Para leer a Martí

El país, el universo, la bandera le pertenece, o ¿hasta qué punto es él la patria y la bandera? ¿Martí siempre nos mira desde el amparo poderoso de las ceibas sombreando un cielo abierto? ¿Qué destila su cuerpo? El verbo que secunda la mano desbordada. Si me pidieran sobre él la frase sumadora, esencial, o sustantiva pronunciaría con Lezama: “Fue suerte inefable para todos los cubanos que aquel que trajo las innovaciones del verbo las supiese encarnar en la historia. Fue suerte también que el que conmovió las esencias de nuestro ser fue el que reveló los secretos del hacer… La palabra se apoderó del tiempo histórico”.

Pero no voy a hablar de toda su presencia, aspiración imposible, sino a volcar en juicios los variados destellos que en mí produce. Su vida dimensiona a su palabra. El profundo grado de imbricación entre ambas permite aplicar a Martí la siguiente aseveración kiplingiana: “ser un escritor que concibe una fábula y penetra en su moraleja”. Mas su palabra es en sí misma mayúscula dimensión, ola tenaz en estela infinita, vibración en eco.

La ejemplaridad de la obra de José Martí hace que él en discernible amalgama con ella juzgue al resto de nuestros escritores y al resto de nuestra literatura en su amplio diapasón genérico. Es decir, que su figura, acodada en las postrimerías de su siglo, proyecta una doble luz, hacia delante y hacia detrás. La causa se define en los sitios del misterio: la enigmática prosecución de su vida en su obra. El amplio espectro y agudas resonancias del pensamiento martiano permiten a los más diversos tipos de lectores encontrar en su obra una especie de asidero espiritual, un código ético del que muchos se sienten acreedores. No puedo sustraerme a la tentación de hablar de la poesía martiana –enigma de lo inefable–, pero no es mi intención llegar a generalizaciones filológicas, sino comentar aquellos versos donde se revela, entre la voz del hablante lírico, el Martí hombre, donde encuentro en dibujadas coplas la justa huella de su paso por la vida. Veamos las nueve primeras líneas de “Pollice Verso”:

¡Sí! Yo también, desnuda la cabeza

De tocado y cabellos, y al tobillo

Una cadena lurda, heme arrastrado

Entre un montón de sierpes, que revueltas

Sobre sus vicios negros, parecían

Esos gusanos de pesado vientre

Y ojos viscosos, que en hedionda cuba

De pardo lodo lento se revuelcan!

Y yo pasé sereno entre los viles.

El sobrecogedor es este último verso, donde se respira una tensión gustosa y un rejuego antitético, fortalecido por el trabajo en los campos semánticos: si las sierpes se revuelcan, van revueltas, parecen gusanos –sentido del verbo reforzado por la aliteración “De pardo lodo lento…”-, el hablante lírico va a atravesar, a traspasar (por sobre) esa realidad. Es curioso reparar en el hecho de que ambas acciones – verbos– tienen como base u objeto la tierra, ocurren sobre la misma en su sentido de superficie o terreno. El rejuego antitético se verá amplificado gracias a la sabia selección de los adjetivos, en este caso “sereno” contrapuesto a “viles”, elementos que indican la magnitud y la solemnidad del paso. Por otra parte son las relaciones de antinomia entre ambos, las que permiten amplificar el ángulo semántico del adjetivo “sereno”, que llega a ganar el sentido de valiente e imperturbable, libre de culpas provisto de virtud o incorruptible –como llamó Octavio Paz al maestro – cualidades estas que se desprenden de la personalidad de José Martí.

Y por si fuera poca la diferenciación verbal y adjetiva anteriormente explicada, se acentúa el carácter etéreo del paso del poeta por la tierra debido al símil subsiguiente: paso sereno como si en sus manos “las anchas alas púdicas abriese una paloma blanca”. Los versos citados, a pesar de tener un notable carácter autobiográfico – refieren sus experiencias de presidio – llegan a erigirse en visión debido al sentido de las imágenes, efecto que se acentúa en los versos 12, 13,14 y 15 del mismo poema.

Asómase a los ojos el regocijo luego de haber leído el verso inicial del poema “Hierro”: “Ganado tengo el pan: hágase el verso”. Verso a manera de ferroso puente al inicio de un texto de alto vuelo, donde se explicita la poética de Martí, en la que vida y arte están intimamente relacionados y balanceados, al tiempo que se hace evidente su ética. He aquí uno de los sentidos de la ley del equilibrio en su universo, por algo considerada ley estética fundamental. Donde han sido explotadas las potencialidades del modo subjuntivo para expresar la subordinación de una acción a la otra, para expresar esa cadencia que aporta a la segunda acción un fluir rítmico, cordial y continuado. Verso donde los dos puntos funcionan a manera de ojo de manantial: “Ganado tengo el pan”; aquí la acción que funge como elemento terreno de la esencia. Ya habrá medida del resto del remanso.

También digno de comentario es el verso: “Ven, que la soledad será tu escudo” del poema “Bosque de rosas”, perteneciente, como los comentados anteriormente, a Versos libres. Si hasta ahora había presentado un verso de naturaleza ético- filosófica – “Y yo pasé sereno entre los viles”–, o de naturaleza ético-estética –“Ganado tengo el pan: hágase el verso”– este apunta sobremanera hacia la naturaleza ético-amorosa, quedando descrito así en nuestro análisis un viaje a través de las diversas facetas del escritor. El verso en cuestión aparece en dos ocasiones dentro del texto: en la tercera línea, aunque es imposible sustraerse a la cualidad ígnea de la frase, va a funcionar a modo de convite amoroso. Pero a medida que se avanza en el poema se repara en la pureza de ese amor y la singularidad del mismo para los tiempos que corren, donde ese sentimiento también ha entrado en crisis, se repara en que Martí nos brinda su concepto del amor. Gracias a ello la reiteración final del verso no es gratuita. Este último ha enriquecido sus aristas polisémicas, en lo que juega un papel fundamental la línea que le precede, de esencial sutileza para el plano ideotemático. Dice el hablante lírico: “Ven, que allí triste iré, pues yo me veo”. Estamos en presencia de la incorporación de ese hablante al universo puro y libre del amor. Pero irá triste: aún su verso no se ha librado de las connotaciones éticas, y dolido por la carencia de libertad espiritual que el mundo exhibe. El poeta se ve, se presiente en su verso, ve reflejada su vida en esta frase, que recuerda esa otra tan decidora de sí –pudiéramos decir que aquella funciona a manera de respuesta, reforzamiento de un destino o solución a la causalidad que esta plantea– “todo el que lleva luz se queda solo”. El poeta ha quedado prendido en una de sus visiones, concepto personalísimo dentro de su poesía, que no es más que la expresión verbal de una imagen plástica concebida por la mente del bardo, es decir, el reflejo en la palabra de una realidad que la conciencia percibe.

De ella no podríamos decir otra cosas sino lo que Elliot afirmó a propósito de las visiones del Dante: “Ahora nosotros tenemos únicamente sueños y hemos olvidado que ver visiones fue antes una manera de soñar más interesante, disciplinada y significativa que la nuestra. Estamos seguros de que nuestros sueños vienen de abajo y tal vez por eso se ha deteriorado la calidad de nuestros sueños”.

El poeta penetra en el mundo de la amada ideal porque es el suyo, para ampararse en lo rotundo de la paradoja: la soledad es defensa, protección, la soledad es un arma de pureza donde estalla lo libre. Enfatizo en que este verso, más que dar un sentido del amor, da un sentido de la vida. Al igual que la siguiente idea, que provocó en mí una devoción sin límites cuando iniciaba el periplo por la obra martiana: “El pudor del dolor es el silencio”. Que, a la vuelta de algunas lecturas, se erige como síntesis de varios elementos caracterizadores de su escritura. Primero: mezcla perfecta de antítesis y analogías, de un equilibrio entre ellas que se manifiesta en la naturaleza. Es decir que en su escritura, y de modo peculiar en su poesía, tienen cabida los principios a través de los que se desenvuelve la naturaleza.

La creación, la incesante transformación en el reino de la naturaleza, transcurre dolorosamente desde el silencio. La naturaleza se personifica como una madre eterna que contempla, ya para siempre, desde el silencio – léase también solemnidad – su obra. El hombre, su vehementísimo amante, la imita y aspira a ser uno de sus eslabones más comunes. El dolor, aparentemente sensación privativa del hombre, es atribuido a la naturaleza, con lo que se equiparan los dos elementos esenciales de la creación. El sentido de la antítesis en la frase denota un fundamento literario que también apunta hacia el equilibrio:

El dolor generalmente provoca la queja, pero en Martí el silencio, en vez de mitigarlo, lo hará más acendrado. Misterio y elegancia alcanzan un mismo grado en esta frase, análoga a su palabra y pensamiento.

