[Nueva York] Dic. 3. [1885]

[Nueva York] Dic. 3. [1885]

Mi hermano muy querido-

Vd. vigilante, y yo quejoso: ¿qué tendrá, me decía, o que mal habré hecho, que ya no me quiere, o no quiere saber de mí? Y me parecía que me faltaba algo esencial.-Ya le iba a escribir, y me tenía muy inquieto no saber de Vd., cuando llega su mensajero, y me sorprende entre Geografías y mapas, en una de mis tormentas de trabajo estéril: -¡así la cruz en la hora del MARTI rio para los buenos cristianos!-Vea el bien que me hace que Vd. se acuerde de mí.

Y no se ría; pero yo no le había escrito porque revuelvo todavía con insistencia en la mente la idea de contribuir a la salud de mi cuerpo y de mi mente con algún quehacer en esos diarios, ya que los de la América del Sur me acogen con tanto cariño: y como siempre, si le escribía, le hablaba de lo que tenía en el pensamiento, puesto que en V. me miro a mí mismo, y sólo a V. diría yo cuanto me pasa: y si se lo decía, parecería que le escribía por mi interés:-manías viejas, pero este hombre no cambia, y aunque MARTI rizado y ofendido-es aquella alma timorata y nueva que se esparcía en Vd. a la sombra de los árboles queridos de nuestra Alameda.

Ya es tiempo de que me deje ver de nuevo a sus hijos y a la excelente Lola: ¿no ha habido de ellos y de V. retratos últimos? Vea que no es petición de oficio, sino deseo verdadero: como quien viaja por el desierto y pide árboles.-

Mucho, y muy profundamente, lo quiere su hermano

JOSÉ MARTÍ

 

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