La naturaleza centroamericana en José Martí

Cuando nací, la naturaleza me dijo: ¡ama! Y mi corazón dijo: ¡agradece! -Y desde entonces, yo amo al bueno y al malo, hago religión de la lealtad y abrazo a cuantos me hacen bien.
José Martí

Con ese pensamiento comienza José Martí a explicar las razones que sustenta para escribir el libro Guatemala; un texto acerca del cual haremos una brevísima incursión de modo aleatorio. Antes, vale recordar que por esa época nuestro Martí había retornado al hermano país, era enero de 1878. Dos años atrás, diciembre de 1876, siendo residente en la capital azteca había recibido cartas de recomendación para varias personalidades de Guatemala de manos de Juan Ramón Uriarte, embajador de ese país en México e influyente en su decisión de marchar a Centroamérica. Luego de una breve estancia en La Habana, inicia viaje por aquellas tierras el 5 de marzo de 1877, durante el  recorrido pasa por Jolbos -o Holbox-, pueblito de pescadores, conoce el islote Contoy, Isla Mujeres, pasa a Belice en un cayuco, en goleta se dirige a Levingstone, en canoa a través de Río Dulce llega a Izabal el 25 de ese mes, tres días después continua marcha hacia Gualán y, en las primeras horas del 29 arriba al poblado de San Pablo para más tarde continuar hacia Zacapa y de allí proseguir a la capital guatemalteca a donde arriba el 2 de abril.

Para noviembre de ese año setenta y ocho se encuentra escribiendo el libro Guatemala al cual da inicio sin otro preámbulo que el anuncio de su propósito de trasmitir sus impresiones de “cuanto es bella y notable, y fraternal y próspera, la tierra guatemalteca, donde el trabajo es hábito, naturaleza la virtud, tradición el cariño, azul el cielo, fértil la tierra, hermosa la mujer, y bueno el hombre”. Sin embargo, previo a las descripciones que le brotan evoca en síntesis apretada pero de modo contundente los daños que aún perduran y demoran en desaparecer tras dejarnos “la dueña España, extraños rivales, divididos, cuando las perlas del río Guayato son iguales a las perlas del sur de Cuba, cuando unas son las nieves del Tequendama y Orizaba, cuando uno mismo es el oro que corre por las aguas del río Bravo y del venturoso Polochic”. Luego de esa panorámica, se adentra en la redacción de paisajes espléndidos que le impelen compartir.

En párrafo posterior, con visión profética exclama: “Vivir en la Tierra no es más que un deber de hacerle bien. Ella muerde, y uno la acaricia. Después la conciencia paga. Cada uno haga su obra”. Pensamiento que traído a la contemporaneidad podemos considerarlo una sentencia de indudable vigencia dados los pronósticos anunciadores de la desaparición del planeta debido a la inadecuada y arbitraria injerencia del hombre sobre los recursos naturales.

Al declarar que proviene de México, destaca que es un país “de volcanes, de feroces cerros, de anchurosos ríos, donde el oro se extiende en placer vasto por las montañas de Izabal, donde el café -forma mejor del oro- crece amoroso y abundante en la ancha zona de Costa Cuca”. Y, refiriéndose metafóricamente al grano más preciado por sus pobladores, dice: “Allí la rubia mazorca crece a par de la dorada espiga”. Seguidamente relaciona otros cultivos: (…) colosales racimos cuelgan de los altos plátanos, variadísimas frutas llena la falda de la gentil chimalapeña; obediente la tierra responde a los benéficos golpes del arado. Extraordinaria flora tupe la costa fastuosa del Atlántico; el redondo grano que animó a Voltaire y envidia Moka, como apretado en el seno de la tierra, brota lujosamente en la rivera agradecida del Pacífico. Aquí, sabino pálido; allí maíz robusto, caña blanca y morada, trigo grueso y sabroso, nopales moribundos, hule nativo, ricos frijolares en asombrosa mezcla unidos, con rapidez  lujuriosa producidos, esmaltan los campos, alegran los ojos, y auguran los destinos de la tierra feliz de donde vengo.

Cuenta lo que distingue al “encantado”  Valle de Pauchoy, “el de ricas aguas, de los terremotos que acontecieron, del traslado de la ciudad Antigua al llano generoso donde se extiende prospera Utatlán. Advierte, que la luna guatemalteca rivaliza con la de México. Alaba y relata fotográficamente a la creciente Cobán, a la azucarera Escuintla, a la volcánica Amatitlán, a la calurosa Salamá y a la agraciada Huehuetenango. Entre otros aspectos apunta, que viniendo de Belice se deja atrás la populosa Livingstone, encantadora tierra de caribes; más, trasponiendo la entrada del Río Dulce, extasiado aprecia:

(…) el más solemne espectáculo, la más grandiosa tarde, el más majestuoso río que pudo nunca un hombre ver. Otros más caudalosos, nuestro Amazonas. Otros más claros, mi Almendares. Ninguno tan severo, de tan altas montañas por ribera, de tan mansa laguna por corriente, de tan menudas ondas, de tantas palomas, de tan soberbios cortinajes de verdura, del Cielo  prendido, y orlados y besados luego por la espuma azulosa de las aguas. Isla como cestos; palmas que se adelantan para abrazar; sibilíticas inscripciones en extrañas piedras, abundantísimas aves; eco sonoro, en que se escucha algo de lo eterno y lo asombroso.

