado y la Réplica del Machete de Máximo Gómez.

(Con información de la Oficina del Programa Martiano)

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Carlos Sauvalle, el cubano que cuidó de José Martí en Madrid

Carlos Eduardo Sauvalle y Blain nació en La Habana el 29 de agosto de 1839. A la edad de 12 años, el 30 de mayo de 1852, embarcó para los Estados Unidos donde, exactamente un mes después, el 30 de junio, matriculó en el Colegio de Jesuitas de Georgetow, cerca de Washington. Culminados los estudios de bachillerato, en el año 1855, entró al Instituto de Ingeniería Civil de Troy, Nueva York, de donde egresó el 22 de enero de 1856 y regresó a Cuba.

El 9 de octubre de 1863, acompañando a su padre enfermo, Carlos sale nuevamente de la Isla en un largo viaje por Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Portugal, España, Italia, Suiza, Senegal, pasando más tarde por Brasil y Argentina. Un año después, el 8 de octubre de 1864, estaba de regreso en Cuba. El joven ingeniero dominaba varios idiomas por lo que solicitó autorización para trabajar como intérprete, labor que no llegó a desarrollar. El 10 de octubre de 1868, estalló en el extremo oriental de la Isla la guerra por la independencia de la Patria; Carlos, cuyos sentimientos patrióticos ya venían germinando, comenzó a conspirar.

Editó, en colaboración con otros jóvenes, el pequeño periódico clandestino El Laborante, y desplegó una intensa actividad revolucionaria; fue uno de los organizadores de los sucesos del Teatro Villanueva por lo que fue aprehendido y deportado a España. En tierras ibéricas se encontró con José Martí, un joven quien tenía catorce años menos que él, que también había sido  deportado y que por aquellos días tenía fiebres y malestar general. Sauvalle, al ver a su compatriota enfermo, le insiste para visitar un médico, Martí inicialmente se niega; después, a fines de abril de 1871, en el tercer mes de su estancia española, al ver agravado su estado de salud, decide acompañarlo.

Según Luis Rodríguez Embil: «Carlos Sauvalle cuidó de médicos, medicinas, junto al amigo estuvo —él, que recibía de su padre mensualmente mucho más de lo que requería su vida de soltero— en los momentos de los dolores físicos estoicamente soportados; de la irrupción, en la fiebre, de lo subconsciente, en el cual vivía encendido». Ese mismo año, gracias a la ayuda económica de Carlos Sauvalle, Martí publica El presidio político en Cuba. El texto, impreso en Madrid, en el taller Ramón Martínez, sito en San Marcos número 32, fue también distribuido por Sauvalle a los cubanos radicados en la capital ibérica y a todos los directores de la política española.

El 7 de septiembre de 1871, Martí y Sauvalle, contestan desde las páginas del periódico El Jurado Federal, un artículo anticubano publicado días antes en el diario integrista madrileño La Prensa. Se inicia así una polémica que le permite a los jóvenes cubanos divulgar sus ideas anticolonialistas. El 22 del mismo mes publican un escrito, firmado por ambos, donde dan por terminada la discusión pues su honra les impide continuar en el terreno público un debate para el que La Prensa ha elegido como recursos, a falta de argumentos, el insulto y la amenaza de llevarlos ante los tribunales. No obstante, «sostienen y repiten cuanto el amor a la verdad y a la justicia les hizo una vez decir». El 5 de noviembre, como colofón de la disputa, se constituye La Liga de la Prensa Española Antifilibustera, en la cual se agrupan los catorce periódicos más retrógrados de la capital.

Durante esa estancia en tierras españolas Martí fue operado tres veces por un tumor del testículo, tipo sarcocele, y a su lado siempre estuvo Carlos. Veamos lo que escribió Jorge Mañach: «[…] Martí se enferma de nuevo, sufriendo otra ablación del tumor formado en el presidio. Sauvalle ha insistido en llevarle a su propio alojamiento para cuidarle mejor. Allá van amigos cubanos y españoles a charlar junto a la cama […] y ahí está también Carlos Sauvalle junto a la cama sin mimos […] Él asistió con disimulo la bolsa flaca de Pepe: trajo médicos que le operaron […]».

Por su parte Luis Rodríguez Embil comentaría: «estaba en cama una vez más Martí, presa de fiebre, y por segunda vez operado, en el domicilio de Sauvalle, a donde insistiera éste en que se trasladase su amigo al recrudecerse de nuevo la dolencia por él adquirida en las canteras […] Sauvalle fue el compañero fraternal y fiel, la charla deleitosa que ahuyentaba la soledad de los primeros meses, el cicerone, y el lazo de unión con los primeros conocidos. Y, además, era una evocación viviente de la Patria común. Al resentirse Martí, ya al llegar la primavera, de la lesión recibida en las Canteras, fue asimismo Sauvalle el enfermero asiduo, el hermano solícito que allanó, como hermano, la urgencia de los gastos necesarios. Pues hubo de ser operado Martí».

Martí se fue sintiendo mejor de salud, y agradecido por las atenciones, escribe en el álbum del compatriota: «Cuba nos une en extranjero suelo/ Auras de Cuba nuestro amor desea:/ Cuba es tu corazón; Cuba es mi cielo;/ Cuba en tu libro, mi palabra sea/». Carlos regresó a Cuba en 1879, al año siguiente, el 1º de mayo de 1880, se casó en la parroquia de Nuestra Señora de Regla, con María Amalia Rodríguez Parra; del matrimonio nacieron tres hijos: Francisco Adolfo, Fernando y Carlos.

Su finca Balestena, en Santa Cruz de los Pinos, San Cristóbal, provincia Pinar del Río, fue visitada por Martí durante su breve estancia en Cuba mientras se encontraba preparando la Guerra Chiquita; allí el Apóstol disfrutaba de la selecta biblioteca y del aire puro del monte cubano. Agotada su fortuna, gran parte de ella en beneficio de la emancipación de su pueblo, Carlos tuvo que desempeñar un modesto empleo en la Casa de Beneficencia de La Habana, para lograr la subsistencia de la familia, lo que unido a problemas de salud, secundarios a una enfermedad ateroesclerótica, le impidieron participar en la contienda guerrera iniciada el 24 de febrero de 1895.