Por otra parte ese silencio da fe de una agitada vida espiritual, de una constante explosión inmanente. Es decir, aquí el silencio no es jamás sinónimo de paz, y me atrevería a decir que ni de reserva, es a mi ver, una respuesta contundente.

Segundo: Sentido gozoso del sacrificio. Hermosura y pureza del dolor, su forma de lo honesto, que nos recuerda el sentimiento del “morir callado”. En las tensiones del sufrir que se establecen en el dolor, el silencio atraviesa su cualidad de universo cerrado, aglutinante en lo que inunda. Para llegar a esa solemnidad final, a esa solemnidad que deja en el aire la frase que nos ocupa.

Creemos, como Fina García Marruz al referirse a la generalidad del estilo de Martí, que el ingenio más que murmurar, versa en esta frase, porque, y la cito, “en él solo lo que calla siempre es el sufrimiento, no el ingenio”. Más allá de la cualidad apotegmática de la frase resalta la ética emocional, caracterizadora de todo su estilo y personalidad. El último silencio no solo será la palabra transfigurada en acto, sino también acción que es aun tiempo sentencia, palabra, hecho que redondea aún más el sentido de la antítesis. Frases con precisión delineando su cuerpo en el vacío. Henri Michaux sabía de esas almas cuando dijo: “Un iluminado no puede durar mucho tiempo: un iluminado se consume a sí mismo la médula, y la satisfacción no es su negocio… Los sonidos entrarán en el órgano y el porvenir se envainará en el pasado como lo ha hecho siempre”. En qué sentido hablar de la palabra de Martí y no pecar de relativos o solemnes, y no caer en la mímesis de un estilo. Permítaseme entonces el abuso de un giro en aras de justeza: el pudor del amor es el silencio.

Si los niños en Nicaragua aprenden a leer y saben de memoria la “Marcha triunfal” de Darío, aquí en Cuba lo hacen con “Los zapaticos de rosa”, texto que ninguno de nosotros hemos olvidado, y así el saber, las esencias del clásico pasan de generación en generación. La sombrosa oralidad del poema debía convencer a los incrédulos del poder real de la poesía. Algunos de los versos de “Los zapaticos de rosa” se han convertido en verdaderos giros coloquiales, llenos de gracia y de la fuerza inusitada de la lengua. Sirvan de ejemplo tres de los más difundidos: “Oh toma, toma los míos: / Yo tengo más en mi casa!”, que se emplea cuando damos con gusto algo que nos sobra; o “Todo lo quiere saber de la enferma la señora”, para caracterizar a alguien verdaderamente chismoso; y para referirnos a alguien que va muy elegante suele decirse: “Ella va […] : / Con aro, balde, y paleta”.

Con motivo de un aniversario de la muerte de Martí, fui invitada a la televisión. Antes de entrar al estudio escuché a un conocido presentador, de voz timbrada y agradable presencia, expresarse negativamente del héroe nacional, sin saber a quienes tenía alrededor. Decía que lo tenía cansado, a toda hora, en todos los lugares. No distinguía entre la figura, la magna obra, el legado, y los que hacen un uso oportunista y falseado de ella. Cuando entramos al estudio, y supo que era autora de numerosos libros sobre su obra, se habrá sentido extraño de haberse expresado tan superficialmente entre gente iniciada a la que no conocía bien. Algo propio de nuestros días, y que prolifera entre los más jóvenes: la inercia mental, y juzgar a los fenómenos por su apariencia, y no por su esencia. Bien recuerda Fina que las frases, a manera de sentencia, que abundan en la obra martiana, no deben extraerse del contenido en el que van tejidas, pues son el colofón de un pensamiento, la conclusión de una idea desarrollada antes muchas veces profusamente, con variedad de matices, y no solo con el que nos llega la frase mutilada. Aunque es inevitable, a veces, su rescate.

Hace poco, cuando perdí al ser más querido, en el justo momento de la pérdida, mi hija y una amiga se abrazaban y lloraban desconsoladas, como solo pueden hacerlo los jóvenes, que no entienden la muerte, pues parece un designio que alguien o algo envía desde afuera. Entonces alcancé a decirles, para mi propio asombro: “Se vuelve a la naturaleza de donde se vino”, “La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida”.

Tomado de: https://www.cubaperiodistas.cu

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Reconocen a intelectuales cubanos y venezolanos estudiosos de la vida y obra de José Martí

En la Casa de Nuestra América José Martí se les otorgó un merecido reconocimiento a estudiosos de la vida y obra del prócer cubano José Martí, por el gran apoyo y dedicación desde los inicios del recinto cultural.

Entre los homenajeados postmortem se reconoció al profesor de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y autor de libros de José Martí a Ramón Losada Aldana y el escritor Edmundo Aray, quien perteneció a la primera directiva de la Casa Nuestra América José Martí. Los reconocimientos fueron otorgados por el profesor universitario Wolfang Vicent.

Además, el artífice de la creación en La Habana de la Casa de Bolívar y en Caracas de la Casa de Nuestra América José Martí, José Ignacio Jiménez, el comunicador social Carlos Servando García, primer director de la Casa José Martí Sergio Briceño, la directora de la Casa de Nuestra América José Martí, Zaida Castro, recibieron el reconocimiento Lorena Fuentes.

De igual manera, el colaborador de la Casa de José Martí, el profesor de la Universidad Nacional Experimental Politécnica de la Fuerza Armada Wolfang Vicent Vielma, ex embajador de Cuba en Venezuela Germán Sánchez Otero, gran impulsor de la creación de la Casa de José Martí.

Asimismo, la ex agregada cultural de la Embajada de Cuba en Venezuela y gran impulsora de la Casa José Martí, Amarilys Hernández, el  asesor científico de la Pedro Pablo Rodríguez y la asesora científica de la Casa de José Martí desde sus inicios y directora del Centro de Estudios Martianos Ana Sánchez Collazo, fueron homenajeados en esta ocasión, reseña nota de prensa de la Biblioteca Nacional.

La actividad contó con la participación de la viceministra de Cultura, Karen Millán, el director general de la Biblioteca Nacional y viceministro de diversidad cultural,  Ignacio Barreto, el consejero cultural de la Embajada de la República de Cuba en Venezuela, Carlos de Lallera, el coordinador nacional de la Misión Cultura, Corazón Adentro Rolando Lasval Hernández  y demás estudiosos venezolanos y cubanos de la vida y obra de José Martí.

Los presentes disfrutaron de la interpretación del niño Jhojan Samuel Marcano en su papel del Libertador Simón Bolívar, de las actuaciones del grupo musical Ensamble Agridulce y de la proyección de materiales audiovisuales.

Tomado de: https://www.vtv.gob.ve

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¿Cómo comunicar la vida y obra de José Martí?

Indudablemente, el legado de José Martí es una de las fortalezas más grandes de la Historia y la Cultura cubanas. No estamos en presencia de una figura de prestigio local solamente, tenemos el privilegio de que haya nacido en nuestra Isla un hombre de dimensión universal.

Tanto su obra escrita como su biografía deben ser conocidas y asimiladas por cada cubano, y es nuestro deber institucional el difundirlas, porque de esa manera estaremos contribuyendo decisivamente a la formación patriótica, ética y humana de cada ciudadano.

Martí forma parte de nuestra vida cotidiana, pues nos acompaña en el seno de la familia desde que somos pequeños y luego transitamos de su mano por todos los niveles de enseñanza.

Todo el mundo tiene su propio Martí, y a su manera, cada uno, desde el graduado universitario, el académico, el trabajador, el lector medio, cree que lo sabe todo de él. Tal es la presencia en medios de comunicación, y en todos los espacios sociales que frecuentamos, que se ha producido una suerte de saturación informativa, digámoslo así, que tiene un efecto contrario al deseado: lejos de estimular la apropiación profunda de ese tesoro cultural que es la obra martiana, se genera algo parecido al tedio. El exceso de citas, muchas de ellas mal empleadas, descontextualizadas, y repetidas mecánicamente en medios de comunicación masiva, es una de las razones de esa especie de rechazo pasivo.

Realmente es este un asunto a revisar, porque todo aquel que quiere legitimar algo opta por reforzarlo con una frase martiana. Y a veces nos encontramos verdaderas supercherías, construcciones verbales de franca mediocridad, o de propósitos políticos totalmente contrarios a la Revolución, o éticamente imposibles de admitir, que se nos presentan como de la autoría de Martí. Conocerlo a fondo es lo único válido para desmontarlas, o para no ser cómplices involuntarios de la cita apócrifa.