No escaparon a la visión martiana la crítica a quienes se acaudalan a costa del trabajo de los campesinos, anotando aspectos característicos de finqueros y extranjeros que se aprovechan de las bondades de la tierra guatemalteca con fertilísimos campos, pintorescos pueblos y de sus gentes. Pero ello no mermó su entusiasmo, a medida que avanzaba por tierras de Centroamérica se incrementaba unido al deseo de escribir sus impresiones derivadas de la rica naturaleza que lo cubrió de gozo. De ahí su sentida emoción concluyente:

¡Ojala que con este amante libro, haya yo sembrado en él mi planta!

La publicación del libro pronto se hizo realidad, pues cuando José Martí, llega a la ciudad de México, en diciembre de 1878, entrega a su amigo entrañable Manuel Mercado la parte fundamental de los manuscritos de Guatemala encomendándole la publicación  cuya primera edición -en forma de folletín encuadernable- asume el periódico mexicano El Siglo XIX, en febrero de 1878 y, un mes después la Imprenta de J. Cumplido lo edita y logra un pequeño volumen. Posteriormente, Martí se propuso publicar la Revista de Guatemala, pero nunca llegó a salir.

 

Tomado de http://librinsula.bnjm.cu

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Gabriela Mistral: José Martí, “el gran leal”

La trascendencia del ensayo “La lengua de Martí”, de la escritora chilena Gabriela Mistral (1889-1957), publicado en esta capital por el aniversario 39 de la caída en combate del Héroe Nacional cubano, deviene aún hoy hito de análisis diversos.
  Con este ensayo se iniciaron los cuadernos de cultura de la Secretaría de Educación cubana; fue presentado el 19 de mayo de 1934 en la Casa Natal de José Martí por el escritor Jorge Mañach (1898-1961), y distribuido gratuitamente a quienes visitaran el recinto de la calle Paula.

“Ninguna ocasión mejor para iniciar estas ediciones que el aniversario de José Martí, bajo cuya inspiración patricia se concibe este proyecto. Y nada, en esta fecha, podrá superar en calidad y fervor a la admirable conferencia que Gabriela Mistral pronunció en La Habana”, afirmó el entonces secretario de Educación.
En la Introducción al cuaderno, Mañach -autor de la biografía “Martí, El Apóstol” (1933)- especificó que el texto era una conferencia dada por la autora chilena en La Habana años antes, hasta ese momento inédita, y aspiraba a que libros y folletos de la colección fueran “exponentes genuinos de nuestra cultura pretérita y presente”, o contribuyeran “al enriquecimiento de la conciencia cubana”.
Que el ensayista, biógrafo, profesor y periodista seleccionara ese ensayo mistraliano para dar comienzo a los cuadernos de cultura “genuina” y a fin de favorecer la “conciencia cubana” en una república mediatizada bajo la órbita de los intereses yanquis, indica la importancia de tal texto.