Enfermo, pasó los últimos años de su vida en el regazo de la familia, cuya casa estaba situada en la Calzada de Jesús del Monte de la capital habanera. A los 58 años de edad, el 24 de febrero de 1898, día en que se cumplían tres años del estallido de la Guerra Necesaria organizada por el Héroe de Dos Ríos, falleció Carlos Sauvalle, el cubano que con devoción cuidó de la salud de José Martí, en Madrid. Como bien esgrimió Luis Rodríguez Embil: «En ninguna biografía martiana debe faltar el nombre del que fue uno de los más notables, más probados y mejores amigos de Martí».

Tomado de: https://www.trabajadores.cu/

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Convocatoria “El proyecto emancipador de José Martí”

El Centro de Estudios Martianos (CEM) anuncia apertura de matrícula para el curso de posgrado “El proyecto emancipador de José Martí”, seminario especializado que propone la relectura crítica del pensamiento y la acción política del Héroe Nacional cubano desde tres dimensiones históricas: su estrategia militar, su ideal republicano y su labor organizativa al frente del Partido Revolucionario Cubano.

La inscripción –abierta del 24 de agosto hasta el 11 de septiembre– podrá formalizarse en la sede del CEM: Calzada no. 807, esquina a 4, El Vedado, La Habana. Los interesados pueden acercarse, en el horario laboral habitual, para obtener más información sobre el proceso de matrícula y los requisitos de ingreso, o mediante el correo vicedireccem@gmail.com, en cuyo caso deberán enviar la información y los documentos escaneados para efectuar la matrícula.

El programa, de 30 horas totales –14 presenciales y 16 de trabajo independiente–, equivale a un crédito académico internacional (1 US credit / 2 ECTS) y está concebido como seminario de investigación histórica de nivel de máster y doctorado. Contará con un claustro integrado por tres especialistas del propio Centro: el Dr. Rafael Ramírez García, investigador titular; la MSc. Laura Rodríguez de la Cruz, vicedirectora de Investigaciones del CEM y el Lic. Luis Enrique Domínguez Vázquez.

Mediante el análisis directo de fuentes primarias: cartas, manifiestos y artículos publicados en el periódico Patria y del contraste con distintas corrientes historiográficas, el curso invita a los participantes a debatir la vigencia y las tensiones internas del proyecto emancipador martiano, en un ejercicio que combina el rigor documental con la discusión abierta entre especialistas y cursantes.

El posgrado está dirigido a historiadores, politólogos, sociólogos, especialistas en relaciones internacionales, investigadores y docentes universitarios, así como a profesores de Historia, estudiantes de maestría y doctorado en Historia, Estudios Latinoamericanos, Ciencias Políticas o Estudios del Caribe. Entre los requisitos de ingreso se encuentran el certificado de estudios superiores y una breve carta de motivación del tema de interés del aspirante.

Las clases se impartirán en el Salón Bolívar del Centro de Estudios Martianos, con apoyo de una plataforma virtual que facilitará el acceso a los materiales de lectura y a la hemeroteca digital de la institución.

© Comunicación del Centro de Estudios Martianos

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Premio, libros y nuevos proyectos: la FILH en el CEM

Cerca ya del medio siglo de su fundación, el Centro de Estudios Martianos confirma la lucidez de dos martianos que oficializaron su creación: Armando Hart Dávalos y Fidel Castro Ruz, y de muchos intelectuales quienes –como lo recuerda Juan Marinello1– abogaron por el estudio profundo de la obra martiana, cada uno en su momento, como Julio Antonio Mella, Emilio Roig de Leuchsenring, Blas Roca, el propio Marinello…

En esas fecundas ascendencias de la institución destaca su primer director, Roberto Fernández Retamar acompañado de un consejo de dirección integrado por Cintio Vitier, Ángel Augier, José Cantón Navarro, Julio Le Riverend, José Antonio Portuondo, entre otros. Y, siempre unidos, el nombre de Fina García Marruz al de Cintio Vitier acometiendo la investigación más notable y valiosa del CEM: la edición crítica de las Obras Completas de José Martí, colección que en la actualidad cuenta con 30 tomos impresos –y dos listos para impresión (y cubren hasta el 30 de junio de 1889, o sea faltarían cinco años para cerrar la colección: un período intenso hasta 1895 en que muere el héroe).

Concluida la etapa de trabajo emprendida por los poetas e investigadores Cintio, Fina y Emilio de Armas, esa gran responsabilidad recayó (año 2000) en el doctor en Ciencias Pedro Pablo Rodríguez López, honrándola hasta hoy con su sabiduría; de ahí que un competente jurado (Olga Marta Pérez, Mercy Ruiz, Osmany Echevarría, Enrique Ubieta y Norberto Codina) le haya entregado formalmente el Premio Nacional de Edición en esta reciente 34 Feria Internacional del Libro (FILH) –lo cual ya era noticia celebrada en la institución desde finales del año anterior. Al recibir los honores, el día 13 de agosto último, Pedro Pablo conmovió a los presentes expresando con su proverbial sencillez, el deseo entrañable (y lamentablemente imposible) de entregarlo a quienes fueron sus maestros: Cintio y Fina, además de destacar con generosidad el aporte y apoyo de su equipo.

Como expresara el ensayista Enrique Ubieta Gómez (director del CEM de 1994-1998): “Pedro Pablo no es solo un historiador de datos, un ordenador de hechos pasados, su condición intelectual múltiple: historiador, pensador […], escritor […] le permite aunar saberes para enfrentar la edición crítica de José Martí […]”.

