La Dicha grande de José Martí

“Bajan del bote. Llueve grueso al arrancar. Rumbamos mal. Ideas diversas y revueltas en el bote. Más chubascos. El timón se pierde. Fijamos rumbo. Llevo el remo de proa. Salas rema seguido. Paquito Borrero y el General ayudan de popa. Nos ceñimos los revólveres. La luna asoma, roja, bajo una nube. Arribamos a una playa de piedras, la Playita al pie del Cajobabo, me quedo en el bote el último vaciándolo. Salto. Dicha grande”.

Así reflejó el Apóstol cubano José Martí, en su Diario de Campaña, los instantes sublimes de arribar a la Patria querida el 11 de abril de 1895, cerca de las diez y treinta minutos de la noche, para impulsar la Guerra Necesaria iniciada el 24 de febrero, que él ayudara a gestar y organizar.

El Delegado del Partido Revolucionario Cubano desembarcó acompañado del Mayor General Máximo Gómez, los Generales Francisco Borrero y Ángel Guerra, el Coronel Marcos del Rosario y el Capitán César Salas.

Los expedicionarios habían salido de Montecristi el primero de abril a bordo de la goleta Brothers y después llegan a la isla de Gran Inagua, Bahamas, donde viven el percance de la traición de los marineros, hecho que les impide continuar viaje de inmediato.

La búsqueda de una nueva tripulación resulta inútil, por lo que deciden abordar el carguero alemán Nordstrand con destino a Cabo Haitiano.  El capitán del navío los acepta como pasajeros ocultos, todo esto gracias a que él mismo es simpatizante de la causa por la que luchaban los cubanos.

Después del desembarco, los revolucionarios se instalan en varios campamentos, entre ellos la cueva de Juan Ramírez, Vega Batea, Palmarito, Palenque y otros sitios de la región.

El l5 de abril, José Martí fue ascendido al grado de Mayor General del Ejército Libertador en el rancho de Tavera, donde recibió la primera bandera cubana bordada por Juana Pérez, esposa del General Pedro Agustín Pérez, el primer sublevado de Guantánamo contra el poder colonial español.

Al mismo tiempo, el General José Maceo le entregó el caballo Baconao, en el que Martí cabalgó hasta su caída en combate, en Dos Ríos, aquel fatídico 19 de mayo de 1895.

En tierras guantanameras el Delegado se transformó en el máximo jefe mambí y departió con muchos hombres y mujeres patriotas, quienes desde la montaña y el llano dieron el más fuerte impulso a la Revolución.

La llegada de los principales jefes de la clarinada contra España significó un gran estímulo para quienes en la manigua luchaban por la verdadera independencia de Cuba.

La Playita de Cajobabo es hoy un sitio sagrado de la Patria, que encierra muchos simbolismos. Allí el Generalísimo Máximo Gómez besó la arena al desembarcar, y el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz acudió en el año del Centenario con la bandera cubana en las manos, haciendo coincidir su presencia con el día y hora exacta de la llegada de los expedicionarios.

Por ello la fecha del 11 de abril de 1895 fue escogida por la Asamblea provincial del Poder Popular en Guantánamo, después de una amplia consulta con el pueblo, como el hecho más significativo de la historia local.

Cada año la efeméride es conmemorada con actividades solemnes, históricas y culturales, que convierten al municipio de Imías y a todo el Alto Oriente cubano  en un gran hervidero de ideas, acciones y patriotismo.

 

Tomado de http://venceremos.cu

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Evocarán hoy en Guantánamo aniversario 124 del arribo de Martí por Playita de Cajobabo

El aniversario 124 del arribo de José Martí, Apóstol de la Independencia de Cuba, y Máximo Gómez, el Generalísimo, por Playita de Cajobabo, el 11 de abril de 1895, se evocará hoy  durante el acto central por la efemérides, la más importante en la provincia de Guantánamo.

Jóvenes destacados del municipio de Imías, otrora perteneciente a la antigua región de Baracoa, donde se localiza ese lugar sagrado de la patria, remedarán aquel histórico desembarco, en una noche de mar encrespada en que los expedicionarios perdieron el timón y en la costa había luces.

La historiografía cubana considera una odisea aquella jornada en la que acompañaron a José Martí, además del General en Jefe del Ejército Libertador,  los brigadieres Francisco Borrero y Ángel Guerra, el coronel Marcos del Rosario y el capitán César Salas.

Es costumbre durante las movilizaciones que efectúan los imienses hacia esa punta saliente de costa, visitar el museo 11 de abril, emplazado en la vivienda que el Líder  de la Revolución  Jefe Fidel Castro orientó construir para Salustiano Leyva Leyva, último testigo del desembarco.

Leyva falleció el 17 de septiembre de 1981, a los 97 años y fue coprotagonista del documental Mi hermano Fidel, filmado por el cineasta Santiago Álvarez en la década de los 70.

Apenas cuatro días después de su llegada a Playita, José Martí recibió los grados de Mayor General del Ejército Libertador, en Consejo de Jefes celebrado en el lugar conocido como Rancho de Tavera, paraje intrincado del grupo montañoso Sagua-Baracoa.

 

Tomado de http://www.acn.cu

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Partido, Pueblo, Constitución

El 10 de abril se reafirma como fecha trascendente en la historia de Cuba. Hoy se proclama nuestra nueva Constitución, la que muchos de ahora en adelante nombrarán al referirse a ella como la Constitución del 2019. El acontecimiento es motivo de incontenible regocijo. La actual, la que entra en vigencia luego de su aprobación mayoritaria el pasado 24 de febrero, es otro paso en el perfeccionamiento del país que desde hace siglo y medio empezamos a edificar.

