El canto que nos honra debe ser bien interpretado
Por: Magalys Chaviano Álvarez

Durante una cobertura de prensa reciente, y como ya me había sucedido tantas veces para placer mío, las notas del Himno de Bayamo —se trataba de una ceremonia oficial— fueron entonadas a capella por el coro Cantores de Cienfuegos. Ese bello acorde, himno de combate, letra que enaltece a los cubanos, debiera siempre entonarse así, vigorosamente. Porque esa melodía, compuesta por el patriota Pedro Figueredo (Perucho), es un canto de guerra.

La historiografía lo recoge como uno de los momentos patrióticos que incluso le imprimieron carácter a la Guerra de los Diez Años. Cuentan que la música ya era tarareada por muchos en la ciudad de Bayamo, antes de que se le incorporara la letra. Fue estrenada durante las celebraciones del Corpus Christy en  la Iglesia Parroquial Mayor, por la banda de Manuel Muñoz Cedeño, tratando de pasarle gato por liebre al teniente coronel Julián Udaeta, jefe militar de la Plaza.

Esa marcha suya nada tiene de religiosa y sí mucho de patriótica. Es una música irreverente”, increparía el español a Figueredo, a lo que este respondería en un intento por proteger el movimiento que se gestaba y que estallaría tiempo más tarde en La Demajagua: “Señor Gobernador, no me equivoco en asegurar, como aseguro, que no es usted músico. Por lo tanto nada le autoriza a usted a decirme que ese es un canto patriótico”.

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