Conceden Premio Nacional de Ciencias Sociales 2022 en Cuba

El Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas 2022 fue otorgado hoy a la prestigiosa historiadora cubana Francisca López Civeira, con reconocida trayectoria en la docencia y varias obras publicadas.

Licenciada en Historia, Máster en Estudios sobre América Latina, el Caribe y Cuba y Doctora en Ciencias Históricas por la Universidad de La Habana, ha ejercido como profesora de esa alta casa de estudios durante varios años.

En esa institución ha ocupado los cargos de vicedecana de Investigaciones, Relaciones Internacionales y Postgrado de la Facultad de Filosofía e Historia desde el 2004.

Nacida el 12 de noviembre de 1943, Paquita, como la llaman con cariño sus amistades, es autora de ocho libros y coautora de doce, y entre sus obras más significativas se cuentan: José Martí (1853-1895), La dignidad humana (México, 1995), entre otras.

De acuerdo con el Instituto Cubano del Libro, el jurado de Premio estuvo presidido por el historiador y Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas 2009 Pedro Pablo Rodríguez, y lo integró además el presidente de la Unión de Historiadores de Cuba Jorge Luis Aneiro.

Otros miembros fueron el escritor y periodista cubano Omar González, el economista y ensayista José Luis Rodríguez y el académico e historiador Elier Ramírez.

La distinción será entregada a la ganadora durante la Feria Internacional del Libro Cuba 2023, que tendrá lugar en esta capital del 9 al 19 de febrero.

rgh/mml

Tomado de: https://www.prensa-latina.cu

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Fallece en Panamá destacado catedrático y martiano

El Centro de Estudios Martianos lamenta la partida física del destacado intelectual panameño Miguel Ángel Candanedo, gran amigo de Cuba, martiano raigal y defensor de las causas justas de los pueblos de Nuestra América. Lleguen a sus familiares y amigos el abrazo solidario en esta hora de dolor y nuestras más sentidas condolencias.

Hace  un año, el catedrático Miguel Angel Candanedo, refirió  los preparativos para conmemorar el 28 de enero de 2023 los 170 años del natalicio del Héroe Nacional de Cuba, José Martí.

Con el destacado profesor universitario y activista de la solidaridad con la isla este reportero apenas intercambió tarjetas y saludos y el compromiso de una entrevista sobre la impronta del autor de Versos Sencillos en el pensamiento emancipador del continente.

Se le vía entusiasmado con el programa futuro del homenaje que en Panamá harán al Maestro, “a quien hay que acudir siempre para entender qué es el imperialismo yanqui”, decía.

Vestía impecable en aquel encuentro en uno de los pasillos del emblemático Teatro Nacional, en el Casco Antiguo de esta capital, con su sombrerito de color blanco y la bandera que ondea en el cerro Ancón en uno de los extremos de su guayabera blanca.

“Este concierto por el aniversario 63 de la Revolución cubana no me lo puedo perder”, aseguraba.

Candanedo fue un infatigable estudioso de la obra de Martí. Fundó y dirigió hasta el último de sus días de existencia física la Cátedra Martiana de la Universidad de Panamá.

En mayo pasado se le veía aún vigoroso en el acto por el aniversario 127 de la caída en combate del Apóstol en Dos Ríos.

Allí coincidió con el destacado intelectual Guillermo Castro, vicepresidente de Investigación y Formación de la Fundación Ciudad del Saber, que señaló entonces que Martí al ofrendar su vida por la independencia, reafirmaba lo que asegura el himno marcial de esa isla: morir por la Patria es vivir.

Como Castro, también Candanedo destacaba en sus palabras que la obra y vida del prócer cubanos permite entender que su grandeza y trascendencia no le viene solo de indudables méritos personales, sino además de su capacidad de convertirse en el primero entre sus iguales en la isla y en la América hispana.

Por eso comentaba la importancia de profundizar en la relación entre el fundador y organizador del Partido Revolucionario Cubano en 1892 y la contienda a que convoca tres años más tarde, en la que Martí se presenta como producto y fruto de la más fecunda y trascendente de sus obras.

Para Castro y Candanedo resultaba vital, según explicaron, la importancia de rescatar las observaciones de Martí en estos tiempos de crecimiento económico injusto y desigualdad social, cuando alertara que el origen de nuestros males radica en que está pendiente la solución del problema de la independencia, “que no era el cambio de formas, sino el cambio de espíritu”.

Candanedo falleció la víspera a los 78 años de edad, víctima de un cáncer que lo aquejaba hacía meses. Sus familiares confirmaron la trágica noticia en las redes sociales y una avalancha de mensajes de dolor y condolencias y tributo al pensador no se hizo esperar.

En la Universidad de Panamá, justo al Paraninfo donde los terroristas bajo las órdenes de Luis Posada Carriles intentaron asesinar a Fidel Castro en el año 2000 se erige un busto a José Martí, obra del escultor isleño José Fuster.

Desde allí recordé algunas de las ideas de Candanedo y sus magistrales conferencias y bibliografía al referirse al más Universal de los cubanos.