Por ese trabajo continuo y grandioso, el Centro de Estudios Martianos constituye con justicia cada año una de las subsedes principales de la FILH. Su propio sello editorial (integrado por un reducido y, a la vez, muy competente equipo de investigadores y editores) ha conseguido privilegiar el libro como el receptor ideal de los complejos estudios de la obra martiana que tanta luz aportan a la historia del pensamiento cubano y universal. En esta oportunidad fue presentado el tomo 30 y, además, se facilitó un código QR para descarga gratuita de los 32 tomos concluidos.

En días anteriores, fueron impartidas en la apertura de la feria en el Centro de Estudios Martianos, tres importantes conferencias que reverencian las dedicatorias del evento (al Centenario de Fidel y al país invitado, Federación Rusa) y que pueden leerse aquí en nuestro Portal: “Acercamiento a la cultura rusa en la obra de José Martí” (doctora Marlene Vázquez Pérez, directora del CEM desde 2019); “Fidel y Martí en la batalla de las ideas por la práctica de la ruptura revolucionaria gramsciana: la descolonización de las mentes en el bloque histórico hegemónico” (doctor Luciano Vasapollo, Universidad de La Sapienza, Roma) y “La influencia de Martí en Fidel y la campaña de alfabetización: la libertad de pensamiento, punto de partida para una libertad política en la construcción del intelectual colectivo” (Rita Martufi, también de La Sapienza).

Fue muy interesante que, al calor de los intercambios, los conferencistas esbozaran proyectos de investigación que conllevarán también su reproducción futura como libros: estudios comparativos de coincidencias de pensamiento entre la obra de José Martí y de Antonio Gramsci –tema que tendrá espacio dentro del proyecto Universo Martiano, ya en marcha– mediante la realización de un diccionario conceptual del pensamiento martiano de utilidad para el mundo contemporáneo. Además, Marlene Vázquez Pérez esbozó las líneas de un estudio de afinidades pedagógicas en las visiones de Martí y del escritor italiano Edmundo de Amicis (1846-1908), el autor del libro Corazón, muy leído y varias veces reproducido en Cuba por el Instituto Cubano del Libro.

Acerca de la edición crítica –tanto la editora Niurka Alfonso como el propio Pedro Pablo Rodríguez López– se refirieron a las complejidades de este trabajo que partiendo “de una línea y metodología específicas, se convierte en un proceso cargado de sorpresas y retos, pues cada tomo de acuerdo con sus temas y contenidos exige tratamientos diferenciados –sin romper la coherencia de nuestras normas generales. Estas exigencias van enriqueciendo el vínculo constante entre investigadores tanto de la institución como de colaboradores cubanos que viven dentro o fuera de Cuba, o extranjeros, y como norma permanente nos retroalimentamos de las especialidades que incluye el equipo editorial”. Este tomo 30, especificó Marlene Vázquez –investigadora principal del tomo junto a Marta Cruz Valdés–, se imprimió gracias al aporte financiero de la maestra jubilada japonesa Keiko Kato, colaboradora del CEM y del grupo Alto Cedro, entidad española con la que la institución tiene convenios de colaboración hace varios años. Era imprescindible dijo (y así lo hizo), “leer aquí el largo listado de créditos de los equipos de investigación y editorial que trabajaron en dicho ejemplar”.

También en esta semana fue recibida en el CEM la profesora guatemalteca Rocío Salazar, coordinadora de la Cátedra José Martí de la Universidad de San Carlos de Guatemala, quien presentó el ensayo martiano Guatemala (edición crítica de María D. Talavera y Pedro Pablo Rodríguez López), impreso en ese país por la editorial universitaria. Uno de sus ejemplares fue formalmente entregado en el acto a Verónica Jiménez, encargada de negocios de la Embajada de Guatemala.

Durante la feria fueron presentados varios libros del CEM: José Martí y la Sociedad Literaria Hispanoamericana de New York, bosquejo de una historia, del investigador Enrique López Mesa y se facilitó el acceso a las novedades del catálogo de libros electrónicos: Anuario del Centro de Estudios Martianos, no. 47 de 2024; Algunos aspectos culturales de la comunidad cubana de New York durante el siglo xix, de Enrique López Mesa; Cuba y los Estados Unidos José Martí (edición crítica), compilación, estudios y notas de Dra. Marlene Vázquez Pérez; Ramón Meza sobre la guerra necesaria en el periódico Patria, de Josefina Meza Paz y José Martí: el leal insurrecto, de Gabriela Mistral.

© PJM

1 “Sobre la interpretación y el entendimiento de la obra de José Martí” (1974), en Anuario del Centro de Estudios Martianos, vol. 1, 1978, pp. 7-10.

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Recibe Pedro Pablo Rodríguez el Premio Nacional de Edición 2025

La ceremonia aconteció en la tarde de este jueves 13 de agosto, como parte de las actividades programadas por la 34 Feria Internacional del Libro de La Habana.

Justo tras presentar el tomo 30 de la edición crítica de las Obras Completas de José Martí, en la sala Nicolás Guillén de la 34 Feria Internacional del Libro de La Habana, el investigador y editor Pedro Pablo Rodríguez López recibió el Premio Nacional de Edición 2025.

Este galardón constituye el más alto reconocimiento otorgado en el país a la obra de connotados editores que han contribuido, con su talento y desempeño profesional, a enriquecer el catálogo de las editoriales cubanas.

En la presente edición, el jurado estuvo integrado por Olga Marta Pérez –quien recibió el premio en 2015– en calidad de presidenta, y por figuras como Osmany Echevarría, Enrique Ubieta, Mercy Ruiz y Norberto Codina; estos dos últimos también premios nacionales de Edición 2020 y 2021, respectivamente.

Sobre Pedro Pablo Rodríguez, la presidenta del Comité de selección comentó que «su mayor aporte lo ha hecho desde la condición de líder, durante más de un cuarto de siglo, de lo que ha sido calificado como uno de los principales proyectos editoriales cubanos actuales: la edición crítica de las obras completas de José Martí».

