Próximo el coloquio internacional-virtual “Estados Unidos en la pupila de José Martí”

Unos 90 cubanos y latinoamericanos estudiosos de la obra martiana serán ponentes individuales o en equipo, durante jornadas matutinas y vespertinas del 12 al 14 de mayo, en el Coloquio Internacional “Estados Unidos en la pupila de José Martí”, evento convocado –en modalidad virtual– por el Centro de Estudios Martianos (CEM) para rendir homenaje a nuestro Apóstol en el aniversario 126 de su caída en combate y festejar los 130 años de los Versos Sencillos y el ensayo “Nuestra América”. Además, celebrar la coincidencia de los natalicios de Cintio Vitier (centenario) y Rafael María de Mendive (bicentenario), personalidades ligadas al estudio de la obra, y a la vida de José Martí.

Centrado en el sentimiento antimperialista martiano, el programa incluye seis conferencias centrales (dos cada día) a cargo de los doctores: Jorge Hernández Martínez, director del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre EE.UU. de la Universidad de La Habana; Elmys Escribano Hervis, Profesor Titular de la Universidad de Matanzas; Pedro Pablo Rodríguez López, Premio Nacional de Historia y de Ciencias Sociales y Humanísticas y jefe del Grupo de Edición Crítica de las Obras Completas de José Martí del CEM; Ibrahím Hidalgo Paz, Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas y jefe del Grupo Investigaciones Históricas del CEM; Marlene Vázquez Pérez, directora del CEM, y Carlos Eduardo Bojórquez Urzaiz, escritor, antropólogo e historiador, rector de la Universidad de Oriente (UNO), de Yucatán, México.

La mayoría de los ponentes son investigadores cubanos, representantes del Centro de Estudios Martianos, Movimiento Juvenil Martiano, Sociedad Cultural “José Martí”, universidades de La Habana, Artemisa, Pinar del Río, Matanzas, Central de Las Villas, Cienfuegos, Sancti Spíritus, Camagüey, Holguín, Granma, Oriente, Ciencias Médicas, Instituto Técnico Militar “José Martí”, Dirección Municipal de Educación Artística y Estética de Jobabo (Las Tunas), Colegio de Defensa Nacional y Editorial Nuevo Milenio. Entre los latinoamericanos participan estudiosos argentinos, de las universidades Nacional del Sur, Nacional de Rosario (UNR) y Centro de Estudios Interdisciplinario sobre Nuestra América “José Martí” (Bahía Blanca), y mexicanos de la Universidad Autónoma de Guerrero; Escuela de Humanidades y Educación, Tecnológico de Monterrey y Universidad de Oriente (UNO), Yucatán.

Como ya se ha informado, el coloquio fue estructurado en siete ejes temáticos: “La historia de los Estados Unidos como sostén del antimperialismo martiano”, “Miradas martianas a la sociedad y la cultura de los Estados Unidos”, “A 130 años del ensayo ‘Nuestra América’. José Martí frente al expansionismo estadounidense”, “A 126 años de la caída en combate: coherencia martiana entre pensamiento y acción”, “La producción literaria martiana relativa a los Estados Unidos”, “Estrategias del mediador cultural entre las dos Américas” y “Homenaje a Cintio Vitier en su centenario y a Rafael María de Mendive en su bicentenario”.

El evento es auspiciado por la Oficina del Programa Martiano y su sistema de instituciones (Sociedad Cultural “José Martí” y el Movimiento Juvenil Martiano), el Ministerio de Cultura, la Unión de Jóvenes Comunista, la UNESCO y el Consejo Latinoamericano de las Ciencias Sociales (CLACSO) a través del Grupo Especial “José Martí: Pensamiento y Acción”.

La apertura, prevista para las 10 am del día 12 de mayo, estará a cargo de la directiva del CEM, Marlene Vázquez, seguida de la intervención especial del doctor Eduardo Torres Cuevas, director de la Oficina del Programa Martiano y presidente de la Sociedad Cultural “José Martí”. Un miniconcierto del músico cubano José María Vitier cerrará el evento a las 3 pm del día 14 de mayo.

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Araceli García Carranza: “La bibliografía es escuela de orden”

Vinculada al Centro de Estudios Martianos (CEM) desde su génesis en la Sala “Martí” de la Biblioteca Nacional de Cuba, la doctora en Filosofía y Letras Araceli García Carranza (La Habana, 1937) ha allanado los caminos de muchos investigadores cubanos y del mundo gracias a su dominio de una disciplina que define como “escuela de orden”, la Bibliografía. No hallo mejor título para esta entrevista que esa precisión conceptual suya que argumenta con sencillez: “Un repertorio bibliográfico es la piedra angular para orientarse en cualquier estudio”. Así, Araceli acompaña al investigador en su tránsito por el cúmulo de hechos y datos valiosos. Comenzó a hacerlo en 1962 y hasta hoy continúa haciéndolo con igual disposición. Luego expandió ese atributo desde el don de la ubicuidad que le conceden sus innumerables estudios bibliográficos publicados en forma de libros y/o folletos. Por ejemplo, los dedicados a José Martí (además con actualizaciones en el Anuario del CEM), Alejo Carpentier, José Lezama Lima, Ramiro Guerra, Fernando Ortiz, Elías Entralgo, Emilio Roig de Leuchsenring, Eusebio Leal Spengler, Cintio Vitier, Fina García-Marruz, María Villar Buceta, Roberto Fernández Retamar, Padre Varela, entre otros, e índices analíticos de publicaciones cubanas (siglo xix hasta fechas recientes).

Fue condecorada hace poco con la orden “Carlos J. Finlay”, posee la Distinción por la Cultura Nacional, las medallas “Alejo Carpentier”, “Nicolás Guillén” y “Raúl Gómez García”. Ha sido reconocida con los premios Nacional de Investigación Cultural (2003) por la obra de la vida, “La utilidad de la virtud”, de la Sociedad Cultural “José Martí”, y “Pensar es servir”, del CEM. Es miembro del Tribunal de Categorías Científicas del Ministerio de Cultura desde 1995, miembro corresponsal de la Sección de Bibliografía de la Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones de la Biblioteca (IFLA), e integrante del Consejo de Redacción de la revista estadounidense Cuban Studies. En 60 años de trabajo ha ocupado múltiples responsabilidades en la Biblioteca Nacional “José Martí” y en cada una ha puesto a prueba su rigor, animada por el sentimiento que su “generación llamó pasión bibliotecaria”.