A mi modo de ver, urge buscar nuevas alternativas de promoción, de modo que se suscite un interés real, ajeno a cualquier imposición, por acercarse a profundidad a la producción de José Martí. No se trata solo de que se estudie en las escuelas y universidades, lo cual es un hecho, sino de formar lectores asiduos, que de manera permanente, a lo largo de toda su existencia, sean capaces de acceder con frecuencia a los textos martianos. Se hace necesario enamorar también a los maestros y profesores, pues a veces pareciera que algunos, más abundantes de lo que podemos suponer, caen en el esquematismo. El diseño de cursos, ciclos de conferencias y otras actividades de superación del personal docente me parece fundamental en esta cadena de factores conducentes a una adecuada promoción de la obra del Apóstol. Aunque el Centro de Estudios Martianos ha trabajado de conjunto con el Ministerio de Educación y el Ministerio de Educación Superior en tareas de este tipo, es necesario hacerlo de modo más sistemático, como se tenía proyectado. No ha sido posible concretarlo al nivel deseado por las restricciones que nos impuso la pandemia y las dificultades tecnológicas.

Hay que tener claro que cuando nos adentramos en la obra de Martí no estamos en presencia de una lectura fácil, de un best-seller, con sus códigos preestablecidos para enganchar al lector. Paradójicamente, Martí, siendo un hombre que echó su suerte con los pobres de la tierra, con las grandes mayorías desposeídas, no fue un escritor de multitudes. Era un hombre de gran cultura, y su saber enciclopédico se transparenta en sus textos, sin asomo de pedantería. Asimismo, sus dotes de poeta original, dueño de un estilo propio, marcan distintivamente toda su obra, complejizan su sintaxis y dotan de un sello muy personal a su lenguaje simbólico.

Hay que paladear largamente cada uno de sus textos, revisitarlo una y otra vez, y en eso reside parte del hechizo que ejerce sobre sus lectores, porque la riqueza de su escritura no se agota, ni mucho menos, en el primer acercamiento. Prueba de ello es que podemos disfrutar en cualquier etapa de la vida, con entusiasmo cada vez más creciente, ese clásico suyo dentro de la literatura para niños y jóvenes que es La Edad de Oro, por ejemplo.

Pero para motivar al lector bisoño no bastan estos artilugios, por actuales o ingeniosos que sean. Más de una vez me han preguntado en diversos escenarios, al final de alguna conferencia o conversatorio, por dónde empezar a leer a Martí. A partir de mi propia experiencia de lectura, creo que lo mejor, a la hora motivar a nuestros jóvenes, y al público en general, es entrar al tema gradualmente, por la vía de los afectos, la emoción y la bondad. Son muy útiles en este sentido sus cartas, sobre todo las familiares, y a algunos amigos muy queridos, como Manuel Mercado y Enrique Estrázulas. Su epistolario íntimo es una lección de buen decir, de sentimientos hondos, de rectitud ética, lo cual es aún más convincente si pensamos que están plasmados en textos que no fueron escritos para ser publicados, sino para destinatarios muy específicos. La posteridad los hizo públicos, para beneficio y placer nuestro, pero fueron pensados y estampados en el papel en función de cada persona. ¿Quién podrá resistirse a un párrafo como el siguiente?:

Y mi hijita ¿qué hace, allá en el Norte,  tan lejos? ¿Piensa en la verdad del mundo, en saber, en querer, en saber, para poder querer,- querer con la voluntad, y querer con el cariño? ¿Se sienta, amorosa, junto a su madre triste? ¿Se prepara a la vida, al trabajo virtuoso e independiente de la vida, para ser igual o superior a los que vengan luego, cuando sea mujer, a hablarle de amores,-a llevársela a lo desconocido, o a la desgracia, con el engaño de unas cuantas palabras simpáticas, o de una figura simpática? ¿Piensa en el trabajo, libre y virtuoso, para que la deseen los hombres buenos, para que la respeten los malos, y para no tener que vender la libertad de su corazón y su hermosura por la mesa y por el vestido? Eso es lo que las mujeres esclavas,-esclavas por su ignorancia y su incapacidad de valerse,-llaman en el mundo “amor”. Es grande, amor; pero no es eso. Yo amo a mi hijita. Quien no la ame así no la ama. Amor es delicadeza, esperanza fina, merecimiento, y respeto. ¿En qué piensa mí hijita? ¿Piensa en mí? (i)

La cita in extenso del fragmento de esta carta a María Mantilla está ampliamente justificada, pues la nota amorosa es abundante en valores éticos, en consejos útiles, en enseñanzas incluso de carácter cívico, como la urgencia de labrarse una vida independiente para evitar la sumisión a un matrimonio sin amor, algo muy frecuente en la época. Con ello Martí demuestra poseer un pensamiento muy avanzado en torno al tema de la igualdad social de la mujer, y lo transmite a esta adolescente, en un momento decisivo de la vida de ambos.

La misiva está fechada el 9 de abril de 1895, un mes antes de su caída en combate por la libertad de Cuba, y María está en esa edad de sueños hermosos y cambios trascendentales para todo ser humano, que es el tránsito entre la niñez y la adultez. Pero todo está dicho en clave sentimental, sin didactismos, sin lenguaje altisonante, por lo cual es más efectivo el mensaje que se desea transmitir. Ejemplos de este tipo son frecuentes en el epistolario martiano, y después de haber recorrido esta zona de su obra, será más fácil ir familiarizando al lector joven, o de cualquier edad, con otras aristas de su pensamiento.

Fundamentales son los textos relativos al patriotismo, al antiimperialismo, al pensamiento filosófico, aunque estos temas aparecen muchas veces de improviso, en textos que no se centran precisamente en ellos, sino que atienden a multiplicidad de asuntos.

Por esa razón se hace necesario, en el caso del patriotismo, valorar semblanzas martianas dedicadas a cubanos ilustres. Entre las más notables están sin duda alguna, las dedicadas a José María Heredia, Julián del Casal, Cirilo Villaverde, Antonio Bachiller y Morales, Céspedes y Agramonte, entre otras. Con ellos se puede adentrar el lector en la vida de dichos personajes, pero también valorar el servicio que cada uno de ellos, desde su ámbito creador, prestó a la tierra natal. Cuando se trata de escritores, el verbo martiano se metamorfosea de un modo muy interesante, para introducirnos, siquiera someramente, en la obra del biografiado, de modo que el interés por ampliar el espectro de lecturas y por ende de nuevos conocimientos puede acercar al lector a otros referentes culturales. Piénsese, en el inicio de su obituario a Casal, publicado en Patria, el 31 de octubre de 1893:

Aquel nombre tan bello que al pie de los versos tristes y joyantes parecía invención romántica más que realidad, no es ya el nombre de un vivo. Aquel fino espíritu, aquel cariño medroso y tierno, aquella ideal peregrinación, aquel melancólico amor a la hermosura ausente de su tierra nativa, porque las letras sólo pueden ser enlutadas o hetairas en un país sin libertad, ya no son hoy más que un puñado de versos, impresos en papel infeliz, como dicen que fue la vida del poeta. // De la beldad vivía prendida su alma; del cristal tallado y de la levedad japonesa ; del color del ajenjo y de las rosas del jardín; de mujeres de perla, con ornamentos de plata labrada; y él, como Cellini, ponía en un salero a Júpiter. Aborrecía lo falso y pomposo. Murió, de su cuerpo endeble, o del pesar de vivir, con la fantasía elegante y enamorada, en un pueblo servil y deforme. (ii)

Luego de esa larga tirada de imágenes se siente inmediatamente el impulso de leer a Casal, un poeta situado en las antípodas de Martí en cuanto al ideal cívico y proyección social, pero modernista como él y trascendental para la renovación literaria que tuvo lugar en el continente a finales del siglo XIX. En esta suerte de camafeo concentrador del perfil del poeta y sus versos, expresa Martí su profunda comprensión de las causas que motivan la tristeza y hastío casalianos, de su alejamiento e introspección, de su amor por las hermosuras exóticas. Logra articular desde la síntesis la relación del personaje con la Cuba de entonces, al concentrar en un aserto de valor aforístico el dolor profundo del bardo ante la triste condición de su patria, sometida al yugo del gobierno colonial español: “La poesía vive de honra”. (iii)

Escritos como los que hemos venido valorando son útiles también para adentrarnos en la comprensión de conceptos claves del pensamiento martiano, como patria y nación, pero ya ese sería un tema para nuevas disquisiciones.