La Cátedra Martiana, surgida a finales de la década de los 90 y creada por panameños muy vinculados a Cuba, tuvo entre otros momentos memorables la realización del Primer Congreso de Cátedras Martianas en 2003, con la presencia del intelectual cubano Armando Hart.

También llegaron a publicar una revista y siempre fueron frecuentes las actividades en homenaje a Martí de conjunto con la embajada de Cuba en Panamá.

Candanedo solía afirmar que el ejemplo y los textos martianos son guías que orientan permanentemente la lucha de los pueblos de nuestra América contra el imperialismo norteamericano y en pro de la unidad.

D e igual manera gustaba resaltar al Apóstol como un precursor de la integración regional y señalar que entre sus mejores seguidores y alumnos sobresalían Fidel Castro y el venezolano Hugo Chávez.

Sobre Cuba no pocas veces se le escuchó aseverar a Candanedo que es el ejemplo de sociedad solidaria en la que uno quisiera vivir, en la que a pesar de la escasez de bienes materiales, hay una distribución justa de la riqueza.

Ahora en Twitter es recurrente el mensaje de muchos colectivos como el de la Asociación Panameña para el Desarrollo Integral de Comunicación Social en el que segura que “Don Miguel fue un hombre culto, martiano, como pocos. Solidario con la causa social”.

Otras agrupaciones lo recuerdan como el orador de verbo encendido, revolucionario, siempre en su trinchera al servicio de los pobres, solidarios con otros pueblos del mundo oprimidos por el imperio terrorista genocida de Estados Unidos, como él lo denominó.

Tomado de: https://www.prensa-latina.cu/

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Memorias del alfabetizador Pedro Pablo Rodríguez López

La experiencia del alfabetizador, en recuerdos que 62 años después persisten con nitidez en la memoria del Doctor en Ciencias Históricas, profesor titular y periodista, Pedro Pablo Rodríguez López, captaron la atención de los presentes reunidos en el Centro de Estudios Martianos este jueves 22 de diciembre para rendir homenaje a los educadores cubanos.

Su recuento partió del difícil año 1961 (luego de la Victoria de Girón) en que miles de adolescentes y jóvenes recibieron entrenamiento profesional para involucrarse en la Campaña de Alfabetización, cartilla y manual en mano, hasta conseguir una de las grandes obras sociales que más necesitaba Cuba: que la población aprendiera a leer y a escribir en tiempo récord.

Desde el punto de vista de lo vivencial, para Rodríguez López, jefe del grupo de estudio de la Edición Crítica de las Obras Completas de José Martí, del Centro de Estudios Martianos (CEM), la Campaña de Alfabetización constituyó un toma y daca que fortaleció tanto a alfabetizadores como a alfabetizados por el grado de interacción y convivencia familiar armónica que se logró fomentar, hecho que también trascendió a nivel social para el enriquecimiento de la relación cultural ciudad-campo.

“Por una parte enseñamos a leer y a escribir a los campesinos, estimulamos en ellos el deseo y la necesidad de estar informados y abrirse a otras maneras de ver la vida. Nosotros aprendimos a trabajar para procurar el sustento –en su caso, en cafetales del municipio oriental Guisa–, y en ese proceso fuimos asimilando parte de la sabiduría y costumbres del campesinado”.

Rodríguez López destacó el respeto que les prodigaron esas familias agradecidas a estos adolescentes y jóvenes, el modo en que cuidaron a los miembros de la Brigada “Conrado Benítez” (protección reforzada luego del asesinato al brigadista Manuel Ascunce), el trato respetuoso que prevaleció, a pesar del rango que implicaba el llamarles (y reconocerles) como Maestros. Recordó nombres, locaciones, bromas, anécdotas y hechos que dejaron una huella tan visible para la formación de los alfabetizadores como las ya conocidas y constatables en los alfabetizados.

En su presentación del acto de homenaje a los educadores, Marlene Vázquez Pérez, directora de la institución, se refirió al hecho de que hoy “parezca natural este gran hito de la Revolución todavía no superado. Fue el acontecimiento cultural más importante de la Revolución, pensado y dirigido bajo los preceptos del legado martiano. La etapa de apertura hacia la emancipación mental de los cubanos contra la colonización”.

E hizo un reconocimiento especial al alfabetizador, el ensayista e investigador cubano ya fallecido, Salvador Arias, y a otros alfabetizadores del sistema de instituciones martianas como el historiador Eduardo Torres Cuevas, director de la Oficina del Programa Martiano (OPM) y presidente de la Sociedad Cultural José Martí (SCJM), Héctor Hernández Pardo, subdirector general de la OPM, Dra. Eloísa Carreras Varona, directora del Proyecto Crónicas, Rafael Polanco, Diosmira Vega Reynoso, Francelina Orozco y a quienes respondieron al llamado, pero no pudieron participar por estar involucrados en otras tareas de urgencia como el Sistema Nacional de Becas (Sonia Moro), Limpia del Escambray (Dr. Ibrahim Hidalgo Paz) y Playa Girón (Doctor en Ciencias Históricas Rodolfo Sarracino Magriñat).

