Una Mujer que Vivió para la Revolución
Por: Matilde Salas Servando

A inicios de la semana que termina, falleció en la capital cubana la combatiente de la clandestinidad Isabel Rico-Arango Hernández, una mujer de larga trayectoria de luchas, laque según sus propias palabras, vivió para la Revolución y por la Revolución”.

Isabelita, como la llamaban cariñosamente los compañeros con quienes compartió mil vicisitudes durante los años en que juntos se enfrentaron a la tiranía de Fulgencio Batista, nació en septiembre de 1925, en el seno de una familia humilde.

En ese hogar recibió, junto a sus hermanos, los primeros conocimientos de libertad, decoro y dignidad, que le transmitiera su padre, quien combatió contra la dictadura de Gerardo Machado. Por todo eso, desde que Batista dio el golpe de estado en 1952, de inmediato tuvo una posición intransigente frente al conocido tirano.

En una entrevista inédita a la luchadora clandestina Isabel Rico-Arango, realizada poco antes de su deceso, dijo que se vinculó al Frente Cívico de Mujeres Martianas, prácticamente desde su fundación, por intermedio de otra combatiente, la doctora Maruja Iglesias”. Relató entonces cómo participaron en actos de protesta, la Marcha de las Antorchas y en cuantas acciones se organizaron por el Frente en aquellos tiempos.

Al graduarse como doctora en Farmacia, trabajó en la botica de M y Veintitrés, en El Vedado, que se convirtió en un cuartel del Movimiento Veintiséis de Julio, donde se reunía el asaltante al Moncada Abelardo Crespo y René Rodríguez, quien fue expedicionario del Granma, con otros jóvenes, para organizar acciones.

No escapó a su memoria la visita que hizo el líder Fidel Castro al lugar, días antes de salir hacia México para preparar la expedición del yate Granma.

La participación de la combatiente clandestina Isabel Rico-Arango Hernández en grupos de acción y sabotaje, a la orden de Sergio González fue muy valiosa, así como su colaboración con Oscar Lucero, Cheché Alfonso, Orlando Nodarse y Gerardo Abreu, Fontán.

Sobre éste, contó que al día siguiente de la Noche de las Cien Bombas”, la llamó por teléfono a la farmacia donde trabajaba y le dijo: “Doctora, los bombones de anoche se los dedicamos a usted”. Luego de ser detenida en el año 1958, la dirección del Movimiento Revolucionario determinó que ella se marchara al exilio, pues peligraba su vida.

Por su meritoria labor, desde el triunfo de la Revolución, le otorgaron el título de Heroína del Trabajo; fue delegada del Poder Popular y durante diez años se desempeñó como Diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Al concluir su mandato, el Comandante en Jefe Fidel Castro, le entregó un diploma de reconocimiento por su destacada labor y le dijo: “No te olvidaremos”.

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