El carácter de la Revista Venezolana

He aquí el segundo número de la Revista Venezolana. Fervorosas palabras de simpatía por una parte y naturales muestras de extrañeza por la otra, saludaron la aparición del número primero: todo nuevo viajero halla pródigo sol que lo caliente, y ramas que le azoten el rostro en el camino.–Débense al público, no aquellas explicaciones que tengan por objeto cortejar gustos vulgares, ni ceder a los apetitos de lo frívolo; sino aquellas que tiendan a asegurar el éxito de una obra sana y vigorosa, encaminada, por vías de amor y de labor, a sacar a luz con vehemencia filial cuanto interese a la ventura de estos pueblos.

No citaremos, sino agradeceremos en silencio, las demostraciones de ardoroso afecto que la Revista Venezolana ha recibido: mas, ni debe intentarse lo mezquino, aunque de ello venga provecho mayor que de intentar lo grande, ni debe dejarse sin respuesta, por lo que al logro de lo grande importa, cuanto a desfigurarlo o a estorbarlo se dirige. Seguro de sí mismo, por enamorado, por trabajador, y por sincero, ni con las alabanzas se ofusca, ni ante interesados juicios ceja, el director de la Revista Venezolana. La obra de amor ha hallado siempre muchos enemigos.

Unos hallan la Revista Venezolana muy puesta en lugar, y muy precisa, como que encamina sus esfuerzos a elaborar, con los restos del derrumbe, la grande América nueva, sólida, batallante, trabajadora y asombrosa; y se regocijan del establecimiento de una empresa que no tiene por objeto entretener ocios, sino aprovecharse de ellos para mantener en alto los espíritus, en el culto de lo extraordinario y de lo propio; y nos aseguran que la tarea de hablar a los venezolanos calurosamente de su grandeza y beneficio, y los de la América, será estimada y favorecida en esta tierra buena, en su provecho interesada, y encendida en el fogoso amor de sus proezas: ¡quién se fatiga de tener padres gloriosos! ¡ni de oír hablar del modo de hacer casa a sus hijos!–Pero hallan otros que la Revista Venezolana no es bastante variada, ni amena, y no conciben empresa de este género, sin su fardo obligado de cuentecillos de Andersen, y de imitaciones de Uhland, y de novelas traducidas, y de trabajos hojosos, y de devaneos y fragilidades de la imaginación, y de toda esa literatura blanda y murmurante que no obliga a provechoso esfuerzo a los que la producen ni a saludable meditación a los que leen, ni trae aparejadas utilidad y trascendencia.–Pues la Revista Venezolana hace honor de esta censura, y la levanta y pasea al viento a guisa de bandera.

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