El acto concluyó con la visualización del valioso Noticiero ICAIC Latinoamericano no. 82 (fechado el primero de enero de 1962) en el que se documenta con impactantes imágenes el regreso victorioso de los alfabetizadores, la alegría de los alfabetizados y la presencia de los artífices de la campaña de alfabetización: el doctor Armando Hart Dávalos y el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, celebrando junto al pueblo.

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Homenaje a los educadores cubanos

El Centro de Estudios Martianos recordará el próximo 22 de diciembre  el día del educador, fecha en que también se evoca el inmenso logró revolucionario que significó la Campaña de Alfabetización. En este acto oficial participarán alfabetizadores de las instituciones martianas quienes en el Salón Simón Bolívar  a las 10:00 am, compartirán sus experiencias y dialogarán sobre la tradición pedagógica cubana y la Campaña de Alfabetización.

La declaración de nuestro país como territorio libre de analfabetismo, representó la materialización de un sueño, que se hizo realidad gracias a la colaboración de miles de jóvenes en todo el país.

Algunos de los  protagonistas de esta experiencia estarán presentes en el anunciado  encuentro, que posibilitará a su vez conocer más sobre sus historias de vida y confirmar que la consigna “estudio, trabajo,  fusil llevar a toda Cuba la Alfabetización”, no fue solo un lema; sino la aspiración nacional.

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Nace una pintora que lee a Martí.

En la Academia de San Alejandro de La Habana se inauguró la exposición personal ¡No me hables del cielo! inspirada en la vida y obra de José Martí. La artista es muy joven y viene de la ciudad de Santa Clara. Su nombre es Hermaiony Villa, y con solo 17 años, ha llenado una sala con lienzos de gran formato. Desde que cursaba la secundaria básica propone una mirada renovada de Martí. Recuerdo una acuarela suya, una Piedad moderna que ha dejado por un rato la tablet  y ha preferido un libro para leer junto a su muñeca de trapo en el regazo. Ya pasado el umbral de los quince, se ha adentrado en lecturas más profundas: El presidio político en Cuba, los Versos libres, o estudios referidos al polémico combate de Dos Ríos. Lo que más alegra de su obra es que es fruto de un talento. Hay detrás de su pincela, disciplina, entrega y horas quitadas a la pereza y al desinterés de la adolescencia. Villa ha encontrado encausar sus energías creativas. Ahora lo importante es no detenerse. No pocas alumnas de pintura fueron aventajadas luego por sus colegas varones, cuando las exigencias sociales de madre y esposa comenzaron lentamente a invisibilizar su trabajo diario con la paleta. Alguien conoce quienes fueron Palmira Borras de Coll, Josefina Mata y Ocampo, Elena Barreiro y la señora Vasconcelos. Todas ellas, artistas que deslumbraron a Martí entre 1875 y 1878, y hoy, totales desconocidas. Sin embargo, pintores que observó por aquel tiempo como Obregón, Gutiérrez, Rebull, Ocaranza o Pontaza, sí cuentan con datos de vida e imágenes catalogadas. La artista mujer necesita beber el ejemplo de personalidades fuertes como Artemisia o Frida que pudieron exigir esa habitación propia para la creación que propuso Virginia Woolf. Hermaiony apenas comienza y es apoyada por su madre, como nuestra Juana tuvo el consejo del cultísimo Esteban Borrero. No es bueno tampoco estar echando campanas al aire, solo trasmitir la sensación de que hay un talento pictórico que trabaja, que va por buen camino y a quien se le desea un luminoso porvenir. Todas las piezas presentadas son de mérito, pero hay una de dos metros sobre la muerte de Martí que es única por su realismo y poesía.  Tiene investigación porque el bigote es poco poblado y están nítidamente mostrados los disparos en la boca y el pecho. El cuerpo del héroe descansa en un manto de hierbas altas que caprichosamente se ondulan. Se crea un contraste entre fondo y figura como si dos estilos se fundieran: abstracción y realismo. Aunque, lo más logrado está en la mirada luminosa de Martí que gana el pulso a la verdad de las heridas. Ojalá la obra de Hermaiony quede un tiempo más en La Habana y sea mostrada a los participantes de la V Conferencia Internacional “Por el equilibrio del mundo”. Sus lienzos y escritos complementarios constituyen un fresco y renovador homenaje al más universal de los cubanos.

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Vasos comunicantes entre la investigación y el ensayo y vivencias de un camino recorrido

La investigación como labor es una especie de sacerdocio como la escritura, a la que la acompañan el sacrificio, la perseverancia y la disciplina. La caracterizan, como a esta última, la pasión y la necesidad de tener algo que decir, algo que hallar. Es curioso como en ella opera la nobleza del que escribe, y se deja entrever por lo que teje.  Son inherentes a ella la objetividad y la ética, el rigor cognoscitivo, la minuciosidad y la acuciosidad, pero también la osadía y la novedad, como en el ensayo. La investigación como el ensayo necesita lo mismo que Faulkner exige al escritor: experiencia, observación e imaginación – razón e imaginación -. Es decir, conocimiento acumulado, sensibilidad y fijeza ante los sucesos y hechos del mundo que le rodea, o una palabra que me gusta cómo suena en este caso: sapiencia. Presentan información y evaluación, y juzgan y analizan al tiempo que en ellos se aprehende algo singular.

