Correspondencia particular para el Partido Liberal [Nueva York, 6 de agosto de 1886]

Sumario.–El caso “Cutting”.–Cambio de la opinión.–Censuras unánimes al Secretario Bayard.–El Congreso suspende sus sesiones sin votar la resolución hostil a México.–El resumen del Secretario Bayard resulta contrario a los hechos.–México es celebrado en el Congreso por su cortesía y prudencia.–El republicano Hitt defiende a México.–El discurso de Hitt.–El Congreso da un voto silencioso por la paz.–La prensa ataca a Bayard duramente.–Importancia e influjo de las entrevistas del Presidente Díaz y el señor Romero Rubio con un miembro de la prensa americana; el Herald celebra al Sr. Mariscal.–El Herald da un consejo a los texanos.–Las verdaderas armas contra los Estados Unidos, y la razón de esta victoria.

Nueva York 6 de agosto [de 1886]

Sr. Director de El Partido Liberal

Dos días han bastado para alterar profundamente el Estado producido por el caso de Cutting, que hoy anuncia paz, y ayer aún, sin la menor exageración, parecía un caso de guerra. Porque hace dos días no habían descubierto aún los republicanos de la Cámara de Representantes lo que hoy sabe todo el país: que el resumen violento con que el Secretario de Estado acompañó al Congreso la documentación del caso de Cutting, no presentaba este caso a su verdadera luz y en todos sus aspectos, sino que lo desfiguraba, y callaba como de propósito los esfuerzos hechos con firme prudencia por el gobierno mexicano para evitar un conflicto, sin que perdiese México un ápice de su decoro, ni el temor a una guerra inoportuna lo compeliese a sacrificar a una demanda injusta las relaciones respetuosas entre el poder federal y los Estados.

Hace dos días, se creía, sobre la fe del Secretario Bayard, que el caso era sólo como él lo exhibía, y que todo él versaba exclusivamente sobre la pretensión de México a juzgar por sus leyes en su territorio los actos de los ciudadanos americanos en el territorio de los Estados Unidos. Parecía inexplicable que la suprema discreción con que ha venido costeando la diplomacia mexicana todos los casos de roce difícil con los Estados Unidos, hubiera reducido una controversia de resultados inminentes a un extremo de que no había apenas salida; pero nadie osó dudar que ese era el único punto de la controversia, porque así lo afirmaba en su resumen al Congreso el Secretario de Estado. Esta relación inesperada, vino a avivar las llamas encendidas por los representantes de Texas, que no habían logrado aún ver aceptadas sus resoluciones belicosas por un Congreso que esta guerra venía a sorprender, y que no tiene hoy por hoy el ánimo hecho a ella. Pero cuando el Secretario de Estado sometió al Congreso en ardiente lenguaje el caso desnudo de derecho, por el que aparecía que un país extranjero pretende tener jurisdicción sobre los actos de los Estados Unidos en su propio territorio; cuando el telégrafo trasmitió por todo el país la pintura vivísima que hacía el Secretario de los sufrimientos y violaciones de persona y de ley, que estaba padeciendo Cutting a manos mexicanas; cuando no aparecía de esta presentación de los sucesos que México hubiese hecho cuanto ha hecho por resolver con honra y prudencia el conflicto, y que lo mismo que el Secretario decía, o no era, o era de diferente modo, hubo instantáneamente en la Cámara de Representantes, y en la prensa toda un revertimiento grave en la opinión, no se vio más que el caso de derecho en que se ponía en duda la jurisdicción exclusiva de los Estados Unidos sobre los actos de sus hijos en su propio territorio, se dispuso de prisa por la comisión de negocios extranjeros la resolución que intimaba al Presidente una nueva demanda de la libertad de Cutting, y como la seca negativa que el secretario daba como respuesta única de México parecía indicar su decisión de no atender la demanda, se sintió indudablemente la decisión de la guerra.

Pero ayer cambió todo. Puede decirse, porque es verdad, que la justificación de México la ha hecho el mismo Congreso de los Estados Unidos. La prensa entera censura hoy ásperamente al secretario por haber reseñado las negociaciones con un espíritu diverso del que las anima, con ocultación de hechos esenciales, y con desentendimiento de las legítimas razones expuestas por México para no atender inmediatamente a la petición de libertad de Cutting. Y el Congreso, en vez de aprobar la resolución de la comisión de negocios extranjeros a que lo urgía el Representante Belmont, so pretexto de que era grata al Secretario, acaba de interrumpir su período de sesiones sin tomarla en consideración, ni urgir resultado alguno, ni sancionar con su premura la que se mostraba en la Secretaría de Estado. Ha sido un voto de censura silencioso y enérgico. Parece increíble, después de la agitación de antier, y del enojo que desde el primer momento viene declarando a la luz de la Cámara, dispuesta a intimar la libertad de Cutting, que la correspondencia en cuya virtud se había propuesto por la comisión de negocios extranjeros la resolución agresiva sobre la que se pedía el voto, revelaba precisamente lo contrario de lo que se desprendía del resumen del Secretario de Estado, único documento conocido a la comisión cuando redactó su propuesta. Se sorprendió la Cámara de oír semejante revelación en boca de uno de los miembros mismos de la comisión de extranjeros. Habló poco, y ásperamente, como quien ha sufrido de un engaño. Declaró que en México no había habido arrogancia, sino constante espíritu de complacencia. El caso no era como el Secretario lo decía: era que en México, como en los Estados Unidos, él pintaba en los representantes lo que se les señalaba de parte de México como desafío y audacia. Dejar de tomar resolución en un caso que el secretario de Estado pintaba como tan grave y atentatorio al honor nacional, ha sido decir sin palabras al Secretario que el Congreso no cree en sus representaciones, o que estas no lo convencen de que se atenta al honor de la nación.

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