Para facilitar la tan urgente necesidad de promover la lectura de la obra de Martí, urge publicar selecciones de textos suyos, diseñadas y pensadas para determinados públicos. Por ejemplo, la magnífica antología Páginas escogidas de José Martí, con selección y prólogo de Roberto Fernández Retamar, que ha tenido varias ediciones, se trabaja actualmente para una nueva puesta en circulación. Es un título muy útil, pues los textos están organizados siguiendo un criterio cronológico y temático, y en la misma están aquellos que son imprescindibles, verdaderas cumbres dentro de una vasta obra plena de valores trascendentes. El estudio introductorio de Fernández Retamar orienta inteligentemente al lector, de manera que su importancia y utilidad es doble: se trata de una antología realizada y estudiada por uno de los más grandes intelectuales cubanos contemporáneos, y su impronta personal en el ordenamiento del material, así como su experiencia de lectura es un valor añadido a estos dos volúmenes.

Habría que pensar también en otras propuestas, y preparar, por ejemplo, selecciones sobre personalidades, siguiendo el criterio de Norteamericanos, apóstoles, poetas, bandidos (iv) que ya cuenta con dos ediciones. Algo así pudiera hacerse sobre cubanos ilustres o sobre hispanoamericanos. También cabe la posibilidad de preparar o reeditar selecciones temáticas, digamos sobre ciencia y técnica, o sobre crítica artística y literaria, entre otras, porque ninguna rama del saber o de la creación humana le fue ajena.

Sería oportuno también reimprimir y distribuir adecuadamente las Cartas a jóvenes, una inteligente y hermosa selección, con estudio y notas de Salvador Arias, y las cartas a María Mantilla. Cabe asimismo el acercamiento con interés editorial a las cartas familiares, como las que dirige a la madre, al hijo, a sus hermanas, que son dechados de amor y corrección estilística. Tal es así, que cuando en 1919 Don Miguel de Unamuno hacía un balance del género epistolar en nuestra lengua, declaraba que la última carta de Martí a su madre era “(…) una de las más grandes y más poéticas creaciones –en ambos sentidos del término oración ─que se puede leer en español”. (v)

En momentos en que la Humanidad marcha por sendas cada vez más conducentes a la banalidad, a lo vulgar, a los pseudoartístico, al kistch, al egoísmo, al culto al consumo impuesto por las leyes del mercado y de los medios hegemónicos de la información, urge promover inteligentemente ese tesoro cultural, ético, político, que es la obra de Martí. El reto está en trazar nuevas estrategias de promoción, pues no hay más remedio que montarse en las nuevas tecnologías, en las redes sociales y demás plataformas de información, y llegar con esos códigos al público más joven. La dificultad es mayor, porque bajo ningún criterio se puede rebajar el lenguaje y el nivel conceptual, en aras de un facilismo informativo.

En ese sentido, el Centro de Estudios Martianos ha iniciado una labor de difusión a partir de aplicaciones para móviles. Ellas incluyen los primeros veintisiete tomos de la Edición crítica de las Obras completas de Martí, los Cuadernos martianos, Martí para jóvenes (Esta aplicación cuenta con los cuatro números de la Revista La Edad de Oro, con las cartas de Martí a María Mantilla y una selección de textos compilados en Cartas a Jóvenes). También hay otra aplicación dedicada a los Aforismos, contentiva de unas cuatro mil frases martianas y otros textos de interés. Ellas pueden descargarse gratuitamente en el siguiente enlace: http://www.josemarti.cu/utilidades/

En lo tocante a soportes y posibilidades de promoción fuera del ámbito del libro y la lectura, me parece interesante y oportuno realizar versiones audiovisuales de obras suyas (vi) Se han obtenido resultados notables, y es justo recordar, entre otros, la multipremiada película Meñique, de 2014, primer filme cubano en 3D. Otro magnífico ejemplo fue el corto animado Los dos príncipes, a partir del poema homónimo de La Edad de Oro, reconocida con el Premio especial del Jurado en la edición treinta y nueve del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana.

Sería conveniente continuar en esta senda de trabajo con el audiovisual, a tenor con el alcance y repercusión social que tendría cualquier obra de Martí o pasaje de su vida en estos soportes. Un ejemplo loable lo constituye la película José Martí, el ojo del canario, de Fernando Pérez, que tan hondamente repercutió en la sensibilidad de todos los cubanos. Siempre me he preguntado por qué no hacer con Lucía Jerez una buena telenovela, o una película. La que Martí llamó “noveluca”, y consideró como un pecado que los lectores debían perdonarle, fue publicada por entregas en el periódico El Latinoamericano, de Nueva York, en 1885, y es la contribución del cubano a un género en el que no se sentía cómodo, según su propio criterio.

Aún así, es una primorosa novela modernista, donde la recreación de ambientes, vestuarios, objetos bellos, obras de arte, podrían ser muy bien explotados desde el punto de vista visual. Incorpora los recursos del folletín, tan en boga en la época, pero los eleva a una realización artístico-literaria de primera magnitud. El conflicto neo romántico central, de amor, celos y crimen, con la dosis de intriga que conlleva, puede ser interesante como novela de época para el espectador contemporáneo, y simultáneamente contribuir al interés por la obra escrita.

De igual manera, sería interesante reeditar y promover aquellas obras de ficción donde Martí es personaje. Recuerdo, por ejemplo, el cuento “Figuras en el lienzo”, de Francisco López Sacha, aunque habría que indagar en busca de otras piezas afines. Es oportuno asimismo divulgar la poesía dedicada al prócer, tanto la que se crea en nuestra contemporaneidad como la precedente. Una muestra de ello es la compilación El amor como un himno, de Carlos Zamora y Arnaldo Moreno, un libro precioso, que debiera reeditarse, pues pone en manos de los martianos una gran cantidad de poemas, que recorren la producción lírica dedicada al prócer desde 1879 hasta principios del siglo XXI. Este libro puede convertirse, además, en un magnífico aliado para maestros, profesores, instructores de teatro, actores, por las infinitas posibilidades creativas que puede suscitar.

Otras muchas cosas se podrían hacer desde los ámbitos más disímiles de la creación y promoción martianas. No olvidemos la presencia recurrente de Martí en la plástica cubana, pues casi todos nuestros pintores de renombre le han dedicado retratos. Estos merecen ser más divulgados, no solo en los tradicionales espacios expositivos, sino a través de las redes sociales, donde es posible acompañarlos, según sea el caso, de frases o fragmentos de la obra de José Martí, con la consiguiente invitación a la lectura.

Las ideas que acabo de exponer surgieron ante el imperativo de responder la pregunta inicial respecto a la necesidad de promover la obra martiana. Agradezco la interrogante, pues me condujo a reflexionar sobre el tema y a elaborar estas notas a vuelapluma. Si son de alguna utilidad práctica, habrán ayudado a abrir un camino en el que pueden participar muchos profesionales. Cuba y Martí lo merecen. Gracias.

Tomado de: https://www.cubaperiodistas.cu

Notas

i JM: Carta a María Mantilla. Obras completas (en lo adelante OC) Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, t. 20, p. 2016.

ii JM: “Julián del Casal”. OC, t. 5, p. 223.

iii Ibídem, p. 224.

iv Norteamericanos: apóstoles, poetas, bandidos. (Selección y estudio introductorio de Marlene Vázquez Pérez). Centro de Estudios Martianos, 2019.

v En “Notas de estética. Cartas de poeta.” Archivo José Martí, No. 11, enero –diciembre de 1947, p. 18.

vi No pretendemos hacer aquí un inventario de los audiovisuales que se le han dedicado a Martí, sino apuntar solo algunas ideas que apunten a la continuidad de este trabajo en el futuro. Quien desee mayor información al respecto, puede consultar de Joel de Río “Variaciones martianas del cine cubano”, https://www.cubahora.cu/cultura/variaciones-martianas-del-cine-cubano

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Martianos recuerdan a Vittorio Di Cagno

VITTORIO DI CAGNO, MARTIANO.

La noticia del fallecimiento del jurista italiano Vittorio Di Cagno, residente en Cuba desde hace mas una veintena de años, nos entristece a quienes le conocimos y compartimos con él porque fue un dedicado y entusiasta estudioso y divulgador de la obra del Maestro.

A finales del siglo pasado Vittorio apareció en el Centro de Estudios Martianos interesado en  seguir un curso de temática martiana, al que asistió puntualmente semana tras semana acompañado de las notas que iba tomando según leía los textos del Maestro. Con tesón, sin perder nunca su peculiar acento italiano, fue  ampliando su dominio de la lengua española para entender cada vez mejor la riqueza del pensamiento y de la expresión de Martí. Se hizo un devoto de sus ideas y trato por los medios a su alcance de contribuir a universalizarlo.

Se unió pues  a la cruzada martiana y publicó el más extenso examen de la faceta martiana de jurista martiana, a pesar de que prácticamente nunca la ejerció como profesión.  Recorrió la Isla entregando esa obra a abogados, notarios, jueces y a cualquier estudioso de Martí El  Centro de Estudios Martianos tuvo a su cargo dos ediciones de Martí jurista, en 2003 y 2008.