Con la orden “Carlos J. Finlay” suele distinguirse el trabajo de notables científicos. ¿Qué representa ese reconocimiento para una intelectual de perfil tradicionalmente identificado con las letras? ¿Cuál sería el más certero para su profesión?

Para mí la orden “Finlay” ha sido una verdadera sorpresa. No sé los nombres de quienes tuvieron esa deferencia conmigo, debe haber sido un jurado del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), del Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional de Cuba. Mi mayor agradecimiento a quienes votaron a favor de que yo recibiera semejante honor. El perfil más certero para el bibliógrafo es el de las Ciencias Sociales, puesto que la disciplina requiere descripción, análisis, sistematización y otras acciones técnicas para lograr mediante repertorios de consulta y ensayos bibliográfico-críticos abrir puertas hacia nuevos saberes a investigadores y estudiosos.

¿A qué atribuye el reconocimiento social (incluso el no formal) de que goza?

Creo que he sido útil, he tratado de hacer del servicio un baluarte, función primera de cualquier biblioteca del mundo. Para garantizarlo, he creado recursos hasta donde ha sido posible. No puedo contar ya cuántos repertorios he compilado: índices de revistas, biobibliografías de grandes figuras de la cultura cubana y bibliografias históricas y literarias, ensayos bibliográfico-críticos o hilos conductores que facilitan la búsqueda al estudioso, y además he promovido y sugerido decenas de trabajos de esa índole que hoy forman parte de las herramientas de nuestro Departamento de Referencias.

 ¿Cómo asume cada uno de sus estudios bibliográficos?, ¿son encomiendas, sugerencias suyas o necesidades propias de la institución? ¿Cuáles han sido los más significativos y cuáles los más difíciles?

Los más significativos, creo han sido las biobibliografias de grandes de la cultura cubana y los ensayos que he publicado en la Revista de la Biblioteca Nacional de Cuba “José Martí”. Cada trabajo lo he asumido con disciplina y respeto. En general, he propuesto muchos repertorios a la dirección de la Biblioteca Nacional. Otros han respondido a necesidades de la institución, a sus planes de trabajo, o han sido solicitados y promovidos por la compra o el donativo de colecciones, o viceversa. Para todos he utilizado los recursos de un bibliógrafo: estudiar en lo posible la personalidad o el hecho a compilar, describir los documentos según reglas técnicas (es preciso conocerlas todas), analizar los contenidos, sistematizar lo recuperado, indizar datos generales y específicos, escribir notas o comentarios de cada documento, según lo exija la información recuperada, etc. Hay que recorrer caminos diferentes, según las personalidades y sus obras, precisar sus colaboraciones en publicaciones de sus épocas, conocer lo que se publica en cada caso, así como las colecciones, que pueden estar conformadas por varios tipos de documentos y características diversas. Así también ocurre con los hechos históricos o literarios, ninguno es igual al otro. En cada uno deben estudiarse las colecciones, la prensa, saber a dónde dirigirse, en fin que todos los repertorios poseen dificultades y generan satisfacciones.

¿Qué importancia le concede al estudio bibliográfico y a la indización de publicaciones periódicas? ¿Qué saberes asienta en el bibliógrafo?

La Bibliografía es escuela de orden, camino al conocimiento, y tanto las compilaciones como los índices de revistas son instrumentos imprescindibles en el campo de las investigaciones culturales, históricas, literarias y demás. En cuanto a los conocimientos: el bibliógrafo se convierte en especialista de los temas que trabaja y no puede ni debe ser ajeno al servicio que, a partir de sus experiencias, puede brindar. Además debe ser un conocedor de colecciones, en especial las de su país.

La recopilación científicamente organizada de información, ¿cuántas dudas puede generar y cuán creativas pueden llegar a ser esas dudas para el estudioso que sepa reparar en ellas?

Las dificultades animan y despiertan la curiosidad del bibliógrafo y pueden llevarlo a nuevos saberes. No creo que despierte tantas dudas como tanta curiosidad por llegar a la verdad. El conocimiento organizado es la razón de ser de la investigación.

Históricamente la Biblioteca ha empleado en su entorno a reconocidos escritores. De la misma época de sus muy cercanos Fina García-Marruz y Cintio Vitier, ¿a quiénes recuerda en especial?

Estar cerca de personas tan valiosas enriqueció mi espíritu. Han sido muchos. En particular, recuerdo a Octavio Smith que me quería como a su madre. Me decía que, en relación conmigo, él tenía el dilema de Confucio: una madre más joven que él mismo. A Roberto Friol, quien siempre me agradeció su Suite para Juan Francisco Manzano. Y mencionaré también a Renée Méndez Capote, Walterio Carbonell y Eliseo Diego, aunque te repito la lista es mayor.

Renée era entusiasta, optimista, alegre. Fue redactora de nuestra revista a principios de los años 60. La recuerdo a ella, sentada a una mesa recién barnizada, en el Departamento de Colección Cubana, acompañada de Cintio, Fina y Friol. Leía para ellos los capítulos de Memorias de una cubanita que nació con el siglo, según los iba escribiendo. Cuando Julito (Julio Domínguez) y yo nos casamos en 1963, Renée me regaló un pañuelito. Al entregármelo me dijo que yo le caía muy bien. Fue un gesto muy delicado. De esa época son también Walterio Carbonell, educado, respetuoso y caballeroso, un hombre de paz a pesar de su salud quebrantada. Y Eliseo Diego, inolvidable, muy querido y considerado en el Departamento Juvenil e Infantil. Otro hombre de paz. Mi hermana Josefina sentía mucho afecto por él.

 Su vínculo con Fina García-Marruz y con Cintio Vitier en la Sala “Martí”, ¿cuánto trascendió en su propio aprendizaje? ¿Cómo los recuerda de jóvenes, en medio de proyectos que usted vio multiplicarse desde la idea hasta la consecución?

Cintio y Fina fueron trabajadores ejemplares, verdaderos investigadores, seres humanos que incorporaron el pensamiento martiano a sus propias vidas. En 1968 fundaron la Sala “Martí” en el Departamento Colección Cubana que yo dirigía. Lo convirtieron en un verdadero santuario. La Sala, al decir del apasionado martiano Manuel Pedro González, “es el más grande monumento al Apóstol hasta hoy”. De ella nacería el muy prestigioso Centro de Estudios Martianos. Tanto Fina como Cintio fueron ejemplos para mi vida profesional y personal. En la década de los 70 fui nada menos que jefa de ambos. Supe distinguirlos como intelectuales y excelentes personas.