Bajo la floración , el hueso del pensamiento
Gabriela, en el ensayo “La lengua de Martí”, lo primero que resaltó fue el reconocimiento a la originalidad literaria, que ella situó en el tono, el vocabulario y la sintaxis.
Nuestro Martí aparece a primera vista con un cuerpo entero de estilo, pero lo más gustoso de sentirle y saborearle es el tono, senaló. “Veía y vivía lo trascendente mezclado con lo familiar (…) hace una cláusula ciceroniana de alto vuelo y le neutraliza la elocuencia con un decir de todos los días; corrige a veces, y esto es muy común, unos cuantos vocablos suntuosos con un adjetivo ingenuo, del más lindo sabor popular”.
Acerca del vocabulario del Apóstol, para ella entre los más ricos de nuestra literatura, “no será nunca extravagante, pirotécnico ni snob, aunque será ciento por ciento novedoso hasta volverse inconfundible”.
Destacó el verbo, que él hace “a la medida de su necesidad”, y el desatado lujo metafórico.
De la sintaxis viva, “es cosa funcional y se ordena adentro. Puede salir abundosa y ágil (…) pero ha de salirle al escritor así, en empellón espontáneo”. Se refirió al “orador nato” que fuera Martí, virtud que le estimuló suficientemente esa “maravilla del tono natural”.
Todo esto sustentado en una sólida formación cultural, “de los de alimento completo, clásico y moderno, y de una formación perfectamente regular, nada hay en él del escritor a dietas de una lengua y de un solo período literario”.
Enlazó las bondades del trópico con la prosa martiana como un clima de efusión, la abundancia en el estilo debido a varias causas, y una de ellas es “una especie de conjunción de vitalidades”.
Así, sostuvo: “se hablará siempre de él como de un caso moral, y su caso literario lo pondremos como una consecuencia”. Para ella, Martí “es un proveedor de conceptos, pero como le sobra savia, él puede ocuparse de regar sobre la ideología un chorro de galanura, un camino de metáforas que no se le acaba nunca”, en tanto “conserva siempre bajo la floración, el hueso del pensamiento”, es decir, distingue la correspondencia de contenido y forma, la manera de expresar las ideas en este hombre que “peleó sobrenaturalmente, sintiendo detrás de sí la causa que le quema la espalda”, la independencia de Cuba.
Por eso, “es agradecimiento todo en mi amor de Martí, agradecimiento del escritor que es el Maestro americano más ostensible en mi obra, y también agradecimiento del guía de hombres terriblemente puro, que la América produjo en él …”.
En su segunda visita a Cuba
Gabriela ofreció la conferencia “La lengua de Martí” el 26 de junio de 1931 en el Teatro Principal de la Comedia, de La Habana -situado en ánimas y Zulueta, hoy desaparecido-, auspiciada por la Institución Hispanocubana de Cultura, dirigida por su fundador, el antropólogo, etnólogo, pionero en los estudios afrocubanos e historiador Fernando Ortiz (1881-1969), considerado “el tercer descubridor de Cuba”.
Era su segundo viaje a Cuba -el primero fue en 1922. Bajo el patrocinio de esa entidad impartió en 1931 asimismo otras dos conferencias: “El regionalismo de Federico Mistral” y “Autodidactismo”.
Igualmente brindó un recital de poemas inéditos dedicado a contribuir a la recaudación de fondos para una edición de la obra martiana por el Instituto Internacional de Cooperación Intelectual, presentación promovida por el poeta cubano Mariano Brull (1891-1956), representante cubano en ese organismo, en París.
En 1927, Gabriela había sido nombrada miembro del comité editorial de la Colección de Clásicos Iberoamericanos, organizada por ese Instituto, con el propósito de dar a conocer a los lectores de habla francesa a los escritores hispanoamericanos de más renombre.
De tal empeño de la entidad resultó el título “José Martí. América” (París, 1935), que contó con palabras preliminares de los intelectuales cubanos Mañach, Juan Marinello (1898-1977) y Félix Lizaso (1891-1967).
Durante esa estancia en Cuba, del 19 de junio al 2 de julio de 1931, Gabriela se trasladó a Caibarién, invitada por la filial de la Institución Hispanocubana de Cultura en esa ciudad, y disertó sobre autodidactismo.
Visitó Cienfuegos, respaldada por el Ateneo de esa localidad, donde además de reiterar sus ideas sobre autodidactismo, repitió su conferencia martiana, resaltada también por la prensa municipal.
Propuestas y decisión mistraliana 
La conferencia “La lengua de Martí”, impartida en 1931 en Cuba, apareció en la edición de 1934 tal como fue ofrecida por la autora hasta aquellos momentos de “Desolación” (Nueva York,1922), “Lecturas para mujeres” (México, 1923) y “Ternura” (Madrid, 1924), aunque antecedida de propuestas diversas.
Marinello formuló en carta del 6 de febrero de 1933 al ensayista y periodista Félix Lizaso (1891-1967), animar a Joaquín García Monge (1881-1958), director de Repertorio Americano (San José, Costa Rica) a dedicar un número de la revista a Martí.
Y mencionó “la bellísima conferencia de Gabriela, la cual previa consulta podría ser plato fuerte de ese número martiano de Repertorio. Casi un mes después, le comunicó a Lizaso que escribió a la escritora chilena, por esos días en Puerto Rico, para buscar su consentimiento, a fin de incluir el ensayo.
No obstante, Marinello sabe que “hay quien quiere pagar una edición de ella, si antes no se funde el plomo para darla en (otra revista del país) Bimestre Cubana, y se preguntó si la inclusión en la publicación nacional no afectaría la ineditez, pues la aparición sería en distintos lugares, La Habana y San José, al mismo tiempo.
Pidió opinión a Lizaso y a Elías Entralgo (1903-1966), profesor, ensayista y periodista, secretario de redacción de la Revista Bimestre Cubana.
Pero en carta a Marinello, finalmente, Gabriela -en abril de 1933- negó su autorización para la inclusión de su conferencia en Repertorio Americano, en el número correspondiente a mayo de ese año, dedicado al Héroe Nacional, al parecer para salvaguardar la ineditez con vistas a la publicación como cuaderno.
Tras la exposición del ensayo en Cuba, dio a conocer dos partes medulares en El Mercurio de Santiago de Chile, en 1932: “El Trópico y José Martí” (24 de junio) y “El Hombre José Martí” (26 de junio).
A instancias del crítico literario español Guillermo de la Torre (1900-1971), para una serie, “El pensamiento vivo”, que publicaba la Editorial argentina Losada, Gabriela proyectó la redacción de un breve libro sobre el héroe cubano y le envió hacia 1941, como primer capítulo, “una versión más depurada” de “La lengua de Martí”. (Revista de Occidente, Madrid, May 1966). Al parecer, no continuó el planeado título.
Hallazgo supremo 
Mañach, buen conocedor de la obra del Maestro, en carta a Gabriela el 29 de febrero de 1932, escribió a propósito de “La lengua de Martí”: “Nadie hasta ahora -se lo digo yo, que conozco bien la literatura martiana-, ha calado tan hondo ni en puntos tan bien elegidos”.
En carta a Antonio Martínez Bello el 4 de agosto de 1940, Marinello precisó como un hallazgo supremo aquel de la chilena declarando que en Martí lo importante, lo impar, es el tono.
Señaló Marinello: “…Actitudes y sentencias trasvasadas, vueltas a su matriz martiana, transformadas en la maravilla de su estilo, de su tono, aparecen como partes distintas, pero integradoras de un tono alzado y dinámico. Esto, de tan simple realización, enseña mucho; dice que el pensamiento de Martí es a tal punto parte de su vida -de “su sentido de la vida”, que es servicio humano- que su meditación más alta y más subalterna andan unidas por un mismo hilo denunciador”.
Consideró lúcidas y entrañables más de una afirmación hecha por la chilena acerca del Apóstol y legó una hermosa crónica, “Gabriela Mistral y José Martí”, incluida en Literatura hispanoamericana: hombres – meditaciones (Universidad Nacional de México, 1937).
A propósito de dicho ensayo, el periodista Tony de la Osa escribió tiempo después, en correspondencia con las ideas de Marinello:
” … Todo Martí está en la crónica de Rubén Darío, ha dicho Juan Ramón Jiménez. Todo Martí, podríamos añadir nosotros, anda por los recados de Gabriela Mistral … Hay que agradecer mucho a Gabriela su conferencia inigualable sobre “La lengua de Martí”. Aunque no lo dice en ninguna página, toda ella es un alegato cerrado y poderoso a favor de la cubanidad literaria de nuestro hombre mejor” (Bohemia, 27 may 1983).
Para la ensayista Zaida Capote Cruz, “su belleza aún nos sobrecoge por la hondura de sus juicios sobre el verbo martiano y su reconocimiento de que Martí … es el Maestro americano más ostensible en mi obra …” (Revolución y Cultura, nov-dic 1999).
Manifestación cumbre 
Pedro Luis Barcia, presidente de la Academia Argentina de Letras, en su estudio “La prosa de Gabriela Mistral” (“Gabriela Mistral en verso y prosa. Antología”, Publicaciones Académicas RAE-Santillana, 2010), llama la atención en que en “Lecturas para mujeres” ya ella había adoptado la expresión martiana “nuestra América”.
Barcia refiere tres momentos en la prosa de Gabriela; el primero, de los comienzos de 1904 a 1922, año de “Desolación” (prosas poéticas, poemas en prosa, cuentos, estampas, elogios, motivos y otros)
La segunda etapa, de 1922, con su asentamiento en México, a 1934, un período del periodismo y ensayismo con reflexiones e ideas en todos los campos de su interés a partir de los viajes mistralianos a Europa e Hispanoamérica.
Y un tercer lapso de 1934 a su muerte en 1957, “que arranca con el lanzamiento de los recados en prosa, luego en verso, y una activa y madura producción de ensayos sobre temas axiales para la meditación americana”.
De los textos dedicados a Martí, Barcia opina que el más interesante es el de la conferencia en Cuba, de 1934.
“Son muchas las razones de coincidencia con el cubano: su atención a la niñez, la fundación de “La Edad de Oro”, revista infantil, poemas para su hijo, la defensa de la independencia americana, la prédica por la patria grande, la consideración de lo mestizo, el “luchador sin odio”, su preocupación social, su honestidad y compromisos políticos, su estilo de prosa, de inimitable baquía sintáctica”, profundiza.
A juicio de Juan Gabriel Araya, escritor y profesor titular de la Universidad del Bío-Bío, Chile, “La lengua de Martí”, desde su estimativa crítica, “representa la manifestación más elevada de la prosa mistraliana (“Mistral en Martí, Martí en Mistral”, en Guardo el signo y agradezco: aproximaciones críticas a la obra de Gabriela Mistral, Universidad de Concepción, 2011).
Explica que “constituye un auténtico recado, el cual caracteriza a la propia lengua literaria de su autora; pero por otra, significa la manifestación cumbre del ejercicio crítico de sus facultades. Fija en él con claridad total, el verdadero papel desempeñado por José Martí en el desarrollo de las letras continentales”.
Desde 1932 hasta nuestros días, todas estas opiniones fundamentan el alcance de un ensayo que lejos de olvidarse en el tiempo, cobra nuevas luces bajo el prisma de los estudios actuales.
De alguna forma así sucede con Gabriela, volvemos a su escritura en verso y prosa, a poemas y documentos recién presentados, inéditos por años, y encontramos en ellos otras incitaciones, como las que ella tuvo a lo largo a su vida por Martí, a quien llamó “el gran leal”, “mi padre cubano”.
*Autora del libro “Con espumas de señales. Gabriela Mistral y Cuba” (Santiago de Chile: Nuevo Extremo, 2011). Conversatorio dado el 18 de mayo en el Centro Hispanoamericano de Cultura a propósito del aniversario 117 de la caída en combate del Héroe Nacional cubano y los 78 años de la publicación de “La lengua de Martí”, de la Premio Nobel de Literatura 1945.
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En Guáimaro, aniversario 150 de la Primera Constitución Cubana

