José Martí: “Hasta hoy no me he sentido hombre”

Esto escribe el poeta cubano en una preciosa carta escrita entre el quince y el dieciséis de abril de 1895 y dirigida a Gonzalo de Quesada y Benjamín Guerra. Con ella sucede un fenómeno recurrente en su escritura, podemos leer ciertos temas o adentrarnos en ciertos hechos de su vida con una técnica intertextual, por decirlo de algún modo, más que por atenernos a una teoría. Por ejemplo, Ismaelillo se debe leer dentro de un conjunto de textos que incluye borradores, apuntes y cartas; los Versos libres están profundamente enraizados en las Escenas norteamericanas y hay cartas y otras zonas de su escritura donde se reflexiona sobre ellos, o donde asoma el estilo, el ataque característico de esos versos; los Versos sencillos van punteando su biografía, sus apuntes, cartas y hasta magníficos ensayos políticos de la hondura de Nuestra América.
Primero describe su sentimiento como parte al fin de la tropa de soldados mambises comandados por el Mayor General Máximo Gómez, ya en Cuba libre:
Hasta hoy no me he sentido hombre. He vivido avergonzado, y arrastrando la cadena de mi patria, toda mi vida. La divina claridad del alma aligera mi cuerpo. Este reposo y bienestar explican la constancia con que los hombres se ofrecen al sacrificio.
Y más adelante, luego de narrar los detalles del viaje, el desembarco y la marcha por la manigua, describe el instante de aquella coronación interior de su vida:
Al caer la tarde vi bajar hacia la cañada al general Gómez seguido de los jefes, y me hicieron seña de que me quedase lejos. Me quedé mohíno, creyendo que iban a concertar algún peligro en que me dejarían atrás. A poco sube, llamándome, Ángel Guerra, con el rostro feliz, era que Gómez, como General en Jefe, había acordado, en consejo de Jefes, a la vez que reconocerme en la guerra como Delegado del Partido Revolucionario, nombrarme, en atención a mis servicios y a la opinión unánime que lo rodea, Mayor General del Ejército Libertador. ¡De un abrazo igualaban mi pobre vida a la de sus diez años!
Vienen enseguida a la mente, traídos naturalmente por estas reflexiones de enorme densidad sentimental –o sentimentalidad, una categoría cuya paternidad reclamó en un apunte suyo de estudiante de filosofía. Evocamos enseguida su recuerdo mambí de los días escolares del curso 1868-1869 en el colegio de Mendive: “No recuerdo yo aquellas noches de la calle del Prado, cuando el colegio que llamó él San Pablo porque La Luz había llamado al suyo el Salvador?” y nos cuenta que allí, su maestro seguía con sus amigos “de codos en el piano, la marcha de Céspedes en el mapa de Cuba”. Ya conspiraba entonces, y será condenado a presidio y desterrado a España, donde no dejará de denunciar los horrores de la metrópoli ante los que se llamaban republicanos españoles.
En 1877, le escribe al general Máximo Gómez desde Guatemala una síntesis magistral de su vida de veinticuatro años y de su aspiración:
De mí, tal vez nadie le dé razón, Rafael María de Mendive fue mi padre; de la escuela fui a la cárcel y a un presidio, y a un destierro, y a otro.—Aquí vivo, muerto de vergüenza porque no peleo.—Enfermo seriamente, y fuertemente atado, pienso, veo y escribo.—Veo las pobrezas de estas tierras, y pienso con orgullo que nosotros no las tendremos. En tanto que, en silencio, admiro a los que lo merecen, y envidio a los que luchan, sírvase darme las noticias históricas que le pido,—que tengo prisa de estudiarlas y de publicar las hazañas escondidas de nuestros grandes hombres.—Seré cronista ya que no puedo ser soldado.
Nunca publicó este libro que las circunstancias de su azarosa vida no le permitieron terminar. Reclamado por un lado por la pobreza y la necesidad de sobrevivir y ayudar a la familia y entregado a la causa de la emancipación y más tarde a la organización de la Guerra que habría de estallar en 1895, muchos sucedidos pospusieron y al fin frustraron la terminación de este libro y su publicación, ya que no el más profundo e inteligente estudio de la Guerra Grande o Guerra de 1868, cuyo detallado conocimiento fue una de las bases fundamentales de su estrategia futura. Y tanto, que en 1884 renuncia a los trabajos de organización de la guerra de emancipación que era el eje de su vida cuando por desacuerdos de estrategia le escribe a su admirado Máximo Gómez, en una carta dolorosísima que viene a sumarse a este registro temático. Cito in extenso para que se mida el tamaño moral de una renuncia afincada en la raíz de los sueños de un niño:
…y es mi determinación de no contribuir en un ápice, por amor ciego a una idea en que me está yendo la vida, a traer a mi tierra un régimen de despotismo personal, que sería más vergonzoso y funesto que el despotismo político que ahora soporta, y más grave y difícil de desarraigar, porque vendría excusado por algunas virtudes, embellecido por la idea encarnada en él, y legitimado por el triunfo.
Un pueblo no se funda, General, como se manda un campamento:—y cuando en los trabajos preparatorios de una revolución más delicada y compleja que otra alguna, no se muestra el deseo sincero de conocer y conciliar todas las labores y elementos que han de hacer posible la lucha armada, mera forma del espíritu de independencia, sino la intención, bruscamente expresada a cada paso, o mal disimulada, de hacer servir todos los recursos de la fe y de guerra que levante este espíritu a los propósitos cautelosos y personales de los jefes justamente afamados que se presentan a capitanear la guerra ¿qué garantías puede haber de que las libertades públicas, único objeto digno de lanzar un país a la lucha, sean mejor respetadas mañana? ¿Qué somos, General?: ¿los servidores heroicos y modestos de una idea que nos calienta el corazón, los amigos leales de un pueblo en desventura, o los caudillos valientes y afortunados que con el látigo en la mano y la espuela en el tacón se disponen a llevar la guerra a un pueblo, para enseñorearse de él?
Tiemblo al leer esta carta y recuerdo también un verso libre de José Martí:
Donde el alma entra a flor, donde palpitan,
Susurran, y echan a volar, las rosas,
Allí, donde hay amor, allí en las aspas
Mismas de las estrellas me embistieron!—
Y luego vinieron años duros lejos de los trabajos conspirativos.
Finalmente, sin embargo, la embestida terminó poniendo las cosas en su lugar, José Martí organizó la Guerra de 1895 y ya en campaña por los campos de Cuba, acampados en el rancho de Tavera, el día 15 de abril, unas pocas semanas antes de su caída en combate, queda en su diario el testimonio de lo que coronó el sentido de su vida, escrito sencilla y naturalmente, como “un servidor heroico y modesto”. Texto alrededor del cual giran todos los anteriores:
Al caer la tarde, en fila la gente, sale a la cañada el General, con Paquito, Guerra y Ruenes. “¿Nos permite a los 3 solos?” Me resigno mohíno. ¿Será algún peligro? Sube Ángel Guerra, llamándome, y el Capitán Cardoso. Gómez al pie del monte en la vereda de plátanos, con la cañada abajo, me dice, bello y enternecido, que, aparte de reconocer en mí al Delegado, el Ejército Libertador, por él electo en consejo de jefes, me nombra Mayor General. Lo abrazo. Me abrazan todos.—A la noche, carne de puerco con aceite de coco, y es buena.
Este entrelazamiento de textos encaminados a trazar de manera concisa y rápida momentos de la acción política martiana y de su muy temprana elección del objetivo esencial de su vida, cargados todos de la emoción y de la poesía que dimanan de todos los momentos de su ser sean hoy un homenaje humilde a quien trabajó sin descanso y sin concesiones por su vocación liberadora.