¿Era cómoda para usted la relación jefa-subordinados?

Cuando supe que sería la jefa de ellos, lo primero que hice fue llamar a Cintio a mi oficina. Le dije: “mire, como usted es un intelectual de tanta talla, no voy a ser su jefa sino su secretaria”. Cintio tenía sentido del humor, así que le resultó agradable aquel encuentro. A partir de entonces yo trataba de que, en medio de las inmensas dificultades, por lo menos él y Fina no carecieran de lo elemental para el trabajo. Siempre propusieron sus proyectos y Cintio, en especial, se convirtió en mi asesor, lo cual fue un verdadero honor para mí. Fuimos muy buenos amigos, juntos asistieron a la ceremonia de mi boda, y Cintio fue el testigo principal de mi matrimonio que, como el suyo, fue ejemplar.

A propósito de parejas que comparten intereses profesionales, que fue también su experiencia, ¿es posible lograr que las relaciones armonicen en los ámbitos doméstico y laboral?

Cuando hay amor verdadero todo es posible. Julito fue el mejor entre los mejores, un ser humano excepcional, aunque la apreciación venga de su propia esposa. Si me oyera (o leyera), diría: “Habló mi mujer”. Ejerció el periodismo y después, en los años 90, volvió a la Biblioteca Nacional, donde publicó Noticias de la República, cronología que dejó lista hasta 1940. En los 60 ya él había trabajado en la Biblioteca. Fue en esos años cuando nos conocimos.

¿Cómo fue el proceso de formación del Centro de Estudios Martianos desde la Sala “Martí”? ¿Cuánto está vigente hoy ese vínculo en su colaboración con el CEM?

En 1977 la Sala pasa, convertida ya en CEM, a lo que es hoy la Galería “El reino de este mundo” de la BNJM. Luego se fue desarrollando cada vez más hasta disponer de la sede actual en Calzada y 4 (en la casa donde viviera el hijo de Martí, José Francisco Zayas Bazán con su esposa María Teresa Bances y Fernández Criado). Cintio y Fina sentaron las bases del proyecto inicial que sería asimilado y desarrollado después bajo excelentes directores e investigadores. En especial, ellos lograron los primeros catálogos de la Edición Crítica cuyo primer tomo llegaron a publicar. A instancias de Vitier empecé a compilar la bibliografía martiana en 1969. Primero para el Anuario martiano que después se denominó Anuario del CEM. Desde entonces hasta nuestros días, todos los directores del CEM han tenido en cuenta mi trabajo y continúo haciendo la compilación.

¿Cree que el avance de la tecnología puede hacer obsoleta la biblioteca? ¿Está preparada la red de bibliotecas del país para los nuevos tiempos?

Nunca la biblioteca será obsoleta. Las bibliotecas son tesoros de la cultura en cualquier país del mundo. La Internet orienta y es útil, pero el referencista, el bibliógrafo o el bibliotecario son insustituibles. Si se especializan y dominan colecciones, aportan mucho más que cualquier buscador automático. Por razones económicas todavía no estamos bien preparados para los nuevos tiempos, aunque se hacen esfuerzos contundentes para conseguirlo.

Usted y su hermana Josefina García Carranza trabajaron juntas en muchos proyectos. Supongo esa cercanía haya sido otro reto.

Mi hermana se había graduado de bachiller cuando yo empecé a trabajar en la Biblioteca Nacional, así que allí encontramos trabajo las dos. Le encantó la Técnica bibliotecaria y la estudió. Trabajadora ejemplar, mi relación con ella fue siempre de excelencia, a pesar de haber sido su jefa durante más de 40 años. El respeto y la entrega al trabajo primaron por encima de inútiles privilegios. Jose fue una especialista de corazón, sintió y compartió lo que mi generación llamó pasión bibliotecaria. Durante muchos años fue referencista de la vida y la obra de José Martí. Antes había trabajado la prensa del siglo xix y bibliografías personales (conmigo o sola). Juntas preparamos la de Fina, la segunda de Cintio, y otras como la de Carlos Rafael Rodríguez, en fin muchísimas que dan servicio en nuestra institución.

En su profesión hay un magisterio más allá de las aulas. ¿Puede hablarse de relevo?

Está demostrado que el bibliotecario es un pedagogo en el ejercicio de su profesión. Ese es el mejor magisterio. Yo impartí clases durante cuatro años en la universidad, pero nada se compara a la práctica. Cuando servimos, estamos enseñando. De todos modos, también lo hacemos formalmente para nivel superior: asesoramos y orientamos trabajos de grado, somos tutores u oponentes de tesis. Los bibliotecarios más avezados son verdaderos maestros. En cuanto al relevo, al menos ya existe en nuestro Departamento de Investigaciones. La investigación bibliotecológica y bibliográfica tiene un camino muy amplio. Hay mucha experiencia que compartir, el desempeño en la docencia, dentro y fuera de las aulas, es noble y necesario.

Descontando la circunstancia actual de la pandemia, ¿presta todavía servicios al público? Me consta que atiende con mucha dedicación, modestia y eficiencia lo mismo a personalidades reconocidísimas, que a desconocidos…

Nunca dejo de servir por teléfono o por correo o cuando voy a la Biblioteca Nacional. En las presentes circunstancias, solo por teléfono. Ahora me recuerdas otra vez a Cintio y a Fina: ellos servían a todos por igual desde el usuario más sencillo hasta el intelectual más dotado. Fueron excepcionales.

En estos momentos, ¿qué labores realiza como investigadora?

Soy jefa de investigaciones de la Biblioteca Nacional, doy servicios y compilo la obra de Martí, Carpentier, y otras relevantes figuras de la cultura cubana con vistas a lograr otros ensayos bibliográfico-críticos. Siempre trabajo a Martí, y a Alejo Carpentier, recientemente a Marcelo Pogolotti y a Graziella Pogolotti, y ahora con motivo del centenario de Cintio compilo un extenso suplemento a su bibliografía (que incluye asientos rezagados y la actualización), de la cual hasta el día de hoy he publicado, primero: Más de 40 años con la poesía, en la Revista de la Biblioteca Nacional de Cuba “José Martí”, en 1983. Y, en el año 2001, bajo el título Más de 60 años con la poesía, para esa misma revista. Con Eloísa Carreras compilo la obra del Dr. Armando Hart Dávalos. Ya está publicado el primer volumen que abarca sus años jóvenes hasta 1977. Ambas trabajamos dos volúmenes más correspondientes a sus ejecutorias en el Ministerio de Cultura y en la Oficina del Programa Martiano.

