[Nueva York, 14 de junio de 1887]

[Nueva York, 14 de junio de 1887]

Mi amigo ocupadísimo:

Sí le escribiré, aunque confieso que su silencio tenaz me tiene triste y pensativo. Sigo creyendo que he hecho o dicho algo que merece su desaprobación, y me niega el cariño, y el positivo estímulo, de sus cartas. ¿De qué viviré, pues, si los que me aman no me lo quieren decir?-

Envío esa carta de hoy con días de atraso, porque el verano me ha caído con furia sobre el hígado, y acabo de pasar como por una tempestad verde. Las paso en pie, pero con la cabeza turbia y sin poder hilar los pensamientos.

Hará unos quince días que escribí unas líneas presentándole a un caballero digno de estima, que ya llevaba carta para Romero Rubio, y me parece que tiene el corazón bien puesto, y es poeta de fama, y persona cuya presencia en México se debe precisamente, según entiendo, a que su importancia política es más de la que conviene al señor que allí impera. La dedicatoria del poema de Guardia a mí, en los dientes de Guzmán y en las circunstancias en que fue hecha, es un acto de verdadera nobleza. Pongo uno de los ejemplares del poema en el correo.

Pero ¿a qué le escribo, si le estoy quitando tiempo? Callo, puesto que así tácitamente me lo ordena. Y no le escribo un cartón que tengo en mente.

Bese la mano a Lola. No me quiere contar qué es de Manuel. Aún espero recibir en estos días carta de V., que vendría más a menudo, si supiera el bien que me hacen.

Su hermano

J. MARTÍ

 

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