Quizá un punto importante en este acercamiento esté en lo que diferencia al ensayo propiamente de la investigación. Aunque ambos “presentan información y evaluación”, difieren en que el ensayo “acrecienta algo como una excitación, un fenómeno de condicionamiento intelectual que condena al juicio a un estado de dependencia o cautiverio”, recordando a Susan Sontag. Decir eso es decir, que el conocimiento adquirido a través del ensayo es la experiencia de la forma o estilo de conocer algo, mejor que conocimiento de algo (como un hecho o un juicio moral en sí mismo). Debemos mantener en el ensayo el poder de seducción que poseen el resto de los géneros literarios. Debe soportar la ambivalencia de ser algo y de ser todo. Quizá se sobreponga en él el afán de aprehender algo singular al afán de juzgar o generalizar.

En algún lugar leí que uno de los presupuestos del ensayo consistía en ver fantasmas, afirmación que, como imagen al fin, encierra variadas interpretaciones: acaso contemplar desprendimientos o crearlos, levantar un marco de evidencias que antes pasmosamente parecían no existir, recrear el texto en su sentido literal, potenciando sus nudos, desplegando el antes y el después de la semilla. Otros dicen que no importa lo escandaloso o efectista de tus tesis, sino el poder de tus argumentos para sostenerlas.

Roberto Manzano en una entrevista dijo que: “Cuando hay un interés por definir a través de imágenes una verdad que tiene presencia real en la vida, y se discurre sobre el proceso para llegar a esa verdad, incluido el testimonio vivo de la actitud que preside la búsqueda, estamos en el terreno del ensayo”, que según él es el eslabón perdido entre la ciencia y la poesía. Pero también apelamos a la cualidad del ensayo de ensanchar o de a veces negar el cuerpo de esta verdad cuando recordamos aquello que dijo alguien: que “La verdad sólo puede ser traicionada por el lenguaje”. Es por todos conocida la afirmación de Alfonso Reyes de que el ensayo es el más proteico de los géneros. Puede incorporarlo todo siempre con un margen creativo en permanente despliegue. Cuando escribo ensayos me place mucho establecer un juego con las citas que incorporo a mi texto. Son, a veces, azares concurrentes de mis lecturas, de mis pensamientos, que vienen a tributar allí su íntima correspondencia. Se pueden vincular universos dispares en aras de la originalidad, pero nunca con un afán de empatar.

También me gusta que las notas contemplen no sólo información auxiliar al texto principal, sino que mantengan su singularidad, su novedad, su esencialidad, para que exista esta zona dentro del ensayo como un discurso paralelo, aunque claro, también cumpla la función de un saber auxiliar. Igualmente asumo, con la profundidad, la estrategia y el espíritu del ensayo, la reseña crítica. Eso puede proporcionar intensidad a lo que escribo, y dicha intensidad atesorar algunos de los dones de la poesía.

No sé si sean absolutamente capitales “las horas nalgas” para el ensayo, pero para la investigación son totalmente así. Hay que sentarse todos los días, indagar, reflexionar con uno mismo, usar de manera sutil el olfato. La investigación es algo que vive dentro de ti por un tiempo distendido, y todo lo que lees sin quererlo, y secretamente, tributa a ella.  Recuerdo ahora una anécdota fuerte, aleccionadora, que tiene que ver con mi hija. Ella estaba terminando la carrera de Historia en la Universidad de la Habana, y se llegó al Departamento de esa asignatura en dicho lugar para ver en qué consistía su trabajo, pensando en algún futuro para ella. Me dijo: “Mamá, son unos aburridos, fajados entre ellos por publicar aquí y allá, y por dar un viajecito de tres días al extranjero”. A lo que yo acoté: “entonces yo soy una aburrida? Y ella contesta: “No, mamá, para escribir ese libro que tú has hecho sobre Martí y Lezama tú tienes que estar enamorada de eso que tú haces…”

Hay muchos tipos de investigadores e investigaciones, pero me inclino a la investigación que se materializa en el estudio, en el libro, y no quedarme en el pasto del rastreo bibliográfico, con la consiguiente cualidad de ratón de biblioteca, de índices, fichas, conocimiento expreso para alguna edición. Aunque este último trabajo es la base y la antesala del estudio y del libro. Por allí comencé cuando al llegar al CEM me pidieron confeccionar índices de nombre y de materia de las crónicas escritas por José Martí para los periódicos The Hour y The Sun. Algunos en esa labor comenzaron y en esa tarea siguen, muy cómodos o ubicados desde mi lejanía.

En estos caminos en que confluyen el ensayo y la investigación se dice que no importa lo escandaloso o efectista de tus tesis, sino el poder de tus argumentos para sostenerlas. No olvidé en tales trances los criterios de algunos ilustres conocidos, como por ejemplo Salvador Redonet, quien decía que no se debía emitir juicio investigativo de una obra hasta que no hubieran pasado al menos 15 años de su publicación. También recuerdo a otra colega, investigadora del Instituto de Literatura y Lingüística, quien me decía: “En Martí siempre vas a tener algo nuevo o trascendente que investigar, como nuestro mayor escritor que es. Eso no lo puedo decir yo, que me han puesto a investigar a los novelistas menores del siglo XIX.”