En el amplio conjunto de publicaciones periódicas del país, considero que el sello de la Revista de la Biblioteca Nacional de Cuba “José Martí” destaca, entre otras bondades editoriales, por la inclusión de breves repertorios bibliográficos de su autoría…

La revista es orgullo de la cultura cubana, he sido su jefa de redacción desde los años 90. Es una mina de saberes, obra de consulta obligatoria para quienes se interesan por la historia, la literatura y la cultura de Cuba. La Biblioteca Nacional ha honrado a la prensa cubana con su revista, dirigida por grandes y muy valiosos intelectuales de Cuba. Su primer director fue el erudito y patricio don Domingo Figarola Caneda, quien la fundó en 1909, antes ya había fundado la Biblioteca Nacional en 1901 para lo cual donó los primeros 3 mil y tantos ejemplares de sus fondos. Nuestra revista cumplió 110 años y está viva. No es posible dejar de mencionar a otro director, el sabio cubano Juan Perez de la Riva, quien desde los años 60 hasta su muerte en 1976, también logró una revista muy respetable. Sin olvidar a sus secretarias de redacción: Luisa Campuzano, Siomara Sánchez, Carmen Suárez León y Josefina García Carranza, ni a sus jefes de Redacción: Salvador Bueno y Rafael Acosta de Arriba. Mención aparte merecen sus directores: Lilia Castro de Morales, Julio Le Riverend Brusone, Eliades Acosta Matos y Eduardo Torres Cuevas. En la actualidad la dirige con acierto Rafael Acosta de Arriba. Su sello es la excelente selección de textos enriquecedores referentes a historia y literatura cubanas. Y, efectivamente, los repertorios bibliográficos y los ensayos bibliográfico-críticos de mi autoría, como los últimos sobre la guerra de los diez años, la guerra hispanocubano americana y las biobibliografias y ensayos de personalidades cubanas.

¿Cuánto ha aportado la Biblioteca Nacional a la cultura de la nación? ¿Cuál es su mayor deseo para esta institución que está cumpliendo 120 años?

La Biblioteca Nacional atesora el movimiento editorial de Cuba y lo más representativo de la literatura universal, uno de los preciados valores de la nación. Ha ofrecido miles de servicios a investigadores y estudiosos cubanos y extranjeros con generosidad, seriedad y calidad, y se ha ganado gran prestigio entre nosotros así como a nivel internacional. En su 120 aniversario mi mayor deseo es que se desarrolle cada vez más y exista siempre, porque en nuestra institución están depositadas las experiencias nuestras como pueblo y lo más puro del pensamiento cubano y universal.

Llegados una edad de madurez, a veces sopesamos diferentes caminos posibles de nuestra existencia. Fuera de la Biblioteca Nacional de Cuba, ¿cuáles serían los suyos?

No los hay. No concibo estar desligada de la Biblioteca Nacional, mucho menos de la Bibliografía.

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Réquiem por Mario Oliva

He dialogado incesantemente con Mario Oliva durante estos largos meses de pandemia. Tratar de profundizar sobre la recepción de la figura y la obra de José Martí en la revista costarricense Repertorio Americano necesariamente me llevó  tras los senderos que Mario Oliva estableció con su formidable “Bibliografía martiana en Repertorio Americano” en el necesario volumen José Martí en la historia y la cultura costarricenses[1] al que regreso una y otra vez. ¿Por qué Mario incluyó esta referencia? ¿Por qué no habrá incluido aquella otra? ¿Dónde habrá encontrado este dato? Han sido preguntas frecuentes en estas semanas y, seguramente, serán en las venideras y eso, en definitiva, es lo más importante: el diálogo que nos dejan los autores a través de su quehacer investigativo o dicho de otra manera, en ello radica la trascendencia de los creadores.

Mario Oliva se despide con una amplia bibliografía sobre diversos asuntos relacionados con la historia y la literatura centroamericana y latinoamericana. Chileno de nacimiento; pero costarricense por adopción y vocación deja un ejemplo impecable como profesor e investigador para sus colegas del Instituto de Investigaciones Latinoamericanas (IDELA) de la Universidad Nacional de Costa Rica y para los colegas de muchas regiones que tuvimos el privilegio de conocerlo y compartir quimeras académicas.

Recuerdo cuando estuvo en La Habana en el año 2011 para presentar los dos gruesos volúmenes de Gabriela Mistral en Repertorio Americano[2] que compiló junto a Marybel Soto Ramírez y Francisco González. Viajó con su esposa y la editora del volumen Alexandra Meléndez. La presentación estaba programada para la Casa del ALBA durante la Feria Internacional del Libro de La Habana de ese año; pero finalmente se realizó en el Coloquio teórico que el Centro de Estudios Martianos organiza en cada encuentro internacional del libro. Sus palabras de presentación fueron en una sección dedicada a la presencia femenina en la Literatura Latinoamericana. Qué mejor contexto que ese. Parecía que su intervención estaba planificada desde los orígenes del panel y en un espacio rodeado de amigos. 

En abril del 2018 estaba todavía convalesciente de un tratamiento; pero viajó en la mañana de ese lunes a la Facultad de Humanidades y Educación unos minutos para brindarme la bienvenida formal y oficial como Director en ese momento del IDELA y para desearme una buena estancia en el curso que ofrecí en la Maestría de Estudios Latinoamericanos que auspicia el Instituto.

Estaba notablemente feliz en septiembre del 2019 durante el Coloquio Internacional “Un siglo de Repertorio Americano”, una revista que logró que estuviera en el núcleo de investigación de muchos especialistas de Costa Rica y de toda América Latina. Se mostraba visiblemente satisfecho de ver materializado un encuentro que con todo su equipo de trabajo estuvo preparando con más de un año de antelación y que tuvo la presencia de estudiosos de diferentes regiones del continente a partir de la propia naturaleza y radio de acción de la revista ya centenaria, joya de la cultura costarricense, centroamericana y de habla hispana.

Recuerdo ahora en forma de imágenes cinematográficas muy rápidas, su cordialidad y espíritu colaborativo durante su participación en una edición de la Conferencia Internacional “José Martí y los desafíos del siglo XXI para Centroamérica y el Caribe” que durante varias ediciones se realizó en Guatemala auspiciado por la Universidad de San Carlos de Guatemala y el Centro de Estudios Martianos y que coordiné junto a mi colega Mayra Beatriz Martínez.