Somos un pueblo que ha tenido que pelear duro para alcanzar la independencia; hoy, a la vuelta de tanto tiempo, persistimos en la batalla para que la soberanía conquistada no se nos arrebate. El deseo imperial de apropiarse de Cuba jamás ha cesado. Para impedir que Estados Unidos se apoderase de Cuba, el 10 de abril de 1892 José Martí dejó oficialmente fundado en Cayo Hueso el Partido Revolucionario Cubano, fuerza política para organizar y emprender la Guerra Necesaria en la etapa del 95 del pasado siglo; para una vez conquistada la emancipación, como nervio único, sabio e incluyente, emprender un camino de edificación nacional soberano y de justicia social.

El importante capítulo de la fundación del Partido Revolucionario Cubano fue una lección histórica; con él Martí nos inculcó la idea de un solo Partido, la inspiró a Fidel para unirnos dentro del Partido Comunista de Cuba; avanzada de lo mejor de nuestro pueblo, de todos los cubanos y cubanas patriotas que desde la diversidad formamos la única e indivisible esencia de lo nacional con todos y para el bien de todos, como el propio Martí oportunamente señaló.

Refiriéndose a aquella fuerza organizada, semilla de la actual, Martí llegaría a expresar: “Él es, de espontáneo nacimiento, la grande obra pública. Es, sin más mano personal que la que echa el hierro hirviente al molde, la revelación de cuanto tiene de sagaz y generosa el alma cubana”. Y lo genuino de él es que no se trató entonces, igual que en nuestros días acontece con su heredero legítimo actual, de un Partido electoral. Fue el de ayer, como lo es el de hoy, esa grande obra pública, ese hierro hirviente puesto al molde que revela la generosidad del alma cubana, retomando palabras del propio Apóstol de nuestra independencia.

Es gracias a todo ese caudal de experiencias que nuestra actual Constitución, la que pensamos, redactamos y aprobamos entre todos, como genuino ejercicio democrático, esta de todos y para todos vigente desde hoy, encarna el mismo ideal de unidad patriótica y voluntad creadora de una conciencia colectiva como nación libre y soberana.

Hoy 10 de abril coincide otra celebración patriótica, ya que se cumplen los primeros 150 años de la primera Asamblea Constituyente Cubana que tuvo como sede el pueblito camagüeyano de Guáimaro, donde aquel mismo día se aprobó la primera de nuestras Constituciones en medio de la Guerra iniciada en La Demajagua por el Padre de la Patria.

Nuestra actual Carta Magna proclamada en vigencia a partir de este día resume el pensamiento de nuestros más avanzados próceres: desde Varela mucho tiempo antes, hasta Céspedes, Agramonte, Martí y Fidel. Por ello celebramos orgullosos de protagonizar la continuidad histórica que en cada etapa – expresada acorde a cada momento concreto – es reflejo consecuente de un mismo ideal patrio.

Martí perfeccionó la obra iniciada por Céspedes, como Fidel perfeccionó e hizo triunfar la obra de Martí llevándola a su realización más plena. Inspirados en ellos, con la riqueza del pensamiento legado por Fidel, seguimos perfeccionando un proyecto de país cada vez más democrático, incluyente, abarcador y justo.

Liderados por nuestro invencible Partido Comunista de Cuba hacemos en cada momento lo que cada momento exige que hagamos para bien de la Patria. Vivimos así la vigencia de una Constitución de todos y para todos los hijos e hijas de este pueblo aguerrido, solidario y generoso; bloqueado y amenazado continuamente por las fuerzas oscuras del odio y el anexionismo, no resignadas a la idea de que somos un país digno y soberano que no se deja aplastar.

Más que nunca sabemos hoy que Partido, Pueblo y Constitución somos lo mismo y que en esa indestructible unidad nada ni nadie podrá detenernos. Somos presente y garantía de futuro. Nuestra cohesión en estos tres pilares hace que Cuba siga siendo dueña de su propio destino, soberana e invencible.

 

Tomado de http://www.radiocubana.cu

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José Martí: “El 10 de abril”

Más bella es la naturaleza cuando la luz del mundo crece con la de la libertad; y va como empañada y turbia, sin el sol elocuente de la tierra redimida, ni el júbilo del campo, ni la salud del aire, allí donde los hombres, al despertar cada mañana, ponen la frente al yugo, lo mismo que los bueyes. Guáimaro libre nunca estuvo más hermosa que en los días en que iba a entrar en la gloria y en el sacrificio. Era mañana y feria de almas Guáimaro, con sus casas de lujo, de calicanto todas, y de grandes portales, que en calles rectas y anchas caían de la plaza espaciosa a la pobreza pintoresca de los suburbios, y luego el bosque en todo el rededor, y detrás, como un coro, las colinas vigilantes. Las tiendas rebosaban. La calle era cabalgata. Las familias de los héroes, anhelosas de verlos, venían adonde su heroísmo, por ponerse en la ley, iba a ser mayor. Los caballos venían trenzados, y las carretas venían enramadas. Como novias venían las esposas; y las criaturas, como cuando les hablan de lo sobrenatural. De los estribos se saltaba a los brazos. Los españoles, alegres, hacían buena venta. Era que el Oriente y las Villas y el Centro, de las almas, locales perniciosas componían espontánea el alma nacional, y entraba la revolución en la república. El jefe del Gobierno provisional de Oriente acudía al abrazo de la asamblea de representantes del Centro. El pabellón nuevo de Yara cedía, por la antigüedad y la historia, al pabellón, saneado por la muerte, de López y Agüero. Venía Céspedes, a detenerlo a la puerta de la Cámara, en el caballo que le pidió al Camagüey permiso para ir por su territorio a beber las aguas del Almendares. El que había sabido deponer, se deponía. El sable que Céspedes regaló a Agramonte, en la visita en que el Oriente quiso seguir hasta palacio con su ley, y el Centro quiso poner a la guerra las formas de la república, esperaba impaciente antes que desenvainarse mal, la carta de libertades que ha de poner por sobre su cabeza, y ha de colgar del pecho de su caballo, todo militar de honor. En los modos y en el ejercicio de la carta se enredó, y cayó tal vez, el caballo libertador; y hubo yerro acaso en ponerles pesas a las alas, en cuanto a formas y regulaciones, pero nunca en escribir en ellas la palabra de luz. Ni Cuba ni la historia olvidarán jamás que el que llegó a ser el primero en la guerra, comenzó siendo el primero en exigir el respeto de la ley… Estaba Guáimaro más que nunca hermosa. Era el pueblo señorial como familia en fiesta. Venían el Oriente, y el Centro, y las Villas al abrazo de los fundadores.

