Un Martí que no aburre

Cada vez es más difícil que alguien hable o escriba sobre Martí sin provocar hastío. En los libros, sobre todo en los que se emplean en las escuelas, la historia de su vida es tan lineal, tan plana, tan esquemática que a pocos sensibiliza: todo se resume en independentismo, latinoamericanismo y antimperialismo; todo se resume en que Martí habló de todo, y en que, es el más universal de los cubanos.

En respuesta a esa vertiente que endiosa al apóstol y lo aleja de los simples mortales, del ciudadano común de estos tiempos complejos, surge una nueva tendencia cuya pretensión fundamental es “humanizar a Martí”. Ya había dicho: Máximo Gómez, otro héroe aún desconocido, que el cubano “cuando no llega se pasa”…. ¡Qué razón tenía!

De pronto se volvió importante la vida sexual de Martí, sus amores y desamores, las impurezas de un carácter todavía inexplorado en muchos aspectos: pareciera que había que destronar al dios para coronar al hombre.

Pedro Pablo Rodríguez, Director General de la Edición Crítica de las Obras Completas de José Martí, Doctor en Ciencias Históricas, galán otoñal, señor zalamero y jocoso, hombre de una sabiduría extraordinaria y una mente abarrotada de ideas refrescantes (de esas que escasean) habló a Radio Reloj sobre “estas tendencias opuestas”. A su juicio, y al mío, José Martí está por encima de semejantes nimiedades.

Y queda a los historiadores, a los estudiosos de su vida y de su obra, a Cuba, aprender a enseñar sobre Martí. Aprender a enseñar sobre su época, sobre su familia, sobre esa escritura, a veces difícil de comprender, pero cuya maestría es incuestionable.

La sensualidad del héroe

Siempre he encontrado un pedacito de Martí que a casi todo el mundo le gusta. Su poema La bailarina española es referencia obligada en las aulas de la primera enseñanza. Las estrofas poseen tal ritmo; que son pocos los cubanos que no recuerdan al menos un fragmento.

Explica Pedro Pablo que, aunque muchos creen que el poema estuvo inspirado en Agustina Otero, más conocida como Carolina Otero o La Bella Otero, una de las bailarinas más famosas de aquellos tiempos, nadie ha podido confirmarlo.

Y, como para hacer la historia más interesante, señala también que se desconoce el momento exacto en que Martí escribió el poema; “fue en su estancia en Nuva York y forma parte de un conjunto de poemas, pero no tiene la fecha”

Parece que fue en un tiempo en que el exilio en Estados Unidos le pasaba demasiado y la nostalgia asomaba su rostro a través de la pluma del maestro: “el alma trémula y sola –se describe- padece al anochecer”… Y así, sin mucho ánimo: “hay baile, vamos a ver la bailarina española”.

Por un instante pareció que Martí no podría ver a la diva. A la entrada del teatro estaba la bandera de aquel país de quien, en sus versos más patrióticos dijera: “gobierna a Cuba con mano de hierro ensangrentada”

Pero aquel día debía nacer un poema, así que un pequeño movimiento fortuito cambió el aspecto de la recepción, Martí se sintió aliviado: “han hecho bien en quitar el banderon de la acera; porque si está la bandera, no sé, yo no puedo entrar”

Aún no empezaba la función y ya ese héroe seductor retrataba a la española, que se preparaba para una actuación de ensueño: “Ya llega la bailarina: soberbia y pálida llega” -quedó deslumbrado el maestro- “¿cómo dicen que es gallega? Pues dicen mal, es divina”.

“Lleva un sombrero torero y una capa carmesí, lo mismo que un alelí que se pusiese un sombrero. “Se ve, de paso, la ceja, ceja de mora traidora: y la mirada, de mora; y como nieve la oreja”.

Todo está listo para la función: “Preludian, bajan la luz, y sale en bata y mantón, la Virgen de la Asunción bailando un baile andaluz”

Martí no perdía detalle alguno. Guardó cada escena, cada movimiento y los guardó con las febriles emociones de un hombre cuando admira a una mujer… ”Alza, retando, la frente; crúzace el hombro la manta, en arco el brazo levanta, mueve despacio el pie ardiente. Repica con los tacones el tablado zalamera, como si la tabla fuera, tablado de corazones. Y va el convite creciendo en las llamas de los ojos, y el manto de flecos ojos se va en el aire meciendo. Súbito, de un salto arranca, húrtase se quiebra, gira, abre en dos la cachemira, ofrece la bata blanca. El cuerpo cede y ondea, la boca abierta provoca, es una rosa la boca, lentamente taconea”

El lento taconeo va anunciando el final, que pareciera, Martí ve llegar con pesar: “recoge, de un débil giro, el manto de flecos rojos, se va, cerrando los ojos, se va como en un suspiro”

Cuando las luces se prenden y se apagan los aplausos ya no queda nada que decir: “baila muy bien la española, es blanco y rojo el mantón, ¡Vuelve fosca a su rincón, el alma trémula y sola!”

Entre los amados….

Entre los 30 y 35 años debió haber escrito Martí este poema. Sus ideales revolucionarios estaban formados y gestaba la lucha contra el colonialismo español. En este escenario, una bailarina de la época encantó al Héroe más importante de la historia de Cuba; que pareciera, liberó toda su pasión a través de la pluma.

A los hombres que tienen una vida diferente; para bien o para mal los inmortaliza la historia. Y las interpretaciones, que a lo largo de los años, se realizan acerca de sus ideas, sus escritos, su vida y hasta su muerte, los convierten en seres amados u olvidados. Hay que salvar a Martí de la indiferencia y hay que hacerlo rápido, porque la apatía, es el primer paso hacia al camino del olvido.

Tomado de: http://www.radioreloj.cu

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