Después, animado por la filosofía martiana, publicó un  acercamiento a la labor ambientalista en nuestro país: La protezione dell’ambiente in Cuba: un modelo ejemplare, con la Editorial Cacucci.

Nos hablaba a menudo de la importancia de los notarios en la vida moderna y de su desempeño durante muchos años en la directiva de la Comisión de Cooperación Notarial  Internacional.

Luego de su primer viaje a Cuba no sé cómo se las arregló para obtener la representación del pequeño estado europeo de San Marino en La Habana. Fue un cargo honorario más que todo; pero le sirvió para asentarse entre nosotros. Varios años después consiguió residencia en La Habana, que alternó con frecuentes viajes a su patria y a otros lugares para asuntos del notariado internacional y para editar textos de y sobre Martí.

Por todas esas acciones se le integró al Consejo Mundial del Proyecto José Martí de Solidaridad Internacional, apoyado por la Unesco, participó de sus reuniones y proyectos en distintos países y no faltó a las conferencias habaneras impulsadas por ese Consejo para, con Martí como divisa, atender los más importantes temas que preocupan a la humanidad hoy, bajo la idea del Maestro de actuar por el equilibrio del mundo y el bien mayor del hombre.

En su país le otorgaron la Orden Oficial al Mérito de la República Italiana. Los cubanos le entregamos amistad, afecto y compañerismo.

El peso  de la edad le fue doblando las espaldas, pero no debilitó su ánimo  de cruzado martiano para actuar por un mundo mejor y en defensa de  esta Cuba libre bajo la advocación martiana. Murió en la noche del pasado miércoles 30 de junio acá, en La Habana, a pesar del esfuerzo de los médicos cubanos frente a la covid 19 que se aprovechó del deterioro de su salud. Vittorio Di Cagno tenía 90 años de edad y había nacido en Bari, Italia. Estoy convencido de que se sintió cubano, y como tal, fue un seguidor leal de José Martí. Lo recordaremos.

Pedro Pablo Rodríguez

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FACETAS DE UN AMIGO VIEJO, RECIÉN FALLECIDO

 

La noticia fue confirmada. La mala noticia. Falleció Vittorio di Cagno. Murió un amigo viejo. Entristece saber que no lo volveremos a ver con su sonrisa placentera, a veces irónica. Pero no puedo recordarlo con tristeza. Su optimismo era constante, siempre a la búsqueda de soluciones para los pequeños problemas cotidianos que, por acumulación, a cualquiera agobian. Los asuntos graves los afrontaba con disposición analítica y trataba de neutralizarlos, sin dejarlos llegar a la desmesura. Era un optimista.

A las personas debe aceptárseles como son, y en su caso no era difícil, pues eran mayores, a mi modo de ver, sus virtudes que los defectos. Nunca intenté ir más allá de las barreras con que protegía su intimidad, algún problema personal que en pocas ocasiones lo enturbiaba, y mantenía a resguardo. Era suficiente saber que había nacido en Bari, Italia, en una fecha nunca mencionada por él, y que sus estudios de Derecho, y la dedicación a estos, le permitieron asumir el cargo de Consejero Permanente de la Unión Internacional del Notariado Latino. Sus viajes a distintos países, en cumplimiento de esta función, lo alejaban en ocasiones del nuestro, pero sólo físicamente, no en sus sentimientos.

Nos unía la pasión por el conocimiento de la vida y la obra de José Martí, a quien descubrió como parte esencial de su deslumbramiento por la revolución cubana, por nuestro país y su gente, entre la que cultivó buenas relaciones, entre la cuales el propio Di Cagno destacaba su vínculo afectivo y profesional con el Director de la Oficina del Programa Martiano, a quien denominaba «el gran Armando Hart». En el 2000, este le propuso realizar una investigación sobre el pensamiento jurídico de José Martí, tema poco tratado por los estudiosos del Maestro. Se sintió honrado con esta sugerencia, que asumió como una misión difícil, por su poco conocimiento del asunto, así como sus todavía escasas incursiones en la obra escrita del Apóstol. Y se dispuso a vencer las dificultades, como siempre, con optimismo.

Consultó bibliografía, en primer lugar, en la biblioteca especializada del Centro de Estudios Martianos, y recibió oportunas indicaciones de dos profesores universitarios de reconocido prestigio: Delio Carreras Cuevas y Miguel Antonio D’Estefano Pisani. Fue suficiente para comprender la necesidad de buscar mayor información y sugerencias, lo que le ofrecería una visión más compleja, desde ángulos diferentes, para acometer su propósito. Con tal finalidad realizó un viaje que le ocuparía alrededor de un mes, tiempo en el cual realizó entrevistas y obtuvo copias de libros y artículos especializados de investigadores, profesores, maestros, periodistas, promotores, en fin, personas dedicadas a la investigación, la enseñanza o la divulgación de la historia de nuestro país y de la obra martiana en Santiago de Cuba, Bayamo, Holguín, Las Tunas, Camagüey, Villa Clara… Recibió la colaboración buscada. Y mucho más: cultivo amistades.

En La Habana, donde radicaba, solicitó al Centro de Estudios Martianos un curso que le permitiera sistematizar la información ya acumulada en su mente, y en decenas de obras y en paquetes de fotocopias de otros tantos. Tuve la oportunidad de ser de los primeros en impartirle clases, lo que me valió su denominación de «tutor». Así me llamaba, con una mezcla de agradecimiento y reconocimiento intelectual. No pude ni puedo denominarlo «alumno», pues en cada encuentro en las aulas tenía lugar un enriquecedor intercambio de conocimientos: su amplia cultura le permitía situar en contexto cuanto le decía, y aportar elementos de historia, literatura y arte universales. Creo haber aprendido de él más que a la inversa. No fui el único que lo condujo por la intrincada madeja de la bibliografía martiana, y sus relaciones con la casi totalidad de los investigadores y otros trabajadores de nuestra institución fueron muy amplias.

En aquellas «clases-intercambios» era visible su esfuerzo para mejorar la lectura e interpretación de los textos. Esta era mucho mejor que «su» idioma español, a veces mezclado con palabras del italiano y alguna que otra frase del alemán o del francés. Pero nos entendíamos, y él contribuía a la comunicación con el uso de la gesticulación, a la que los latinos apelamos con eficiencia a veces asombrosa.

A pocos meses de comenzar a impartirle el programa que habíamos diseñado para él, inició la profundización en el tema al que se consagraría, para mí poco conocido: el pensamiento jurídico de José Martí. Sus afanes investigativos, sus búsquedas bibliográficas y las conversaciones con los pocos iniciados en tal arista del quehacer del Maestro tuvo su culminación en un libro aportador, Martí jurista, cuya primera edición, de 2003, fue motivo de satisfacción. Esta vez retornó a las provincias orientales, para entregárselo a sus colaboradores indirectos, sus corresponsales. Hizo una presentación en la Universidad de Oriente, entre otros lugares significativos. La segunda edición, también a cargo de la editorial del Centro de Estudios Martianos, fue realizada en 2008. Los gastos de ambas fueron costeados por el autor.

Motivado por la recepción del libro, consideró que podría hacer el intento de contribuir a la divulgación del pensamiento y la vida de Martí entre los europeos, particularmente en Italia, de modo que invirtió tiempo, esfuerzo y recursos personales en la traducción y posterior impresión de la obra, en su país natal, en 2005, con el título Martí Giurista, de Casa Editrice Dott, Antonio Milani, CEDAM. Loable empeño hacer llegar el humanismo martiano, y el ejemplo de entrega a la patria y la humanidad, de quien conoció y admiró al pueblo italiano, sus héroes y creadores, su cultura y sus combates por la libertad, la soberanía y la independencia.

Entre sus múltiples capacidades se destacó por potenciar la armonía entre las personas, por vincularlas en conversaciones gratas e intercambios afables, para lo que ofrecía su casa como punto de encuentro. Allí fungía como inigualable anfitrión, capaz de ocuparse a la vez de dirigir la preparación de algunos platos, o de ocuparse en hacerlos, de servir bebidas adecuadas, y de mantener, sin que decayeran en momento alguno, temas diversos para el diálogo.

Entre otras muchas, son estas razones para no olvidar a Vittorio, para que lo recordemos con cariño y agradecimiento. Ha muerto, pero de este tema hablamos poco. Teníamos ideas coincidentes: la muerte es parte intrínseca de la vida, es inevitable, por lo que cada minuto debemos disfrutarlo como si fuera el último, y pensar y actuar como si fuéramos eternos. Haber vivido noventa años, y dedicar una parte considerable de estos a la obra martiana, lo hace, entre nosotros, inolvidable.