Una vez ya establecida como investigadora en el CEM mi propósito ha sido estudiar la poesía de Martí, a lo que una encumbrada académica, que tenía más olfato investigativo a la hora de sugerir nuevos temas que gracia y maestría al escribir, alegó que la poesía martiana estaba muy trabajada. Que si quería hacer algo de valor debía estudiar su poesía escrita antes de Ismaelillo. Entonces seguí los consejos de quien era una especie de asesora del Departamento de Literatura en aquellos momentos de grandes movimientos. Así nació mi libro Génesis de la poesía de José Martí. En todo ese proceso que ha durado más de 30 años ha sido evidente la verticalidad de mis investigaciones, todas conectadas a la columna vertebral en que se constituye el conocimiento de la poesía de José Martí.

Hay varias anécdotas, detalles, que marcan mi paso por la investigación. Todavía recuerdo a Salvador Arias, investigador de probado valor, quien fuera nuestro jefe de Departamento durante muchos años, diciéndome que por qué ponía tantos puntos y aparte en mis trabajos. Que me fijara en Fina y en Enrique Saínz que apenas los usaban en sus ensayos: aprendí la lección, y hasta me acostumbré al bloque de ideas que sigue el curso natural del pensamiento reflexivo. Sabiéndome admiradora y seguidora del encanto de la escritura y de la obra de Cintio Vitier y Fina García Marruz, quienes laboraban en el CEM, incurrí en una osadía: les pedí que fueran mis oponentes para un estudio que había terminado sobre el estilo de las Escenas Norteamericanas. Sentía en mi pecho el temor de la osadía, pero dijeron sí, y me entregaron una precisión, una palabra de elogio, nunca un juicio presuntuoso o infundado, ni unas palabras o un tono fuera de lugar.

Otra anécdota tiene que ver con el amor que desarrollas por la labor que estás haciendo, que te impide ir a los sitios sin algún libro relacionado con la investigación o, incluso,  con el objeto de estudio. En tales condiciones he andado por cines, turnos médicos, colas diversas y demoradas, pero tal pasión me llevó a irme a un congreso académico en Canadá con el tomo 21 de las Obras completas de Martí correspondiente a los Cuadernos de apuntes, lleno de indicaciones, lecturas anotadas y breves comentarios que indicaban posteriores caminos de la investigación sobre el proceso de formación y sedimentación de los conocimientos poéticos de Martí en los Cuadernos de apuntes.

Alegaba, que, como no podía moverme por muchos lugares por la razón económica y el desconocimiento, aprovecharía el tiempo muerto que tendría que pasar en la habitación del hotel trabajando. Así fue, sólo que al volver guardé todos estos materiales de trabajo en un bolso de mano que a la Aduana canadiense se le antojó grande, y lo despacharon por la barriga del avión. Al llegar de madrugada al Aeropuerto José Martí el bolso no apareció. Quería morirme: tenía allí el trabajo de casi dos años. Pero rápidamente Rito, mi compañero, quien había ido a esperarme, me dijo: “Llama a Chela”. Me refiero a Graciela Rodríguez, jefa del despacho de Armando Hart por muchos años, quien para la fecha ya dirigía la Oficina del Programa Martiano, ubicada a un costado del CEM. Así lo hice muy triste y con muchos temores. Al otro día Chela me llamó diciéndome que pasara a recoger el bolso por el Aeropuerto, que solo habían roto el candado.

Desde aquel momento dije que ni a provincias llevaba nunca más ningún documento que formara parte de mi investigación. Pero la realidad es más fuerte que las propias presunciones y la experiencia. Luego de haber asistido al CEM un día de trabajo fui con Rito y con unos amigos a comer, invitada por el colega Amado del Pino, de visita en Cuba. Llevaba mis libretas con las lecturas anotadas de mi más nuevo proyecto que era el estudio del poemario martiano Polvo de alas de mariposa , que atesoraban el fichaje como de 30 libros ya leídos, y el ejemplar del poemario, casi inencontrable en librerías.

Cuando nos sentamos en La Arcada de N esquina a 23 coloqué mi cartera y jaba característica, que contenía mis útiles investigativos, en la parte de atrás de la silla. Unos hombres estaban en la acera de enfrente mirando hacia dentro. En el momento en que nos trajeron la comida supongo que tuvo lugar el robo en contubernio con los meseros, aprovechando nuestra atención y alborozo ante el plato suculento recién llegado. El caso es que perdí todas mis anotaciones, el libro de Polvo de alas de mariposa, el carnet de identidad, una cámara, en fin, todas mis pertenencias. Pero ninguna me dolió tanto como perder los documentos de mi investigación. Yo sabía que ahora tampoco debía deambular con ellos, pero lloraba el tiempo perdido. Hasta que la realidad, poderosa maga, me hizo recuperar con creces el tiempo para tales lecturas y para la obtención de nuevos conocimientos ya entrevistos. No pasó mucho tiempo y sufrí una fractura del tobillo que me mantuvo en cama por más de tres meses. Tiempo que aproveché para leer y fichar todo lo que ya había leído y fichado, y, desgraciadamente, había perdido.

