La reconquista de la historia: “Martí en el 26 de Julio” de Roberto Fernández Retamar
Por: MARÍA ELENA CAPÓ ORTEGA

Como llagas profundas se iba escribiendo el destino,

sobre las espaldas de abuelos, de padres, de hijos,

y porque era tanto el dolor de cuatro siglos

harto de esperar la esperanza que no vino.

Levanta la frente y ve que aquel llanto

es el mismo en campos, ciudades, montañas y viejos caminos,

decidido el hombre quebró la madrugada

y el arma del pueblo irrumpe en el Moncada.

Se hace la luz, es 26.

En el surco que abrió nuestra diaria labor

Siempre es 26.

En la fragua que hará el acero mejor

Siempre es 26.

En aquel que calmó el dolor de otro ser, y sus noches veló.

En el barco en que hoy vuelcan fruto y valor nuestros hombres del mar.

En la risa infantil, en la escuela rural,

Siempre, siempre es 26.

Y en la fiel decisión del inmenso guardián,

Siempre es 26.

Si decir es hacer.

Si querer es poder.

Siempre es 26.

Si crear es tener.

Si tener es crecer.

Siempre es 26.

 

Martín Rojas: Siempre es 26

 

 

Escrito en junio de 1964, a once años de la epopeya del Moncada, se presenta “Martí en el 26 de Julio”, en el número veintitrés de la mítica revista Cuba. Luego reaparece, sin modificaciones, en la compilación Lectura de José Martí, publicada por la Editorial mexicana Nuestro Tiempo S.A., en 1972.

La reconstrucción de un espacio citadino en tiempos de carnaval —el mismo que más tarde, inesperadamente, se convertiría en el lugar de un combate sangriento y desigual— sirve a Fernández Retamar para colocar a sus lectores en el contexto en que tuvieron lugar los hechos que desencadenan el homenaje y la reflexión, dos de los pilares del trabajo aludido.

Inmediatamente, se da a conocer que el escenario de la batalla atesoró una colección variopinta de objetos que —descritos a la manera minimalista— permanecieron abandonados en plena calle tras finalizar el jolgorio. Su alusión antecede a la de “aquellos muchachos que en la madrugada del 26 de julio de 1953 se dirigían a atacar un cuartel, en medio de la temporada de carnaval”.[1] La teatralidad con que ambos conjuntos se exhiben particulariza y enriquece la representación del ámbito en el que acaecieron los sucesos referidos. Después de aquella fecha, las amanecidas de la ciudad de Santiago de Cuba, y de la isla toda, adquirieron nuevos sentidos. Interesado en destacar esta certeza, Fernández Retamar construye un discurso en paralelo. Ya ha ido de las cosas a las personas; ahora propone un nuevo desplazamiento: del presente republicano al pasado colonial. Su propósito consiste en resaltar los nexos existentes entre dos acontecimientos bélicos que, aun distantes en el tiempo, tuvieron como telón de fondo un común escenario festivo, el cual, en ambos casos, fue utilizado para encubrir los verdaderos propósitos de las acciones proyectadas. El primero fue el reinicio de las guerras por la independencia concebido, diseñado y ejecutado por José Martí en 1895; el segundo, la hazaña de un grupo de jóvenes, quienes inspirados en la vida y la acción del Apóstol y liderados por Fidel Castro intentaron, en 1953, tomar por asalto una de las fortalezas militares más importantes de la isla. Uno y otros, perseguían el mismo ideal independentista. Por ello el ensayista se decide a examinar y resaltar sucesos que, a la postre, serían reconocidos como hitos fundamentales en el desarrollo de un largo y complejo proceso de liberación nacional que, iniciado en el siglo xix, alcanza a nuestros días. Mostrar la relación entre ambos y, sobre todo, destacar su permanencia y futuridad constituye propósito fundamental del trabajo examinado.

[1] Roberto Fernández Retamar: “Martí en el 26 de Julio”, en Lectura de José Martí, México, D. F., Editorial Nuestro Tiempo S.A, 1972, p. 54. (Todas las citas que se consignarán provienen de esta obra.)

Versión completa: click aquí