Ibrahim Hidalgo Paz

 

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Mausoleo a José Martí: 70 años de descanso en digno lugar de la Patria

Hace hoy 70 años estuvo listo e inaugurado el Mausoleo a José Martí en el cementerio Santa Ifigenia, de esta ciudad, necrocomio donde descansan varios de los padres fundadores de la nación cubana.

Sus autores, el arquitecto Jaime Benavent, de La Habana, y el escultor Mario Santí, de Holguín, se inspiraron en la obra y el pensamiento del patriota cubano y a su vez lograron una joya del arte funerario.

Se levanta el monumento sobre una base que forma una escalinata circular, con mármoles procedentes de la antigua Isla de Pinos, lugar donde vivió José Martí en la finca El Abra al salir de la cárcel cuando tenia 17 años, mientras las piedras son de las canteras de Jaimanitas.

Los seis pilares que sostienen la estructura monumental representan a igual número de provincias existentes en la época en que se construyó el mausoleo, con sus respectivos atributos económicos, políticos, culturales y sociales.

Al centro, la cripta funeraria de bronce, que a modo de pentágono en su base dibuja una estrella, y en su interior, sobre un puñado de tierra de una veintena de naciones de América, descansa la urna con los restos de Martí.

Se levanta allí la figura del Maestro esculpida en mármol procedente de Carrara, en Italia, en posición de meditación, sosteniendo un pergamino y una pluma.

Una avenida de mármol conduce al monumento escoltado por 28 monolitos de piedra donde se puede leer, en cada uno de ellos, un pensamiento del Maestro y el nombre de algunos campamentos mambises donde estuvo desde que desembarcó por Playitas de Cajobabo el 11 de abril de 1895 hasta su muerte en Dos Ríos el 19 de mayo del propio año.

Desde el 30 de junio de 1951 el Héroe Nacional Cubano dispone de un digno lugar para su reposo, donde acuden generaciones de cubanos a rendir el merecido tributo en importantes fechas vinculadas al prócer y a sus luchas por la independencia.

Ese día se hizo realidad un deseo de Martí en uno de sus versos: Yo quiero cuando me muera/sin Patria, pero sin amo/ tener en mi tumba un ramo/ de flores y una bandera.

La bandera cubana cubre el nicho y, en el frente, una jardinera en forma de libro mantiene flores frescas.
Otro anhelo satisfecho es el rayo de sol que penetra por el lucernario y riega la luz natural sobre su tumba.

En ocasión del aniversario 107 de su caída en combate, un hecho de trascendencia ocurrió en el sagrado lugar: la guardia de honor de jóvenes de una Unidad Especial de las FAR.

El cambio se realiza cada media hora, bajo el compás de la “Elegía a José Martí”, compuesta por el Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, entonces una escuadra de jovenes soldados se mueve por un sendero de mármoles hasta el sitio de guardia, y en su recorrido pasan frente a una antorcha con un fuego perenne y una inmensa asta con la bandera cubana, que se le agregó al cementerio recientemente.

Marcía Bergues, museóloga de la necrópolis santiaguera hace 23 años, manifestó a la Agencia Cubana de Noticias el orgullo que representa para ella contar a visitantes nacionales y extranjeros sobre Martí, cubano de talla universal, la significación del mausoleo donde descansan sus restos y los autores Benavent y Santí, quienes ganaron el concurso convocado para esos fines.

Tomado de: http://www.acn.cu

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Hasta siempre Vittorio

El gremio jurídico y las instituciones martianas pierden físicamente a un jurista bueno, y así lo califico por su vocación de servicio y su apego al ideal de José Martí. Un jurista martiano que hurgó en las esencias del pensamiento del Maestro y comprendió su altura ética y lo que significaba para él la justicia. Por encargo del Dr. Armando Hart Dávalos profundizó en la cosmovisión martiana y su mirada jurídica; concluyendo un ensayo, como pocos, dedicado a Martí Jurista. Es el título del libro que debatimos en no pocas ocasiones cuando, desde el Movimiento Juvenil Martiano, trabajamos con Vittorio en la divulgación de este importante tema para los juristas y en especial, así lo quería él, para los jóvenes estudiantes y profesionales del Derecho. Así, hubo sesiones en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, con integrantes del Movimiento, en la Escuela de Cuadros de la UJC entre otras acciones que, con el entusiasmo y la fuerza de Vittorio, pudimos realizar.
Miembro del Consejo Mundial del Proyecto José Martí de Solidaridad Internacional de la UNESCO y destacado colaborador de la Oficina del Programa Martiano y el Centro de Estudios Martianos; Vittorio di Cagno mostró siempre su amor a Cuba, su solidaridad con el pueblo cubano y fue un defensor de la ética, la justicia y la dignidad humana. Sus labores en el Notariado Latino donde ocupó varias responsabilidades hasta Presidente de Honor de la Comisión Internacional de la Unión del Notariado Latino, sus obras, su participación en encuentros y su voz singular; destacan a un hombre con mucha sensibilidad, de ahí su cultura.
Era su obsesión promover y hacer extensivo el estudio de Martí Jurista. A él debemos un cuidadoso acercamiento. Su travesía desde Italia a La Habana para su encuentro con Martí es meritoria. Hace parte especial Vittorio de las históricas relaciones entre cubanos e italianos. Para el Movimiento Juvenil Martiano constituye una muy dolorosa pérdida. Vittorio di Cagno contagió por su insistencia y perseverancia, por su andar peculiar tras el paso de los años, por su temperamento que llegaba incluso a ser divertido, por su amistad.
Afecto entrañable para usted jurista martiano, el abrazo de siempre

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Elogio de Pedro Pablo, en sus tres veces veinticinco

Cumpleaños puede ser para muchos —incluyo a mi esposa o a una respetada y docta amiga— solo una palabra, unas letras que nos desafían de forma extraña, porque convocan una fecha que marca simbólicamente nuestras vidas, aunque la constancia provenga de un documento más o menos fiable. Como le gustaba repetir al sabichoso poeta Eliseo Diego, ese conocimiento proviene de personas que nos merecen cierta confianza, es decir, nuestro padres.

El 29 de junio es san Pedro y san Pablo en el santoral católico. Justo en la víspera de que se pronunciaran las Palabras a los intelectuales —de las que se conmemoran seis décadas— un joven estudiante de instituto y miembro de la emergente Asociación de Jóvenes Rebeldes cumplía quince años. Le ha tocado desde esa temprana adolescencia ser partícipe del proceso revolucionario en sus diferentes etapas, y a él en particular le ha correspondido vivir sus luces y sus sombras. Hoy es uno de nuestros intelectuales vivos más perspicaces en el campo de la historiografía, y me precio de ser su amigo. Hablo de Pedro Pablo Rodríguez. No estuvo de manera presencial en esos debates, pero si le tomó el pulso en esos instantes seminales, creció bajo el signo y el espíritu de esa época, y nos deja su testimonio cuando comenta que “eran los tiempos iniciales del remolino revolucionario, donde nos enrolamos quizás sin pensarlo mucho, motivados por el entusiasmo de la adolescencia, porque todo se trasformaba a ritmo vertiginoso, dispuestos a cambiarlo todo, hasta donde eran previsibles nuestros propios futuros”.[1] Así lo percibieron y vivieron los jóvenes de entonces, que son, como él, los padres y abuelos de hoy.

Van a cumplirse cincuenta años que conocí a Pedro Pablo, cuando era profesor de Historia en la escuela de periodismo de la Universidad de La Habana, y con él conocí a algunos de sus alumnos. Hoy, la venezolana Ilse Villarroel, en la Isla de Margarita; la camagüeyana Luisa Alejo, en la “suave comarca de pastores y sombreros”; la santiaguera Margarita Sánchez, a caballo entre Polanco, en México, y El Vedado; el cienfueguero Pedrito de la Hoz, trajinando entre la Uneac y el periódico; o los ya fallecidos como el colombiano Armando Orozco, recordado en la Colonia Kennedy de Bogotá; y el hijo de Tamarindo, Manolito González Bello, con su sonrisa cómplice, los dos en ese “más allá” que seguramente tenemos reservados los ateos: todos ellos le siguen agradeciendo a Pedro su cátedra y su amistad.

“Hoy es uno de nuestros intelectuales vivos más perspicaces en el campo de la historiografía”.

Protagonista en la vida intelectual cubana contemporánea, ya desde el magisterio (con razón ha recibido, entre otros reconocimientos, el de Maestro de Juventudes), los medios o el ejercicio investigativo, amén de jurados y eventos académicos, con un activismo natural y sabio para nada “ortopédico”, en el cual la memoria y el deber son consustanciales, Pedro Pablo Rodríguez tal vez sea más conocido por sus comparecencias televisivas o por su propósito de continuar la tarea que heredara de Fina García Marruz y Cintio Vitier: llevar a feliz término la edición crítica de las Obras Completas de Martí.