¿A quién salen a ver, éstos, saltando el mostrador, las casas saliéndose a los portales, las madres levantando en brazos a los hijos, un tendero español sombrero en mano, un negro canoso echándose de rodillas? Un hombre erguido y grave, trae a buen paso, alta la rienda, el caballo poderoso; manda por el imperio natural, más que por la estatura; lleva al sol la cabeza de largos cabellos; los ojos, claros y firmes, ordenan, más que obedecen: es blanca la chamarreta, el sable de puño de oro, las polainas pulcras.

¡Y qué cortejo el que viene con Carlos Manuel de Céspedes! Francisco Vicente Aguilera, alto y tostado, y con la barba por el pecho, viene hablando, a paso de hacienda, con un anciano florido, muy blanco y canoso, con el abogado Ramón Céspedes. Van callados, del mucho amor el uno, y el otro de su seriedad natural, José María Izaguirre, que en los de Céspedes tiene sus ojos, y Eligio, el otro Izaguirre, rubio y barbado. Corte a caballo parece Francisco del Castillo, que trae a la guerra su fama y su fortuna, y en La Habana, cuando se enseñó, ganó silla de prohombre: y le conversa, con su habla de seda, José Joaquín Palma, muy mirado y celebrado, y muy arrogante en su retinto. El otro es Manuel Peña, todo brío y libertad, hecho al sol y al combate, brava alma en cuerpo nimio. Jesús Rodríguez es el otro, de más hechos que palabras, y hombre que se da, o se quita. Van y vienen, caracoleando, el ayudante Jorge Milanés, muy urbano y patricio; el gobernador Miguel Luis Aguilera, criado al campo leal, y prendado del jefe, y un mozo de ancha espalda, y mirada a la vez fogosa y tierna, que monta como quien nació para mandar, y es Fernando Figueredo. –En silencio pasan unas veces; y otras veces se oye un viva.

¿Por quién manda Céspedes que echen a vuelo las campanas, que Guáimaro se conmueva y alegre, que salga entero a recibir a una modesta comitiva? Entra Ignacio Agramonte, saliéndose del caballo, echando la mano por el aire, queriendo poner sobre las campanas la mano. El rubor le llena el rostro, y una angustia que tiene de cólera: «iQue se callen, que se callen las campanas!». El bigote apenas sombrea el labio belfoso: la nariz le afina el rostro puro: lleva en los ojos su augusto sacrificio. Antonio Zambrana monta airoso, como clarín que va de silla, seguro y enfrenado; el Marqués va caído, el ardiente Salvador Cisneros, que es fuego todo bajo su marquesado, y cabalga como si llevara los pedazos mal compuestos; Francisco Sánchez Betancourt le trae a la patria lo que le queda aún del cuerpo pobre, y todos le preguntan, rodean y respetan. Pasa Eduardo Agramonte, bello y bueno, llevándose las almas. –¡Allá van, entre el polvo, los yareyes, y las crines, y las chamarretas!

Los de las Villas llegaron más al paso, como quienes venían de marchas muy forzadas, y a bala viva ganaron el camino al enemigo. Les mandaba la escolta al polaco Roloff, noble jinete, que sabe acometer, y sabe salvar, alto de frente, inquieto y franco de ojos, reñido con las esperas, e hijo fanático y errante de la libertad. Doctores y maestros y poetas y hacendados vienen con él; ¡y esto fue lo singular y sublime de la guerra en Cuba: que los ricos, que en todas partes se le oponen, en Cuba la hicieron! Por el valer y por los años hacía como de cabeza Miguel Jerónimo Gutiérrez, que se trajo a pelear el juicio cauteloso, el simple corazón, la cabeza inclinada, la lánguida poesía, el lento hablar: y su hijo. Honorato Castillo venía a levantar la ley sin la que las guerras paran en abuso, o derrota, o deshonor, –y a volverse al combate, austero e impetuoso, bello por dentro, corto de figura, de alma clara y sobria. Manso, «como una dama», en la conversación, peinadas las barbas de oro, y todo él consejo y cortesía cabalgaba Eduardo Machado, ya comentando y midiendo; y con él Antonio Lorda, en quien el obstáculo de la obesidad hacía más admirable la bravura, y la constancia era igual a la llaneza; las patillas negras se las echaba por el hombro: clavaba sus ojos claros. Arcadio García venía con ellos, natural y amistoso; y patria todo, y buena voluntad; y Antonio Alcalá, popular y querido, y cabeza en su región; y Tranquilino Valdés, de voto que pesa, hombre de arraigo y calma. Iba la cabalgata, fatigada y gloriosa: se disputaban a los valientes villareños las casas amigas: ¿no venían bajo un toldo de balas?