Mi recorrido por la presencia de José Martí en Repertorio Americano está aún en proceso. No soy bueno para las despedidas, así que Mario, seguiremos dialogando.


[1] Mario Oliva: José Martí en la historia y la cultura costarricenses, Editorial de la Universidad Nacional, Costa Rica, 2011.

[2] Gabriela Mistral en Repertorio Americano. Editorial de la Universidad Nacional, Costa Rica, 2001 (comp. Marybel Soto Ramírez, Francisco González y Mario Oliva Medina).

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Homenaje a José Martí inició celebración de trabajadores en Cuba

La celebración por el Día Internacional de los Trabajadores inició en Cuba con un homenaje al Héroe Nacional José Martí, en ceremonia encabezada por el presidente Miguel Díaz-Canel.

El primer ministro Manuel Marrero y el secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), Ulises Guilarte, acompañaron al también primer secretario del Partido Comunista de este país en la colocación de una ofrenda floral ante la estatua de Martí en el Palacio de la Revolución (sede del Ejecutivo).

En el acto, el titular de la CTC destacó el protagonismo y el compromiso patriótico de la clase trabajadora de la nación, inmersa en la batalla por resistir el bloqueo y las agresiones de Estados Unidos en medio de la batalla contra la pandemia de la Covid-19.

Somos consientes del escenario exigente y desafiante pero también de la concepción del líder histórico de la Revolución, Fidel Castro, de que solo los que luchan tienen derecho a triunfar, apuntó Guilarte.

Debido a las medidas sanitarias implementadas para combatir la pandemia de la Covid-19, este 1 de Mayo se celebra fundamentalmente en las redes sociales, donde los internautas colocan mensajes, imágenes y videos para expresar su respaldo a la Revolución.

Entre las fundamentales demandas de los trabajadores se encuentran la exigencia del levantamiento del bloqueo económico, comercial y financiero que impone Estados Unidos a Cuba desde hace más de seis décadas, y la denuncia de su recrudecimiento a partir de 2017, tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.

Como parte de los festejos también se realiza un Encuentro Internacional de Solidaridad con la nación caribeña, en el que participan más de 80 representantes de organizaciones sindicales, juveniles, de mujeres y políticas de Europa, Asia, África, Medio Oriente y América.

ga/evm

Tomado de: https://www.prensa-latina.cu


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Tributo a Mario Oliva Medina: Latinoamericano Martiano

Hace una treintena de años conocí a un joven profesor que trabajaba en la Universidad Nacional de Costa Rica, en la ciudad de Heredia. Los recuerdos se me confunden: ¿fue en un congreso académico o fue cuando coincidimos en una estancia de investigación en el Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional Autónoma de México?  

   No importa ahora dónde ocurrió el primer encuentro con aquel docente graduado de Historia en la misma universidad que le dio espacio para enseñar, que desde 1976 residía en Costa Rica y cuyo acento, sin embargo, denotaba su procedencia de más al sur de Nuestra América. Había nacido en Puerto Montt, en Chile, y vivió hasta su muerte hace dos días en la hermana nación centroamericana.  Laboró para todo el continente enseñando, escribiendo, compartiendo con estudiantes y colegas su amor, defensa y confianza en la patria grande.

   Desde 1984 impartió cátedra en los programas de licenciatura, maestría y doctorado en Estudios Latinoamericanos y pensamiento latinoamericano en la Facultad de Filosofía y Letras de su Universidad; ejerció como  vicerrector de Extensión de la Universidad Nacional de 2010 a 2015; y durante los cinco años siguientes dirigió el Instituto de Estudios Latinoamericanos de ese centro de educación superior.

   Por mucho tiempo afrontó con valentía y dignidad, sin cejar en su empuje por unir con amor a nuestros pueblos desde su historia y para el presente, con el cáncer que finalmente le provocó el fallecimiento. Nos dio así lección de entereza y entrega  hasta el final de sus días.

   Su obra escrita se ha publicado en revistas y libros especializados del continente. En los últimos años entregó varios textos sobre el exilio: Julio Escámez Carrasco: el largo exilio de un pintor americano y universal (2016); Exilio, insilio, cárcel y violencia: 1948-1952 (2017); Imágenes fugitivas, acordeón y visiones (2018); Exiliados, expatriados, integrados: chilenos en Costa Rica 1973-2018 (2020).

   Años atrás había enriquecido los estudios acerca de las luchas sociales costarricenses: Artesanos y obreros costarricenses, 1880-1914 (1984); 1º de mayo en Costa Rica (1987); Movimientos sociales en Costa Rica. 1925-1930  (1997); en coautoría Poesía de tema popular en el siglo XIX (1993).

  Los estudiosos de la obra martiana le agradecemos su libro José Martí en La historia y la cultura costarricenses (1995) primer estudio de esa naturaleza en el hermano país, donde, desde la presencia del Maestro durante los preparativos de la guerra de independencia de Cuba, se levantó una corriente de respeto y admiración hacia su persona. También le agradecemos su larga ejecutoria en favor de divulgar y estimular el estudio de Repertorio Americano, esa revista que, con verdadera heroicidad intelectual, publicó por muchos decenios Joaquín García Monge, quizás el más fiel seguidor de Martí entre aquellos costarricenses que oyeron y siguieron su prédica antimperialista, latinoamericanista y por el bien mayor del hombre.

    He perdido a un buen amigo, a un compañero de ideales; y el Centro de Estudios Martianos a un colaborador sistemático que con su ejemplo y entusiasmo contribuyó a los estudios en torno a Martí en Costa Rica. Para Mario Oliva Medina, desde La Habana, la rosa blanca martiana.


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Adiós al amigo Mario Oliva Medina

La comunidad cubana de investigadores de la obra martiana lamenta la pérdida de Mario Oliva Medina, catedrático de la Universidad Nacional de Costa Rica (UNA).

De origen chileno y radicado en Costa Rica desde mediados de la década del 70, egresado del Doctorado Interdisciplinario en Letras y Artes en América Central con énfasis en Literatura, ejercía como profesor de Estudios Latinoamericanos en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNA.

Investigador muy apreciado como amigo de Cuba y por sus valiosas colaboraciones en el Centro de Estudios Martianos, Oliva Medina dedicó buena parte de su vida a difundir la obra martiana. Es el autor de José Martí en la historia y cultura costarricenses, libro que aporta recursos bibliográficos de interés acerca de las visitas y motivos de estancia del Apóstol en ese país centroamericano.