Asimismo, añadió que ha sido partícipe de otros proyectos editoriales del país y colaborador imprescindible de un buen número de publicaciones seriadas, convirtiéndose, indiscutiblemente, en uno de los intelectuales más importantes de Cuba.

En sus palabras de elogio, Enrique Ubieta destacó que el investigador quedará asociado, por siempre, a esa «obra mayor» que constituye la edición crítica de las obras completas del Apóstol, en la que se pueden hallar las bases del pensamiento de la Revolución.

Para agradecer el lauro, el también Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas (2009) y de Historia (2010) evocó a las figuras de Cintio Vitier y Fina García Marruz, quienes lo invitaron a formar parte del proyecto. De ellos, refirió, pudo aprender el valor de las obras martianas.

Luego valoró la figura de Martí como una de las más importantes entre las diversas culturas, sin dejar de evocar el empeño de Fidel Castro Ruz para que esta edición crítica pudiera salir a la luz.

Presidieron la ceremonia Alpidio Alonso Grau, ministro de Cultura; Lizette Martínez Luzardo, viceministra de Cultura; Juan Rodríguez Cabrera, presidente del Instituto Cubano del Libro; Yasel Toledo Garnache, presidente de la Asociación Hermanos Saíz; y Dazra Novak, presidenta de la Asociación de Escritores de la UNEAC

Tomado de: https://www.granma.cu/

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Martí en Fidel, vigencia y continuidad de un legado redentor

Conocí la Historia me absolverá en mis años de estudiante y, desde entonces hasta hoy la he repasado varias veces, en distintos momentos de mi vida. Al adentrarme en sus páginas después de mucho tiempo, me vuelve a conmover esa magnífica pieza de la oratoria cubana, que vale por su calidad conceptual y expresiva, independientemente del hecho histórico que la motivó y de su justeza.

La notable erudición de sus páginas está sustentada en el recorrido que hace Fidel por la cultura universal: parte de la antigüedad, pasa por las cumbres del pensamiento medieval, renacentista e ilustrado, y desemboca con toda naturalidad en la obra de José Martí. Realmente, es un heredero –como lo fue también la generación revolucionaria anterior a la suya, la del Treinta, que derrocó la dictadura de Gerardo Machado–, del legado del prócer, y lo asume de una manera que rebasa el deslumbramiento ante la palabra aforística, el lirismo y la lucidez del pensamiento, para incorporarlo a su programa de acción y a la práctica cotidiana.

Tal vez la zona más conocida y citada del alegato sea el siguiente párrafo:

Parecía que el Apóstol iba a morir en el año de su centenario, que su memoria se extinguiría para siempre, ¡tanta era la afrenta! Pero vive, no ha muerto, su pueblo es rebelde, su pueblo es digno, su pueblo es fiel a su recuerdo; hay cubanos que han caído defendiendo sus doctrinas, hay jóvenes que en magnífico desagravio vinieron a morir junto a su tumba, a darle su sangre y su vida para que él siga viviendo en el alma de la patria. ¡Cuba, qué sería de ti si hubieras dejado morir a tu Apóstol!1

El párrafo es estremecedor hasta por el ritmo interno de la prosa, el énfasis de la oratoria, y el contraste del hecho heroico con los homenajes oficiales que se le hicieron a Martí, auspiciados por Fulgencio Batista y su equipo de gobierno. Venían muy bien al dictador para lavar su imagen después del cuartelazo del 10 de marzo de 1952, a menos de un año del natalicio de Martí. Aunque hubo contribuciones muy valiosas a la efemérides, sobre todo desde el ámbito de la cultura y la intelectualidad cubana e internacional, los fastos oficiales pretendían ocultar una realidad de miseria extrema, analfabetismo, insalubridad, corrupción, crimen, subordinación a los Estados Unidos, entre otros males sociales.

Al referir las circunstancias de la primera vista oral del juicio del Moncada, y su decisión de reconocer la participación suya y de sus compañeros, sin previo acuerdo, pues todos estaban incomunicados, y exonerar de culpas a inocentes detenidos, concluye, ante la coincidencia de actitud de todos los moncadistas:

Es que, cuando los hombres llevan en la mente un mismo ideal, nada puede incomunicarlos, ni las paredes de una cárcel, ni la tierra de los cementerios, porque un mismo recuerdo, una misma alma, una misma idea, una misma conciencia y dignidad los alienta a todos.2

Es evidente el tono sentencioso, generalizador, de raíz martiana, pues esa ética no había sido aprendida de memoria como un catecismo, sino asumida conscientemente como un instrumento de análisis de la realidad social de su patria y luego convertida en línea de conducta y práctica transformadora.

El sentido martiano del deber, de la justicia, del apego a la verdad, saltan a la vista en el párrafo antes citado, y quien conoce la biografía de ambos, no puede dejar de pensar en el juicio que sufrió el Martí adolescente, junto a su amigo Fermín Valdés Domínguez, por la carta acusatoria que dirigieron a su condiscípulo Carlos de Castro y Castro, unido al cuerpo de Voluntarios y a quién trataban de apóstata. Aunque la firmaron los dos, Martí no dudó un instante en asumir toda la responsabilidad y exonerar al amigo, que insistía en compartirla, y lo único que había hecho era estampar su rúbrica.