 

 

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Recuerdo de Salvador Arias

Hoy 19 de marzo Salvador Arias hubiera cumplido 85 años  y en el Centro de Estudios Martianos hubiéramos hecho una fiesta íntima, es decir, de sus compañeros de trabajo, y quizás ahora en la tarde, cuando escribo estas breves líneas, estaría cantándonos alguna aria operática.

Siempre admiré su extraordinaria capacidad de trabajo, en la que volcó probablemente  esa cierta ausencia de compañía hogareña que lo caracterizó. Era tozudo y en ocasiones demasiado agresivo en algunos juicios sobre asuntos o personas que  le molestaban. Pero, dada su alma noble y desprovista de vanidades o intereses mezquinos, solía disculparse cuando lo estimaba necesario. Y más de una vez lo miré encogerse de hombros y esbozar una sonrisa algo irónica ante cualquier tontería, banalidad o estupidez de conducta.

Lo importante es, desde luego, que nunca dejó de trabajar, a pesar de  que nunca dispuso de un espacio propio para él y sus libros para hacerlo en lo que pudiéramos llamar su hogar. Por eso la oficina  fue su lugar para leer y escribir, y en ella, mientras pudo,  solía permanecer hasta  la caída  de la tarde o las primeras horas de la  noche, luego de una jornada comenzada bien temprano en la mañana.

Lo importante es, sobre todo, que no perdió tiempo, que fue un cubano entregado a su patria y a su labor de estudioso de las letras cubanas y particularmente  de la escritura de José Martí. Ahí está la prueba en su extensa bibliografía, con indudables informaciones y muy numerosos juicios personales, resultados de su tanta dedicación.  No es posible analizar  la literatura cubana del siglo XVIII ni del XIX, y hasta parte de la del XX, sin dejar de estudiarlo a él y de valerse de sus análisis y de sus juicios.

Eso, el trabajo, fue su recompensa, junto con el disfrute del arte musical y de la cinematografía. No pidió nada y estoy convencido de que fue feliz leyendo, entendiendo y escribiendo acerca de sus temas literarios. Supo trocar  la pluma por el fusil cuando la patria estaba amenazada. No solicitó honores, los recibió quizás con escasez  para todo lo que aportó. Y por todo eso, lo recuerdo con cariño  y respeto, y le agradezco cuánto me ayuda aún con sus textos.

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Un poema dedicado a Martí poco conocido

Hace poco el Coronel(retirado) Hugo Crombet, nieto del general Flor Crombet, me hizo entrega de un precioso documento: el poema que su tía, Flora Crombet, leyó en el acto de inauguración de la primera estatua del Apóstol erigida en la república neocolonial. Inaugurada el 24 de febrero de 1905, en el décimo aniversario del inicio de la guerra del 95, el proceso para llegar a ese día fue bastante inusual.

El semanario ilustrado El Fígaro, del 30 de abril de 1899, llevó a cabo una encuesta que, de modo inicial, se dirigió a personalidades seleccionadas dentro del independentismo y de la intelectualidad cubana, y posteriormente se amplió a los lectores de la revista, y cuyo resultado se publicó el 28 de mayo. Según el jurado, presidido por Enrique José Varona, el primer lugar fue para José Martí con 375 votos.

A pesar de los resultados de la encuesta,al terminar la intervención yanqui el pedestal que ocupó la estatua de la reina Isabel II frente al actual Hotel Inglaterra, en La Habana –retirada en 1899–, continuó vacío hasta que en mayo de 1902, a fin de aprestar el lugar para la inauguración de la República, se colocó una estatua de la libertad similar a la de Nueva York que, devenida para muchos símbolo del carácter anexionista del gobierno que se inauguraba, fue derribada por un ciclón que azotó La Habana, nada menos que el 10 de octubre de 1903, cuando se cumplía el 35 aniversario del inicio de nuestras luchas por la independencia.

Finalmente, una estatua del Apóstol fue construida en mármol de Carrara por el destacado escultor cienfueguero José Villalta Saavedra quien empeñó sus ahorros y pertenencias para completar el precio estipulado para su ejecución. La misma se levantó en el Parque Central, único lugar en Cuba donde se yerguen 28 palmas reales en alusión al día del natalicio del Apóstol, en enero de 1853, y entre las curiosidades que lo distinguen están las ocho tumbas simbólicas en forma de canteros o jardineras, con las cuales se rinde tributo a los estudiantes de Medicina injustamente fusilados por los colonialistas españoles, el 27 de noviembre de 1871.

La ceremonia de inauguración estuvo encabezada por el Generalísimo del Ejército Libertador Máximo Gómez y también asistieron Leonor Pérez, Carmen Zayas Bazán y Amelia Martí. Pero lo que ha sido poco conocido y divulgado es que en dicho acto la hija del General Flor Crombet leyó un poema de la puertorriqueña Lola Rodríguez de Tió, dedicado a Martí, y que la propia poetisa orientó a la adolescente de 11 años el modo de declamar sus estrofas.

A continuación damos a conocer el interesante hallazgo:

A Martí

Por: Lola Rodríguez de Tió

(Recitada por Flora, la hija del general Flor Crombet, al develarse la estatua en el Parque Central de La Habana)

 

Su nombre es una oración

Que eleva la Patria al Cielo

Con voces de bendición

Y, con lágrimas- sin duelo

Arranca del corazón.

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Tan dulce es a nuestro oído

Que, apenas al labio asoma

Parece que hemos sentido

Arrullar una paloma,

Que suspira por el nido.

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¿Quién  no conoce a Martí?

¡No habrá ni un solo cubano

Que al oír su nombre aquí

Diga sin sentirse ufano;

Yo no me olvido de ti!

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Su recuerdo no se acaba,

No hay un alma en que no vibre,

La Patria su esfuerzo alaba,

El, que la soñaba libre

Y la lloró siendo esclava.

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El rimaba sus dolores

En la lira de su alma

Como hacen los ruiseñores,

Que cantan sobre una palma

Bañada de resplandores.

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Y así; soñando, soñando,

Llegó a la Patria ribera

Y se encontró en la trinchera

Donde al viento tremolando

Estaba nuestra bandera.

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¡Qué jubilo, que alegría!

En torno de su corcel,

Que en ansias de gloria ardía,

Martí, la gente decía,

Con la vista fija en él.

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Y, cuando empieza con bríos

A hacer de valor alarde

Al declinar de la tarde

Cayó el Mártir de Dos Ríos

En emboscada cobarde.

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Hubo en la hueste, que avanza

Un instante de estupor,

Pero el jefe un grito lanza

Y se escucha entre el fragor

Clamando; ¡Guerra y venganza!

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Mas… no en vano al Mártir llora

Su hermosa tierra querida;

Si dio en ofrenda su vida

De su sangre redentora

Surge Cuba redimida.

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Cuba, que fue el ideal

Que llenó su pensamiento,

Cuba, su tierra natal

Hoy consagra un monumento

A su memoria inmortal.

