Martianos recuerdan a Vittorio Di Cagno

VITTORIO DI CAGNO, MARTIANO.

La noticia del fallecimiento del jurista italiano Vittorio Di Cagno, residente en Cuba desde hace mas una veintena de años, nos entristece a quienes le conocimos y compartimos con él porque fue un dedicado y entusiasta estudioso y divulgador de la obra del Maestro.

A finales del siglo pasado Vittorio apareció en el Centro de Estudios Martianos interesado en  seguir un curso de temática martiana, al que asistió puntualmente semana tras semana acompañado de las notas que iba tomando según leía los textos del Maestro. Con tesón, sin perder nunca su peculiar acento italiano, fue  ampliando su dominio de la lengua española para entender cada vez mejor la riqueza del pensamiento y de la expresión de Martí. Se hizo un devoto de sus ideas y trato por los medios a su alcance de contribuir a universalizarlo.

Se unió pues  a la cruzada martiana y publicó el más extenso examen de la faceta martiana de jurista martiana, a pesar de que prácticamente nunca la ejerció como profesión.  Recorrió la Isla entregando esa obra a abogados, notarios, jueces y a cualquier estudioso de Martí El  Centro de Estudios Martianos tuvo a su cargo dos ediciones de Martí jurista, en 2003 y 2008.

Después, animado por la filosofía martiana, publicó un  acercamiento a la labor ambientalista en nuestro país: La protezione dell’ambiente in Cuba: un modelo ejemplare, con la Editorial Cacucci.

Nos hablaba a menudo de la importancia de los notarios en la vida moderna y de su desempeño durante muchos años en la directiva de la Comisión de Cooperación Notarial  Internacional.

Luego de su primer viaje a Cuba no sé cómo se las arregló para obtener la representación del pequeño estado europeo de San Marino en La Habana. Fue un cargo honorario más que todo; pero le sirvió para asentarse entre nosotros. Varios años después consiguió residencia en La Habana, que alternó con frecuentes viajes a su patria y a otros lugares para asuntos del notariado internacional y para editar textos de y sobre Martí.

Por todas esas acciones se le integró al Consejo Mundial del Proyecto José Martí de Solidaridad Internacional, apoyado por la Unesco, participó de sus reuniones y proyectos en distintos países y no faltó a las conferencias habaneras impulsadas por ese Consejo para, con Martí como divisa, atender los más importantes temas que preocupan a la humanidad hoy, bajo la idea del Maestro de actuar por el equilibrio del mundo y el bien mayor del hombre.

En su país le otorgaron la Orden Oficial al Mérito de la República Italiana. Los cubanos le entregamos amistad, afecto y compañerismo.

El peso  de la edad le fue doblando las espaldas, pero no debilitó su ánimo  de cruzado martiano para actuar por un mundo mejor y en defensa de  esta Cuba libre bajo la advocación martiana. Murió en la noche del pasado miércoles 30 de junio acá, en La Habana, a pesar del esfuerzo de los médicos cubanos frente a la covid 19 que se aprovechó del deterioro de su salud. Vittorio Di Cagno tenía 90 años de edad y había nacido en Bari, Italia. Estoy convencido de que se sintió cubano, y como tal, fue un seguidor leal de José Martí. Lo recordaremos.

Pedro Pablo Rodríguez

——————————–

FACETAS DE UN AMIGO VIEJO, RECIÉN FALLECIDO

 

La noticia fue confirmada. La mala noticia. Falleció Vittorio di Cagno. Murió un amigo viejo. Entristece saber que no lo volveremos a ver con su sonrisa placentera, a veces irónica. Pero no puedo recordarlo con tristeza. Su optimismo era constante, siempre a la búsqueda de soluciones para los pequeños problemas cotidianos que, por acumulación, a cualquiera agobian. Los asuntos graves los afrontaba con disposición analítica y trataba de neutralizarlos, sin dejarlos llegar a la desmesura. Era un optimista.

A las personas debe aceptárseles como son, y en su caso no era difícil, pues eran mayores, a mi modo de ver, sus virtudes que los defectos. Nunca intenté ir más allá de las barreras con que protegía su intimidad, algún problema personal que en pocas ocasiones lo enturbiaba, y mantenía a resguardo. Era suficiente saber que había nacido en Bari, Italia, en una fecha nunca mencionada por él, y que sus estudios de Derecho, y la dedicación a estos, le permitieron asumir el cargo de Consejero Permanente de la Unión Internacional del Notariado Latino. Sus viajes a distintos países, en cumplimiento de esta función, lo alejaban en ocasiones del nuestro, pero sólo físicamente, no en sus sentimientos.

Nos unía la pasión por el conocimiento de la vida y la obra de José Martí, a quien descubrió como parte esencial de su deslumbramiento por la revolución cubana, por nuestro país y su gente, entre la que cultivó buenas relaciones, entre la cuales el propio Di Cagno destacaba su vínculo afectivo y profesional con el Director de la Oficina del Programa Martiano, a quien denominaba «el gran Armando Hart». En el 2000, este le propuso realizar una investigación sobre el pensamiento jurídico de José Martí, tema poco tratado por los estudiosos del Maestro. Se sintió honrado con esta sugerencia, que asumió como una misión difícil, por su poco conocimiento del asunto, así como sus todavía escasas incursiones en la obra escrita del Apóstol. Y se dispuso a vencer las dificultades, como siempre, con optimismo.