Las circunstancias en que tuvo que defenderse Fidel fueron totalmente adversas, sin acceso a los libros y documentos que cualquier abogado necesitaría para prepararse. Denunció que le impidieron obtener libros de Martí, pero ello no significó un obstáculo insalvable y en el cuerpo del texto, aunque hay varias citas textuales de la obra martiana, lo que más abunda es su espíritu, especialmente lo concerniente a los varios discursos conmemorativos del 10 de octubre que pronunciara Martí en Nueva York: “Traigo en el corazón las doctrinas del Maestro y en el pensamiento las nobles ideas de todos los hombres que han defendido la libertad de los pueblos”.3

Por sus orígenes de clase, y su indudable talento como jurista, no necesitaba Fidel emprender un camino plagado de riesgos y de enormes sacrificios personales. Los asumió por la vocación de servicio a sus compatriotas, cuyas circunstancias vitales debían ser cambiadas para bien. Pensemos, si no, en esa mirada suya al tema de la educación, uno de los problemas más graves de la República, donde existía un elevado índice de analfabetismo. Sus juicios al respecto remiten a una lectura atenta, entre otros, del texto de Martí “Maestros ambulantes” (1884). La conocida frase martiana, idea central de este artículo dice: “Ser bueno es el único modo de ser dichoso. // Ser culto es el único modo de ser libre. // Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno”. 4

Apartándonos un momento de “La Historia me absolverá”, y centrándonos en los primeros años posteriores al triunfo, cuando empezó a materializarse el programa del Moncada, nos encontramos con hechos que resultan verdaderamente insólitos en el contexto un país en guerra, con bandidos sobre las armas en el Escambray y otras zonas del país, con la invasión mercenaria por Playa Girón, precedida de los bombardeos a los aeropuertos de Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba: en ese propio año 1961 tuvieron lugar acontecimientos que solo una revolución de profundo sentido humanista y martiano llevaría a cabo: la Campaña de Alfabetización, y la ulterior creación del Sistema Nacional de Becas, y la reunión de Fidel con los creadores cubanos, donde pronunció su conocido discurso “Palabras a los intelectuales”. Ningún estadista, en medio de una contienda bélica, se preocupa de manera tan especial por la educación y por los debates teóricos en torno a la cultura. Esa preocupación denota también que dentro del proceso emancipatorio fidelista, de raíz martiana, el cambio de mentalidad era fundamental, y solo por esa vía se llegaba a un pensamiento crítico, que sería, en definitiva, salvaguarda de la nación y de su soberanía en todos los órdenes. Fidel, como Martí, era consciente de que no bastaba con conquistar la independencia, había que completarla y fortalecerla día a día, con las ideas como arma.

Pero volvamos al alegato del Moncada y su relación de vasos comunicantes con la obra de José Martí. Por momentos hay interpelaciones al tribunal que lo juzga que tocan las fibras más sensibles del ser humano. Hay ecos de El presidio político en Cuba5 en el clamor por el sentimiento de la gente común, pues era consciente de la necesidad de la publicación posterior de este documento:

Si en vuestras almas queda un latido de amor a la patria, de amor a la humanidad, de amor a la justicia, escuchadme con atención. Sé que me obligarán al silencio durante muchos años; sé que tratarán de ocultar la verdad por todos los medios posibles; sé que contra mí se alzará la conjura del olvido. Pero mi voz no se ahogará por eso: cobra fuerzas en mi pecho mientras más solo me siento y quiero darle en mi corazón todo el calor que le niegan las almas cobardes.6

Es conocido que entre los objetivos que se había propuesto Fidel con el asalto al cuartel Moncada estaba sumar al movimiento revolucionario a los soldados de la propia guarnición: hombres humildes, pertenecientes también a ese pueblo sufrido que conceptualizó de manera magistral:

Entendemos por pueblo, cuando hablamos de lucha, la gran masa irredenta, a la que todos ofrecen y a la que todos engañan y traicionan, la que anhela una patria mejor y más digna y más justa; la que está movida por ansias ancestrales de justicia por haber padecido la injusticia y la burla generación tras generación, la que ansía grandes y sabias transformaciones en todos los órdenes y está dispuesta a dar para lograrlo, cuando crea en algo o en alguien, sobre todo cuando crea suficientemente en sí misma, hasta la última gota de sangre.7

Esa fe en el pueblo, en sus propias capacidades para asumir y transformar su destino, y en la necesidad de prepararlo para que confíe en sí y se sienta orgulloso de su cultura, de su condición, tiene una raíz martiana indudable. Solo este aspecto bastaría para un estudio comparativo mucho más detallado de lo que aquí se nos permite. Baste esta pequeña muestra, de la pluma de Martí: “[…] hay siempre tras de cada gran idea, un ejército modesto, que los hombres sinceros saben encontrar y dar a luz”.8

La confianza de Fidel en el pueblo cubano se argumenta en el discurso a partir de la evocación de la historia de las gestas independentistas del siglo xix, de manera similar, por el destaque del heroísmo y la firmeza, a como lo hiciera Martí en “Vindicación de Cuba”, cuando respondió en 1889 a una campaña de descrédito iniciada en la prensa norteamericana, en la que nos consideraba ciudadanos inferiores.

Hoy, que el mundo está inmerso en una crisis sin precedentes, y sufre Cuba una política de asfixia que recrudece el bloqueo de más de seis décadas, impuesto por el gobierno estadounidense, el legado de ambos próceres es indispensable y actual. Con la Isla al borde de un genocidio, sostenida apenas por la solidaridad de los pueblos y la resistencia digna de sus habitantes; con la presión y el chantaje como condiciones previas para el diálogo, estamos más convencidos que nunca de que la soberanía no se negocia. Cuba saldrá adelante por la capacidad de los cubanos para merecerla y honrarla, y porque no dejaremos morir a Fidel en el año de su centenario.

1 Fidel Castro Ruz: La Historia me absolverá, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2007, p. 89.

2 Ibídem, p. 8.

3 Ibídem, p. 14.

4 José Martí, Obras Completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, t. 8, p. 289.

5 Véase de José Martí: “El Presidio Político en Cuba”, Obras Completas. Edición crítica, t. 1, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2003, pp. 64 y ss. Con este texto de denuncia, Martí se propuso mover a compasión a los magistrados, políticos y familias españolas que ignoraban los crímenes que el gobierno colonial cometía en Cuba, los cuales había padecido en carne propia en plena adolescencia.