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85 aniversario del natalicio de Salvador Arias

El Centro de Estudios Martianos se armó de prestigio cuando el investigador, Salvador Arias García, en 1994, decidiera contribuir con su saber a esta institución, en la cual permaneció laborando hasta su muerte el 28 de marzo de 2017. Aquí sistematizó sus lecturas de los cuatro números de la revista martiana para los niños de América, abordó aristas novedosas de las Escenas norteamericanas, elaboró un libro singular: Martí y la música, y pudo continuar trabajando con las obras de otros autores cubanos como la edición crítica de El recurso del método, la recopilación de los textos sobre cine de Alejo Carpentier o los ensayos martianos de Jorge Mañach.

Su etapa en el CEM fue también un período importante para la docencia y la preparación de cursos que impartió tanto en Cuba como en el extranjero. En Caracas, gracias a la gestión de Zaida Castro como directora ejecutiva de la Casa de Nuestra América José Martí, se hizo de alumnos que le tributaron cariño. Otro fruto de sus esfuerzos lo constituyó la creación de un participativo método de edición crítica de La Edad de Oro donde colaboraron profesoras universitariasomo Ana Cairo Ballester y María Elina Miranda. Fue un referente y consejero para Maia Barreda en su misión de fijar los textos de la revista de 1889tomo de la Edición crítica de las Obras completas de Martí que saldrá en los próximos años). Gracias a su amistad con la ensayista y poeta Carmen Suárez León, investigadora titular del Centro de Estudios Martianos, Salvador se hizo el hábito de escribir artículos breves para revistas en la web. En la última etapa de su vida mostró una combinación del ensayo académico, donde prima la paciencia, la exposición de fuentes y el razonamiento, con un periodismo cultural sencillo, sazonado de curiosidades y asociaciones literarias que llegan de la lectura continuada y la apreciación sistemática de las artes. Ese es el estilo de su postrero libro Indagaciones y paralelos que bajo la edición de Mariana Pérez se publicará próximamente por la editorial del CEM. Esta obra es el camino del ensayo al artículo, y de este a la reseña.

El investigador literario no debe cansarse de buscar novedosos análisis, ni de estimular la lectura en sus congéneres. A veces los agradecimientos por esa labor llegan de las formas más insospechadas. Recuerdo una anécdota que me hiciera Salvador:

En la década de 1970, él fue al Instituto del Libro a impartir una charla sobre el poema “Los dos príncipes” a los trabajadores de servicio. Para sorpresa suya, al lado de empleadas de limpieza estaba sentado Virgilio Piñera, uno de los escritores más grandes del siglo XX cubano. Salvador, a pesar de reconocerlo, no se dio por enterado, continuó la disertación de cómo Martí ofrece interpretaciones para que el pequeño lector se enfrente a la ambivalencia de la vida y esto lo repite en otros textos de la revista como “Los dos ruiseñores”, “Dos milagros”; “Bebé y el Señor Don Pomposo”, “La muñeca negra” o “Los zapaticos de rosa”. Al terminar de hablar, Piñera se le acercó y lo felicitó. La historia de Salvador terminaba ahí, pero unos meses después de su muerte, mientras desocupaba el buró donde trabajaba, descubrí una cartulina que tenía a lápiz, con una caligrafía que no era suya, lo siguiente: “Grabado de Tabla Resumen. Las ediciones de La Edad de Oro, por Virgilio Piñera”. Al parecer, entre los trabajos que realizó el escritor como corrector y traductor, le habían encomendado hacer un esquema de las ediciones de La Edad de Oro de 1889 a 1972. A través de diferentes cuadrículas el investigador podía encontrar de una ojeada, los lugares, editores y año en que se publicó la revista. Lo menos que se imaginaba aquel día, camino al Instituto, era que en medio del humilde auditorio iba a estar sentado el autor de “La isla en peso” y que posiblemente este le habría de obsequiar tan útil presente. Otro de los valiosos libros realizados en el CEM fue Aire y Fuego en la raíz: Heredia, trinidad de ensayos largos en torno a la poesía y la vida del gran poeta romántico cubano. La palabra escrita de Salvador presenta el don de la claridad, su escritura se muestra de sintaxis limpia, y no hay término teórico ni nombre que quede suelto en lontananza; todo lo explica y advierte, mueve lento y seguro sus enunciados y la corriente de ideas es clara, transparente y luminosa como las marinas de Romañach.

El primer capítulo muestra la vida de Heredia y la recepción crítica de la obra poética del nacido en Santiago de Cuba. La época del poeta es mostrada poco a poco como si nos moviéramos en una barcaza de bambú. Es así como vislumbramos el influjo paterno en la educación primera, el curioso movimiento geográfico donde se van acumulando las naturalezas más absorbentes del Caribe, los cambios de pensamientos e identidades a través de la escritura que va trocando la adoración y respeto por la Madre Patria hacia un culto a la libertad (tan volcánico y ardiente) capaz de identificar en versos a todas las generaciones de cubanos que soñaron con la independencia en el siglo XIX. El segundo capítulo es el más antiguo gestado en el libro. Se trata de un meticuloso ensayo sobre uno de los poemas insignes del gran poeta cubano “En el Teoacalli de Cholula”. Es este un estudio que se concibió como uno de los tantos ejercicios teóricos de la Escuela de Letras, en aquella época de los sesenta que Antón Arrufat llamó “hímnica” y donde Salvador Arias venía de ser el primer presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios de la Facultad. El estudio se publicó en la revista Unión de 1974 y es un pormenorizado análisis de estilística – que a la usanza académica – se adentra en las significaciones descriptivas y filosóficas del texto. En el ensayo se estudian las posibles fuentes intertextuales que tuvo el poema y se analiza la versificación, los tropos y adjetivaciones para así establecer puntos de filiación y ruptura romántica, tanto de forma como de contenido.

El tercer ensayo es sobre la relación poética-patriótica de Heredia y Martí; pasiones fuertes y desbordantes de nuestras letras; incluso, el siglo XX, a pesar de la gran pléyade de escritores con que nos honra, carezca de creadores que amaron tan apasionadamente la libertad y el paisaje de la Isla. Y quizás detrás de esto estuvo la perspectiva del exiliado y el hecho de que el dolor por la Patria era más puro, pues se mostraba sobre todo en la angustia por alcanzar la independencia de la colonia extranjera; mas, que complejo se vuelve el sentimiento patrio cuando el conflicto se centra, a partir de 1902, en la lucha de intereses entre los propios cubanos y el mezquino arbitrio neocolonial de los Estados Unidos.

Este volumen sobre Heredia es, sin duda, un libro necesario, para consulta y lectura del lector cubano pues muestra raíz y ala de nuestra poesía. Lejos de la numeración positivista y del empleo de cifras y los porcentajes ha de beberse más que nada la claridad expositiva, el cúmulo de informaciones de las notas finales y el revivirnos la altura de la pirámide donde Heredia respiró el aire de los poetas en lengua náhuatl, o al iris bello que contrasta con la monstruosa caída de agua de las Cataratas del Niágara, o al “Himno del Desterrado”, versos de almohada para el que luchara contra el yugo del coloniaje o sufriera en las venas la lejanía de la isla que no se puede pisar.

