[La Habana, octubre de 1869]

[La Habana, octubre de 1869]

Sr. Mendive:

Ha venido a sacarme de una apatía estúpida y una tristeza casi inglesa la noticia que por carta de Vd. de ayer le ha venido a Micaela como la luz a los ojos del cielo. Antes era mi lema: ¡A Madrid! ¡A Madrid!–De hoy más será ¡A París, a París!–¡Dios quiera que como el de España, no se frustre el viaje de Francia!

Yo he buscado cuanto ha sido posible buscar al hermano de Nogueras y con él el retrato de Vd., pero nada han valido mis diligencias. Y como creo que esto será porque Vd. no me ha creído digno de tener su retrato mandado por Vd. yo le mando el de Vd. mandado por mí. Los he hecho también porque Micaela teniendo dos me negó uno para mi relicario, y yo quiero darle cuatro por el uno que me negó.–Aunque Vd. me diga lisonjero, Alejandro López, apoderado de D. Cristóbal, acaba de comparar el retrato a una estrella en medio de un cielo. Acertó en lo de la estrella, que es Vd.; pero no en lo del cielo, que por ahora es París.

Todavía siguen presos los Domínguez y Sellén. Al francés Fortier lo han soltado a la primera reclamación del Cónsul. Esta gente, que tiene tanto de sanguinaria como de cobarde, cree inocente a un francés y culpable a un criollo, que, caso de ser culpables, ambos lo serían.

Malo creo que va el asunto de los presos. Y ahora ha venido a complicar lo de Sellén, el venir a Cuba de Ayudante insurrecto su hermano Pancho. Para que Vd. se divierta le mando algo de lo que aquí se publica.

Trabajo ahora de seis de la mañana a 8 de la noche y gano 4 onzas y media que entrego a mi padre. Este me hace sufrir cada día más, y me ha llegado a lastimar tanto que confieso a Vd. con toda la franqueza ruda que Vd. me conoce que sólo la esperanza de volver a verle, me ha impedido matarme. La carta de Vd. de ayer me ha salvado. Algún día verá Vd. mi Diario, y en él, que no era un arrebato de chiquillo, sino una resolución pesada y medida.

Dejo este espacio porque si hay tiempo Alfredo va a escribir.

Hasta mañana se despide de Vd. su discípulo e hijo que le pide su bendición.

JOSÉ MARTÍ

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