Palabras para un homenaje
Por: Andria Alonso

La celebración de un aniversario nos convoca casi siempre al análisis, a la reflexión, al recuerdo. En esta ocasión, al conmemorarse treintaitrés años de la fundación de la Biblioteca Especializada del Centro de Estudios Martianos, no podemos dejar de repasar toda una etapa de trabajo y esfuerzo.

En el documento Memorias 1977-2002*consta como fecha fundacional de la Biblioteca, noviembre de 1987 sin otra referencia que nos indique los detalles del momento, tampoco aparecen datos en la “Sección constante” del Anuario del propio año. La primera mención se encuentra en el Archivo Central del CEM, en 1990. El informe de trabajo correspondiente al año en curso muestra que se estaban creando las condiciones para convertir en Centro de Información y Documentación lo que era hasta ese momento la Biblioteca Especializada. No sabemos las razones objetivas que llevaron a valorar dicha conversión por lo que está pendiente una investigación exhaustiva desde todos los ángulos sobre los orígenes de nuestra biblioteca.

Sabemos, sin embargo, que el local destinado a la Biblioteca, en 1982, fue el actual Salón Betances, años más tarde se traslada a lo que era la antigua cochera de la casa, por lo que fue un espacio acondicionado y no construido específicamente para tal finalidad. De medianas dimensiones y muy consultada por el público en general, pues aunque figura como Biblioteca Especializada, funciona además como una biblioteca pública, por ser la más abarcadora en temas sobre José Martí que tiene nuestro país y por disponer de un fondo documental muy amplio, proveniente de la Sala Martí en la Biblioteca Nacional.

En el año que comienzo mi vida laboral, ya la biblioteca había desarrollado un trabajo encomiable. Ya habían trabajado varios bibliotecarios y habían establecido bases importantes en una biblioteca. Por aquel entonces la dirigía Elsi Peña, a la que muchos le llamábamos “La decana”, unos por jarana, otros por sus grandes conocimientos. Fue mi universidad fuera de las aulas, me transmitió sus experiencias y lo hizo desde la humildad, pero sin paternalismos hacia una recién graduada; con ella conocí el amor por el trabajo, por mi profesión, de la disciplina, de la organización, sobre la constancia y entrega, y del sentido de pertenencia que al final es lo que define a un buen bibliotecario. Me aconsejó sobre lo indispensable de leer la obra martiana y de conocer la composición del fondo bibliográfico. Yo, que siempre fui una niña de bibliotecas, que nací en un pueblo y no tenía fácil acceso a tantos libros como quería, crecí pensando que la biblioteca del pueblo me salvaba y me daba alas. Leía mucho, así que al llegar a la Biblioteca del CEM y encontrarme con las joyas de la Colección Archivos de la Unesco, con las enciclopedias, vincularme con las primeras ediciones de las Obras completas de José Martí y de todo un despliegue de maravillas editoriales, pues sentí realmente que había llegado al lugar exacto. Este texto, que pretende ser un elogio, también va dedicado a ella a la que siempre le estaré muy agradecida por toda su enseñanza.

Trabajamos incansablemente, junto a Miriam López, en ese entonces responsable de la documentación martiana en la Oficina de Asuntos Históricos, en incorporar a nuestra base de datos los registros de dichos documentos, al sistema CDS-ISIS. Organizamos las fotografías, procesamos miles de documentos, carteles, mapas, casetes, cintas VHS, y mientras lo hacíamos, disímiles historias compartíamos y yo me divertía, a la vez que aprendía. Adoraba el antiguo mobiliario, unas mesas enormes, con una ligera inclinación y con iluminación incorporada. En esos años, la biblioteca era como un ser vivo, lugar de tertulias y de debates, siempre desde el respeto, la tolerancia y desde el conocimiento aportado por los tertulianos. También a menudo un santuario, el lugar dónde iban a escribir, arropados por la calma y el silencio,  a reflexionar y hasta descansar muchos de nuestros investigadores. No teníamos internet, solo una computadora ubicada en la dirección del CEM que era utilizada de forma rotativa por todos los trabajadores, pero ya se trabajaba en la infraestructura que nos permitió acceder años después desde nuestros puestos de trabajo. Ramón (ingeniero) y Pablo (técnico) eran nuestros informáticos, ellos migraron la base de datos CDS-ISIS al WinISIS, lo hicieron desde la responsabilidad, la seriedad y la perfección, sin demoras innecesarias y sin retribución adicional. Hoy, desde la distancia de los años, admiro mucho más el trabajo que hicieron y lamento no haber sido consciente en su momento.