La palabra exacta de José Martí vuelve a impulsar a los camagüeyanos, “Guáimaro libre nunca estuvo más hermosa que en los días en que iba a entrar en la gloria…”

Era el 10 de abril de 1869, y 150 años después, sus hijos vuelven a engalanar la ciudad para conmemorar y rendir tributo a los padres fundadores, quienes, forjaron la República con su Primera Constitución, dotaron a la nación de la bandera de la estrella solitaria como pabellón nacional, y eligieron al primer Presidente de Cuba Libre, Carlos Manuel de Céspedes.

Por si fueran pocas esas razones, en Guáimaro, hace 150 años, una camagüeyana alzó su voz, para reclamar la emancipación de la mujer cubana; allí se decretó que “todos los hombres son enteramente libres” y en el texto constitucional se reconoce oficialmente la abolición de la esclavitud.

Hoy los hijos de esa tierra, orgullosos de tal legado, se preparan para conmemorar el aniversario 150 de la Asamblea Constituyente, efectuada entre el 10 y el 14 de abril de 1869, justo seis meses después de iniciada la Guerra de Independencia.

Más de 200 acciones y tareas hoy llevan adelante los trabajadores y vecinos de Guáimaro, confirma el Presidente de la Asamblea municipal del Poder Popular, Reynaldo Aguilar.

 

Tomado de http://www.radiorebelde.cu

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José Martí y España en 1879: trascendencia de un aniversario

Hace 140 años arribó José Martí a las costas españolas, concretamente al puerto de Santander. Había hecho la travesía a bordo del vapor correo Alfonso XII. No viajaba por placer, iba deportado a España por segunda vez debido a sus ideales revolucionarios. Aunque el destino final del joven prisionero era el dominio español de Ceuta, en África, disposición que fue anulada posteriormente, y ello significó que permaneciera en la entonces Madre Patria y pudiera, finalmente, eludir la pena que pesaba en su contra.

Este periodo de residencia en la Península, de apenas dos meses, si bien fue más breve que el primero, el cual se extendió de 1871a 1874, fue decisivo en su formación y las experiencias de esta etapa marcarán de manera especial su desarrollo ulterior como intelectual y político. Por ello se hace necesario estudiar con mayor detenimiento esta zona de su biografía en la que aún quedan muchas incógnitas por develar.

