[México, marzo-mayo de 1875]

[México, marzo-mayo de 1875]

Rosario.–

Si pienso en V. ¿por qué he de negarme a mí mismo que pienso?–Hay un mal tan grave como precipitar la naturaleza: es contenerla. A V. se van mis pensamientos ahora: no quiero yo apartarlos de V.–

He dejado en V. hoy una impresión de tibieza: yo amo con una especie de superstición todos los últimos instantes y me irrito conmigo mismo cuando en cada adiós mío digo menos de lo que quisiera decir con él mi alma.–Y, sin embargo, Rosario, tengo en mí esa paz suave y satisfecha que se llama contento.–A nadie perdoné yo nunca lo que perdono yo a V.; a nadie he querido querer yo tanto como quisiera yo querer a Vd.–

Rosario, me parece que están despertándose en mí muy inefables ternuras; me parece que podré yo amar sin arrepentimiento y sin vergüenza; me parece que voy a hallar una alma clara, pudorosa, entusiasta, leal, con todas las ternuras de mujer, y toda la alteza de mujer mía.–Mía, Rosario.–Mujer mía es más, mucho más que mujer común.–

Tiene un alma de mujer enamorada muy bellos embarazos, muy suspicaces precauciones, encantadoras reservas, puerilidades exquisitas.–Y ¿a qué1 las inconstancias y desfallecimientos de este espíritu mío tan enamorado de la luz que todo lo necesita para sus amores sin mancha y sin tiniebla.–Rosario,–Rosario, yo he empezado a amar ya en sus ojos un candor en tanto grado vivo en ellos, que ni V. misma sospecha que todavía vive en V. en tanto grado.–

JOSÉ MARTÍ

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