Whitman, Martí, la fuerza de la poesía
Por: Manuel García Verdecia

En 1887, el 17 de mayo,Manuel_Garcia_Verdecia Martí publica en el diario mexicano El Partido Liberal un artículo que, como todo en él, estaba destinado a la redentora perpetuidad. Allí realiza un agudo y clarividente análisis de la poesía de Walt Whitman. El texto resulta no solo un acto revelador sobre las aportaciones de la obra del poeta norteamericano, sino también de la tremenda significación cultural y humana de la poesía.

Ese acercamiento, que como casi todo lo que escribió el Apóstol estaba energizado por el relámpago de sus vertiginosas ocupaciones, surgía para solventar vicisitudes del instante. Sin embargo, la facultad para entresacar lo trascendental de donde no parece haberlo, la perspicacia para ir más allá de su momento avizorando lo que abre novedosas avenidas de expresión, así como la prestancia imperecedera de su escritura, lo convierten en hermosísimo ensayo de resonancias cardinales.

Igual que Martí, Whitman fue un revolucionario para su época, o sea, un hombre que abre cauces de dinamización a las potencialidades de sus conciudadanos. No por azar, Martí lo consideró como poeta «el más intrépido, abarcador y desembarazado de su tiempo». Defendía la democracia en su sentido de más amplias latitudes, tanto en la libre expresión del individuo, como en la igualdad de los sujetos basada en el mero hecho de ser personas, de modo que se anticipó al maltratado concepto de «derechos humanos».

Sin embargo lo llevó más allá, sintiendo que el hombre no podía ser superior al resto de la naturaleza que lo nutría y de donde emergía. El ser humano era otra criatura de la infinita red de vida que producía el universo. Por eso en él, hombre y naturaleza tienen la fuerza de la identificación, lo que lo convierte en un adelantado también de la solidaridad ecológica.

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