La bibliotecaria Andria Alonso, quien me regaló un ejemplar de Polvo de alas de mariposa, al que habían dado baja por las huellas de humedad en su portada, me decía: ahora volverás a hacer el libro, y te saldrá mejor. La investigación es un sacerdocio, pero sabe ser agradecida, impulsándote de un mundo a otro, y dejándote siempre con los hijos del conocimiento

Tomado de: http://www.uneac.org.cu/

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Un ejército de luz

“Somos un ejército de luz, y nada prevalecerá contra nosotros”: así definió Martí al Partido creado para liberar a Cuba y Puerto Rico del coloniaje español, y prevenir la expansión del naciente imperialismo norteamericano por el Caribe y la América Central. Tal es la riqueza del pensar político que iluminó el momento martiano del andar de de nuestra América.

“¡Ah! Verdaderamente, la revolución de Cuba, corona y garantía de la de nuestra América, hallará a su hora grandes surcos. No se perderá por la tierra. No caerá en el mar.  La amará un continente. La saluda ya  el hosanna conmovido de los hombres”.

José Martí, 1892[1]

El concepto de revolución ocupa un importante lugar en el pensamiento político de José Martí. Esto ya es evidente en su juventud, sobre todo a partir de su ingreso a México en 1875, tras cumplir la pena de destierro a España que le había sido impuesta por las autoridades coloniales de ese país en Cuba, debido a su temprana participación en la lucha por la independencia de su país.

La fecha tiene su importancia. Nuestra América empezaba a emerger de las guerras civiles que siguieron a sus revoluciones liberales de independencia, que desembocaban en la creación de Estados que se reconocían como liberales y tenían un claro carácter oligárquico.[2] Entre 1876 y 1881, Martí – ya por entonces un joven intelectual y político liberal – conoció de cerca los resultados de esa creación en México, con la llegada al poder de Porfirio Díaz, y en Guatemala y Venezuela, con las dictaduras de Justo Rufino Barrios y Antonio Guzmán Blanco, conocido como el Autócrata Ilustrado.

Esas experiencias llevaron a Martí a repudiar la organización oligárquica del estado liberal, y el uso de la represión política y la corrupción como medios de gobierno, considerándola una desviación en el proceso histórico de la independencia. “Porque oligarquía hubo en nuestros países,” dijo en 1884,

y fue ella la que alentó y dirigió nuestra revolución de independencia; pero no para su provecho, sino para el público; y no para tener en cepo y grillos el alma luminosa, sino para imprimir con Nariño los “derechos del hombre”. ¡Y ahora está aconteciendo que los hijos de aquellos próceres gloriosos no hallan otra manera de honrarlos más que la de ingerir de nuevo en su patria los serviles respetos y vergonzosas doctrinas que echaron abajo, acompañadas de sus cabezas, sus progenitores![3]

De allí, también, que planteara que en nuestra América aún era necesaria una revolución: “la que no haga Presidente a su caudillo, la revolución contra todas las revoluciones: el levantamiento de todos los hombres pacíficos, una vez soldados, para que ni ellos ni nadie vuelvan a verlo [¿serlo? gc] jamás.”[4]

Para la época, el término revolución designaba simplemente la captura del poder mediante el uso de la fuerza. En el caso de Cuba, cuya lucha por la independencia ingresaba en una etapa de agotamiento político que se prolongaría hasta fines de la década de 1880, el término tenía sin embargo una complejidad de otro orden, que obligaba a entender que lo necesario no era “sólo la revolución de la cólera”, sino “la revolución de la reflexión.” Se trataba, decía Martí, de “la conversión prudente a un objeto útil y honroso, de elementos inextinguibles, inquietos y activos que, de ser desatendidos, nos llevarían de seguro a grave desasosiego permanente, y a soluciones cuajadas de amenazas.”[5]

A mediados de la década de 1880, esa reflexión ya requería entender que la lucha por la independencia debía incluir la tarea de evitar una deriva liberal oligárquica en la formación de la nueva república. Los medios para esa tarea no existían aún, y debían ser creados. Ese problema subyace tras el conflicto entre Martí y los caudillos militares de la primera guerra de independencia, que éste encaró mediante una carta en la que planteaba al general Máximo Gómez

cuando en los trabajos preparativos de una revolución más delicada y compleja que otra alguna, no se muestra el deseo sincero de conocer y conciliar todas las labores, voluntades y elementos que han de hacer posible la lucha armada, mera forma del espíritu de independencia, sino la intención […] de hacer servir todos los recursos de fe y de guerra que levante el espíritu a los propósitos cautelosos y personales de los jefes justamente afamados que se presentan a capitanear la guerra, ¿qué garantías puede haber de que las libertades públicas, único objeto digno de lanzar un país a la lucha, sean mejor respetadas mañana?”[6]

A partir de allí, la reflexión sobre el problema gana en riqueza y complejidad, y lo lleva a plantear desde su propia formación y experiencia que la revolución “no es más, en la ciencia política verdadera, que una forma de la evolución, indispensable a veces, por la desemejanza u oposición de los factores que se desenvuelven en común, para que el desenvolvimiento se consuma”.[7] Esa misma línea de pensamiento lo llevaría a decir, tres años después, que “la política científica” no consistía “en aplicar a un pueblo, siquiera sea con buena voluntad, instituciones nacidas de otros antecedentes y naturaleza, y desacreditadas por ineficaces donde parecían más salvadoras; sino en dirigir hacia lo posible el país con sus elementos reales.”[8]