En los meses siguientes aflorarán en su escritura muchas de las vivencias de aquellos breves días, tanto en textos redactados para el ámbito privado, entiéndase sus apuntes y cartas, como en los que escribiera para la prensa. Aunque le fuera doloroso separarse otra vez de su isla querida, de su familia de origen, de su joven esposa y de su hijo, que todavía era un bebé, la remembranza de la España de 1879 en su obra posterior nunca va a ser amarga. Al contrario, casi siempre emerge la simpatía, el recuerdo agradable, incluso hasta festivo y humorístico, en esas páginas, aunque una buena parte de ellas critique la situación sociopolítica, no solo hacia el interior del país, sino en sus relaciones con Cuba y sus otras colonias.

Y es que amén del insalvable abismo político existente entonces entre Cuba y España, José Martí siempre se sintió parte del pueblo español por su origen familiar, como hijo de valenciano y canaria y se nutrió, sin renegar nunca de ello, de lo mejor de la cultura y la lengua de la tierra de sus progenitores. Por esas razones, la gran chilena Gabriela Mistral lo ha considerado como “el leal insurrecto”, porque su rebeldía no excluía esa lealtad mayor, que es la del idioma, al cual engrandeció de manera indudable con su propia escritura.

Se conoce que a mediados de diciembre, sin que haya podido precisarse el día, se marchó furtivamente de España y se trasladó a Francia donde ya estaba el 18 de diciembre, fecha en que asistió a la Fiesta París-Murcia, donde vio actuar a la famosa actriz Sarah Bernhard, a quien admiraba. Dos días después embarcaría hacia Nueva York en el puerto de Le Havre, ciudad a la que llegó el 3 de enero de 1880 a bordo del trasatlántico-correo Francia.

A poco de llegar a Estados Unidos, comienza a colaborar en dos publicaciones importantes: la revista de arte The Hour, y el periódico The Sun. En los textos de este periodo son constantes las referencias a lo vivido el año anterior. Si escribe sobre pintura, siempre que le es posible se refiere a los grandes maestros españoles muy presentes en el mercado de arte neoyorquino. Los admira sin reservas y conoció de cerca sus obras en sus visitas a la Academia de San Fernando, el Museo del Prado, o incluso por contacto personal, pues es sabido que visitó el taller de Federico Madrazo en su última estancia madrileña y que a través de él se acercó directamente al quehacer de esa familia de pintores. No por casualidad existen, entre los mejores textos suyos dedicados a la crítica de arte, esas semblanzas memorables dedicadas a Raimundo Madrazo y a Mariano Fortuny, hijo y yerno, respectivamente, del gran retratista, entre cuyas modelos femeninas más hermosas y distinguidas estuvo nuestra Gertrudis Gómez de Avellaneda.

Si nos detenemos en las colaboraciones martianas para The Sun veremos que en ellas existe una mayor diversidad de asuntos. Junto a los textos relativos al arte encontraremos otros dedicados a la política española, a la vida en Madrid, a la corte, a representaciones teatrales, a las corridas de toros, a los poetas españoles contemporáneos, entre otros. Incluso, cuando repasamos sus seudónimos de esta etapa veremos cuán ligados están a la experiencia ibérica: en sus Impresiones de América, ese digno antecedente de sus magníficas Escenas norteamericanas, firma como A very fresh spaniard (Un español recién llegado), y en El volcán español, como A Spanish Republican (Un republicano español).

Ya finalizando 1881, cuando ha transcurrido más de un año de su llegada a Cantabria y de su breve paso por Santander, emerge el recuerdo de la urbe bellamente expresado en una de sus crónicas para La Opinión Nacional, de Caracas, fechada en Nueva York el 24 de diciembre. Veamos:

Hay al norte de España un pueblo de gente recia, como norteña y laboriosa (…) es Santander.(…) En Santander salió de manos del pulcro hablista y batallador católico Pereda, armado con todos sus arreos de pelear, contra los hijos del siglo, el brioso justador y celebrado hombre de letras Menéndez y Pelayo. De Santander son las bandadas de mujeres trabajadoras que con el agua a la rodilla, cargan o descargan de los buques haces de bacalao que manejan diestramente; las hermosas aguadoras, que, sin más sostén que su linda cabeza, mantienen en alto el grueso cántaro, caminito de la fuente; la Alameda melancólica, cuyos árboles pujantes se alzan y juntan con majestuosa bóveda, cual si con ellos hubiese querido hacer naturaleza excelso templo, y el bullicioso Sardinero, lindo pueblo de baños, con sus alegres damas veraniegas, que parecen sueños o magas marinas, vestidas no de trajes ligeros, sino de las espumas de la mar.

En esa crónica de actualidad,-centrada en las noticias que le llegan, ya asentado en Nueva York, a través del cable interoceánico-, en la que comienza hablando de la excomunión de tres periodistas liberales, es muy significativo que arranque con esa nota afectiva, grata. Ella alude a que su paso por la hermosa ciudad no fue efímero, a pesar de que estuvo en el lugar apenas doce días. En ellos pudo aprehender los rasgos esenciales de sus pobladores, a los que trató y admiró, y entre los que no se sintió jamás como un extraño. Encontró, en su residencia temporal en Arcos de Botín, no. 21, en casa de su madrina, Doña Marcelina Aguirre, calor y afecto de familia y respaldo en sus gestiones en pro de su permanencia en la Península. También se infiere, a partir del epistolario intercambiado con amigos cubanos, que fue bien acogido en algunos círculos santanderinos y que incluso llegó a hacer amistades allí.