La biblioteca, como todo en la vida, fue cambiando, se incorporaron nuevas especialistas y otras nos dejaron. Sucesivas direcciones[1] aportaron saberes y maneras de hacer, pero el espíritu del grupo siempre se mantuvo. Cambió su mobiliario, se restauró el inmueble en varias ocasiones y se climatizó el fondo documental. Miles de documentos que estaban en un estado de deterioro muy avanzado, ya fuera por inadecuada manipulación o almacenamiento, así como por el hacinamiento en el que muchos de ellos se encontraban, fueron totalmente restaurados.

He de señalar asimismo el apoyo que siempre recibimos por parte de la directiva institucional, no solo en recursos financieros sino también en el interés por nuestra superación y ello propició que se auspiciaran Talleres de Bibliotecas Especializadas que nos permitieron tener un panorama más amplio de las distintas unidades de información y conocer las experiencias de trabajo de dichos centros; lamentar el abandono en el cual se encuentran muchas bibliotecas y la escasez de recursos que muchas enfrentan.

La Biblioteca Especializada del CEM, institución de referencia en los estudios martianos, debe hacer un ejercicio de reinvención y delinear futuros objetivos para un desarrollo superior, el reto es considerable, y en estos meses en que hemos estado trabajando a distancia ante la imposibilidad de abrir nuestra biblioteca, hemos sido más conscientes de la necesidad de invertir, o seguir invirtiendo en tecnologías e infraestructura, y, ya sabemos, la tecnología es deslumbrante, pero no podemos olvidar que el libro impreso ha sido nuestro aliado desde hace siglos, por lo que conservar los que tenemos también es imprescindible.

Ha sido un largo camino en el cual he aprendido cómo se comparte conocimiento, no excepto de  incomprensiones, muchas de ellas rozando la irracionalidad y el absurdo. De sentirme privilegiada de pertenecer a una institución de tanto prestigio como el CEM, que me permitió interactuar y conocer a grandes de nuestra cultura nacional.

Debo agradecer el trabajo cooperado de Miriam López y de Nydia Sarabia, responsables de la documentación martiana en la Oficina de Asuntos Históricos, de la asesoría de Aracely García Carranza, de Reinaldo Joel, quién se encargó de la parte informática junto a Lucía Faz, de María Elena Dorta Duque, quién nos ayudó con el programa Cataloga, de Martha Cruz, quién bajo la tutela de Elsi se encargó de procesar en su totalidad el Fondo Ramón de Armas; de Roberto Rodríguez, que transcribió el documento Mil criollos del siglo xix y facilitó con ello su posterior publicación; de Natasha López, que dejó redactados y organizados los documentos normativos de la biblioteca, y también, junto a Nancy Rodríguez, organizaron el Archivo Central del CEM; de Maylo Pajón, de quién aprendí el “arte” del referencista; de Javier, Irene, Lidia, Milenis, Marlene, Nancy, Carmen Rosa, Victoria, Yudeysi, Dulce, Aimé, Loraine y Lien, magníficas bibliotecarias que tuvimos la dicha que integraran nuestro colectivo, y,por supuesto,agradecer a nuestros investigadores, atentos a cada nueva publicación y generosos en los donativos de libros, y a las instituciones, Oficina de Asuntos Históricos, Archivo Nacional de Cuba, Biblioteca Nacional José Martí, Instituto de Historia de Cuba, aliadas indiscutibles en estos largos años.

Gracias a todos

*RenioDíaz Triana: Memorias 1977-2002. Cronología, La Habana, Centro de Estudios Martianos, p.8

[1]ElsiPeña, Milenis Pérez, Marlene Vázquez, Nancy Rodríguez, Andria Alonso Reyes, Yudeysi Pérez González, Lien Mas Zúrita.

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