Durante el desarrollo de su prolífica vida intelectual, Mario Oliva Medina publicó, entre otros muchos títulos: Artesanos y obreros costarricenses: 1880-1940; Dos peruanos en repertorio americano, Mariátegui y Haya; La poesía de tema popular en la Costa Rica del siglo xix; Ensayos de historia intelectual, y España desde lejos: intelectuales y letras centroamericanas sobre la Guerra Civil Española (1931-1953).

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Martí, los trabajadores y el 1ro de Mayo

El más universal de todos los cubanos en su pensamiento y actuar revolucionarios tuvo la convicción de que la independencia cubana pasaría, inexorablemente, por los caminos de la justicia social y la equidad y en consecuencia, fue un precursor de una política centrada en y por los trabajadores.

Martí no es de origen obrero, pero sí humilde. El padre había sido cordelero y sastre; después, sargento artillero, celador y juez pedáneo y sus ingresos fueron siempre insuficientes para cubrir las necesidades de una familia que llegó a tener diez miembros. También la madre y sus hermanas trabajaron para sostener el hogar, y él mismo trabajó siendo niño (en el teatro) y adolescente en una oficina comercial de 6 de la mañana a 8 de la noche por 4 onzas y media que entregaba a su padre. Cuando fue condenado a una pena de cárcel con trabajos forzados se vio obligado a trabajar en las canteras de San Lázaro, donde fue objeto y testigo de maltratos y humillaciones por parte de las autoridades. Joven deportado sin recursos trabajó como maestro y un destacado líder obrero español sostuvo que se interesó por los problemas sociales de la península y asistió a reuniones obreras. Estos contactos continúan cuando llega a México, y son tan estrechos los vínculos que fue electo delegado al primer Congreso Obrero de ese país celebrado en 1876. Es decir, que desde muy joven Martí aprendió a querer a los humildes y esos sentimientos se acrecientan cuando llega a los Estados Unidos, país en el cual aprecia iniquidades e injusticias que denuncia en crónicas que además de constituir una expresión del pensamiento martiano, permiten conocer la sociedad estadounidense de ayer y comprender mejor la de hoy.

Martí contó con la clase trabajadora para su misión independentista y revolucionaria, y no fue casual su cercanía con la emigración de Tampa y Cayo Hueso que fueron baluartes obreros a fines de 1891 para organizar el Partido Revolucionario Cubano y años más tarde forjarían las primeras organizaciones obreras en la isla.

Por aquellos días, los tabaqueros del Cayo le obsequiaron un hermoso álbum, autografiado por ciento dieciocho patriotas, en cuyas dedicatorias se expresa el respeto, la admiración y el cariño que el Apóstol les inspiraba. Entre los firmantes, en su mayoría cubanos, se encontraba un africano, un rumano, un dominicano y tres estadounidenses, quienes escribieron hermosas palabras a favor de la independencia de Cuba e identificaban al Delegado con el porvenir de su patria.

El 1ro de mayo de 1886, doscientos mil trabajadores norteamericanos comenzaron una huelga obrera en Estados Unidos. El 4 de mayo, al terminar un acto organizado por los trabajadores de Chicago, en el Haymarket Square, la policía intentó dispersar a los manifestantes, y en ese momento una bomba explotó en el lugar, ultimó a un oficial e hirió a otros uniformados. Ello dio pretexto a la burguesía para iniciar una salvaje represión que incluyó el proceso contra ocho obreros anarquistas. Estos hechos fueron descritos, comentados y analizados profundamente por Martí, quien si bien acepta en un principio la justeza del veredicto, de forma gradual y progresiva transita hacia la solidaridad con los anarquistas condenados a muerte por el tribunal que los juzgó. Este cambio de actitud se debió a la comprobación de que era imposible determinar la culpabilidad de los acusados, la actitud ejemplar y valiente de los obreros sentenciados, la solidaridad que despertó la causa dentro y fuera del país, y el hecho de que las clases dominantes so protexto del proceso mutilaron y suprimieron libertades fundamentales.

En julio de 1889 se celebra un congreso en París, donde representantes de gran número de países adoptan un acuerdo de trascendencia histórica que era celebrar el 1ro de mayo con manifestaciones para luchar por la jornada de 8 horas y en 1890 se celebró por primera vez esa jornada internacional en Europa y en un reducido número de países de otros continentes, entre los cuales se encontró Cuba. Todo parece indicar que en 1894 los obreros de Cayo Hueso organizaron un acto para celebrar el 1ro de Mayo, y es Fermín Valdés Domínguez quien lo resume de manera brillante. Por eso no ha de extrañarnos la manera entusiasta y alegre que Martí le escribirá, en 1894 a su amigo Fermín: “(…) Muy bueno, pues, lo del 1º. de Mayo. Ya aguardo tu relato, ansioso”. [i]


[i] José Martí. Obras Completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana,  Tomo 3, p. 168

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Universidad de Zaragoza celebra 25 años de Cátedra “José Martí”

La celebración por el aniversario 25 de fundada la Cátedra “José Martí” en la Universidad de Zaragoza (UZ) será retrasmitida en directo este viernes 30 de abril, a las 12 meridiano (https://www.youtube.com/watch?v=ntQOF8829Rc), desde el Aula Magna del Edificio Paraninfo de esa institución.

El programa incluye en la inauguración, intervenciones de Don José Antonio Mayoral Murillo, rector Magnífico de la Universidad de Zaragoza; Francisco Beltrán Lloris, vicerrector de Internacionalización y Cooperación; Elena Barlés Báguena, decana de la Facultad de Filosofía y Letras y codirectora de la Cátedra “José Martí”; Ana María González Mafud, codirectora de la Cátedra “José Martí”, y Héctor Hernández Pardo, coordinador del Proyecto “José Martí” de Solidaridad Internacional y subdirector general de la Oficina del Programa Martiano de Cuba.

“Martí y Zaragoza” es el título de la conferencia que impartirá el catedrático emérito de Historia del Arte de esa universidad, Manuel García Guatas, acerca de la estancia en la ciudad del héroe cubano egresado de la Casa de Altos Estudios (en 1874) con títulos de Licenciado en Derecho Civil y Canónico y en Filosofía y Letras.

El evento virtual contará con las intervenciones de Mario Alberto Nájera Espinoza, coordinador de la Red Internacional de Cátedras Martianas y Marlene Vázquez, directora del Centro de Estudios Martianos. Continuarán Concepción Lomba Serrano, directora del IPH (Instituto de Patrimonio y Humanidades de la UZ) y ex vicerrectora de Cultura y Proyección Social; Luisa María Frutos Mejías, ex decana de la Facultad de Filosofía y Letras; Eliseo Serrano Martín, ex decano de la Facultad de Filosofía y Letras.