Por todas esas razones, se está trabajando en aras de realizar el Coloquio Internacional 140 años del paso de José Martí por Santander, 1879-2019. Para garantizar la preparación y desarrollo exitoso de las acciones propuestas, se ha constituido un grupo de trabajo, en el que intervienen instituciones y personalidades de Cuba y España. Las Casas de Cantabria en Cuba, el Centro de Estudios Martianos, la Sociedad Montañesa de Beneficencia, así como la Universidad de Cantabria, la Real Sociedad Menéndez y Pelayo, el Centro de Estudios Montañeses, el Ateneo de Santander, entre otras entidades, son las impulsoras de este evento.

También se ha constituido un equipo de trabajo integrado por investigadores cubanos y españoles para llevar adelante un proyecto de investigación en torno a este periodo de la vida y la obra de José Martí, puesto que no ha sido aún estudiado con el detenimiento y la profundidad que merece.

Sirvan estas modestas acciones como homenaje a la efeméride y como el inicio de un intercambio futuro en el ámbito académico y cultural de mayores alcances y objetivos.

 

Tomado de http://librinsula.bnjm.cu

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Martí confiaba en los jóvenes

A veces, las enseñanzas más sencillas, traen aparejadas la perdurabilidad más grande. El libro Cartas a jóvenes de José Martí -preparado, introducido y comentado sabiamente por el ya desaparecido Salvador Arias- es una muestra de ello. Aparentemente es un simple cuaderno, pero nos devela una esencia mayúscula: en los momentos más graves y tremendos de la vida de Martí: el exilio, la preparación y aventura de una guerra de independencia, no faltó la comunicación con los adolescentes y la esperanza en ellos. Todavía cuesta mucho confiar en la juventud, aconsejarla, prepararla para la vida, sembrar en ella el amor al estudio y al trabajo. Los que se agotan con rapidez y dejan a la libre suerte la formación de estudiantes y recién graduados, debieran pensar que cuando nuestro Héroe Nacional no sabía ni cómo llegar a Cuba para reiniciar la lucha, varado en Cabo Haitiano, un 9 de abril de 1895, y con una enorme presión sobre sí, encontró el momento para darle una clase escrita de idioma, traducción y perseverancia de trabajo a María Mantilla: “Aprende de mí” –le dijo-. “Tengo la vida a un lado de la mesa, y la muerte a otro, y un pueblo a las espaldas: -y ve cuántas páginas te escribo”.

Salvador Arias tuvo el acierto de introducirnos cada texto y brindarnos información valiosísima sobre lo que les contestaban los jóvenes cuando recibían las misivas del escritor. Carmita Mantilla, por ejemplo, de 21 años, le decía jocosamente a Martí “El predicador”, porque cada vez que podía los adoctrinaba de cómo aprovechar el tiempo: “solo el desocupado es desgraciado” –les aconsejaba una y otra vez. Sin embargo, ella, apreció mucho esas recomendaciones de lograr, como mujer, autonomía económica e independencia laboral, y emocionada un día le escribió en agradecimiento: “usted es el hombre más cerca de la perfección que existe”. Panchito Gómez Toro, por su parte, le escribió a su hermanito Máximo, en 1896, ya muerto el cubano universal:

Creo que tú entiendes el mundo como yo y tienes formada una idea de la verdadera grandeza. ¿Te acuerdas de Martí? ¡Qué grande era en las pequeñeces!

Dicen que “ningún hombre es grande para su ayuda de cámara” porque en la intimidad, cuando se conoce a los hombres en los detalles, es cuando se ven los defectos; y Martí, cuanto más íntimamente se le trataba más grande se le encontraba. Así debemos nosotros ser, y nuestra línea de conducta igual en los distintos caminos porque nos lleve el deber.

Y el deber llevó a Panchito -quién convivió con Martí en un viaje por el sur de los Estados Unidos y el Caribe- a estar, unos meses después de escribir esta carta a su hermanito menor, en el combate de San Pedro; y cuando la propia escolta de Antonio Maceo se alejaba, sin poder rescatar el cuerpo del General, él fue, con su brazo en cabestrillo, a morir a machetazos encima del “Titán de Bronce”. Gracias a su heroísmo, y al de Juan Delgado y sus hombres, no pudieron los españoles llevarse, como habían hecho antes con Martí, el cuerpo preciado de la Patria. Pero esa entrega increíble de Panchito, tenía de trasfondo la cercanía en vida con hombres como Martí, Maceo y su padre Gómez, de ahí que esta sea, quizás, una de las principales lecciones de este pequeño libro: se debe enseñar sistemáticamente a la juventud, y no cejar en consejos y oportunidades, pero si el emisor de estos preceptos, aquel que pide compromiso y esfuerzo, no basa su discurso en la ejemplaridad, humildad y entrega cotidiana, no espere tampoco grandes resultados.

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José Martí: las enseñanzas que le trasmitió a la joven María Mantilla en una hermosa carta

El 9 de abril de 1895 José Martí le escribió una hermosa y emotiva carta a la joven María Mantilla a la cual le manifestó: “Yo amo a mi hijita. Quién no la ame así, no la ama. Amor es delicadeza, esperanza fina, merecimiento, y respeto. ¿En qué piensa mi hijita? ¿Piensa en mí?”

Con exquisita ternura se dirigió a María, hija de Carmen Miyares de Mantilla, en cuya casa de huéspedes él vivió en Nueva York.

Aún en ese instante en que está casi a punto de trasladarse hacia Cuba para dar su contribución directa a la guerra que había logrado reorganizar, Martí encuentra tiempo para escribir a quien llamaba cariñosamente “hijita querida”.

Precisamente en la citada misiva le señala: “Creí no tener modo de escribirte, en mucho tiempo, y te estoy escribiendo. Hoy vuelvo a viajar, y te estoy otra vez diciendo adiós.”