Tienen los pueblos, como los hombres, horas de heroica virtud, que suelen ser cuando el alma pública, en la niñez de la esperanza, cree hallar en sus héroes, sublimados con el ejemplo unánime, la fuerza y el amor que han de sacarlos de agonía; o cuando la pureza continua de un alma esencial despierta, a la hora misteriosa del deber, las raíces del alma pública. Son entonces los corazones como la flor de la maravilla de nuestras sabanas, todos sensibles y de color rico; y hay guirnaldas de almas, lo mismo que de flores. Dejan caer la pasión los pechos más mezquinos, y la porfía es por vencer en la virtud. Manos heladas, del poco uso, se dan con vehemencia: los hombres no se murmuran los méritos, ni se los picotean: miran de frente los ojos resbaladizos. Guáimaro vivió así, de casa en casa, de junta en junta, de banquete en banquete. Hoy Céspedes convidó a su mesa larga, y entre rústica y rica, con ochenta cubiertos, y manteles y vinos: y en la mirada ceremoniosa, y siempre suya, se le veía la felicidad: ¡qué arranques conmovedores, de jóvenes y de viejos, y qué mezcla de pompa aprendida y de grandeza natural en los discursos! Luego el Centro invitó a Oriente y a las Villas. Y las Villas invitaron después. Y después Manuel Quesada, General del Centro entonces, la palabra entre melosa y altanera, el vestido ejemplar y de campaña, alta y calzada la estatura. No había casas con puertas, ni asambleas sin concordia, ni dudas del triunfo. La crónica no era de la que infama y empequeñece, sobre mundanidades y chismes; sino de las victorias más bellas de los héroes, que son las que alcanzan sobre sí propios. Las conversaciones de la noche eran gloriosos boletines.

Que Céspedes, convencido de la urgencia de arremeter, cedía a la traba de la Cámara. Que Agramonte y Zambrana, porque no se les tuviera la idea de la Cámara por aspiración personal, ponían, en el proyecto de constitución que la junta de representantes les encargó, lejos de su alcance por algunos años la edad de la presidencia. Que Céspedes cedía la bandera nueva que echó al mundo en Yara, para que imperase la bandera de Narciso López, con que se echó a morir con los Agüeros el Camagüey. Que el estandarte de Yara y de Bayamo se conservaría en el salón de sesiones de la Cámara, y sería considerado como parte del tesoro de la República. Que aunque suene, por parte de los unos a amenaza o reticencia, los otros consentirán en que la Cámara quede con el derecho de juzgar y de deponer a los funcionarios que puede nombrar. Que la Cámara pueda nombrar al Presidente de la República.

Y mientras concertaban los jóvenes ilustres, en el proyecto del código de la guerra, las entidades reales y activas del país y sus pasiones y razones criollas, con sus recuerdos más literarios que naturales, e históricos que útiles, de la Constitución extraña y diversa, de los Estados Unidos; mientras en junta amigable componían, en el trato de su romántica juventud con lo que la prudencia ajena pudiera añadir a la suya, un código donde puede haber una forma que sobre, pero donde no hay una libertad que falte, crecía en Guáimaro, con el afecto íntimo, la cordialidad que dio aquellos días inolvidable hermosura. Era ya la cabalgata tempranera, por fatigar el caballo o por lucirlo, a la fonda del chocolate del país, con las roscas de catibía servidas entre risas, y el buen queso fresco. Era el pasear de brazo, admirándose y señalándose; y contando unos, si regatear, el mérito de los otros. Era el visitar la casa hospitalaria de Francisco Sánchez Betancourt, donde tenían estrado Amelia y Luisa o la de Manuel Quesada, con Ana y Caridad; o la de Céspedes siempre afable y ameno. Era el enseñarse en el paseo del portal a Rafael Morales, de viril etiqueta, empinado y vivaz, verboso de pensamiento, y todo acero y fulgor, como tallado en una espada; a Julio Sanguily, amigo universal, llano y feliz, oyendo más que hablando, saliéndose del grupo en cuanto le trataban de sus proezas; a Manuel Sanguily, siempre de cara al enemigo y al debate, y con la palabra, como la cabellera, de oro; a Francisco la Rua, fino y sencillo, con aquella rectitud de su alma militar que ya anunciaba en él el flagelo de los que quieren alzarse sobre la república por la fama ganada en su servicio; a Luis Ayestarán, velada por la cultura su tristeza, y bueno y silencioso, como un enamorado; a Luis Victoriano Betancourt, que veía las entrañas de las cosas, y las del hombre, con sus espejuelos de oro; a Tomás Mendoza, austero y cabeceador con chistes que eran sentencias, y autoridad que le alzaba la estatura; a Cristóbal Mendoza, con el alma en los labios chispeantes y la cabeza llena de letras y de lenguas; Domingo Guiral, más notorio por el brío con que condenó a Napoleón Arango, que por la frase social y el esmero inmaculado del vestido; a Francisco Diago, jubiloso y menudo, valiente como cien, siempre al pie de una dama; a Ramón Pérez Trujillo, disputando, negando, flagelando, arguyendo; a Federico Betancourt, de burla amiga y suave, y con los brazos siempre abiertos. Al caer la noche, cuando el entusiasmo no cabe ya en las casas, en la plaza es la cita, y una mesa la tribuna: toda es amor y fuerza la palabra; se aspira a lo mayor, y se sienten bríos para asegurarlo; la elocuencia es arenga: y en el noble tumulto, una mujer de oratoria vibrante, Ana Betancourt, anuncia que el fuego de la libertad y el ansia del martirio no calientan con más viveza el alma del hombre que la de la mujer cubana. Del brazo andan las gentes, y el día entra en la noche. Así, hombro a hombro, se acercaba el día diez.

