José Martí, cónsul de Argentina en Nueva York
Por: Dr. Pedro Pablo Rodríguez

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El 24 de julio de 1890, a pocos días de su renuncia, el presidente de la República Argentina, Miguel Juárez Celman, nombró a José Martí cónsul en la ciudad de Nueva York, cargo en el que el cubano se mantuvo hasta su renuncia el 11 de noviembre del año siguiente. Así, un año, tres meses y dieciocho días fue el tiempo exacto durante el que desempeño ese puesto. Corto el período, si lo comparamos con el dedicado a similar posición como representante consular en propiedad de la República Oriental del Uruguay, que abarcó casi seis años. A pesar del espacio relativamente breve en la oficina consular argentina, tal responsabilidad no deja de tener importancia en la vida de Martí, por más de una razón.

En primer lugar, el propio hecho de su designación indica el reconocimiento del gobierno del Plata al que, con sus dos decenas de crónicas acerca de la Conferencia Internacional Americana de Washington, había destacado Martí con frecuencia dada la postura argentina claramente opuesta a los designios hegemónicos de Estados Unidos, el país convocante del conclave. Sabemos que durante los varios meses que duró la reunión, el cubano Martí trató personalmente a Roque Sáenz Peña, quien encabezó la delegación de Argentina, y a Manuel Quintana, también delegado y ministro plenipotenciario en misión especial de aquel país ante Estados Unidos.

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