Y le detalló: “Cuando alguien me es bueno, y bueno a Cuba, le enseño tu retrato. Mi anhelo es que vivan muy juntas, tu madre y ustedes, y que pases por la vida pura y buena. Espérame, mientras sepas que yo viva.”

Cuando le escribe a María Mantilla, Martí se hallaba en Cabo Haitiano en espera de la embarcación que le condujera hacia su tierra natal.

Y en esta emotiva misiva, le hace referencia a María a la trascendencia que le atribuyese al gusto por la verdad y el desdén a la riqueza y la soberbia.

Además al referirse a la elegancia, le explica que ésta se encuentra en el buen gusto y no en el tipo o el costo del vestuario.

En relación con esto le llega a comentar: “La elegancia del vestido –la grande y la verdadera– está en la altivez y fortaleza del alma.”

Le aseguró: “Un alma honrada, inteligente y libre, da al cuerpo más elegancia, y más poderío a la mujer, que las modas más ricas de las tiendas. Mucha tienda, poca alma. Quien tiene mucho adentro necesita poco afuera. Quién tiene mucho afuera, tiene poco adentro, y quiere disimular lo poco.”

Precisamente Martí también le expresó a María Mantilla: “Quien siente su belleza, la belleza interior, no busca afuera belleza prestada: se sabe hermosa, y la belleza echa luz. Procurará mostrarse alegre, y agradable a los ojos, porque es deber humano causar placer en vez de pena, y quién conoce la belleza la respeta y cuida en los demás y en sí.”

Martí ejemplifica lo que le comenta al exponerle que no se debe poner en un jarrón de China un jazmín; y precisa que debe ponerse el jazmín, sólo y ligero, en un cristal de agua clara.

Le aseguro seguidamente: “Esa es la elegancia verdadera: que el vaso no sea más que la flor.”

Martí en esta carta le patentiza a María Mantilla cómo concibe que debe ser la escuela que considera que debe crear con su madre Carmen Miyares en Nueva York e incluso imagina a la joven también haciendo las funciones de maestra junto a su progenitora.

Y le dice en forma emotiva: “Si yo estuviera donde tú no me pudieras ver, o donde ya fuera imposible la vuelta, sería orgullo grande el mío, y alegría grande, si te viera allí, sentada, con tu cabecita de luz, entre las niñas que irían saliendo de tu alma….”

En su tierna carta a María Mantilla, finalmente Martí le expresa otro principio esencial a tener en cuenta por ella para llevar adelante su vida en forma virtuosa.

Le significa: “Pasa, callada, por entre la gente vanidosa. Tu alma es tu seda. Envuelve a tu madre, y mímala, porque es grande honor haber venido de esa mujer al mundo.”

Y le añade como queriendo llegar con sus palabras al corazón de la joven e influir de manera esencial en sus sentimientos: “Que cuando mires dentro de ti, y de lo que haces, te encuentres como la tierra por la mañana, bañada de luz. Siéntete limpia y ligera, como la luz. Deja a otras el mundo frívolo: tú vales más. Sonríe, y pasa. Y si no me vuelves a ver, haz como el chiquitín cuando el entierro de Frank Sorzano: pon un libro, el libro que te pido, -sobre la sepultura. O sobre tu pecho, porque ahí estaré enterrado yo si muero donde no lo sepan los hombres.- Trabaja. Un beso. Y espérame.”

En el transcurso del mes de abril de 1895, tras su llegada a Cuba el 11 de ese mes para dar su contribución directa al desarrollo de la guerra por la independencia de su tierra natal, Martí escribe otras emotivas cartas dirigidas no sólo a María sino además a sus hermanos y su madre Carmen Miyares.

En una de esas cartas, en la fechada específicamente en Jurisdicción de Baracoa, el 16 de abril de 1895, le específica a la joven María: “Voy bien cargado, mi María, con mi rifle al hombro, mi machete y revólver a la cintura, a un hombro una cartera de cien cápsulas, al otro en un gran tuvo, los mapas de Cuba, y a la espalda mi mochila, con sus dos arrobas de medicina y ropa y hamaca y frazada y libros, y al pecho tu retrato.”

 

Tomado de http://www.habanaradio.cu

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Falleció la profesora e investigadora Ana Cairo

La profesora, ensayista e investigadora Ana Cairo Ballester, Premio Nacional de Ciencias Sociales, miembro de la Academia de Historia y del Consejo Nacional de la UNEAC, falleció en La Habana.

En su cuenta de Twitter, Abel Prieto, presidente de la Sociedad Cultural José Martí y director de la Oficina del Programa Martiano reseñó la noticia, lamentando la temprana partida de la destacada intelectual cubana, amplia conocedora de la Historia nacional.

Ana Cairo deja una extensa obra investigativa sobre la Historia de Cuba, en particular sobre el período de la República con títulos como El movimiento de veteranos y patriotas, Historia de La Universidad de la Habana, Mella: 100 años, José Martí y la novela de la cultura cubana.

Titulada como Doctora en Ciencias Filosóficas y Profesora Titular de la Universidad de La Habana, dirigió el colectivo profesoral encargado de la docencia de Literatura Cubana en la Facultad de Artes y Letras y formó parte de los consejos editoriales de las revistas Temas, Universidad de La Habana, Debates Americanos y Revista de la Biblioteca Nacional José Martí.

Con su muerte la Cultura Cubana pierde a uno de sus baluartes más sólidos y la historiografía nacional a una incansable investigadora.

Tomado de: http://www.cubadebate.cu/noticias

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José Martí y la política de los Estados Unidos hacia América Latina

La presencia de José Martí nos despierta porque como él mismo dijo, aún en otro contexto histórico, “Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada… las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra”.