Era la casa de la Asamblea vasta y hermosa, a una esquina de la plaza del pueblo: casa de calicanto, de ancho portal de horcones y las rejas de la madera del país. Adentro, en dos hileras a los lados aguardaban, al centro del salón, los asientos de rejilla de los representantes, y de cabecera estaba la mesa presidencial, y a ambos cabos las dos sillas de la secretaría. Suele el hombre en los grandes momentos, cuando lo pone por las alturas la nobleza ajena o propia, perder, con la visión de lo porvenir, la memoria minuciosa de lo presente. Sombra es el hombre, y su palabra como espuma, y la idea es la única realidad. Aquel tesoro de pureza que busca en vano el hombre se viene a la mano, y sólo a él se ve, y todo lo del rededor se olvida, como sólo ve la luz de un rostro la mujer de repente enamorada. Sí: Céspedes presidió, ceremonioso y culto: Agramonte y Zambrana presentaron el proyecto: Zambrana, como águilas domesticadas, echaba a cernirse las imágenes grandiosas: Agramonte, con fuego y poder, ponía la majestad en el ajuste de la palabra sumisa y el pensamiento republicano; tomaba al vuelo, y recogía, cuando le parecía brida suelta, o pasión de hombre; ni idólatras quiso, ni ídolos; y tuvo la viveza que descubre el plan tortuoso del contrario, y la cordura que corrige sin ofender; tajaba, al hablar, el aire con la mano ancha. Acaso habló Machado, que era más asesor que tribuno. Y Céspedes, si hablaba, era con el acero debajo de la palabra, y mesurado y prolijo. En conjunto aprobaron el proyecto los representantes, y luego por artículos, «con ligeras enmiendas». El golpe de la gente en las ventanas, y la muchedumbre, no muy numerosas, de los bancos del salón, más con el corazón encogido que con los vítores saludaron en la república nueva el poder de someter la ambición noble a la voluntad general y, acallar ante el veto de la patria la convicción misma, fanática o previsora, del modo de salvarla. Un tierno apego se notó a la salida, de la multitud confusa, a los jóvenes triunfantes, y había algo de regio de una parte, qué se envuelve en el armiño y desaparece, y algo por la otra del placer de la batalla.

Momentos después iba de mano en mano la despedida del general en jefe del ejército de Cuba, y jefe de su gobierno provisional. «El curso de los acontecimientos le conduce dócil de la mano ante la república local»: «La Cámara de Representantes es la única y suprema autoridad para los cubanos todos»: «El Destino le deparó ser el primero» en levantar en Yara el estandarte de la independencia: «Al Destino le place ­dejar terminada la misión del caudillo» de Yara y de Bayamo: «Vanguardia de los soldados de nuestra libertad» llama a los cubanos de Oriente: jura «dar mil veces la vida en el sostenimiento de la república proclamada en Guáimaro».

El once, a la misma mesa, se sentaban, ya en Cámara, los diputados, y por la autoridad del artículo séptimo de la constitución eligieron presidente del poder ejecutivo a quien fue el primero en ejecutar, a Carlos Manuel de Céspedes; presidente de la Cámara, al que presidía la Asamblea de representantes del Centro, de que la Cámara era ensanche y hechura, a Salvador Cisneros Betancourt; y general en jefe de las fuerzas de la república al general de las del Centro, a Manuel Quesada.

Era luz plena el día 12 cuando, con aquel respeto que los sucesos y lugares extraordinarios ponen en la voz, con aquella emoción, no sujeta ni disimulada, que los actos heroicos inspiran en los que son capaces de ellos, fueron, rodeados del poder y juventud de la guerra, de almas en quienes la virtud patriótica sofocaba la emulación, tomando asiento en sus sillas poco menos que campestres los que, con sus manos novicias habían levantado a nivel del mundo un hato de almas presas. Juró Salvador Cisneros Betancourt, más alto de lo usual, y con el discurso en los ojos, la presidencia de la Cámara. De pie juró la ley de la República el presidente Carlos Manuel de Céspedes, con acentos de entrañable resignación, y el dejo sublime de quien ama a la patria de manera que ante ella depone los que estimó decretos del destino: aquellos juveniles corazones, tocados apenas del veneno del mundo, palpitaron aceleradamente. Y sobre la espada de honor que le tendieron, juró Manuel Quesada no rendirla sino en el capitolio de los libres, o en el campo de batalla, al lado de su cadáver. Afuera, en el gentío, le caían a uno las lágrimas: otro apretaba la mano a su compañero: otro oró con fervor. Apiñadas las cabezas ansiosas, las cabezas de hacendados y de abogados y de coroneles, las cabezas quemadas del campo y las rubias de la universidad, vieron salir, a la alegría del pueblo, los que de una aventura de gloria entraban en el decoro y obligación de la república, los que llevaban ya en sí aquella majestad, y como súbita estatura, que pone en los hombres la confianza de sus conciudadanos.