Pero es, ante todo, historiador, ensayista y periodista de probada trayectoria, con varios volúmenes publicados, aunque muchos de sus textos han estado por años dando tumbos y vagando dispersos en sus gavetas y en la computadora, olvidados en alguna carpeta, esperando ser publicados en revistas o compilados. Quizás duermen en el tomo colectivo donde vieron la luz por primera vez y tomarán cuerpo en los varios libros que ha ido dando a conocer, o aún nos debe a sus lectores y al panorama de los estudios cubanos, deuda que, confiamos, se irá saldando. Él es, en nuestros predios de Clío, uno de esos contados que saben colocar una palabra después de otra; y mucho ayudaron a esa escritura fluida y a la vez enjundiosa sus tantos años como periodista, editor y profesor de futuros profesionales de la prensa. Autor de una obra amplia y coherente, donde “nada cubano y universal le es ajeno”.

Sus presupuestos como investigador y explorador de las zonas iluminadas o marginales de nuestra historiografía se encuentran no solo en el estudio de esa construcción sistemática de la nación, la identidad y la cultura que se refleja en su obra, también lo reconocemos en sus cualidades ciudadanas como hombre sensible, terrenal, apasionado, muy dado a valorar las pequeñas cosas de la cotidianidad, como lo puede descubrir cualquiera que lo conozca, pues para él no escapan los pequeños detalles del tránsito diario, junto a los episodios trascendentes de la sociedad. En una entrevista que diera hace unos años,[2] declara las claves de su profesión:

[…] el historiador, más que cualquier estudioso de las ciencias sociales, tiene que ser un hombre de su tiempo, porque le permite entender también a los hombres de otros tiempos, las circunstancias, los errores, los fracasos y los aciertos. En eso radica el secreto de Martí para el historiador contemporáneo.

De esos magisterios e influencias seminales, y refiriéndose a sus primeras y voraces lecturas, confiesa en otro momento lo que le abrió el interés por la historia:[3] “para mí fue muy importante leer desde Manuel Sanguily hasta Morell de Santa Cruz y El ingenio, que fue una revelación para nosotros, así como conocer a los que estaban vivos como Le Riverend, Fernando Portuondo, Juan Pérez de la Riva o al propio Moreno Fraginals”. O a un profesor de literatura llamado Alejo Carpentier, cuya evocación de esa experiencia privilegiada como alumno la plasmó hace unos cuantos años en una recordada crónica, uno de sus textos del que guardo grata memoria.

Tengo muy presente la amistad que compartimos con los entrañables Panchito Pérez Guzmán y Ramón de Armas, o la cercanía con intelectuales “rellollos” como José Zacarías Tallet o Enrique de la Osa, con quienes tuve el placer de departir, junto con Pedro Pablo, algunas de sus habituales tertulias.

“Él es, en nuestros predios de Clío, uno de esos contados que saben colocar una palabra después de otra”.

Su colega y amigo de años Eduardo Torres-Cuevas, en un homenaje que le dedicaran, culminó sus palabras de elogio afirmando:[4]

Entre las muchas cosas, y lo digo con toda franqueza, que me hacen admirar a Pedro, está el haber sido una persona que pasó por diversos momentos difíciles, sin que jamás se le haya visto perder el impulso, sin que jamás se le haya visto, ni siquiera, una idea que pudiera ser desdeñosa hacia las personas que a veces no comprendían la calidad ni el sentido de su trabajo. El mejor compañero que uno puede tener en los peores momentos se llama Pedro Pablo Rodríguez.

El periodista, historiador, hombre de ciencias, el sempiterno teórico y batallador por las causas sociales, con vocación de magisterio natural, tanto en el claustro como entre amigos y compañeros de trabajo —cualidad que ha ejercido siempre entre veras y bromas, con la sencillez de quien transita en lo cotidiano— ha compartido en sus páginas muchas de sus obsesiones. Como cuando interpreta la cultura y el estudio de la historia como formas y expresiones de la existencia social. Mezcla lo enciclopédico a lo popular, y viceversa, de forma orgánica, lo mismo especulando sobre filosofía y política internacional que tirando un pasillo sonero como bailador de Centro Habana, o comentando la belleza de una dama (tal vez por aquello que dijo el Maestro: “yo quiero vivir / yo quiero / ver una mujer hermosa”), o los precios inflacionarios del agro vecino. Entrañable y rumboso con sus hijas, su nieto, su imprescindible Ofelia. Y con sus tantos amigos y colegas.

Entre las muchas ocupaciones y responsabilidades que le han tocado —dirigir Radio Enciclopedia Musical o ser divulgador de cultura en la llamada Habana campo—, cuando reorganizamos el consejo editorial de La Gaceta de Cuba a fines de los ochenta, Pedro entró a formar parte, hasta hoy, de nuestro “cogollito virgiliano”. Prueba de ese estrecho vínculo es que su libro Diálogo con los tiempos, donde registra sus meridianos encuentros con otros colegas, cuatro de las cinco entrevistas (las de Francisco Pérez Guzmán, Jorge Ibarra, María del Carmen Barcia y Oscar Zanetti) que lo conforman, más los dos anexos (obituarios dedicados a Moreno Fraginals y Pérez Guzmán), aparecieron por primera vez en las páginas de La Gaceta, por lo que en puridad es un título que se debe, como reconocen las palabras iniciales, al impulso para realizarlas de su equipo editorial, “que tuvo la voluntad de abrir sus páginas a aquellos historiadores que alcanzaban reconocimientos significativos en la vida cultural”,[5] título que se suma al catálogo, diverso en temas y autores, asociado con la publicación. Textos de indiscutible valía, que como encuestas y evocaciones de carácter historiográfico prestigiaron la línea editorial de la revista. La entrevista a Panchito apareció en el número uno (enero-febrero) de 2006. Pocas semanas después, en el mes de mayo, fallecería. Nos consta cuanto la disfrutó al leerla ya publicada, en la recta final de su vida. Después muchos la volvimos a leer como su testamento literario.

Pedro Pablo, en su nota al lector del mencionado volumen, nos revela algunas claves: [6]

El tiempo es una condición y un límite de la existencia humana. Generalmente tomamos conciencia de su trascurrir por sus efectos en nuestro físico, a veces también por sus marcas en la conciencia. Para el historiador, se trata de una medida inexcusable a la que nunca puede renunciar, y quizás es también, sin embargo, para quien el tiempo resulta algo tangible, asible, manejable. Los que escriben sobre temas históricos suelen valerse del plural: los tiempos, las épocas, las eras. Otros plurales llevan implícito el tiempo: los procesos, los momentos.

Ese tal vez sea el espíritu que rezuma su trayectoria vital y profesional, viajes y sueños posibles del autor con sus preguntas y certezas, ayer disperso en viejos y nuevos documentos. Por lo que podría repetir lo que escribió su admirado Martí: “De mis sueños desciendo, — […] / Y en papel amarillo / Cuento el viaje”.[7]

El Vedado, junio de 2021. Contra la pandemia.

Tomado de: www.lajiribilla.cu

Notas:
[1] Pedro Pablo Rodríguez: Diálogo con los tiempos. Editorial Capiro, Santa Clara, 2013, p. 41.
[2] Raquel Marrero Yanes: “Martí un referente cada vez más necesario”. Entrevista a Pedro Pablo Rodríguez. Cubahora, revista digital, 21 de mayo de 2012.
[3] Susana Méndez: “Pedro Pablo Rodríguez: por saber dónde realmente colocar el corazón”. Servicios Informativos Cubarte, 20 de enero de 2012.
[4] En Susana Méndez, Ob. cit.
[5] Pedro Pablo Rodríguez: Diálogo con los tiempos. Ob. Cit. p. 5.
[6] Pedro Pablo Rodríguez. Ibidem, p. 4.
[7] José Martí: “Musa traviesa”, Obras completas. Edición crítica, t. 14, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2007, p. 24
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Recibe el MJM Réplica del Machete Mambí del Generalísimo Máximo Gómez

En la sala Nicolás Guillén de la Fortaleza San Carlos de la Cabaña, los artistas e instituciones reconocidos por su quehacer intelectual en los años 2020 y 2021, recibieron la Réplica del Machete Mambí del Generalísimo Máximo Gómez.

Los galardonados fueron Ernestina Trimiño, Elio Revé Duverger, Fernando Hechevarría, Luis Rielo Morejón, Oscar Sánchez Serra, Raúl Antonio Capote, Mercedes Caridad Guerra, Domingo Antonio Alás, Raúl Lázaro Rodríguez, Efrain Sabás Monteagudo, José Orlando Rojas, Ernesto Llerena, el Teniente Coronel de la Reserva Rafael Ramos Fajardo, Joel Lachateineri.

