Visión martiana de Gustave Flaubert
Por: Emmanuel Tornés

José Martí estaba al tanto de la existencia de otra clase de novela, portadora de reales dones estéticos y de propuestas cognitivas y sociales superiores. Se explica así por qué prodiga elogios al gran novelista Gustave Flaubert (Francia, 1821-1880), cuyo bicentenario acaba de celebrarse

A José Martí le parecían vulgares las novelas que en su tiempo leían las jóvenes de Hispanoamérica. No le faltaba razón. En la mayor parte, eran folletines de escasos valores estilísticos e ideológicos, donde se ofrecían historias banales y lacrimógenas en las que casi siempre las mujeres eran pintadas como seres sumisos, descritos bajo una visión machista. Pero Martí estaba también al tanto de la existencia de otra clase de novela, portadora de reales dones estéticos y de propuestas cognitivas y sociales superiores. Se explica así por qué prodiga elogios al gran novelista Gustave Flaubert (Francia, 1821-1880), cuyo bicentenario acaba de celebrarse.

Martí enaltece de continuo a Flaubert, a su imprescindible Madame Bovary (1856) –iniciadora de la novela moderna–, y a sus restantes ficciones. Lo llama «autor clásico», por ser «magistral», «que escribió no con pluma, sino con estilo de oro». Al libro referido lo califica de «honrado y robusto». De este modo, Martí deviene uno de los primeros críticos de Occidente en reconocer la excelencia creativa del autor francés. Observa que su prosa solo puede compararse, por «nítida y robusta», «a los versos de Charles Baudelaire»; es decir, a la literatura del otro gran renovador de las letras francesas del siglo xix. Por ello, no duda en llamarlo «intrépido escritor».  Martí descubre lo nuclear en la escritura de Flaubert, y lo celebra. En un artículo de 1881, expresa: «Para Flaubert el estilo era como el mármol; lo pulía, lo limpiaba, lo limaba: no salía una frase de sus manos hasta que su pensamiento no hubiera ajustado precisamente en ella. Odiaba las palabras inútiles, y los adjetivos pomposos. Un sinónimo era para él un estorbo. Su frase es neta, maciza, bruñida».

En efecto, el estilo sobrevino obsesión para el escritor francés, al punto de conocerse como el novelista de le mot juste. El epistolario que mantuvo con su amada, la poeta Louise Colet, mientras escribía Madame Bovary, confirma los juicios de Martí, lo cual satisfizo de modo particular al creador cubano, no solo como eminente modernista, sino porque su credo poético se basaba en análogos principios.

Vale la pena recordar, en esta memoria por el bicentenario de Flaubert, una curiosa anécdota confirmatoria de la devoción de Martí por el creador francés. El 8 de julio de 1880, Martí publica en el diario The Sun (Estados Unidos) el artículo La última obra de Flaubert, donde analiza con meridiana precisión Bouvard et Pécuchet, la que, en efecto, sería el relato póstumo del novelista. El artículo revela que solo quien hubiese estado en contacto directo con esta narración podría referirse a ella de forma tan certera y clara, como lo hace Martí en su exégesis. Pero, ¿cómo fue posible ello si el escrito de Martí es de 1880 y Bouvard et Pécuchet se publica en 1881? Una verdadera incógnita. Solo podemos especular que alguien cercano a nuestro Apóstol, durante su breve paso por París, en diciembre de 1879, le reveló la existencia de esta obra y Martí, declarado admirador de Flaubert, le pidió al amigo leerla. De este modo, el escritor cubano se convirtió también en pionero de la crítica sobre Bouvard et Pécuchet.

Ningún mejor homenaje de los cubanos a Flaubert en su bicentenario, que el recuerdo luminoso sobre él de nuestro Martí.

Tomado de: https://www.granma.cu

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