Un mes después, se ordenó, con veinticuatro horas de plazo para la devastación, salvar del enemigo, por el fuego, al pueblo sagrado, y darle ruinas donde esperaba fortalezas. Ni las madres lloraron, ni los hombres vacilaron, ni el flojo corazón se puso a ver cómo caían aquellos cedros y caobas. Con sus manos prendieron la corona de hogueras a la santa ciudad, y cuando cerró la noche, se reflejaba en el cielo el sacrificio. Ardía, rugía, silbaba el fuego grande y puro; en la casa de la Constitución ardía más alto y bello. Sobre la ola de las llamas, en la torre de la iglesia, colgaba la campana encendida. Al bosque se fue el pueblo, al Derrocal. Y en la tierra escondió una mano buena el acta de la Constitución ¡Es necesario ir a buscarla!

Patria, 10 de abril de 1892.

 

Tomado de http://www.cubadebate.cu

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José Martí y el partido de almas magnánimas y limpias

El 10 de abril de 1892 José Martí inspirado en el ejemplo de aquel hecho fundador del constitucionalismo en Cuba, -acontecido 23 años antes-, proclamó la creación del Partido Revolucionario Cubano unido a las asociaciones de Puerto Rico y de la isla en la emigración.

En un editorial publicado en el periódico Patria, con fecha 16 de abril de 1892, Martí escribió: “Bello es ver a un partido de la revolución, que quiere seguir la obra radical de los padres y criar raíces nuevas…”

Queda muy claro que se trataba de un hecho de continuidad, de respeto a la historia pasada, a la obra emancipadora iniciada el 10 de octubre de 1868. Suceso que tuvo en la Asamblea de Guáimaro la cristalización de la nación cubana en términos de derechos ante el mundo.

Martí argumentó profundamente cual era la obra del Partido Revolucionario Cubano: “(…) alcanzar por métodos republicanos de alma democrática y por el acuerdo afectuoso y continuo de las islas, la independencia de Cuba y Puerto Rico…”

“(…) los Estatutos son la guía necesaria, para evitar los futuros caudillismos, y la invasión personal y estéril que puede fomentar la horda…”

“(…) concertar con las islas la acción que se dispone con el ánimo de su libertad y beneficio…”

“(…) se funda para las almas magnánimas y limpias…”

“(…) ordenar bien, con todos los factores honrados y las fuerzas necesarias para acelerar la independencia de Cuba y Puerto Rico, en acuerdo con los principios de las Bases, y los métodos de los Estatutos del Partido Revolucionario Cubano”.

El Partido Revolucionario Cubano fue traicionado por Tomás Estrada Palma que en actitud entreguista prefirió disolverlo antes que seguir los objetivos por los que fue creado el mismo.  El 21 de diciembre de 1898, el periódico Patria publicó una circular en la cual anunció “dar por terminados los trabajos del Partido, por no ser ya necesario en el extranjero después de haber conseguido el fin a que estos se encaminaban”.

La Revolución de José Martí era pospuesta según el historiador Ramón de Armas, en un libro sustancial publicado con ese mismo título. Décadas de vida republicana vividas entre 1902-1958 tomaron a Martí como paradigma mayor. En el año del centenario de su natalicio, 28 de enero de 1953, salieron a las calles con antorchas prendidas anunciando el nacimiento de la Generación del Centenario, la de Fidel Castro, el hombre que haría la Revolución olvidada de Martí.

 

Tomado de http://www.radiogritodebaire.icrt.cu

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Comenzó XXI Simposio De Guáimaro a Playita

El XXI Simposio De Guáimaro a Playita inició en esta ciudad con un tributo a la obra y al quehacer del Héroe Nacional de Cuba, José Martí, y con el posterior trabajo por comisiones que incluyó variados aspectos relacionadas con la huella martiana en ámbitos como la salud, la educación, el medio ambiente y con detalles relevantes de su vida.

Las palabras de apertura del encuentro estuvieron a cargo de la presidenta de la Sociedad Cultural José Martí (SCJM), filial Camagüey, Maricela Valido Portela, quien agradeció la presencia de los fundadores del evento y destacó la figura de Armando Hart Dávalos como uno de los más fieles promotores del pensamiento del Apóstol en el país.

Continuó el programa con la conferencia La Edad de Oro, 130 años irradiando saberes, de la Dr. C. Matilde Varela Aristigueta. En su ponencia la estudiosa resaltó la publicación como “un proyecto de educación a distancia que denota su convencimiento lingüístico y cómo supo adecuar su capacidad literaria a un público infantojuvenil”.

Apuntó, además, que “surgió para los jóvenes hispanohablantes de Nueva York, pero su mayor deseo fue que se divulgara por toda Latinoamérica. Toda su persona está reflejada en sus páginas. Apreciamos, a través, de su integralidad temática, el Martí retratista, el crítico de arte, el escritor de ciencia ficción o el hombre preocupado por las cuestiones medioambientales”.

Se refirió también, la recién galardonada con el Premio Abdala, a ciertas particularidades de la poesía y la prosa que aparecen en los distintos espacios de La Edad de Oro y al cuidadoso y especial empeño que puso a su confección, desde el diseño hasta la coherencia de las fotografías y los textos, que ella denomina “su arte curatoria”.

En un segundo momento se realizó el trabajo en comisiones dividido en tres grupos: el primero agrupó a las pesquisas vinculadas a la célebre revista, creada por El Maestro para los niños, el otro a Vindicación de Cuba, Martí y Fidel y, el último, asociado al ideario martiano.

Sobresalió, según el orden, la investigación Recopilación de elogios para La Edad de Oro, de la profesora de la Universidad de Camagüey, Ana Justiz Guerra, en la que resalta la impresión de aquellos hombres de letras, de la época de Martí y de fechas más actuales, que advirtieron su valor espiritual y moral.