En el CEM realizó también Salvador el libro Cartas a jóvenes de José Martí – el cual preparó, introdujo y comentó sabiamente-. Aparentemente es un simple cuaderno, pero nos devela una esencia mayúscula: en los momentos más graves y tremendos de la vida de Martí: el exilio, la preparación y aventura de una guerra de independencia, no faltó la comunicación con los adolescentes y la esperanza en ellos. Todavía cuesta mucho confiar en la juventud, aconsejarla, prepararla para la vida, sembrar en ella el amor al estudio y al trabajo. Los que se agotan con rapidez y dejan a la libre suerte la formación de estudiantes y recién graduados, debieran pensar que cuando nuestro Héroe Nacional no sabía ni cómo llegar a Cuba para reiniciar la lucha, varado en Cabo Haitiano, un 9 de abril de 1895, y con una enorme presión sobre sí, encontró el momento para darle una clase escrita de idioma, traducción y perseverancia de trabajo a María Mantilla: “Aprende de mí” –le dijo-. “Tengo la vida a un lado de la mesa, y la muerte a otro, y un pueblo a las espaldas: -y ve cuántas páginas te escribo”.

Salvador tuvo el acierto de introducirnos cada texto y brindarnos información valiosísima sobre lo que les contestaban los jóvenes cuando recibían las misivas del escritor. Carmita Mantilla, por ejemplo, de 21 años, le decía jocosamente a Martí “El predicador”, porque cada vez que podía los adoctrinaba de cómo aprovechar el tiempo: “solo el desocupado es desgraciado” –les aconsejaba una y otra vez. Sin embargo, ella, apreció mucho esas recomendaciones de lograr, como mujer, autonomía económica e independencia laboral, y emocionada un día le escribió en agradecimiento: “usted es el hombre más cerca de la perfección que existe”. Panchito Gómez Toro, por su parte, le escribió a su hermanito Máximo, en 1896, ya muerto el cubano universal:

Creo que tú entiendes el mundo como yo y tienes formada una idea de la verdadera grandeza. ¿Te acuerdas de Martí? ¡Qué grande era en las pequeñeces!

Dicen que “ningún hombre es grande para su ayuda de cámara” porque en la intimidad, cuando se conoce a los hombres en los detalles, es cuando se ven los defectos; y Martí, cuanto más íntimamente se le trataba más grande se le encontraba. Así debemos nosotros ser, y nuestra línea de conducta igual en los distintos caminos porque nos lleve el deber.

Y el deber llevó a Panchito -quién convivió con Martí en un viaje por el sur de los Estados Unidos y el Caribe- a estar, unos meses después de escribir esta carta, en el combate de San Pedro; y cuando la propia escolta de Antonio Maceo se alejaba, sin poder rescatar el cuerpo del General, él fue, con su brazo en cabestrillo, a morir a machetazos encima del “Titán de Bronce”. Gracias a su heroísmo, y al de Juan Delgado y sus hombres, no pudieron los españoles llevarse, como habían hecho antes con Martí, el cuerpo preciado de la Patria. Pero ese sacrificio increíble de Panchito, tenía de trasfondo el ejemplo cercano y conocido de Martí. De ahí que esta sea, quizás, una de las principales lecciones de esta antología de Salvador Arias: se debe enseñar sistemáticamente a la juventud, y no cejar en consejos y oportunidades, pero si el emisor de estos preceptos, aquel que pide compromiso y esfuerzo, no basa su discurso en la ejemplaridad, humildad y entrega cotidiana, no espere tampoco grandes resultados.

En el año 2003, Salvador Arias, como parte de una comitiva que visitaba la Facultad de Artes y Letras pasó por mi aula de estudiante. Se interesó brevemente por un trabajo de curso que había realizado entre Valle-Inclán y Virgilio Piñera y recuerdo que le respondí muy tímidamente porque me abrumó su estatura y los espejuelos cuadrados que tenía pegados al rostro. Lo menos que imaginé en aquel entonces es que dos años después sería compañero de trabajo suyo -buró frente a buró- y que por doce años iba a hablar con él no ya de literatura, sino de deportes, cine, música, ofertas del agro o telenovelas brasileñas. En todo este tiempo oficinesco aparecieron anécdotas, risas, discusiones e incomprensiones, pero siempre me maravilló la persistencia de él por defender el tesoro de la literatura cubana y sus paradigmas de escritores: Heredia, Martí y Carpentier. En lo personal, no imagino otro José Jacinto Milanés que no sea el que él nos mostró y siempre admiraré todo el empeño gigantesco que desplegó por develar los secretos de los textos de La Edad de Oro.

Es cierto que su cuerpo se fue consumiendo y afloraron en él más temores, soledad y pesimismo, pero mantuvo hasta al final sus ganas de seguir siendo útil y de no perder su impulso de lector, profesor y escritor.

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Celebra Centro de Estudios Martianos el Día de la Prensa Cubana

Con una conferencia dedicada a resaltar la labor de José Martí al frente del periódico Patria, celebró hoy el Centro de Estudios Martianos (CEM) el Día de la Prensa Cubana, instituido cada 14 de marzo.

Con una conferencia dedicada a resaltar la labor de José Martí al frente del periódico Patria, celebró hoy el Centro de Estudios Martianos (CEM) el Día de la Prensa Cubana, instituido cada 14 de marzo en conmemoración a la fecha de fundación del semanario del Apóstol.

El periodista y profesor universitario Randy Saborit Mora tuvo a su cargo el conversatorio, en el que expuso una minuciosa valoración sobre el papel de Martí como director de Patria y su entrega en cada fase del proceso creativo y editorial de los 167 números que vieron la luz bajo su responsabilidad.

A través de ejemplos de la correspondencia sostenida por el Apóstol con algunos miembros de su equipo de prensa, como Gonzalo de Quesada, Benjamín Guerra y Sotero Figueroa, Saborit demostró cómo este determinó desde el inicio la línea editorial, construyó la agenda mediática y decidió la intencionalidad editorial de la publicación.

El estudioso destacó que a pesar de cumplir con responsabilidades que lo obligaban a viajar con frecuencia, Martí fue todo el tiempo el director de Patria, pues gestionaba imágenes o contenidos a través de cartas, editaba los trabajos de los demás y orientaba a sus colegas en las buenas prácticas desde donde estuviese.

Según Saborit Mora, el Héroe Nacional de Cuba participaba también como escritor en la publicación y le preocupaban de ella detalles como los temas, que podían ser históricos, sociales, sobre la guerra o la república, los títulos, las secciones, los retratos, grabados, la extensión, ubicación y géneros de los contenidos.

Resaltó también su insistencia en que los textos fueran hermosos, pues nunca separó lo artístico y literario de su escritura, a pesar del carácter político y comprometido del semanario.

El profesor de la Universidad de La Habana recordó, en una frase martiana, la esencia del Apóstol y de Patria: “Con todos, para el bien de todos. Ese es el lema de mi vida. Ese será el del periódico”.

Sobre la posición política de la publicación, considerada el órgano del Partido Revolucionario Cubano, manifestó en palabras de Martí que “De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento. Por eso, Patria ha de ser ahora un periódico especialmente alto y hermoso.

La vigencia de la palabra y el pensamiento del Apóstol fueron resaltados por la doctora Marlene Vázquez Pérez, directora del CEM, quien felicitó a la prensa por su día, en el acto al que asistió también Nereyda López Labrada, secretaria general del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Cultura.