Así, para fines de la década de 1880 Martí asumió que el problema fundamental de la revolución liberal democrática consistía en hacer del propio pueblo el protagonista tanto de la conquista de la independencia como de la construcción de la república que surgiera de ella. En esa perspectiva, además, comprendió que la herramienta adecuada para ese propósito era la organización del propio pueblo en un partido político, entendido a partir del hecho de que “no es la política más, o no ha de ser,”

que el arte de guiar, con sacrificio propio, los factores diversos u opuestos de un país de modo que, sin indebido favor a la impaciencia de los unos ni negación culpable de la necesidad del orden en las sociedades […] vivan sin choque, y en libertad de aspirar o de resistir, en la paz continua del derecho reconocido, los elementos varios que en la patria tienen título igual a la representación y a la felicidad.[9]

A esa tarea procedió Martí, con una disciplina cuyo rigor estaba sostenido por un pensamiento claro y preciso. Para 1892 nacía el Partido Revolucionario Cubano, concebido y construido como una organización capaz de asumir “responsabilidades sumas en los instantes de descomposición del país,” nacida

del empuje de un pueblo aleccionado, que por el mismo Partido proclama, antes de la república, su redención de los vicios que afean al nacer la vida republicana. Nació uno, de todas partes a la vez. Y erraría, de fuera o de adentro, quien lo creyese extinguible o deleznable. Lo que un grupo ambiciona, cae. El Partido Revolucionario Cubano, es el pueblo cubano.[10]

“Somos un ejército de luz, y nada prevalecerá contra nosotros” [11]: así definió Martí al Partido creado para liberar a Cuba y Puerto Rico del coloniaje español, y prevenir la expansión del naciente imperialismo norteamericano por el Caribe y la América Central. Tal es la riqueza del pensar político que iluminó el momento martiano del andar de de nuestra América. Tal, también, el que reclaman nuestros tiempos, que son otra vez de cambio y de incertidumbre.

Alto Boquete, Panamá, 2 de diciembre de 2022

[1] “En New York”. Patria, 7 de julio de 1892. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. V, 75.

[2] Al respecto, por ejemplo, Guerra, François Xavier (2000): Modernidad e independencias: Ensayos sobre las revoluciones hispánicas. 3ª ed. Fondo de Cultura Económica, MAPFRE. Colección HISTORIA.

[3] “Guerra literaria en Colombia”, La América, Nueva York, julio de 1884. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. VII, 412-413

[4]Alea Jacta Est”, El Federalista. México, diciembre 7 de 1876. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. VI, 360.

[5] “Lectura en la reunión de emigrados cubanos, en Steck Hall, Nueva York. 24 de enero de 1880.” Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. IV, 192.

[6] “Al General Máximo Gómez”. New York, 20 de octubre de 1884. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. I, 177-178.

[7] “Discurso en conmemoración del 10 de octubre de 1868, en Masonic Temple, Nueva York. 10 de octubre de 1887.” Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. IV, 242.

[8] “Discurso en conmemoración del 10 de octubre de 1868, en Hardman Hall, Nueva York. 10 de octubre de 1890.” Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. IV, 248.

[9] “El tercer año del Partido Revolucionario Cubano. El alma de la revolución y el deber de Cuba en América”. Patria, 17 de abril de 1894. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. III, 139.

[10] “El Partido Revolucionario Cubano”. Patria, Nueva York, 3 de abril de 1892. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. I, 366.

[11] “La Delegación del Partido Revolucionario Cubano a los Clubs.” Julio, 1893. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. II, 359.

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Acoge universidad de la Santa Sede conferencia sobre José Martí

La Pontificia Universidad Antonianum acogió hoy la conferencia José Martí y el Equilibrio del mundo, a cargo del catedrático Eduardo Torres Cuevas, organizada en coordinación con la Embajada de Cuba ante la Santa Sede.

En la presentación de la misma el rector de esa universidad, profesor Agustín Hernández, de la Orden Franciscana de los Frailes Menores, destacó la relevancia de este evento, como parte de la Cátedra del Pensamiento Latinoamericano, dada la importancia y vigencia en este momento crucial de la historia del pensamiento de Martí.

La actividad contó con la presencia de los embajadores de países latinoamericanos ante el Vaticano, un amplio número de funcionarios de esas representaciones, así como de alumnos de ese plantel religioso, entre otros asistentes.

El jefe de la Misión Diplomática de Cuba ante la Santa Sede, René Mujica, agradeció que este centro de altos estudios abriese sus puertas a esta conferencia sobre la vida y obra del Héroe Nacional de su país, primera que dicta el historiador cubano en una universidad católica.

Torres Cuevas, actual director de la Oficina del Programa Martiano, resaltó en su presentación que “los cubanos vemos a José Martí no solo como un líder independentista, sino como el Apóstol, formador de una conciencia, creador de un pensamiento, quien logró aunar en un solo pueblo a personas de las más diversas procedencias”.