6 Fidel Castro Ruz, Ob. cit. p. 18.

7 Ibídem, p. 33.

8 José Martí, OC, t. 1, p. 154.

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Buenas nuevas en la FILH para lectores de Martí

El sello editorial del Centro de Estudios Martianos presentará novedades a lectores interesados en la obra de José Martí, en esta 34 Feria Internacional del Libro (FILH) –que acontecerá los días 10-16 de agosto próximos: sede principal en la Estación Cultural de Línea y 18, en El Vedado, municipio Plaza–, con Federación de Rusia como invitado de honor y dedicada al Centenario del natalicio del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

En Línea y 18, se presentará el tomo 30 de la Edición Crítica de las Obras Completas de José Martí (día 13 de agosto a las 3 pm) y, a continuación, el Doctor en Ciencias Históricas, Pedro Pablo Rodríguez López, recibirá formalmente el Premio Nacional de Edición 2025 concedido por su excelencia al frente de la edición crítica, el valor de sus aportes y el rigor de sus investigaciones en esta labor que iniciaran Fina García Marruz y Cintio Vitier.

También allí, en el Línea y 18, será presentado el día 14, a la 1 pm, el volumen José Martí y la Sociedad de Literatura Hispanoamericana de New York, bosquejo de una historia, del investigador Enrique López Mesa.

Como es habitual en este evento, el Centro de Estudios Martianos (sito en la casona de calle 4 y Calzada, que fuera vivienda de José Francisco Martí y Zayas-Bazán) abrirá sus puertas el martes 11 con un programa que (a partir de las 10 am) incluirá la impartición de las conferencias: “Acercamiento a la cultura rusa en la obra de José Martí” (doctora Marlene Vázquez Pérez) y “Martí y Fidel, una mirada al pensamiento descolonizador” (Doctor Luciano Vasapollo, de la Universidad de la Sapienza, Roma).

Es público el acceso a las conferencias, así como a la tradicional venta de los libros impresos del sello editorial del CEM y al catálogo de sus libros electrónicos.

© PJM

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Doctor Ramón Luis Miranda Torres, médico y amigo de José Martí

Llovía intenso en la ciudad de Matanzas el 29 de julio de 1836 día en que nació Ramón Luis Miranda Torres, quizás por eso al niño le gustaba bañarse en los aguaceros disfrutando el azul intenso de la bahía. Su padre fue Bernardino Miranda Sánchez quien había llegado de Santa Cruz de Tenerife, Islas Canarias, y su madre Gumersinda Torres Domínguez, matancera. A sus doce años de edad, la familia se trasladó a La Habana y Ramón Luis integró el primer grupo de alumnos fundadores del Colegio El Salvador, dirigido por el insigne patriota José de la Luz y Caballero.

Con 17 años, en 1853, comienza a estudiar Medicina; aprueba con notas sobresalientes los dos primeros cursos y luego viaja a Francia. El 10 de mayo de 1861 se gradúa de médico, con una brillante defensa de su tesis De la parálisis del nervio motor ocular común. De Francia, se trasladó a España para obtener en la Universidad Central de Madrid la validación de su título, pues sin ese requisito no podía ejercer la profesión en España, ni en sus colonias, y como Cuba estaba bajo el dominio español, había de someterse a esta prueba. Su examen de grado en Madrid fue muy notable.

A los 25 años regresó a la Isla, instaló su consultorio en La Habana y poco a poco se ganó la admiración de numerosos pacientes. Por su destacada labor académica ingresó en 1866, como miembro supernumerario, en la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana transitando con éxitos hasta Académico de Mérito, en 1901. El doctor Miranda estuvo presente y votó a favor del ingreso de Carlos J. Finlay como Académico de Número en la famosa institución. Ambos científicos, Miranda y Finlay, participaron en varios debates académicos y mantuvieron magníficas relaciones.

Las labores conspirativas del doctor Miranda le hicieron emigrar a Nueva York donde conoció a José Martí y se convirtió en su médico personal, fue el último galeno que lo atendió en vida y se conoce en la historiografía como el médico de Martí. La relación Martí-Miranda fue más allá de la relación médico paciente, se convirtió en verdadera amistad. Según escribió Miranda: «Tuve el honor de prestarle mis servicios profesionales […] me mandó a buscar por estar enfermo […] lo encontré en su modesto y estrecho cuarto, postrado en cama, febril, nervioso; examinado diagnostiqué bronquitis y que en breve se curaría. Él se había alarmado creyendo que su enfermedad podría agravarse y me dijo doctor cúreme pronto, tengo una misión sagrada que cumplir con mi Patria, poco me importa morir después de realizarla, la muerte para mí no es más que la cariñosa hermana de la vida».

El doctor Miranda no sólo trataba en el Apóstol los males físicos, sino que se preocupaba por aliviarle la tensión de los problemas y adversidades de la vida diaria, de los que como humano al fin era víctima. Con su don diplomático y sus métodos persuasivos, tenía la virtud de calmarlo. Martí profesaba un verdadero cariño por el galeno, a quien no sólo consideraba su médico, sino su consejero. Ante problemas graves acudía al «doctor», como él le llamaba, para oír su opinión. Al invitarlo a una reunión donde se prepararía un homenaje al doctor Fermín Valdés Domínguez, escribe Martí: «Le tengo tanto cariño que no creo deba escribirle con pompa y besamano […] en la compañía de usted salen las cosas mejor hechas. A usted solo lo innoble le es extraño».

A lo anterior se añade que fue Miranda uno de los grandes entusiastas de la publicación del periódico Patria, órgano de prensa del Partido Revolucionario Cubano, fundado por Martí. Además de redactor, en más de una ocasión su dinero particular fue el sostén del periódico. El galeno no se dedicaba solamente a contribuir económicamente ni a escribir cuartillas, hacía allí cuanto fuera útil y necesario; en ocasiones acompañaba a Martí a cargar los paquetes de periódicos hasta la oficina de correos.