Tomado de: http://cubasi.cu/

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Costa Rica/Cuba: una revista como puente

Para regocijo de nuestro proyecto académico, cuyo resultado es esta revista inscrita en el quehacer de la Universidad Nacional de Costa Rica y del Instituto de Estudios Latinoamericanos (IDELA), hemos logrado el presente número en colaboración conjunta con colegas del Centro de Estudios Martianos. Amistad intelectual y afectiva de larga data, une nuestros caminos y nuestros anhelos. Este número es resultado de esa cercanía, en hermandad de propósitos, para brindar una mirada a la producción académica que se gesta en Nuestra América.

¿Y qué mejor eje podría unirnos a cubanos y costarricenses, sino el de la luz “nuestro americana” del Apóstol, cuyo pensamiento sigue tan fresco y tan pertinente en nuestro siglo?

Con gran complacencia presentamos Temas de Nuestra América, edición 33-65, coeditada en nuestros institutos, la cual atestigua resultados de una agenda de trabajo conjunta, de mayor alcance, que recientemente hemos establecido, cifrada en la colaboración entre investigadores, en el intercambio de materiales bibliográficos y textos resultados de la labor académica. La propuesta de artículos corresponde a la convocatoria realizada en junio de 2018, tanto en Cuba como en Costa Rica. Nuestro reconocimiento sincero al Dr. Mauricio Núñez Rodríguez, quien es coeditor de este número, por hacer posible esta vinculación académica e intelectual.

El investigador, escritor y artista plástico, Rafael Cuevas Molina, profesor del IDELA, es quien nos brinda el ensayo de apertura al número, donde analiza las culturas populares y las identidades, con un propósito “desacralizador”, como señala el autor, para mostrar que cultura, identidades, nacionalidades, son conceptos mudables, esconden intereses de clase y, por tanto, contradicciones internas, a la vez que juegan el papel de legitimadores simbólicos de planes y proyectos establecidos en las agendas de los grupos sociales, económicos y políticos.

El distinguido historiador cubano Pedro Pablo Rodríguez, en su ensayo de “Tecun Unam a la Nueva América. Martí y la cultura maya de Guatemala”, nos ofrece la visión de aquella estancia del Apóstol en Guatemala, entre 1877 y 1878, de su admiración por esa rica cultura originaria americana. Dicha estima fue cultivada, sin embargo, desde muchos años antes de sus visitas a la tierra del quetzal, en la adolescencia del gran pensador.

Francisca López Civeira analiza la construcción del concepto Nuestra América y propone que dicha noción contenía una estrategia continental para superar los problemas internos y los peligros externos de la América Latina en época de su recién estrenada independencia.

Nuestro coeditor del número, el Dr. Mauricio Núñez Rodríguez, nos brinda el ensayo, “Aproximaciones al itinerario narrativo de José Martí”. Núñez, experto en literatura, propone en su entrega que el gran interés de la crítica enfocada mayormente en la obra periodística, poética y revolucionaria de Martí, ha dejado un poco de soslayo su obra narrativa.

El investigador realiza un análisis del sistema narrativo de Martí para descubrirnos textos literarios como Irma, Amistad Funesta, Ramona, sin dejar de lado los amados textos de La Edad de Oro y la actividad periodística del José Martí cronista.

El filólogo David Leyva nos descubre “El Dorador, título de una crónica perdida de Martí”, brindándonos pistas sobre este texto respecto al cual el gran pensador cubano hizo petición especial a su amigo y editor, Gonzalo de Quesada, de rescatarlo. Señala a Fina García Marruz, dentro de las pesquisas realizadas por Leyva sobre este texto cuyo ubicación continúa en el misterio, quien apunta al interés especial que Martí concedió a El Dorador, llamando nuestra atención con la solicitud explícita que formuló a de Quesada, concediéndole a El Dorador una importancia por encima de su única novela, lo cual llama poderosamente la atención.

La estimada compañera Marlene Vázquez Pérez, estudiosa de la obra de José Martí, nos propone en su ensayo “El espectro de William Walker y las discordias en Centroamérica. Constantes en la escritura martiana”, un nuevo acercamiento a la riqueza de escritura y visión de este multifacético pensador y prócer latinoamericano. La investigadora apunta a la apetencia de Walker por la pequeña Centroamérica y a su empresa invasora, la cual, según indican estudiosos, significó la primera rendición yanqui, repelida por el ejército comandado por Costa Rica, en mayo 1857. Indica Vázquez: “Este aventurero sin escrúpulos fue, en realidad, un protegido de determinados sectores políticos de su país, sobre todo de los estados del Sur, y no únicamente un filibustero que actuaba por su cuenta” para iniciarnos en una interesante lectura que relaciona a Walker y el análisis de Martí sobre los hechos de la Conferencia Panamericana.

“Las tareas del espíritu en José Martí: últimos días de campaña” es el ensayo que nos propone Mayra Beatriz Martínez, para dialogar sobre espiritualidad y religiosidad.

Estos aspectos nos brindan pautas sobre el posicionamiento humano de Martí respecto a lo sagrado. “Ello contrastaría inevitablemente con el conocido anti dogmatismo martiano, que habría de expresarse en buena cantidad de textos a lo largo de toda su vida, entre los cuales sobresalen, obviamente, aquellos donde asume una mirada crítica al evaluar a la iglesia católica, pero, igualmente, en los que arremete contra la rigidez de las prácticas masónicas —contra el secretismo, concretamente— a pesar de que, como se sabe, pertenecía a esa institución fraternal”, nos propone Mayra.

El aporte a la investigación literaria que realizan los académicos Grethel Ramírez-Villalobos y Gabriel Baltodano-Román con el ensayo que enriquece nuestra publicación, relaciona los desarrollos conceptuales del pensamiento latinoamericano en torno a la disidencia sexual, a partir de aportaciones teóricas de Néstor Perlongher. De esta manera, ambos académicos señalan la importante figura del teórico argentino (1949-1992) en relación “con notables aportaciones al entendimiento de las sexualidades disidentes”. Los investigadores enfocan en su análisis el concepto queer según señalan “tal y como se lo ha empleado en el medio académico hispanohablante, para ahondar en cuestiones poco exploradas e ignoradas, asociadas con la lengua, la nacionalidad y la historia […]. Abner Barrera, académico de origen peruano, profesor en el IDELA, realiza una invaluable reflexión sobre el fenómeno del neopentecostalismo que recorre América Latina, señalando el peligro que representan los fundamentalismos religiosos en el logro de la agenda de lucha de grupos considerados “minorías” por su diversidad, en ella incluida, la orientación sexual, por ejemplo. Esta agenda, que tiene su referente inmediato en los derechos humanos, ha sido cuestionada abiertamente por esta marea fundamentalista, apuntando a la existencia de normas religiosas que proscriben cualquier diversidad y niegan los derechos fundamentales a partir de las nociones de moralidad religiosa.

Sharon López y Silvia Elena Guzmán nos dan cuenta de uno de los resultados de su proyecto académico de extensión. La construcción de zonas de paz, como método de prevención de la violencia y educar en la paz, son ejes de la estrategia pedagógica de trabajo con niñez y adolescencia en zonas vulnerabilizadas de Heredia, Costa Rica. Las investigadoras, expertas en la temática, nos brindan las percepciones que tienen niños y niñas, así como adolescentes, sobre las zonas de paz construidas en sus comunidades.