Se refirió al hecho de que del 24 al 28 de enero de 2023 se celebrará en La Habana la V Conferencia por el Equilibrio del Mundo, en la cual ya están inscritos participantes de más de 70 países, basada en el pensamiento martiano, “a partir de la forma en que vio y proyectó el mundo que él quería para la humanidad”.

“Martí nos dio la convicción de que era posible un mundo mejor, vio el comienzo de una época y ninguno de los males que avizoró está ausente en la realidad actual, como ninguno de los sueños que tuvo ha dejado de ser esperanza”, resaltó.

“El Apóstol de la independencia de Cuba definió que Patria es humanidad, fusión dulcísima y consoladora de amores y esperanzas, no de odio a otros pueblos, y lo único que une y salva al mundo es que todos formamos parte de una gran comunidad, donde lo común es la condición humana”, apuntó el profesor.

Expuso que en relación con la guerra en el siglo XIX para la independencia no solo de Cuba, sino además de Puerto Rico del colonialismo español, Martí alertó que “es un mundo lo que estamos equilibrando, no son solo dos islas las que vamos a libertar”, pues buscaba evitar el nacimiento de un gran imperio, el de Estados Unidos.

“No fue un simple soñador”, afirmó, “sino un hombre que llevó a la práctica esas ideas. Escribió para hoy y su pensamiento está vigente, donde se destaca la necesidad de la virtud, de la búsqueda de la verdad”.

La raza humana, de la cual habló Martí, está en peligro ante problemas que hace más de un siglo avizoró, los cuales quiso impedir, y que serán abordados, con el objetivo de hermanar, de unir, en la próxima Conferencia por el Equilibrio del Mundo, agregó Torres Cuevas.

Tomado de: https://www.prensa-latina.cu

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Homenaje a Fidel Castro y José Martí en la Embajada de Cuba en Italia

La ceremonia, durante la cual se colocó en el busto de Martí en esa misión diplomática una ofrenda floral en honor al mismo y a Fidel, fue presidida por la embajadora Mirta Granda, quien señaló la importancia de rendir en esta fecha tributo a esos dos grandes hombres de la historia de su patria.

Granda resaltó que la mejor manera en que los cubanos deben recordarlos y honrarlos es luchando cada día “en defensa de nuestra Revolución y nuestras ideas”.

La actividad contó con la presencia de René Mujica, embajador de Cuba ante la Santa Sede; Eduardo Torres Cuevas, director de la Oficina del Programa Martiano; dirigentes e integrantes de asociaciones solidarias y partidos políticos italianos, así como de funcionarios de la misión diplomática cubana.

Torres Cuevas destacó que “un día como hoy habla el corazón, pues hace seis años nuestro Comandante en Jefe abandonó materialmente nuestro mundo, aunque sigue viviendo cada día en cada acción , en cada sentimiento”

Vive también, según dijo, “en cada respuesta que estamos dando a una realidad compleja como la que nos ha tocado vivir en esta etapa que superaremos pensando en él, recordando lo que nos enseñó en aquellos momentos extraordinarios que vivimos a su lado”, cuando “siempre tenía la carta estratégica para ganar las más difíciles partidas”.

El destacado historiador afirmó que “todos los cubanos y todas las personas de buena voluntad vieron en Fidel al hombre que, en el siglo XX, marcó lo que podía ser un mundo mejor”.

Al recordar las palabras de Fidel cuando en un congreso expresó que para los cubanos Martí era la idea del bien, el catedrático aseveró que “yo diría hoy que para los cubanos la idea del bien es Martí y Fidel, porque Fidel pudo llevar a cabo la obra que soñó Martí”.

“Hablar de la Revolución Cubana, de Fidel y de Martí, lleva a la profunda condición humanista de ese proceso, porque la idea de Martí de que Patria es humanidad es la que Fidel lleva a la acción”, añadió.

“Esa labor profundamente humanista e internacionalista”, apuntó, “es lo que le da su rasgo específico a la Revolución Cubana”

“No fueron solo soñadores, sino también hombres que llevaron a cabo sus ideas, a riesgo de sus vidas, una visión que nos ennobleció a todos e hizo a los cubanos sentir el deber de ayudar también a otros pueblos, porque nos enseñaron que pertenecemos a una gran raza única, que es la humanidad”.

“La Revolución de Fidel y de Martí, está hoy en el corazón de todos los cubanos para sostener ese bello ideal de nuestra independencia, de nuestra soberanía, de ahí que nuestras convicciones, basadas en el pensamiento y la obra de esos dos grandes hombres, nos defienden y nos permiten ser actores en la lucha por un mundo mejor, que ellos quisieron”, agregó Torres Cuevas.

Tomado de: https://www.prensa-latina.cu

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Convocatoria al Coloquio Internacional José Martí: Un hombre de todos los tiempos

A 170 años del natalicio de José Martí, el Centro de Estudios Martianos convoca al Coloquio Internacional Híbrido “José Martí: un hombre de todos los tiempos”, a celebrarse entre el 10 y el 12 de mayo de 2023.

Convocatoria íntegra aquí 

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