Asimismo, participarán protagonistas de la Cátedra “José Martí” de Zaragoza y La Habana: María Antonia Martín Zorraquino, Departamento de Lingüística y Literatura Hispánicas de la Universidad de Zaragoza; María de los Ángeles Pereira Perera, Departamento de Historia del Arte de la Universidad de La Habana, y Óscar López Acón y Loisi Sainz, beneficiarios de la convocatoria de ayudas, por las universidades de Zaragoza y La Habana, respectivamente.

Las alocuciones de clausura serán compartidas por el embajador de Cuba en España, Gustavo Machín Gómez, y el rector, José Antonio Mayoral Murillo.

En 1996, esa universidad entregó al gobierno cubano las titulaciones y el expediente académico de José Martí, donde constan las diez asignaturas que cursara el héroe en las aulas de la institución, valiosos documentos hasta ese momento conservados en el Archivo de la UZ.

Gracias al convenio entre la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana y su homóloga de Zaragoza, fue fundada la Cátedra “José Martí” que ahora llega al cuarto de siglo en funciones activas como espacio académico de promoción de la vida y la obra del Apóstol, y de afianzamiento de relaciones con instituciones culturales cubanas, entre las cuales destaca especialmente el Centro de Estudios Martianos.

La celebración de este viernes 30 retomará hechos de la vida del héroe y su relación con el pueblo aragonés. Por motivos de aforo, la dirección de la Universidad de Zaragoza ha solicitado confirmación de participación antes del jueves 29 de abril de 2021 a las 10 horas mediante comunicación al correo: protocolo.rector@unizar.es

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La Edad de Oro en catálogo de editorial de Guatemala

Un compendio de cuatro números de la revista La Edad de Oro, del Héroe Nacional cubano José Martí, integra hoy junto a otros 10 títulos el más reciente catálogo de la Editorial Cultura de Guatemala.

La nueva colección se enmarca en la celebración del Día Internacional del Libro y forma parte de la selección de iniciativas literarias que cada año realiza el maestro Francisco Morales, director de la entidad, con el apoyo del Consejo Asesor de las Letras.

Además de la revista publicada por Martí hace 130 años, están ‘Cosecha de colibrís’, cuento-novela para jóvenes de Franco Sandoval, y ‘Dunia’, cuento infantil de Ana María Escobar como parte de la Colección Marilena López.

En poesía guatemalteca, serie Rafael Landívar, destacan ‘Perro ciego’ de Isabel de los Ángeles Ruano, ‘La palabra justa. Arqueología del poema’ de Antonio Brañas y ‘Los versos del Carpintero’ de Juan Carlos Lemus.

Otro de los atractivos es un ensayo sobre la obra del Premio Nobel de Guatemala Miguel Ángel Asturias, de la autora eslovaca Zuzana Civáñová.

Todos los libros contarán en esta primera edición con una tirada de un millar de ejemplares costeados por el fondo de la editorial y estarán disponibles el venidero 3 de mayo en su sala de ventas en esta capital y en las principales librerías del país, confirmó una nota del Ministerio de Cultura y Deportes.

Actualmente la casa cuenta con más de 400 obras y del cubano José Martí también publicó ‘Lucía Jerez’ -su única novela- y el ensayo ‘Guatemala’ en homenaje a los 140 años de la llegada a este país del poeta, como expresión de los lazos de amistad entre ambos pueblos.

Tomado de: https://www.prensa-latina.cu

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José Martí, trabajador y vocero de los trabajadores

A lo largo de su existencia fue José Martí un trabajador incansable. Lo fue en oficinas, en la docencia –a veces sin paga, como en el club obrero La Liga, de Nueva York–, la edición y la traducción y, sobre todo, en sus dos ocupaciones centrales: la prensa –que, con la tribuna y su epistolario, resultó una de sus mayores trincheras de ideas– y la política, no como labor de pan ganar, sino consagrado a lavar con su vida el crimen de la esclavitud, o las esclavitudes.

Aunque monumentales, sus Obras completas cumplen más esa condición por su extraordinaria calidad que por la gran cantidad reunida: frecuentemente se hallan manuscritos inéditos y textos que han permanecido ignorados en distintas publicaciones. Y duele imaginar cuántos deberán considerarse definitivamente perdidos.

Escribió a mano en medio de una vida agitada por circunstancias y otras tareas. Solo ocasionalmente usó –fue pionero en eso– la dactilográfica, que empezaba a extenderse, y más de una vez tuvo que dictar los textos, porque la salud lo obligaba a permanecer en cama, sin fuerzas para manejar la pluma. Así vivió solamente cuarenta y dos años, pero legó un tesoro inmenso que contribuyó al enriquecimiento de las letras en lengua española, y de las virtudes humanas.

Particular muestra de su capacidad de trabajo la dio en la diplomacia, como cónsul a la vez de tres países, Argentina, Uruguay y Paraguay, no en cualquier plaza, sino en Nueva York, y representó al segundo en la Conferencia Monetaria Internacional celebrada en Washington en 1891. Esa etapa corroboró asimismo el sentido misional y la austeridad con que vivía –como opción cardinal, no como condena– quien echaba su suerte con los pobres de la tierra.

Colaboraciones periodísticas que le pagaban –no eran todas: muchas eran parte orgánica de su lucha, y otras le pirateaban– le permitían ayudar a la madre, que permanecía en Cuba; pero todo sugiere que ganaba poco. Priorizaba la utilidad de la virtud, y quién sabe cuánto de sus ingresos destinó a la lucha revolucionaria.

Desde su origen humilde y su condición de trabajador valoró a los pobres, que mantenían viva la causa de la independencia patria, mientras que la mayoría de los acaudalados la abandonaban. No es casual el hecho de que, aunque residía en Nueva York, quiso y logró que los documentos rectores del Partido Revolucionario Cubano nacieran en Tampa y Cayo Hueso, donde eran más numerosos sus compatriotas obreros, emigrados como él.

