Tres historias no contadas sobre José Martí

Tres historias inéditas relacionadas con la vida e imagen del Apóstol, fueron reveladas en el libro Iconografía José Martí, publicado por la editorial Letras Cubanas en 2019, bajo la firma del Doctor en Ciencias Históricas Josep Pascual Trujillo Fonseca, vicepresidente de la Sociedad Cultural José Martí, en La Habana.

La primera de las anécdotas curiosas expuestas hace referencia a la reconstrucción de la imagen del Maestro, realizada por Jorge Chinique y Luis Rodríguez (Noa), en 1996, en la cual eliminaron el bigote para mostrar cómo pudo ser el rostro del héroe en sus últimos meses de vida, de haber sido cierta la hipótesis de que se afeitó por razones de seguridad.

Para aquel arreglo, fue escogido como base un retrato de julio de 1894, tomado en México, por Manuel Torres, miembro de la Sociedad Francesa de Fotografía. A decir de Gonzalo de Quesada Aróstegui, uno de los más cercanos y eficientes colaboradores del Apóstol, ese constituye el mejor retrato del Maestro.

A propósito de ese detalle, llama la atención que Martí refiriera en su diario haber visitado la barbería el 3 de marzo de 1895 en Cabo Haitiano, y el 6 de marzo del mismo año, en Montecristi. Esto resulta extraño debido a la proximidad de las fechas. Sería razonable si hubiera ido con el objetivo de afeitarse de forma inusual y no como solía hacerlo él mismo.

En el acta de defunción del Héroe Nacional se empleó la frase «bigote fino y poco poblado», para describir el grado de putrefacción del cadáver, según refirió Trujillo Fonseca. Sin embargo, en la foto de Higinio Martínez, publicada en la prensa el 27 de mayo de 1895, se podían apreciar vellos de diferentes tamaños sobre el labio superior del cuerpo. La investigación de Martínez reveló que el origen real del exceso de cabello se debía a que una parte había sido tomada de la melena para disimular la descomposición de la zona.

Otra de las imágenes reveladoras de historias inéditas del Apóstol es la primera foto junto a su hijo, donde aparentemente sonríe. Sin embargo, la sonrisa en su rostro no era tal: se debía a la inclinación de la cámara.

En ese retrato, Martí aparecía sentado en el suelo con las piernas cruzadas. Al enfocar el rostro desde la parte superior, las facciones de la cara parecían más marcadas, pero realmente no expresaba su felicidad en dicha estampa. Esta idea surgió como una simple suposición, mas fue comprobada a través de un estudio fotográfico en el que analizaron los ángulos de inclinación.

Alejandro Herrera Moreno, investigador martiano de la Fundación Cultural Enrique Loynaz, de República Dominicana, corroboró el desagrado sentido por el Maestro hacia la imagen publicada en el Periódico Patria, el 9 de julio de 1892. Afirmó que Martí, por petición del fotógrafo, mantenía una pose «poco convencional».

El Héroe de Dos Ríos consideró petulante la posición seleccionada y así lo manifestó en la carta enviada a Gonzalo de Quesada Aróstegui, desde Cayo Hueso, el 13 de julio de 1892. No obstante, fue bien acogida por los adeptos del Apóstol, quienes la recortaban del diario y la ponían en sus casas junto a sus pocas fotos familiares.

El contenido gráfico sobre el Apóstol es muy poco conocido, según Gonzalo de Quesada Miranda, albacea literario del Héroe Nacional y máximo responsable del texto La Iconografía Martiana —del que partió Trujillo Fonseca para conformar su libro. Existen solo 42 fotografías tomadas en vida, un retrato al óleo y unos pocos a lápiz o plumilla.

Tomado de: http://www.juventudrebelde.cu

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