Kamyl Bullaudy pinta a Martí

Figuraciones abstraccionistas que aluden gallos multicolores, sembrados de plátanos, paisajes citadinos, mujeres sensuales y voluminosas y a Martí, hacen recordar al artista de la plástica Kamyl Bullaudy Rodríguez.

Encontrar a Martí fue para mí encontrar a Dios”, ha dicho este creador nacido en 1962, en el poblado holguinero de Velasco, reconocido como un destacado pintor, dibujante y ceramista, considerado como el artífice que ha realizado la más amplia serie de iconografías —más de 2 mil 100 trabajos en todo tipo de soportes, tamaños, formatos y técnicas— inspiradas en la imagen del Héroe Nacional.

Múltiples piezas animadas se pueden apreciar en diversas áreas de la ciudad de La Habana, por lo cubano y por los cubanos, mediante diversas figuras, formas y pigmentos que transpiran un intenso sentido humanista y expresionista.

Desde hace algunos años, Kamyl instaló su estudio-residencia en La Habana Vieja, justamente frente a la célebre iglesia de La Loma del Ángel —escenario escogido por Cirilo Villaverde (Ingenio Santiago, Pinar del Río, 1812-Nueva York, 1894) para uno de los más sólidos pasajes de su famosa novela Cecilia Valdés o La Loma del Ángel (1839).

Allí comparte espacio con Isis Tejeda Paneque, su voluntariosa compañera, quien igualmente asume las funciones de representante y asistente de este prolífico creador, cuya obra trasciende por los volúmenes, la gravedad, el color —sobrio, a veces contrastante—, la densidad y los disímiles soportes por él seleccionados.

Entre ellos se incluyen materiales y objetos reciclados, como los utilizados en sus esculturas de José Martí. Se trata de bustos concebidos —como sus pinturas y cerámicas— desde una visión minimalista; igualmente apreciada en el resto de sus ejercicios plásticos algunos de ellos expuestos en su galería.

Ahí llama especialmente la atención la silla especialmente ideada para el popular músico cubano César Portillo de la Luz, quien la usaba en sus frecuentes visitas a la casa de los Bullaudy, escultura utilitaria devenida emblema no solo por la historia que en ella se registra, sino también por sus valores artísticos.

La infinidad de proyectos inspirados en Martí de este amigable hombre benefactor del arte, que no solo se caracterizan por su expresividad figurativa, sino además por constituir composiciones líricas que evocan el pensamiento estético del espectador.

Esa espiritual compenetración con el Apóstol se produjo en el año 1993, cuando con una pintura casera y espátula creó la primera imagen del gran prócer latinoamericano. Desde que él llegó a su vida, Kamyl afirma ser mejor artista, mejor ser humano…”.

En la formación estética de este artista —sustentada también en los estudios efectuados en las escuelas de Artes Plásticas de Holguín y Las Tunas—, sobresale su natural, personal y férrea identificación, desde la niñez, con el ideario martiano, en torno al cual, con total libertad expresiva, exterioriza sus impulsos más íntimos para conformar distintas piezas de pinturas, esculturas y cerámicas.

En última instancia, esas realizaciones devienen atrayentes símbolos patrióticos, asunto que adquiere mayor relevancia al tratarse de escenas o narraciones que, sin sumergirse en trillados discursos aduladores, resaltan por un estilo auténtico, poético y delicado. Un verdadero entramado de exploraciones y aptitudes para el arte, cuya génesis se remonta a los años de la infancia, cuando compartía las experiencias de su padre Reynaldo, empeñado en la formación de coros y grupos de teatro y en la organización de exposiciones de pinturas en Velasco, movida de aficionados a la que él también se incorporó, e interpretó el papel del padre de Pilar en una representación basada en los Versos Sencillos, de José Martí.

La infinidad de proyectos inspirados en el Maestro no solo se caracterizan por su expresividad figurativa, sino además por constituir composiciones líricas.Tal vez esa fue la simiente de su posterior ejercicio como diseñador de escenografías y atrezos para el teatro, labor que a su vez removió en el joven su vocación para la producción plástica, tanto en la pintura como en la escultura.

Así ha trascendido la carrera de este prolífico y virtuoso creador, quien ha cultivado un estilo marcadamente matérico en el que prevalecen grandes pinceladas, muy en correspondencia con la pintura imaginativa moderna, con acentuado contenido simbólico. Bien se ha dicho que el artista ha sido en todos los tiempos instrumento y portavoz del espíritu de su momento.

Y la obra de Kamyl no solo responde a los valores de su época —que también lo formaron a él—, sino particularmente a su psicología personal, de la que emanan disímiles temas en torno a la contemporaneidad, expresados a través de figuraciones abstraccionistas que, amén de su reconocida iconografía martiana, aluden a sensuales y voluminosas mujeres, gallos multicolores, sembrados de plátanos, el malecón habanero, paisajes citadinos…

Perceptivo y metódico, él domina las técnicas de la pintura, la escultura y la cerámica —trabajó esta manifestación en Isla de la Juventud—, para ponerlas a su servicio con el fin de ofrecer proyecciones ideoestéticas maduras, coherentes y exuberantes, en las que confluyen, según ha reconocido, dos filosofías fundamentales: las de las escuelas japonesas y chinas de acuarela, respectivamente, además de ciertos influjos de la cultura hindú, orientación equilibrada con sus estudios sobre el arte universal y nacional.

En las figuraciones expresionistas de Kamyl se entretejen manchas, líneas, luces y transparencias, que concluyen en estudios pictóricos —en ocasiones marcadamente barrocos— de la huella, del gesto, de la existencia misma del hombre, los cuales establecen rápida identificación con los espectadores que disfrutan de composiciones con una atmósfera limpia y sugerente.

Comunión de formas, mitos, ritos y signos, que como suerte de prolongación de sus preferencias estéticas se diseminan en varios sentidos: la pintura, la escultura y la cerámica. f111028cLa obra de Kamyl se erige como monumento de altos quilates humanísticos, la cual eleva el espíritu a planos superiores de emoción y lirismo, en los que subyace su irrenunciable filiación por el pensamiento y la vida de Martí, al que, tal ha dicho “más que pintarlo, lo siento. Con ello trato de saldar la deuda que todos tenemos con el más universal de los cubanos…”. Motivo más que suficiente para proponer su labor a nuestros lectores en estos festivos días de recuentos históricos, de cultura y de amor familiar.

Fuente: www.trabajadores.cu

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