También resultaron de interés los trabajos de la estudiante de Licenciatura en Enfermería, de primer año, Jennifer Díaz Ramírez sobre cómo la sociedad cubana actual cristaliza los postulados del Héroe Nacional relativos a la salud, y la ponencia Vindicación de Cuba, una lección para todos los tiempos, de Edelmira Rodríguez Portal, referida a la digna postura de José Martí ante los criterios anexionistas y anticubanos.

En la jornada de mañana las acciones se trasladarán a Guáimaro, cuna de la primera constitución de la República de Cuba en Armas, con la inauguración de la III Bienal Nacional de Arte Miniaturista, la conferencia José Martí en la controversia cultural del cambio, por Eduardo Bernal Echemendía, y el regreso de las labores por comisiones.

Tomado de http://www.adelante.cu

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Belice y Cuba amplían lazos entre instituciones de investigación

Representantes del Centro de Estudios Martianos, de La Habana, y del Instituto Nacional de Cultura e Historia de Belice (NICH) firmaron este 8 de abril, en Belmopán, la capital, un Memorando de Entendimiento para la cooperación institucional en el estudio de la historia y la cultura de ambos países.

Por la parte cubana asistieron la embajadora en el país centroamericano, Lissette Pérez Pérez y el investigador Pedro Pablo Rodríguez.

Mientras que por los beliceños estaban presentes la presidenta del NICH, Sapna Boudhrani y directivos de los Institutos de Artes Creativas; de Arqueología; de Investigación Social y Cultural (ISCR) y del Museo de Belice.

Según el documento, se trabajará en proyectos editoriales y de coedición; cursos, talleres y el intercambio de información y publicaciones entre ambos centros.

El NICH se comprometió a facilitar el acceso a los fondos documentales y a los lugares relacionados con la presencia de José Martí, el Héroe Nacional de Cuba, en Belice, conocida entonces como Honduras Británicas.

El pasado viernes Rodríguez visitó la Biblioteca Nacional de Patrimonio y el Archivo Nacional ubicados en Belmopán, para establecer los primeros contactos de trabajo y revisar fuentes de información que pudiesen servir para la investigación.

El Premio Nacional de Historia, de Ciencias Sociales y Humanísticas y el de Investigación Cultural comentó que “a partir de esta visita, el memorando firmado debe traducirse en acciones comunes que incrementarán el conocimiento, respeto, amor y solidaridad entre beliceños y cubanos”.

 

Tomado de http://www.radioenciclopedia.cu

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En solo días, De Guáimaro a Playita

La XXI edición del simposio De Guáimaro a Playita, convocado por la Sociedad Cultural José Martí (SCJM), filial Camagüey y destinado a promover investigaciones relacionadas con esos pasajes de la historia patria, se celebrará en esta provincia del ocho al diez, del mes en curso, y tendrá como sedes la Casa de la Memoria y el Museo de la Constitución de Guáimaro.

Durante el día inicial se realizarán, en horas de la tarde, actividades colaterales como la conferencia vinculada a La Edad de Oro, que impartirá la Dr.C. Matilde Varela Aristigueta. Luego, se desarrollará el panel Visión martiana y fidelista sobre los participantes en la redacción de la primera carta magna en el que participarán profesores del Departamento de Historia de la Facultad de Humanidades de la Universidad, de este territorio.

En la segunda jornada quedará inaugurado el evento, en la mañana, con la colocación de una ofrenda floral a José Martí, en el parque del mismo nombre. Más tarde, la presidenta de la SCJM, filial provincial, Maricela Valido Portela, ofrecerá un discurso de bienvenida y después comenzarán los trabajos en comisiones. También, desde el Museo Municipal de Guáimaro ocupará la fecha un taller de artes plásticas sobre piezas en pequeño formato, protagonizado por los proyectos Pequeñas dimensiones y Colibrí.

Para el último día, ese municipio camagüeyano acogerá la apertura del III Salón de la Bienal Nacional de Arte Miniaturista, en la sala transitoria del museo de esa localidad. En el espacio se efecturán presentaciones de publicaciones, conferencias, conversatorios entre los invitados y los artistas y volverán las labores de las comisiones. Antes de concluir el evento se entregarán reconocimientos a las personas que han contribuido con su obra y el ejemplo a fortalecer el pensamiento de Martí y nuestra historia.

En la presente ocasión, la cita está dedicada al aniversario 150 de la Asamblea de Guáimaro, la III Bienal Nacional de Arte Miniaturista, al X del Proyecto Sociocultural Colibrí y al III de la Casa de la Memoria.

 

Tomado de http://www.adelante.cu

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Martí y Gómez en Cabo Haitiano

José Martí y Máximo Gómez llegaron el seis de abril de 1895 a Cabo Haitiano, una pequeña ciudad portuaria muy relacionada con la Revolución de los esclavos de Haití y que fue visitada en varias ocasiones por el Apóstol en su labor revolucionaria, y donde recibió una ayuda fundamental de los simpatizantes de la causa cubana para lograr arribar a la mayor de las Antillas.

Todavía se conserva la casita de Millevoye Mercier, en la cual se alojó Martí en su última estancia en la urbe, lugar cuidado por sencillos lugareños que recuerdan al luchador por la independencia nacional, y también existe una calle en la localidad que lleva su nombre.

El mes de abril de 1895 se presentaba decisivo para los planes del Delegado del Partido Revolucionario Cubanode consolidar el levantamiento revolucionario del 24 de febrero de ese año, con la presencia impostergable en la Isla de los principales jefes Antonio Maceo, Gómez y él mismo.

Ya habían sufrido la ocupación en enero por las autoridades estadounidenses, auxiliadas por el espionaje español, de tres barcos en el Puerto de La Fernandina, en La Florida, y alijos de armas suficientes para pertrechar un pequeño ejército previsto para desembarcar en las costas cubanas.