Consultó bibliografía, en primer lugar, en la biblioteca especializada del Centro de Estudios Martianos, y recibió oportunas indicaciones de dos profesores universitarios de reconocido prestigio: Delio Carreras Cuevas y Miguel Antonio D’Estefano Pisani. Fue suficiente para comprender la necesidad de buscar mayor información y sugerencias, lo que le ofrecería una visión más compleja, desde ángulos diferentes, para acometer su propósito. Con tal finalidad realizó un viaje que le ocuparía alrededor de un mes, tiempo en el cual realizó entrevistas y obtuvo copias de libros y artículos especializados de investigadores, profesores, maestros, periodistas, promotores, en fin, personas dedicadas a la investigación, la enseñanza o la divulgación de la historia de nuestro país y de la obra martiana en Santiago de Cuba, Bayamo, Holguín, Las Tunas, Camagüey, Villa Clara… Recibió la colaboración buscada. Y mucho más: cultivo amistades.

En La Habana, donde radicaba, solicitó al Centro de Estudios Martianos un curso que le permitiera sistematizar la información ya acumulada en su mente, y en decenas de obras y en paquetes de fotocopias de otros tantos. Tuve la oportunidad de ser de los primeros en impartirle clases, lo que me valió su denominación de «tutor». Así me llamaba, con una mezcla de agradecimiento y reconocimiento intelectual. No pude ni puedo denominarlo «alumno», pues en cada encuentro en las aulas tenía lugar un enriquecedor intercambio de conocimientos: su amplia cultura le permitía situar en contexto cuanto le decía, y aportar elementos de historia, literatura y arte universales. Creo haber aprendido de él más que a la inversa. No fui el único que lo condujo por la intrincada madeja de la bibliografía martiana, y sus relaciones con la casi totalidad de los investigadores y otros trabajadores de nuestra institución fueron muy amplias.

En aquellas «clases-intercambios» era visible su esfuerzo para mejorar la lectura e interpretación de los textos. Esta era mucho mejor que «su» idioma español, a veces mezclado con palabras del italiano y alguna que otra frase del alemán o del francés. Pero nos entendíamos, y él contribuía a la comunicación con el uso de la gesticulación, a la que los latinos apelamos con eficiencia a veces asombrosa.

A pocos meses de comenzar a impartirle el programa que habíamos diseñado para él, inició la profundización en el tema al que se consagraría, para mí poco conocido: el pensamiento jurídico de José Martí. Sus afanes investigativos, sus búsquedas bibliográficas y las conversaciones con los pocos iniciados en tal arista del quehacer del Maestro tuvo su culminación en un libro aportador, Martí jurista, cuya primera edición, de 2003, fue motivo de satisfacción. Esta vez retornó a las provincias orientales, para entregárselo a sus colaboradores indirectos, sus corresponsales. Hizo una presentación en la Universidad de Oriente, entre otros lugares significativos. La segunda edición, también a cargo de la editorial del Centro de Estudios Martianos, fue realizada en 2008. Los gastos de ambas fueron costeados por el autor.

Motivado por la recepción del libro, consideró que podría hacer el intento de contribuir a la divulgación del pensamiento y la vida de Martí entre los europeos, particularmente en Italia, de modo que invirtió tiempo, esfuerzo y recursos personales en la traducción y posterior impresión de la obra, en su país natal, en 2005, con el título Martí Giurista, de Casa Editrice Dott, Antonio Milani, CEDAM. Loable empeño hacer llegar el humanismo martiano, y el ejemplo de entrega a la patria y la humanidad, de quien conoció y admiró al pueblo italiano, sus héroes y creadores, su cultura y sus combates por la libertad, la soberanía y la independencia.

Entre sus múltiples capacidades se destacó por potenciar la armonía entre las personas, por vincularlas en conversaciones gratas e intercambios afables, para lo que ofrecía su casa como punto de encuentro. Allí fungía como inigualable anfitrión, capaz de ocuparse a la vez de dirigir la preparación de algunos platos, o de ocuparse en hacerlos, de servir bebidas adecuadas, y de mantener, sin que decayeran en momento alguno, temas diversos para el diálogo.

Entre otras muchas, son estas razones para no olvidar a Vittorio, para que lo recordemos con cariño y agradecimiento. Ha muerto, pero de este tema hablamos poco. Teníamos ideas coincidentes: la muerte es parte intrínseca de la vida, es inevitable, por lo que cada minuto debemos disfrutarlo como si fuera el último, y pensar y actuar como si fuéramos eternos. Haber vivido noventa años, y dedicar una parte considerable de estos a la obra martiana, lo hace, entre nosotros, inolvidable.

Ibrahim Hidalgo Paz

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*