Evelyn Cerdas es una académica especializada en derechos humanos y educación para la paz que ha trabajado a profundidad los juegos cooperativos, metodología que crea un espacio lúdico para promover la construcción de una cultura de paz. También desde el área de la extensión universitaria, esta propuesta de Evelyn se enmarca en el aprendizaje cooperativo en contraste con el individualismo y la competencia. La teorización que facilita es muy interesante y aporta, en estos momentos en que los paradigmas de competencia total, nos llevan cada vez, con mayor frecuencia, a situaciones de agresión e indiferencia.

Lilia Ramos Valverde, fue una extraordinaria intelectual costarricense. Multifacética, se formó como maestra, destacó en las áreas de la psicología y la psiquiatría, fue directora de editoriales, escritora, poeta y también, la primera mujer en recibir en Premio Nacional de Cultura de Costa Rica. Viajera, logró estudiar en Chile, Estados Unidos y Europa, donde asistió a cursos con Jean Piaget. Una mente brillante como la de Lilia, no podía dejar de tener impronta en el impreso que puso a Costa Rica en el mapa cultural americano, a inicios de 1919, Repertorio Americano, de Joaquín García Monge. Los textos de doña Lilia, publicados de 1932 a 1950 brindan claves del pensamiento de avanzada en lo social, en lo político y en lo educativo de esta mujer visionaria, de verbo agudo y crítico.

Cerramos el número con una nutrida entrega de reseñas y recensiones, que agradecemos profundamente, pues nos ponen en contacto con lecturas comunes, de importancia a nuestros intereses.

Al distinguido grupo de colegas del Centro de Estudios Martianos, nuestra bienvenida más grata a Temas de Nuestra América. Apreciamos y valoramos estos esfuerzos conjuntos por pensarnos, por acercarnos y reflexionar sobre esta Nuestra América, que “trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra”. ¡Bienvenidos y bienvenidas las lecturas, con afán de diálogo y conversación amiga de esta nueva edición de nuestra Revista!

En Temas de Nuestra América. Revista de Estudios Latinoamericanos, no. 65, volumen 35, enero-junio, Editorial de la Universidad Nacional, Costa Rica, 2019, pp. 7-10.

Datos de la autora:

Profesora e investigadora. Directora de la Editorial de la Universidad Nacional de Costa Rica. Máster es Estudios Latinoamericanos.

Tomado de: http://www.librinsula.bnjm.cu/

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Repertorio Americano en la XXIX Feria del Libro de La Habana

¿Por qué el Centro de Estudios Martianos inició su Programa Académico en la XXIX edición de la Feria Internacional del Libro de La Habana con un panel dedicado a la revista Repertorio Americano? Se pueden mencionar numerosas razones y todas notables.

La revista costarricense Repertorio Americano acaba de cumplir cien años desde que su primer número vio la luz en el año 1919 y mantuvo sus ediciones hasta 1958. Ha sido considerada por la crítica como la decana de las revistas en América Latina o “la revista de revistas” en la gran tradición de revistas culturales en la primera mitad del siglo XX.

Repertorio Americano aglutinó a gran parte de la intelectualidad  del continente en esa etapa. Baste mencionar las colaboraciones de Gabriela Mistral, Rómulo Gallegos, Miguel Ángel Asturias, Andrés Iduarte, Manuel Galich o Enrique Anderson Imbert.

Esta hazaña editorial tuvo la colaboración de autores cubanos desde sus primeros números: Enrique José Varona, Félix Lizaso, Medardo Vitier, Emilio Roig, Nicolás Guillén, Alejo Carpentier, Jorge Mañach o Dulce María Loynaz. Juan Marinello, por ejemplo, fue un asiduo colaborador. La mayoría de los ensayos que estructuran su volumen 18 ensayos martianos fueron conocidos inicialmente en las páginas de esta revista.

Pero no solo fueron cercanos colaboradores, sino que también asistieron a la revista económicamente durante los grandes avatares que tuvo que sortear durante casi cuatro décadas de existencia. En sus páginas se acusa recibo, por ejemplo, a un envío monetario de Enrique José Varona que llegó en un momento preciso para saldar una deuda con los impresores catalanes que imprimieron la revista durante casi toda su existencia.

A diferencia de otras revistas culturales en América Latina que se gestaron a partir de un equipo editorial (que muchos derivaron en grupos literarios o artísticos), todo el trabajo de Repertorio Americano estuvo sobre los hombros de una sola persona: Joaquín García Monge quien se encargaba de la edición, distribución y envío a otros países. Atendía, además, la correspondencia y mantenía su labor docente o su trabajo durante trece años al frente de la Biblioteca Nacional de Costa Rica.

García Monge escribió tres novelas: dos de ellas se consideran fundadoras de la novelística costarricense. Publicó un libro de relatos y un grupo de conferencias; pero su gran legado para la cultura hispanoamericana fue Repertorio Americano, una revista de profunda inspiración latinoamericana. En sus páginas se desliza el legado de los grandes próceres del continente: Bolívar, Hostos, Sarmiento y José Martí. Hay más de ciento treinta referencias a textos de la obra martiana o sobre su legado. Repertorio Americano expresa una recepción temprana de la obra de José Martí en el siglo XX.

El profesor y ensayista Mario Oliva en su notable volumen José Martí en la historia y la cultura costarricense narra como Joaquín García Monge  –siendo un adolescente– conoció a José Martí durante una visita del poeta cubano a su familia durante una de sus breves estancias en Costa Rica.

El homenaje a Repertorio Americano por su centenario debía transgredir las fronteras costarricenses si tenemos en cuenta, no solo la gran circulación que tuvo por todo el continente y Europa, sino también, por la profundidad estética de sus textos.

La Biblioteca Nacional de Cuba atesora una colección importante de esta revista que se recibía en Cuba y tenía numerosas suscripciones. La Universidad Nacional de Costa Rica realizó un esfuerzo colosal por digitalizar toda la revista y brindarla “on line” para todos los interesados en conocer de esta joya de la cultura costarricense y latinoamericana.

Tomado de: http://www.librinsula.bnjm.cu/

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IX Taller provincial “José Martí en la escuela cubana” en la Universidad de Matanzas

Se desarrolló en la sede “Juan Marinello” de la Universidad de Matanzas, el IX Taller provincial “José Martí en la escuela cubana”, este evento se realiza anualmente con el propósito de socializar experiencias destacadas acerca del empleo de la obra martiana en la labor formativa que realizan educadoras, maestros, profesores y también especialmente dentro de la Universidad. También se estimula el estudio de la vida y la obra de José Martí entre los estudiantes de pregrado y posgrado, especialmente en el área de la formación profesional pedagógica. Este evento es convocado por el Proyecto Científico “Educar con José Martí en la escuela cubana” que con más de una década de trabajo incentiva este tipo de acciones. Se inscribieron más de 130 ponencias organizadas en 10 comisiones de trabajo que integraron a estudiantes y profesores. Mención especial merece la masiva participación lograda por parte de los estudiantes y profesores de la carrera de Español – Literatura, así como los de Pedagogía – Psicología.

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Falsificaciones en torno a José Martí

Si las obras que merezcan tal nombre han de respetarse, ¿qué decir de la debida a José Martí, Obra por excelencia? Aunque formal o legalmente no se identifique como un símbolo patrio, lo es por su trascendencia, y ha de venerarse no menos que los emblemas nombrados con ese rótulo. Para asegurar el tratamiento que reclaman legados y alegorías de tal significación no bastan las leyes. La educación, la cultura y la civilidad influyen de manera directa, pero no vale obviar los requerimientos legales necesarios para que los respeten incluso quienes no se identifiquen con ellos.