El 11 de diciembre de 1890 el Apóstol escribe a Miranda, desde Nueva York: «[…] vivo clavado a la mesa, sin una hora mía, en que ir a ver a los que valen tanto como usted, y alegrar y curar el corazón, que es donde tiene Ud. la verdadera medicina». Luego encontrándose el Maestro enfermo, el 27 de diciembre de 1892, se comunica con otro médico que lo había atendido, el doctor Miguel Barbarrosa. En esa misiva apunta Martí: «Vino a verme el Dr. Miranda y aprobó absolutamente y con gran elogio, toda la medicación de Ud. que continúa él aquí; por cierto que no quiso irse sin su dirección». Estas líneas son fiel reflejo de la ética médica practicada por el doctor Miranda, no sólo elogia la terapéutica de su colega sino que también solicita la dirección para escribirle.

En Nueva York se creó por iniciativa de un cubano —el señor Vicente Díaz Comas— la Sociedad de Beneficencia Hispano-Americana, y haciendo galas de su alto humanismo allí estuvo en la presidencia el doctor Miranda. En ocasiones tuvo que costear los gastos de esa Sociedad que prestó grandes servicios a los cubanos residentes en aquella ciudad, entre los que se encontraban exiliados por causas políticas, desamparados, etc. Sobre la Sociedad, Martí comentó en una de sus crónicas: «Es el turno del doctor Miranda: los quevedos apenas se equilibran en la punta de la nariz griega, los ojos debajo de las leves cejas, pierden cierta melancolía que algunas veces los invade, y parecen saltar de contento, viendo cómo aumenta el caudal de los pobres; no puede permanecer sentado se pone en pie, la larga levita parece cobrar vida; de los labios amorosos sale el elogio […]».

Después del fracaso de Fernandina, Martí se refugió en casa de Miranda; allí el galeno le aportó dinero para la causa revolucionaria, y su esposa Luciana, quien tenía mayor poder adquisitivo, le entregó un cheque por valor de $996.25. Del matrimonio entre Ramón Luis y Luciana Govín Manso, nacieron cuatro hijos: Elvira, Alfredo y Félix, que fallecieron de niños, y Angelina, quien se casó con Gonzalo de Quesada Aróstegui, joven abogado amigo de Martí y secretario del Partido Revolucionario Cubano. A la muerte del Héroe de Dos Ríos, Quesada Aróstegui se encargó de compilar la documentación martiana, labor que continuaría su hijo, Gonzalo de Quesada Miranda, quien por supuesto era nieto del doctor Miranda.

De Martí, también dijo Ramón Luis: «[…] sentí por él respeto, admiración, y comprendí su grandeza e inmenso amor por Cuba. Con frecuencia nos veíamos […] tuve el placer de que pasase sus últimos días en Nueva York en nuestra casa […] durante el tiempo que pasó Martí en nuestra casa —dos semanas— proporcionó a toda la familia deliciosos ratos, con su amena, variada y elocuente conversación, que jamás olvidaremos, como tampoco el 28 de enero de 1895, día de su cumpleaños cuarenta y dos, que lo pasó agradablemente en compañía de varios de sus amigos, los cuales compartieron con nosotros nuestra mesa. Dos días después, entusiasmado lleno de fe y esperanza en que Cuba sería libre, se despidió cariñosamente de nosotros para Santo Domingo».

Al terminar la guerra el doctor Miranda regresó a Cuba, presidió la Comisión Organizadora para erigir una estatua a José Martí. La obra fue ejecutada por el escultor italiano Salvador Buemi y se inauguró, en la Plaza de la Libertad, de la ciudad de Matanzas, el 24 de febrero de 1909. En la nota de invitación a la inauguración, escribió Miranda: «Sr. Presidente de la Academia de Ciencias. Debiendo inaugurarse en Matanzas, el 24 de febrero, el monumento que he dedicado a nuestro Apóstol y Libertador José Martí, tengo el gusto de invitar a V. y a los académicos, para que se sirvan concurrir á dicho acto, que será a las 10 a.m. Lo que agradeceré debidamente».

En los primeros días de diciembre de 1909 el doctor Miranda volvió a Nueva York, allí sufrió una pérdida aguda de la conciencia debido a una hemorragia intracerebral que lo dejó en cama, grave y con dificultad para movilizar el lado derecho del cuerpo. Los académicos cubanos, enviaron una nota desde la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, la cual expresaba: «Reunida esta Academia anoche por primera vez después del ataque sufrido por nuestro muy querido Académico de Mérito doctor Ramón Luis Miranda, se dió cuenta de su grave dolencia y la corporación acordó hacer contar los vivos sentimientos que le animan y sus votos por el pronto restablecimiento del querido enfermo».

El doctor Fermín Valdés Domínguez, enterado de la enfermedad de su colega, escribió una sentida crónica, donde expresó: «supe con angustia, que mi noble amigo, el consecuente amigo y médico de mi hermano Martí, estaba gravemente enfermo. Y quise buscar fuerzas en mi cerebro, y pedí con religioso fervor a mi Dios que sostuviera esa vida que tantas grandezas recordaba, que era guardadora de tantas virtudes, de tanto amor a la Patria, de tanta devoción a la ciencia, de tanto cariño para todos los que en la tierra sufrían».

Otros cubanos, enterados del suceso, también enviaron escritos, expresando solidaridad y apoyo al doctor Miranda. Intensos esfuerzos realizó el equipo médico que lo atendió pero no rebasó la enfermedad. A las tres de la madrugada del 27 de enero de 1910, víspera del aniversario del nacimiento del Apóstol, falleció el médico de Martí, galeno ejemplar a quien Martí dedicó su libro Versos Sencillos, con el siguiente autógrafo: «a un médico que cura siempre, al Dr. Ramón Miranda, su amigo cariñoso, José Martí».

Tomado de: https://www.trabajadores.cu/

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Saluda ministro de Cultura aniversario del Centro de Estudios Martianos

El Centro de Estudios Martianos (CEM) celebró el aniversario 49 de su fundación por iniciativa del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, Armando Hart Dávalos y Roberto Fernández Retamar.

