La pampa
JUICIO CRÍTICO

El gaucho viene, a caballo tendido, por la llanura, mirando atrás de sí, como quien desconfía. Su caballo batallador, enhiestas las orejas y vigilantes los ojos, saca del pecho membrudo, en un arranque de galope, las manos de cañas afiladas. El poncho, cogido sobre la arzonera, flota al aire, dorado y azul. El gaucho es de los que nacen a horcajadas; con la rodilla guía a su compañero, más que con la rienda; trae calzones azules y camisa blanca; al cuello lleva un pañuelo rojo; el sombrerete de ala floja va bien sujeto, por el barboquejo, a la cara lampiña. Esa es la portada del libro argentino que ha publicado en París el francés Alfredo Abelot, con el nombre de «La Pampa».

No es libro vergonzante, impreso en papel turbio, con láminas prerrafaelistas; sino de lo más rico que sale de las prensas, con páginas que convidan a leer y dibujos blandos y delicados, donde se ve, en su ternura y ferocidad, la vida de la pampa, de la planicie imponente y melancólica, coronada al Norte por la palma moriche y frondosa higuera del Brasil y la calzada al Sur por los montes tétricos de la Patagonia. Allí la vida intensa bajo el techo del cielo, con el recado por montura y posada y el horizonte aro más ondulaciones que las del lomo de los avestruces. Allí la pulpería, el club del desierto, con sus velorios y sus rimas, sus carreros y sus cantos, su ginebra y su conversación, su alboroto y su comercio. Allí, en los yerbales profundos, la «boleada», la caza a caballo, con el arma de las bolas; el «baqueo», siguiendo la pista del indio temible por la piedra y el agua; la pelea de la «partida» de soldados y el gaucho malo, el gaucho alzado contra la justicia, que se corre a ellos, se quita de encima las balas a punta de cuchillo. Allí el indio jinete, que cría a sus hijos para el exterminio del blanco invasor, y la tropilla que le rinde la vida y la hacienda, o lo echa sobre sus «toldos» a balazos. Allí, expirando ya a los pies de la locomotora, la vida primitiva y la época.

En setecientas leguas de soledad, a las puertas de las ciudades universitarias, vive aún, con la tradición confusa de lo indio y lo español, una casta natural y fiera, nacida de los castillos y la indiada, hecha al caballo y a la sangre, que bajó lanza en cuja, a la población, a desmontar de sus cátedras al «cajetilla» que, con el agrimensor y el botavacas, la ha vencido. «La Cautiva», de Esteban Echeverría, y el «Celiar», de Magariños Cervantes, cuentan en verso 1a vida de aquellos centauros, los ataques de la «china» y el «payador» a la grupa del potro, las muertes que deben aquellos caballeros del cuchillo, de alma leonina y de apostura real. Rafael Obligado la cuenta en sus versos de colores. La cantó el gran Sarmiento en su «Civilización y Barbarie», libro de fundador, donde se narran los combates de Aldao, el fraile terrible, y del «tigre» Facundo Quiroga. Ahora Abelot pinta la pampa que se va, el último velorio, la última pulpería, el último gaucho alzado, poncho al brazo y hoja al sol; el mate bebido al alba en cuclillas, antes de ir a la carrera, de juntar la caballada de la tropa, de arrancar, en sus bestias amigas, a la boleada palpitante. «Pampa» es el caballo que el tigre mismo no logra acobardar; «pampa» es el perro que de una dentellada le quiebra el muslo en la pluma al avestruz; la india vanidosa, al mes de verse en la finura de las ciudades, con collar de cuentas y pañolón carmesí, no quiere ser «pampa»; «¡luluhuú!» grita desnudo en su caballo, arremetiendo sobre los guanacos, con las bolas al vuelo por encima de la cabeza, el indio de la «pampa». Allí está el poema donde el hombre alborea, como en las edades vírgenes; mata a fuerza de brazo al león que le niega su morada; copia en la piel, a punta de puñal, los árboles, los combates y las nubes; canta de noche, al son de las estrellas, el triste y el cielito; marca de un tajo la cara del que le ofende o le disputa el puesto, y cae de rodillas ante la civilización, roto el jarrete por la reja del arado. ¿A qué leer a Homero en griego, cuando anda vivo, con la guitarra al hombro, por el desierto americano?

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