Travesía milagrosa
Por: David Leyva

A inicios de 1895, la Historia de Cuba estaba en zozobra, José Martí, viendo fracasado su plan de Fernandina, no hallaba los medios para llegar a la Patria en compañía de Máximo Gómez y cuatro patriotas más. La goleta Brothers, comprada a nombre de Bernarda del Toro[1] y con dinero que discretamente facilitó Lilís,[2] quedó sin tripulación; pues los marineros -sospechando de la arriesgada empresa- delatan y abandonan a los seis expedicionarios en Gran Inagua. Solo quedó fiel a ellos el cocinero: David, el de las islas Turcas, al que Martí despide, no sin antes dedicarle un retrato de palabras que quedó en su diario para la posteridad. El 6 de abril, de aquel año decisivo, el poeta, devenido negociante, todo en pos de la causa, logra un acuerdo con un capitán alemán, lector de Goëthe, para embarcarse en el vapor Nordstrand rumbo a Cabo Haitiano. Algunas fuentes dicen que era barco frutero, otras plantean que cargaba madera para comerciar en el Caribe. La idea era soltar del barco un bote, con los seis hombres dentro, en la ruta hacia Jamaica, y lo más cerca a la costa cubana. Abordan entonces la embarcación, no sin antes entregarle 500 o 1000 pesos, las fuentes también difieren en esto, al capitán Löwe. Sí queda más claro que compran un bote por 100 pesos. Martí, gracias a un favor del cónsul de Haití, desembarca con el nombre falso de Francisco Torres; y Gómez, con el de Marcos Rojas. Hacen una escala de 4 días. A las dos de la tarde del día 10 zarpan de Cabo Haitiano, pero, les llega la noticia de que un buque inglés los busca. El capitán Löwe cambia la ruta y no decide atracar hasta horas de la madrugada en el puerto de Matheu Town, otra vez en Inagua. Ya es 11 de abril, e izan al barco el bote comprado con anterioridad. El cónsul norteamericano, radicado en esa isla de las Bahamas, es informado de la presencia de los expedicionarios y ordena que salga desde Nassau el cañonero Partridge para que los intercepte. Entre el final de la mañana e inicios de la tarde del 11 de abril vuelven a zarpar. En su diario, Martí escribe: “salimos a las once”, Gómez anota en el suyo que “A las 2 de la tarde se levantó ancla”. El Nordstrand continúa desviando su ruta para, hacer tiempo en altamar y esperar la llegada de la noche. Las horas en que se acercan a tierra cubana son más coincidentes en los diarios. Martí habla de que rozan Maisí a las siete y media y Gómez afirma que a las ocho de la noche estaban a tres millas de la costa sur de Cuba. Lo cierto es que, en medio de la oscuridad, fuerte lluvia y marejada, bajan el bote cargado de armas y pertrechos. En su diario, Martí describe el rostro del capitán “conmovido” al ver lo que ellos hacían; Gómez, sin embargo, observa un mar que “parece un negro manto funerario” y luego que se descuelga el bote “caen dentro de él seis hombres; que cualquiera diría que eran seis locos”. Gómez aclara que ninguno es marino, que Martí no rema muy bien, y que él mismo no sabe controlar el timón, el cual se zafa y se pierde. Descubren dos luces salvadoras a lo lejos. Se guían por ellas, sin importarles que sean gente amiga o guardia española. Poco a poco mejoran el ritmo de la boga y con la ayuda del Brigadier Borrero, improvisan un nuevo timón. Por dos horas reman. De pronto, cesa la lluvia y poco antes de desembarcar dice Martí que hasta “la luna asoma, roja, bajo una nube.” Las luces, en definitiva, eran fogatas de pescadores. Gómez salta del bote, y tiene la misma reacción de Cristóbal Colón, es decir, de tratar a Cuba como a una dama, pero, en vez de decirle “Fermosa” se agacha, y la besa. Cuenta Marcos del Rosario que “el general se puso a cantar como un gallo.” Esto ya es cosa suya y no de Colón. Si por casualidad un gallo de verdad responde es que hay casa cercana y con ello un posible refugio. Martí, por su parte, salta más atrás con la energía de un niño, y sin medir lo abrupto del paisaje, resume todo en la frase: “Dicha grande”. Sus compañeros quedan impresionados con la viveza con que escala las lomas de Baracoa.

Así fue como dos de las figuras cumbres del siglo XIX cubano llegaron a puro milagro al oriente de Cuba, de milagro llegó el propio Colón a finales del siglo XV, de milagro, cuenta la leyenda, se apareció la virgencita a los tres Juanes, no menos milagrosa fue la sobrevivencia de los Maceo a su llegada por Duaba, y la de los expedicionarios del Granma por playa Las Colaradas. Lo más improbable y asombroso, ha estado presente en los hombres que, por el mar oriental, han dado vuelco a la historia de Cuba, con su llegada.

[1] Esposa de Máximo Gómez

[2] General Ulises Heureaux, que llegó a ser presidente y dictador de República Dominicana.

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