En ese camino se ubica la carta a Manuel Mercado interrumpida en la víspera de su muerte. Bregaba intensamente por la unidad patriótica, pero sin concesiones inmorales. Con temprano y decidido antimperialismo repudió a los anexionistas y, en general, a la casta de quienes, “por disfraz cómodo de su complacencia o sumisión a España, le pide sin fe la autonomía de Cuba, contenta solo de que haya un amo, yanqui o español, que les mantenga, o les cree, en premio de su oficio de celestinos, la posición de prohombres, desdeñosos de la masa pujante,–la masa mestiza, hábil y conmovedora, del país,–la masa inteligente y creadora de blancos y negros”.

No son un hecho aislado sus denuncias, entre 1886 y 1887, del proceso que sirvió para linchar, en Chicago, a varios obreros, a quienes se descalificaba llamándolos anarquistas. Ese rótulo –que requeriría un comentario particular– lo esgrimía el capitalismo para legitimar sus acciones, como luego manipularía comunistas y terroristas, entre otros.

Uno de los obreros condenados estaba lejos del lugar del motivo por el cual se les juzgó: la bomba que –según la prensa– mató a siete policías. Otros hechos históricos autorizan a preguntarse si sería improbable que, en aquella acción, intervinieran provocadores al servicio del sistema que buscaba escarmentar a quienes exigían justicia en la potencia que ya vendía hipócritamente su imagen de modelo democrático. Lo seguro es que el escarmiento se aplicó.

En su mayoría, las crónicas de Martí sobre dichos sucesos –origen de la significación mundial del Primero de Mayo– se hallan en el tomo11 de la edición vigente de sus Obras completas (1963-1966). Él las escribía en Nueva York, basado por lo general en despachos de la prensa a su alcance, y eso explica que al inicio estimase posible culpar a los obreros como lo hacían tales fuentes. Puede verse en la crónica fechada 2 de septiembre de 1886 y publicada en La Nación, de Buenos Aires, el 21 de octubre siguiente.

Pero sin que aún esa crónica hubiera visto la luz, escribió con fecha 17 de aquel octubre la que el siguiente 7 de noviembre apareció en el diario mexicano El Partido Liberal, donde permaneció olvidada casi un siglo, sin pasar a las Obras completas del autor. Con otras treinta que habían corrido igual suerte la rescató el poeta, ensayista e investigador nicaragüense Ernesto Mejía Sánchez en Nuevas cartas de Nueva York, libro publicado en México en 1980 y editado en Cuba en 1983 con el título de Otras crónicas de Nueva York.

Para el texto del 17 de octubre de 1886 dispuso Martí de testimonios de primera mano fundados en la verdad y la justicia, principalmente un discurso de la activista social Lucy Parsons, compañera de uno de los obreros linchados. Con esa luz y su sed de justicia expresó resueltamente al inicio de la crónica: “Santo es el mismo crimen, cuando nace de una semilla de justicia. El horror de los medios no basta en los delitos de carácter público a sofocar la simpatía que inspira la humanidad de la inten­ción. El verdadero culpable de un delito no es el que lo comete, sino el que provoca a cometerlo”. Y sostuvo: “No es en los anarquistas donde debe ahorcarse el anarquismo, sino en la injusta desigualdad social que los produce”.

Los acontecimientos –incluyendo en ellos “la prensa entera, de San Francisco a Nueva York, falseando el proceso” y pintando “a los siete condenados como bestias dañinas”– mostraban “la iniquidad del sistema que castiga al más laborioso con el hambre”. Lo escribió en la mayor de sus crónicas sobre aquellos sucesos, “Un drama terrible”, que, fechada en Nueva York el 13 de noviembre de 1887, circuló en La Nación el 1 de enero de 1888. Comienza así: “Ni el miedo a las justicias sociales, ni la simpatía ciega por los que las intentan, debe guiar a los pueblos en sus crisis, ni al que las narra».

Más adelante sostuvo:

“Esta república, por el culto desmedido a la riqueza, ha caído, sin nin­guna de las trabas de la tradición, en la desigualdad, injusticia y violencia de los países monárquicos”. Como rectificando lo que podía haber de impreciso en su valoración anterior de las inmigraciones, influida por lo que la prensa dominante difundía, conclu­yó: “¡América es, pues, lo mismo que Europa!”, y reconoció que “los inmigrantes europeos denunciaron con renovada ira los males que creían haber dejado tras sí en su tiránica patria”.

Quien también en lo político prefería métodos pacíficos, no vaciló en preparar una guerra que sabía necesaria. Esa realidad se debe tener presente al leer “Un drama terrible”: “Una vez reconocido el mal, el ánimo generoso sale a buscarle remedio: una vez agotado el recurso pacífico, el ánimo generoso, donde labra el dolor ajeno como el gusano en la llaga viva, acude al remedio violento”.

Lo ocurrido en Chicago fue representativo de todo el país: “Amedrentada la república por el poder creciente de la casta llana, por el acuerdo súbito de las masas obreras, contenido solo ante las rivalidades de sus jefes, por el deslinde próximo de la población nacional en las dos clases de privilegiados y descontentos que agitan las sociedades europeas, determinó valerse por un convenio tácito semejante a la complicidad, de un crimen nacido de sus propios delitos tanto como del fanatismo de los criminales, para aterrar con el ejemplo de ellos, no a la chusma adolorida que jamás podrá triunfar en un país de razón, sino a las tremendas capas nacientes”.

El peligro de “la chusma adolorida” lo advertía un político revolucionario y de alma popular que buscaba fundar en su patria “un pueblo nuevo y de sincera democracia” –como se lee en las “Bases”, redactadas por él, del Partido Revolucionario Cubano–, y que en su “Lectura de Steck Hall, del 24 de enero de 1880, proclamó: “Ignoran los déspotas que el pueblo, la masa adolorida, es el verdadero jefe de las revoluciones”. Una cosa era el pueblo y otra los portadores de la incivilidad o la marginalidad delincuencial, el lumpen.

Con sus convicciones de veras democráticas resumió en “Nuestra América, ensayo publicado a inicios de 1891, el cometido que la independencia de los países de esta región había incumplido, y Cuba debía realizar para que su liberación fuera plena: “Con los oprimidos había que hacer causa común, para afianzar el sistema opuesto a los intereses y hábitos de mando de los opresores”.

Un ideal de tanto alcance apunta a una necesidad que la experiencia mundial valida para los afanes socialistas: enfrentar a los opresores no solo en sus intereses, sino también en sus hábitos de mando, de vida, acaso más difíciles de extinguir. También para esa lucha perdura el ejemplo de quien firmó con actos, hasta morir en combate, la voluntad de echar su suerte con los pobres de la tierra.

(Tomado de la Revista CTC No. 21)

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