Nos enseña Martí el valor de las ideas. “Una idea enérgica, flameada a tiempo, para, como la bandera mística del juicio final, a un escuadrón de acorazados”.
¿Habrá hoy o no razón para que los pueblos se junten cuando vivimos la desmedida agresividad contra los movimientos progresistas de América?

Se pretende echar abajo la Revolución bolivariana, interrumpir el proceso nicaragüense y boliviano, asfixiar a los cubanos con la brutal ley Helms Burtom que intenta despojarnos de todas las conquistas, como mismo hicieron ayer con Argentina y el gobierno de Cristina Fernández, en Brasil con Lula y Dilma, en Ecuador con Rafael Correa.

Habrá que ponerse en fila para que no pase el gigante de las siete leguas, pero sabemos que habrá quien no quiera ponerse en fila, porque les faltará el valor y eso son los que llamó Martí “sietemesinos”.

“¿En qué Patria puede tener el hombre más orgullo que en nuestras Repúblicas dolorosas de Américas, levantadas entre las masas mudas de indios, al ruido de pelea del libro con el cirial, sobre los brazos sangrientos de un centenar de apóstoles?”

Mientras el Norte revuelto y brutal intenta querer gobernar el mundo y aplicar leyes extraterritoriales, apoyar a un impostor como Juan Guaidó que se autoproclama presidente interino de Venezuela, Martí nos alerta: “El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma de gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país”, y eso es muy bien conocido por nuestros pueblos, que en Venezuela, por ejemplo, han aprobado mayoritariamente a Nicolás Maduro como su Presidente y, en Cuba, a Miguel Díaz Canel como la fórmula de continuidad de una Revolución que afianza su destino en la nueva Constitución. Allí donde el gobierno no nace del pueblo triunfa la derecha con un Jair Bolsonaro a la cabeza para subordinar la nación al “interés de un caudillo hábil”.

Ya “se ponen en pie los pueblos y se saludan ¿cómo somos?, se preguntan; y unos a otros se van diciendo como son”. “Estrategia es política”. “Los pueblos han de vivir criticándose, porque la crítica es la salud; pero con un solo pecho y una sola mente. ¡Bajarse hasta los infelices y alzarlos en los brazos!”, ese es el camino, de no dejar a nadie desamparado, de atender a los que tienen menos, de estar más cerca del pueblo.

…”ya suena el himno unánime; la generación actual lleva a cuestas, por el camino abonado por los padres sublimes, la América trabajadora; del Bravo a Magallanes, sentado en el lomo del cóndor, regó el Gran Semí por las naciones románticas del continente y por las islas dolorosas del mar, la semilla de la América nueva!

Una América nueva y unida es posible, que los aires del Norte bajen la cabeza, América para los pueblos libres.

Tomado de : http://www.radioangulo.cu

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Eligen a Niurka Duménigo García Vicepresidente de la Sociedad Cultural José Martí

La Junta Nacional de la Sociedad Cultural José Martí eligió a la periodista, promotora cultural y editora Niurka Duménigo García nueva Vicepresidenta de la institución.

Una nota dada a conocer hoy destaca que Duménigo García se desempeñó anteriormente, con resultados muy favorables, como Presidenta Nacional de la Organización de Pioneros José Martí, Directora de la Casa Editora Abril, Consejera Cultural de Cuba en la República Bolivariana de Venezuela y Asesora del Ministro de Cultura.

Añade que la Junta, que sesionó este viernes, debatió sobre varios temas asociados a las misiones principales de esta organización y analizó también la necesidad de actualizar la estrategia de comunicación de las instituciones martianas en la coyuntura actual.

Se trata de una tarea imprescindible en medio de la crisis promovida por una industria hegemónica que reduce los procesos culturales al mero entretenimiento.

La Junta ratificó además “el acuerdo de que el Movimiento Juvenil Martiano se vincule de manera orgánica a nuestra Sociedad y protagonice la atención a sus jóvenes miembros”.

Tomado de: http://www.acn.cu

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Celebra el Movimiento Juvenil Martiano el Seminario Provincial de Estudios Martianos

Con una Ofrenda floral en la estatua que se erige en la galería de entrada del Centro de Estudios Martianos (CEM)  “Martí Crece” y luego la Conferencia “José Martí y el socialismo en Cuba”, a cargo de la Dra.C María Caridad Pacheco González  quedó inaugurada la Edición 44 del Seminario Juvenil de Estudios Martianos de la provincia La Habana la cual se celebró en el propio CEM.

Esta edición del seminario se dedica, de modo especial a las egregias personalidades de: Fina García Marruz y Roberto Fernández Retamar.

A los Aniversarios 30 del Movimiento Juvenil Martiano, al 60 del Triunfo de la Revolución y al 500 de la Ciudad de La Habana.

Se realizó el trabajo en varias comisiones, divididas en investigaciones, creación artística y audiovisuales. El jurado para ofrecer su veredicto estuvo conformado en su gran mayoría por jóvenes investigadores del Centro de Estudios Martianos.

Además se ofreció  el Panel “130 Aniversario de La Edad de Oro” el cual estuvo a cargo de Mayra B. Martinez, Caridad Atencio y David Leyva, todos investigadores del CEM.

Por la significación que el legado martiano mantiene en la obra de la Revolución que recientemente cumplió el 60 aniversario de su triunfo, el Consejo Provincial del Movimiento Juvenil Martiano en La Habana en sesión ordinaria del pasado septiembre 2018 aprobó entregar el Premio Abdala, máxima distinción  a este nivel a diferentes compañeros y entidades.

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