En exclusiva para la Agencia Cubana de Noticias, el ministro de Cultura, Alpidio Alonso Grau, felicitó a los investigadores del Centro y en especial a su directora Marlene Vázquez y reflejó su admiración por su extraordinario trabajo en medio de las dificultades.

Alonso Grau saludó también a todos los colaboradores de la institución y a la gran familia de organizaciones martianas que en torno a la institución también trabajan arduamente por que se conozca la obra del Héroe Nacional.

A través de Martí, se difunde el antiimperialismo y todo su legado para garantizar la continuidad del proyecto martiano, de la Revolución y del socialismo.

El titular de Cultura comentó que este sitio recoge el acumulado de importantísimos investigadores que han profundizado en el estudio y la interpretación de la obra de José Martí, plasmándolo en libros, en ensayos, en documentos, en materiales audiovisuales.

Valoró que “han organizado eventos dentro y fuera de Cuba, han irradiado hacia la sociedad el pensamiento martiano, el legado martiano, el apostolado martiano, que es una fuerza extraordinaria para la transformación social en nuestro país”.

Alonso Grau consideró como una gran fortaleza y un gran lujo, que Cuba pueda contar con una institución dedicada al estudio de la obra de José Martí. A ello, acotó, el valor medular de la obra de José Martí que es central en el proyecto de sociedad a la cual aspiramos los cubanos, la sociedad socialista que estamos construyendo entre todos.

El ministro significó la trayectoria extraordinaria del CEM, fundado por Fidel y Hart, que tuvo como primer director a esa gran figura de la cultura nacional, gran estudioso también de Martí, que fue Roberto Fernández Retamar.

“Contamos aquí, como bien dijo Fidel, no solo con un gran ariete para mover esas ideas, con una gran trinchera de ideas vivas que están en el centro de la batalla que sostenemos los cubanos en el enfrentamiento a todas las políticas de agresión del imperialismo”, expresó.

El centro, señaló el ministro, propicia precisamente eso al permitir un conocimiento mayor de la obra de Martí y la expansión de su obra hacia distintos segmentos de la sociedad cubana.

“Creo que tenemos que felicitarnos todos por el aniversario de este centro, que es un orgullo del sistema de la cultura y que es un orgullo de los cubanos todos, todos los martianos”, concluyó.

Tomado de: https://cubarte.cult.cu

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Comenzó el ciclo Cincuentenario del Centro de Estudios Martianos

En concurrido acto por el aniversario 49 del Centro de Estudios Martianos, celebrado el viernes (17 de julio) en su sede de Calzada y 4, El Vedado, la doctora Marlene Vázquez Pérez, declaró iniciado el ciclo Cincuentenario de esta institución que fuera fundada el 19 de julio de 1977 por el doctor Armando Hart Dávalos, ministro de Cultura y el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz.

A propósito del centenario de Fidel, la directora Vázquez Pérez citó un fragmento del prólogo que escribiera el Comandante para el primer tomo de la edición crítica de las Obras Completas de José Martí –labor asumida en sus inicios por Fina García Marruz, Cintio Vitier y Emilio de Armas, empeño seguido hasta hoy por el doctor en Ciencias Históricas Pedro Pablo Rodríguez y un importante equipo de investigadores. Decía Fidel: “Lo más importante, a nuestro juicio, es que esta edición puede convertirse en un magnífico instrumento para conocer mejor y profundizar aún más en el pensamiento martiano. Este es un deber insoslayable… Martí es y será guía eterno de nuestro pueblo. Su legado no caducará jamás”.

Vázquez Pérez exhortó a enfrentar los permanentes desafíos de la institución “sin renunciar a la espiritualidad y a la cultura, aunque hoy se estén viviendo tiempos muy difíciles… Esta conmemoración recuerda a los intelectuales cubanos que hicieron posible la creación de nuestro centro cumpliendo así la idea y mandato de Julio Antonio Mella en sus glosas al pensamiento de Martí: que se rebasaran las miradas místicas al legado del Apóstol, y se formaran críticos serios que interpretaran con justicia su sabiduría en función de apreciar los hechos históricos y su importancia para el porvenir”.

En coherencia con tales propósitos, la MSc. Laura Rodríguez de la Cruz, subdirectora de Investigaciones del Centro de Estudios Martianos, dio lectura al contenido de la convocatoria del Coloquio Internacional “Cincuenta años de estudios martianos. Vigencia y futuro de un legado”, previsto a realizarse del 11 al 13 de mayo de 2027 a partir de temáticas como: estudios de recepción martiana, presencia en la pedagogía cubana e internacional, ética, ciencia, tecnología y medio ambiente, el patrimonio vivo de su obra, saberes y prácticas para la vida, entre otros.

En esta ocasión los colegas del Centro hicieron un reconocimiento público al doctor Pedro Pablo Rodríguez y, además, se entregó el certificado “Por continuar el cauce amoroso de Martí”, al doctor en Ciencias Filológicas, profesor de literatura, editor y vicerrector de extensión universitaria de la Universidad de La Habana José Antonio Baujín.

La celebración se privilegió, además, con la presentación de la estudiante de violín Keyla Morera y del coro infantil “Estrellitas martianas”, proyecto este de la Sociedad Cultural “José Martí” y Semillas de Paz que agrupa a 32 niños de 7 a 12 años.

Luca Bondi, presidente de la Asociación italiana Semillas de Paz rindió homenaje, en su intervención, al andar luminoso de la institución martiana: “Caminemos juntos guiados por la luz del Apóstol Martí, para que cada niño pueda sentirse parte de una familia humana más justa, solidaria y luminosa, y para que los niños sean realmente la esperanza del mundo”.

En el encuentro estuvieron presentes Alpidio Alonso, ministro de Cultura, René González Barrios, director del Centro Fidel Castro e intelectuales vinculados personal y/o familiarmente al quehacer de la institución como Laidi Fernández de Juan, en representación de su padre, Roberto Fernández Retamar, el primero y uno de los más recordados directores (de 1977 a 1986) del Centro de Estudios Martianos.

© PJM

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