Una ética para la sustentabilidad de las sociedades humanas
Por: Ms.C. Vilma Mederos González Longoria

Vilma_MederosLa crisis ambiental es una crisis de civilización. Es la crisis de un modelo económico, tecnológico y cultural que ha depredado a la naturaleza y subyugado a las culturas alternas. El modelo civilizatorio dominante degrada al ambiente, menosprecia la diversidad cultural y discrimina al Otro (al indígena, al pobre, a la mujer, al negro, al Sur) mientras privilegia el modo de producción explotador y un estilo de vida consumista que se han vuelto hegemónicos en el proceso de globalización.
El legado martiano sobre el comportamiento hacia la naturaleza llega más allá de sus tremendas descripciones del oriente cubano. Ciertamente, Martí –a tono con su época, no previó el peligro existente en la explotación sin control de los recursos naturales, y supuso que la naturaleza podría restablecerlos. Sin embargo, al leer su obra, se hace evidente su respeto hacia cada forma de vida que rodea a la persona, su idea de que el hombre no tiene que ser el conquistador frente al resto de los seres con quienes convive. ¿Habría que considerar casualidad que soliera escribir la palabra Naturaleza con mayúscula?
«Comarca sin árboles es pobre. Ciudad sin árboles es malsana. Terreno sin árboles, llama poca lluvia y da frutos violentos. Y cuando se tienen buenos maderos, no hay que hacer como los herederos locos de grandes fortunas, que como no las amasaron, no saben calcular cuando acaban, y las echan al río; hay que cuidar de reponer los maderos que se cortan, para que la herencia quede siempre en flor, y los frutos del país solicitados.»
Así, el pensamiento martiano, sin pretender catalogarlo como ambientalista, se nos revela instrumento para comprender la necesidad de un cambio radical en la ética, en la actitud de las personas con respecto al medio ambiente del que somos parte.

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