Para solo hablar de Martí —pues de él se trata ahora—, no se le debe atribuir ninguna cita que no sea suya y, salvo quizás cuando las que realmente lo son resulten muy conocidas, se ha de indicar de alguna manera la procedencia de ellas, aunque medie la urgencia que puedan requerir la prensa diaria, la tribuna de circunstancia y otros medios afines. Ni la más puntillosa voluntad de rigor impedirá de modo absoluto que se yerre involuntariamente, pero el rigor se necesita para prevenir tergiversaciones que pululan, y no siempre por desconocimiento, sino también por intenciones fraudulentas.

A malas prácticas —frutos del dolo o de la desprevención— ya se ha referido el autor de este texto en otros localizables en la red. Entre ellos se encuentran “¿José Martí sirve para todo?” y “Cómo citar a José Martí”. Ahora intenta no repetir lo dicho en ellos, pero a veces las reiteraciones son útiles, necesarias.

La riqueza conceptual, ética y artística de Martí confiere a sus textos rasgos que permiten calificarlos de bíblicos, aunque metafóricamente, porque su personal religiosidad —o espiritualidad— no se atuvo a dogmas, ritos ni templos. “Religioso sin religión” lo llamó Fernando Ortiz en su prólogo a José Martí y la comprensión humana (1957), de Marco Pitchon, libro no ajeno al tema de estos apuntes, pero que no es del caso comentar aquí.

No pocas evidencias ha habido de utilización del fuego martiano para cocinar sardinas ajenas a él, y eso, medie la intención que medie, termina en falsificaciones. “Cómo citar a José Martí” recoge ejemplos de alteración de su legado cometida desde posiciones diversas. No se abundará ahora en razonamientos hechos en ese artículo; pero procede añadir una de las citas que se le endilgan y cuya prosperidad sería digna de estudio: “Triste cosa es no tener amigos, pero más triste es no tener enemigos, porque quien enemigos no tenga, es señal de que no tiene: ni talento que le haga sombra, ni bienes que se le codicien, ni carácter que impresione, ni valor temido, ni honra de la que se murmure, ni ninguna otra cosa buena que se le envidie”.

Un estudiante que vio ese texto en varias partes, y calzado con la firma y un retrato de Martí, quiso saber si era suya ciertamente. Se dirigió para ello a este articulista, quien le respondió que, por los términos y la orientación del pensamiento plasmado —algo como rabia y resentimiento, valoración de la hacienda a manera de mérito, afán de merecer murmuraciones y envidia—, la cita no era de Martí; pero buscaría para saber si, a pesar de eso, la había escrito. Pronto el estudiante se adelantó a comunicarle que ya había encontrado que era del escritor español Baltasar Gracián (1601-1658), lo que podría ser otra atribución incierta, pero no lo parece, y entre los fines de estos apuntes no está esclarecerlo. Quien desee comprobarlo podrá buscar en la obra de Gracián.

Una de las falsas atribuciones comentadas en “Cómo citar a José Martí” —“La política es el arte de lo posible”— también se les carga, de Aristóteles para acá, a distintos autores, entre ellos Maquiavelo, a quien sí retrata. Otra, similar de algún modo a la cita identificada como de Gracián, y glosada en aquel artículo, también se le ha endosado falsamente a Martí, aunque está asimismo lejos de su espíritu: «Si los que hablan mal de mí supieran exactamente lo que yo pienso de ellos, hablarían peor». En este caso resulta fácil hallar en las redes que la frase es del dramaturgo, escritor y cineasta francés, de origen ruso, Sacha Guitry (1885-1957).

A nadie —y menos a Martí, que tanto y tan bueno y bello, extraordinario, escribió —se le deben atribuir textos ajenos. Pero para usar a Martí contra la Revolución Cubana se han esgrimido, como suyas, citas que, hasta donde sabemos, no se han encontrado en ninguno de sus textos ni en fuente alguna merecedora de confianza. A propósito de la emigración cubana en años recientes se echó a rodar como suya la sentencia “cuando un pueblo emigra el gobernante sobra”. Por igual trillo en el plazo de pocos días un “citador” lanzó, de dos modos distintos y sin insinuar fuente, esta otra, que también se ha ilustrado con un retrato del héroe: “Podrá”, en un caso, “Podría”, en otro, “morir un hombre por los ideales de un pueblo, pero jamás ha de morir un pueblo por defender los ideales de un hombre”. Martí tenía muy claro el valor de los ideales —de personas relevantes o de pueblos—, pero las intenciones de esas presuntas citas son inocultables.

A lo ya dicho sobre el encanto que los escritos de Martí generan para bien —ejerce un hechizo que no viene de embustes, sino de la integridad y la coherencia—, añádase la colosal diversidad de asuntos que trató con la altura y la amplitud de su sabiduría y su solidez ética. Y con su también prodigiosa maestría estilística.

Si no persistieran las confusiones que este autor ha intentado subsanar con “Fidel Castro y el asedio de la gloria” y otros textos, no volvería ahora sobre la concreción “Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”. Esa concreción la hizo lema de su vida el líder de la Revolución Cubana a partir de una idea de Martí en su carta del 15 de diciembre de 1893 dirigida a Antonio Maceo: “Yo no trabajo por mi fama, puesto que toda la del mundo cabe en un grano de maíz”. A quien esto escribe le comentó alguna vez Fina García Marruz que la expresiva síntesis centrada en la gloria enaltece la grandeza de ese grano. El valor de la gloria justa lo reconoció el propio Comandante en su discurso del 1 de mayo de 1990, al expresar con respecto a la Cuba de heroica resistencia: “un pueblo como este merece un lugar en la historia, un lugar en la gloria”.

La condensación aforística hecha por quien tuvo el acierto de ver en Martí no solo al autor intelectual de sucesos ígneos que fraguaron el triunfo de la Revolución Cubana, sino también el fundamento moral de esta y el guía eterno del pueblo de Cuba, continúa repitiéndose como si fuera una cita textual de Martí, a pesar de las aclaraciones hechas, que parecen caer en el vacío. Recientemente y de distintos modos ha circulado la hipótesis de que la variación del original martiano podría deberse a Rafael G. Argilagos en sus Granos de oro, colecciones de “pensamientos de Martí”.

Pero el articulista buscó —y asegura que lo hizo cuidadosamente— en los volúmenes localizados de ese aforismario (1918, 1928, 1936, 1937, 1944, 1953 y 1956), y no halló la confirmación de la hipótesis. En las páginas 82-83 del publicado en 1944 —que Argilagos presentó como compendio de los anteriores y organizó por temas— figuran cinco fragmentos sobre la gloria, y ninguno corresponde a la cita en cuestión. Sobre la fama se lee uno, en la 67, y tampoco atañe a ella. ¿Habrá otras ediciones?

En cualquier caso, venga de donde venga, y aunque no altere sustancialmente el concepto de Martí, la síntesis ya vista no es una cita textual suya. Por tanto, no se le debe atribuir, lo que tampoco debió haberse hecho con el lema “Ser cultos para ser libres”, como en determinado momento se simplificó —¿quién duda que con las mejores intenciones?— su profunda máxima “Ser culto es el único modo de ser libre”.