También, Jorge Gómez, Isabel Santos, Benito Heredia, Luis Toledo Sande, Ana Elvira Marcillí, KamillBullaudy, Coronel de la Reserva Alberto Vázquez, Nilda Antonia Rodríguez, Lourdes de los Santos, Manuel de la Caridad Hevia, Alex Pausides, Elson Concepción y Alberto Luberta.

Por otra parte, las instituciones premiadas fueron el Movimiento Juvenil Martiano (MJM), el Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado, el espacio televisivo Mesa Redonda, el periódico Venceremos, los Complejos Monumentario Los Malagones e Histórico de Museos III Frente Mario Muñoz, los Estudios Revolución, la Filial de la Sociedad Cultural José Martí en Artemisa y la agrupación artística Cumanay.

Desde 1986, las Fuerzas Armadas Revolucionarias otorgan la Réplica del Machete Mambí del Generalísimo Máximo Gómez a escritores, artistas, periodistas e instituciones culturales e informativas que son ejemplo de intelectual cubano comprometido con su tiempo y con la historia.

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Sociedad Cultural, filial Cienfuegos anuncia concurso infantil

En conmemoración al 132 aniversario de La Edad de Oro, revista mensual publicada por el Apóstol José Martí para los niños, la Sociedad Cultural José Martí, filial Cienfuegos, invita a participar en el Concurso «Para mi amigo sincero».
Dirigido a personas de todas las edades y podrán entregarse obras de arte y literatura en la sede de nuestra filial en la avenida 50 # 39O6 entre 39 y 41.
Se entregarán tres premios y tres menciones y todos recibirán su certificado de participación.
El plazo vence el 15 de julio.
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Mañach, 60 años después

Este 25 de junio se cumplen seis décadas del fallecimiento de Jorge Mañach Robato en Puerto Rico, en el año 1961. Las fechas convocan al recuerdo, al homenaje, a la valoración. El eminente crítico Max Henríquez Ureña resumió la personalidad y servicio a la cultura de este intelectual de la siguiente manera:

Mañach ha legado a la posteridad una producción valiosa en alto grado, si bien su quehacer político, unido al quehacer docente, le regateó el tiempo necesario para acometer una obra orgánica, de fuerte unidad, como era capaz de hacerla. Algunos de sus ensayos han quedado, de todas suertes, como modelos: así los que componen el volumen Historia y estilo.

Nadie le discute su preeminencia intelectual en los primeros 60 años de cultura y vida republicana, porque no hay duda de que se trató de un hombre público eminente, interesado en la literatura, la política, las artes en general. También fue un hombre polémico, de esos a los que siempre se escuchó; con el cual unos concordaron, a quien otros refutaron con argumentos muy bien elaborados, porque Mañach escribió y polemizó con sabiduría, habilidad y coherencia. De inmenso prestigio intelectual, este se sustentó en una obra que abarcaba diversas aristas de las artes (la crítica, la pintura, la literatura).

Alcanzó una formación académica de lujo. Entre 1908 y 1913 residió en España, un año después se trasladó a Estados Unidos; allí se graduó en Harvard, de Bachellor of Sciences y pasó a instructor (1920-1921) del Departamento de Lenguas Romances de ese centro docente. En La Habana se doctoró en Derecho Civil (1924) y en Filosofía y Letras (1928).

De su participación en la vida intelectual, recordemos que fue firmante de la Protesta de los Trece, el 18 de mayo de 1923, liderada por Rubén Martínez Villena, acto de denuncia pública de la corrupción administrativa durante el gobierno de Alfredo Zayas, por lo cual fueron todos procesados. Fue también una de las cabezas del Grupo Minorista (quien le dio nombre), que nucleó a la intelectualidad más inquieta y renovadora del decenio del 20 y estuvo entre los fundadores de Revista de Avance, junto a Juan Marinello, Francisco Ichaso, Alejo Carpentier y Martín Casanovas.

De 1928—30 años a la sazón— es su primer libro de ensayos, un clásico del género en Cuba: Indagación del choteo, desde cuyas páginas analiza, según su apreciación,los rasgos del carácter del cubano. A este, antecedieron otros títulos: Glosario, de 1924, recopilación de sus trabajos periodísticos; Estampas de San Cristóbal, con rasgos pintorescos acerca de la capital habanera y sus tipos, y La pintura en Cuba, desde sus orígenes hasta nuestros días, de 1926. En adelante, su obra estará centrada en el ensayo.

En 1933 apareció en Madrid la primera edición del libro Martí, el Apóstol. Apuntes biográficos diversos se habían intentado sobre Martí, estudios de igual índole se han realizado después, tal vez hasta más documentados y con un mayor desarrollo en algunas áreas de la personalidad y el quehacer del más grande de los cubanos. Sin embargo, el libro de Jorge Mañach, lo que ha dado en llamarse la biografía novelada de Martí, permanece en lugar cimero no compartido. De la Cuba en que nace Martí en 1853, y para quienes ignoran su antiimperialismo confeso, allí escribe Mañach:

… No ignoraba la metrópoli que el vecino del Norte abrigaba codiciosas intenciones respecto de su colonia [Cuba]. La tajada enorme recién arrebatada a México les había aguzado a los yanquis el apetito de territorio. Cuba no vendría mal como refuerzo a los estados esclavistas del Sur, y ya algunos de sus políticos más francos se habían permitido afirmar que, tarde o temprano, la isla pasaría a los Estados Unidos.

Promotor de la cultura, fundó el programa radial La Universidad del Aire, que es empeño por elevar el nivel cultural de la población. Dirigió el periódico Acción, vocero de la organización política ABC, que tuvo en Mañach uno de sus paladines e ideólogos en el enfrentamiento al presidente Gerardo Machado. Un libro importante dentro de su bibliografía, Pasado vigente, de 1939, reúne varios de los textos periodísticos que escribió y publicó durante esa época.

Al exilio en Estados Unidos tuvo que marchar y allí permaneció entre 1935 y 1939; ocupó la cátedra de Literatura Española e Hispanoamericana en la Universidad de Columbia. Al regreso se le eligió delegado a la Asamblea Constituyente, senador y fue ministro de Estado durante los últimos meses del gobierno constitucional de Fulgencio Batista.

Cada libro suyo devino acontecimiento para las letras cubanas. En Historia y estilo, publicado en 1944, recogió dos ensayos. Uno, el titulado La nación y la formación histórica, su trabajo de ingreso como miembro de la Academia Cubana de Historia; el otro, El estilo en Cuba y su sentido histórico, que presentó al ingresar a la Academia Nacional de Artes y Letras. Perteneció a la Academia Cubana de la Lengua.

De 1951 es Examen del Quijotismo, después apareció Hacia una filosofía de la vida; otros dos ensayos los dedicó a examinar la influencia y obra del filósofo español José Ortega y Gasset. Su último libro lo tituló Visitas españolas, de 1960, colección de entrevistas a personalidades ibéricas.

Al golpe de estado de Batista opuso su condena y como muchos intelectuales comprometidos con la política, Mañach tuvo que marchar al exilio.

Se ha dicho (y redicho, lo cual es peor) que Jorge Mañach era un pensador de derecha. Pero es él quien en los años 40 escribe:

[…] Después de 1902 se repitió en nuestra tierra lo que con tanta insistencia había advertido Martí al enjuiciar la independencia en las otras zonas de la América nuestra: la colonia continuó viviendo en la República. Y no se le ocultó al juicio contemporáneo más sincero que todo había venido a parar aquí en una mera figuración de himno y bandera, sin independencia vital efectiva. Economía precaria de mando ajeno; tierra de fuga; moneda y banca extranjeras, españolidad enquistada y cubanidad en derrota; cultura perezosa y mimética; política vacía de sensibilidad social; conato de Estado en una patria sin nación.

Podría afirmarse que todo lo relativo a lo cubano le preocupó. Pero algo sí debemos apuntar. Mañach, a diferencia de otros intelectuales y escritores que en sus inicios se afiliaron a la izquierda y después la rechazaron (nos vienen a la memoria Lino Novás, Carlos Montenegro, Aureliano Sánchez Arango, Ramón Vasconcelos…), nunca coqueteó con la izquierda. Al triunfo de la Revolución se hallaba en España. Regresó, y de nuevo, por desacuerdo con el giro político (socialista) de los acontecimientos, emigró, ahora para siempre, hacia Puerto Rico, donde ejerció la docencia en la Universidad de Río Piedra. En la vecina isla murió el 26 de junio de 1961, a los 63 años.

Con Mañach y su coetáneo Juan Marinello alcanza el ensayo en Cuba sus cumbres más elevadas.

Tomado de: http://www.cubaliteraria.cu

 

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