Sobre el Martí de Versos sencillos
Por: Caridad Atencio Mendoza

En su ensayo “Paralelos. La pintura y la poesía en Cuba (siglos xvii y xix)” de 1962, luego de valoraciones encantadas sobre José Martí, que tienen como base imágenes de sus poemas, Lezama caracteriza la magnificencia y competencia de los Diarios de campaña, situándolos entre lo mejor de la literatura escrita en lengua castellana, que en su sistema poético constituyen nada menos que lo que el escritor ha designado como La cantidad hechizada, y, con la figura de pie sobre un paisaje imaginal, afirma:

En esos momentos es cuando José Martí comienza a fijar la escritura dibujada de su Diario, que es para mí el más grande poema escrito por un cubano, donde las vivencias de su sabiduría se vuelcan en una dimensión colosal.

Algo así ocurre con esta exposición Vengo del sol, al sol voy, auspiciada por el Memorial José Martí, que convoca a parte de lo mejor de nuestros artistas plásticos quienes se han inspirado en ese poemario creado para la contemplación sin límites que es Versos sencillos, y han dado pruebas del hechizo de semejante cuantía. Se abre así un abanico de imantadas asociaciones que van desde significaciones patrias en las que Martí habita en la espesura, en el follaje, al lado del árbol tutelar del país, es la inspiración del bien futuro, y su imagen se forma de la vegetación del monte, o el monte cobra sentido conformando, tejiendo su imagen, hasta visiones que reflejan como un edén en la naturaleza, donde Martí vive con la paz de un niño, donde se nos propone ser en el éxtasis y la fantasía que nos provoca la naturaleza. Los acercamientos a las dotes singulares del poeta abundan en esta exposición, donde la poesía es sinónimo de elevación, donde la luz, el faro, la estrella, el vuelo sobreviven en su poesía, o son sinónimo de ella, donde contemplamos asombrados que el águila emprende vuelo desde su cabeza.

Pero, sin duda, quedamos subyugados ante aquellas recreaciones que han partido de la cuota alta de pensamiento y de filosofía que hay en la obra de José Martí para mostrarnos una figura que da muestras de que del dolor infringido renace el amor, y que el artista crea al tiempo que se refleja, un ser con la fuerza y con la luz de un Dios, que ha luchado y luchará siempre contra los muros de las rencillas de los hombres, o un guerrero alado con una espada que va camino al cielo, con Cuba siempre, siempre con Cuba, incluso también el amigo sincero que se despoja de bajos y opresivos sentimientos para darse al mundo, pero, sin dudas, resume a todos los demás ese ser que derrama su condición cenital, el halo de su grandeza que le toma a lo hagiográfico, donde todo va hacia él, y todo viene de él, como figura centrípeta y centrífuga: “Vengo del sol, al sol voy”, ¿sabremos de un emblema mayor?

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