Queda siempre la sospecha de que se abusa de las citas de Martí, cuando lo vital sería asimilar y aplicar su pensamiento, recta y creativamente, en la práctica diaria, como cuestión de sabiduría y, sobre todo, como guía para la conducta. Pero textos e ideas son inseparables, y el gran reclamo estriba en citarlo correctamente. Con todo, aun cuando siempre se hiciera así, procedería estar vigilantes contra el abuso de sus textos, aunque solo fuera para no cansar o aburrir al público lector, u oyente, con algo que en su centelleante creatividad resulta ajeno al agotamiento.

Una colega de buen juicio le ha preguntado al autor por una frase dada como de Martí, con foto de lujo, en la fachada de un edificio público habanero sito en Ayestarán, cerca de 20 de Mayo: “No hay imagen más falsa que el de haber reclamado derechos sin haber cumplido deberes”. El articulista no la ha encontrado en Martí, ni ha hallado indicios que la ubiquen en ella. Seguirá buscando, y agradecería colaboración en la búsqueda. Pero el texto, cuyo sentido habla más de actitud que de imagen, muestra una falta de concordancia impensable en Martí —“No hay imagen más falsa que el de haber”, en lugar de “No hay imagen más falsa que la de haber”—, y una forma verbal repetida innecesariamente —“haber reclamado sin haber cumplido”— donde cabía “reclamar sin haber cumplido”. Parece tratarse de una construcción para la cual se creyó buen crédito la firma de Martí, o se estimó “tan bonita” que no podía ser de otro autor.

Más allá de detalles como esos, y otros, los enemigos de Martí saben lo que él significa para la Revolución Cubana, y no cesan en el afán de tergiversarlo, menguarlo, mellarle el filo. Uno de sus detractores le ha hecho un homenaje involuntario: conjeturó que sus textos, de tan abundantes y grandiosos, no podrían ser obra de una sola persona, y lanzó la “tesis” de que los habrían escrito muchas manos. Ojalá hubiera habido —en Cuba, para no hablar de otros lares— una legión de autores de la talla de Martí.

Recientemente han vuelto a poner en duda la veracidad de su carta inconclusa a Manuel Mercado, síntesis testamentaria de su pensamiento político, social y ético, incluido su antimperialismo. Aducen que la dio a conocer, años después de muerto el héroe, un oficial español que podía estar interesado en dar una bofetada a los Estados Unidos por la humillación que esa potencia le propinó a España en 1898. Ocultan o minimizan el hecho de que ese militar propició el conocimiento de la carta con una fotocopia, también conocida, que no deja lugar a dudas sobre su autenticidad.

Contra empleos malintencionados de textos de Martí, o de hechos relacionados con su vida, las instituciones cubanas —escuela, prensa, cine, teatro, radio y televisión entre ellas— responsabilizadas con su estudio o con la divulgación de su legado, o con ambas tareas, y en general las llamadas a promover cultura, tienen el deber y la obligación de esmerarse en lograr que se le trate con pleno cuidado. No han de permitir que representantes o funcionarios suyos difundan citas, afirmaciones, juicios, fotos y otros documentos falsos, ni aparecer comprometidas, aunque solo fuera como escenarios prestados, con trabajos que —de pretensiones fácticas o artísticas— carezcan del rigor y la altura con que merece ser tratado uno de los mayores tesoros de la patria.

No se habla aquí de casos imaginados, sino de hechos indeseables que han sucedido, o tal vez estén ocurriendo ahora mismo. Muchos son los modos de profanación posibles. Sobre intenciones y “fundamentos” de los ultrajes se ha hablado, y será necesario seguir aportando luz. A la marginalidad se le da pábulo si se tolera que Martí sea juzgado con criterios de una supuesta picardía inmanente propia de la idiosincrasia nacional.

Por esa superchería ha circulado como obra de Martí una letra de canción que él no habría escrito ni en momentos de delirio febril. Es contraria a la fineza de quien, para calificar a los autonomistas y anexionistas que hoy siguen enrolados en las huestes de apátridas, los llamó “especie curial, sin cintura ni creación”. Lo hizo en su carta póstuma a Mercado, lo que también explica el interés de algunos en poner en duda particularmente la autenticidad de ese texto, mientras le atribuyen otros que no escribió.

Dondequiera que aparezcan citas no confirmadas como suyas, se debería llevar a cabo la debida comprobación, para mantenerlas o eliminarlas o, por lo menos, suprimir la impertinente atribución. Huelga decir que se deben rectificar errores de escritura, de ortografía incluso, que abundan e infaman a quien fue un creador literario inmenso.

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Evocación a Martí en la gloriosa fecha del 24 de febrero

Académicos, historiadores y acuciosos investigadores de la vida y obra de José Martí, se reunieron hoy en el Centro de Estudios Martianos (CEM) para, en sesión solemne, celebrar la gloriosa fecha del 24 de febrero, a 125 años del reinicio de las gestas libertarias del pueblo de Cuba.

Es este un momento de conmemoración y reflexión en torno a la historia patria, la cultura cubana y el legado del Héroe Nacional y Apóstol de la independencia de Cuba, y un homenaje a su genio político y capacidad para organizar la Guerra Necesaria, afirmó la Doctora Marlene Vázquez Pérez, directora del CEM.

“De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: Ganémosla a pensamiento”, escribió Martí el 10 de abril de 1895, al zarpar rumbo a Cuba junto a Gómez y otros patriotas; en su amada tierra ya se combatía duramente y, sin embargo, tiene en la mente una guerra aun más difícil, de ideas y argumentos, de convencimiento, significó.

Desde la inmensidad de los tiempos, a esa guerra tan o más necesaria nos sigue llamando, una guerra que debemos continuar librando denodadamente, si queremos conservar la independencia alcanzada con el heroísmo, la sangre y el sacrificio de generaciones de cubanos, recalcó la Directora del CEM.

A 125 años del Grito de Baire, recordemos las gloriosas páginas del pasado y consagrémonos a trabajar por una Cuba mejor, seguros del presente y decididos a conquistar el porvenir, añadió la doctora Vázquez Pérez.

Celebró la presencia de la escritora y poeta sudcoreana Kim Soo Woo, ferviente martiana que acaba de escribir y publicar en su país y lengua una biografía de José Martí, y a quien hay que agradecer, además, la traducción al coreano de los Versos Libres, los Versos Sencillos y El Ismaelillo, reunidos en un volumen.

En la sesión solemne, el Doctor Ibrahim Hidalgo Paz, Premio Nacional de Historia 2009, investigador titular y jefe del equipo de investigaciones históricas del Centro de Estudios Martianos, dictó la conferencia El antirracismo en la estrategia de la Guerra Necesaria.

El también miembro de la Academia de Historia de Cuba centró su disertación en la concepción unitaria del Apóstol, su firme postura e incesante batallar contra todo lo que pudiese fomentar discordias, odios, recelos e infundados temores sobre una guerra de razas en la Antilla Mayor y ese supremo anhelo de fundar una República con todos y para el bien de todos, sin importar el color de la piel.

De Martí, que temprano y muy bien comprendió las debilidades que acarreaban las divisiones internas y se consagró a construir la unidad nacional y patriótica, habló el Doctor Hidalgo Paz, como también de otro imprescindible de la historia patria: Juan Gualberto Gómez y su decisivo aporte a la Guerra de 1895.

Toamdo de: http://www.acn.cu

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