Ese revés estableció las peores predicciones para el proyecto independentista, pues concebía que la formidable expedición fuera dirigida por los líderes del movimiento que, de forma simultánea, desembarcarían en la región oriental, en Camagüey y Las Villas.

Sin embargo, contra todos los pronósticos, los patriotas de dentro y fuera de Cuba no se amilanaron y se sorprendieron por la envergadura de la obra clandestina del Apóstol, demostrada con el plan de La Fernandina y el programa revolucionario siguió su curso con los cambios necesarios para que llegaran a como diera lugar a las costas antillanas los miembros de la dirección del movimiento.

La prédica de Martí de incorporarse a la guerra sin dilación y a pesar del riesgo fue apoyada por el  Titán de Bronce, residente en Costa Rica, que por encima de su opinión sobre las formas de arribar al país y las diferencias personales que  mantenía con Flor Crombet, se alistó en la expedición, organizada por este general con un poco dinero enviado por El Apóstol.

El primero de abril desembarcaron por Duaba, cerca de Baracoa, la expedición Maceo-Crombet con alrededor de veinte patriotas, incluyendo al hermano de Maceo, José, y un grupo de oficiales veteranos de la Guerra de los Diez Años que casi son aniquilados por las tropas peninsulares que logran abatir al bravo Flor Crombet, en una emboscada.

No obstante, la incorporación de los Maceo al Ejército Libertador inició un periodo de importantes victorias en la región. La escala de Martí y Gómez en Cabo Haitiano constituyó, sin dudas, un punto de interés y de reconocida importancia por el apoyo que recibieron en su plan de llegar a Cuba, propósito conquistado el 11 de abril de 1895 en Playitas de Cajobabo.

 

Tomado de http://www.adelante.cu

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Un cuento de la guerra escrito por José Martí

Pocas veces la bibliografía sobre la obra literaria de José Martí menciona la pieza titulada Cuento de la guerra. El teniente Crespo publicado en El Porvenir en 1890. Precisamente por esa razón me detengo brevemente en las peculiaridades estilísticas y composicionales del discurso de esta singular entrega dentro de su sistema narrativo.

Este relato brinda en su argumento las hazañas combativas de Jesús Crespo, un soldado del ejército independentista cubano. El autor le imprime a su narración el mismo ritmo trepidante del combate: el movimiento incesante de los jinetes, de los machetes, de los rifles, los disparos que van y vienen.

El narrador brinda no solo los movimientos sino también los sonidos y los colores propios del combate. Hay una marcada intención en presentar narrativamente la sonoridad propia del campo de batalla que aumenta en los momentos de mayor intensidad y disminuye en otros:

“No se respira. Los sables chispean. Ya ve Carrillo la cabeza del potro español; ya la va a echar atrás de un machetazo. Palomo, de una ancada, los aventaja, los deja lejos, ya no se oyen los sables. Carrillo vuelve la cabeza: está el español como a cinco cordeles: tuerce Carrillo grupas; en lo alto de la loma, y de pie en los estribos, les echa encima una magnífica desvergüenza”

Es una narración en plena faena épica que se caracteriza por oraciones breves, sustantivos adjetivados con precisión y objetividad. Se evita la subordinación y el encadenamiento sintáctico que caracteriza el estilo martiano en otros textos. La expresión es fluida, clara y directa sin digresiones en la acción.

Prevalece un narrador en tercera persona omnisciente -por momentos recuerda a un cronista de guerra- que se desliza como la voz que hilvana cada una de las secciones del relato. Aunque, en ocasiones, esa voz se vuelve impersonal. Se produce un curioso cambio de la voz narrativa en función del relato en los que se emplea con frecuencia verbos reflexivos de forma (“se oyen”, “se debía”, “se escuchaba”, “es oir”, “es sentarse”, “es apearse”).

Se nota un grado de elaboración artística elevado en la sintaxis de este relato; se alternan las formas impersonales con la tercera persona en un mismo párrafo; los diálogos intercalados a partir de las distintas voces de los personajes que el narrador trae al discurso lo hace atractivo y lo dinamiza. Se establece un entramado de voces en el relato que dialogan entre sí y que van aportando hechos, sucesos y anécdotas.

Esta pieza se inicia con un extenso párrafo introductorio que brinda múltiples detalles a manera de ambientación del contexto de la acción dramática: el escenario de la guerra y sus múltiples imprevistos. Le continúa una anécdota sobre el general Gómez y otra sobre Ignacio Agramonte, el rescate de Tomeguín (el negrito de 11 años) y el correo a Caibarién van estructurando la acción dramática junto al pasaje dedicado al caballo Palomo, que me parece uno de los más logrados.

El narrador le brinda a este animal la categoría de personaje por su desempeño inteligente, intuitivo y oportuno en el campo de batalla, el momento en que el mulato Pablo salva al teniente Crespo mal herido y el final de la narración, que expresa el destino del teniente Crespo enfermo y casi olvidado.

El discurso de la pieza se estructura a partir de la sucesión de diferentes anécdotas y acontecimientos bélicos que se presentan ante el lector como escenas de movimientos incesantes, sonidos, colores y agudas caracterizaciones que se asemeja a una perspectiva cinematográfica.

Es curioso que las secciones que integran esta pieza estén dedicadas a resaltar la personalidad de Gómez, Agramonte o se detienen en la presencia de una compañía de chinos en la guerra de independencia o el rescate del negrito de 11 años o la heroicidad del mulato Pablo. Existe una intencionalidad narrativa detrás de la presentación de cada uno de estas escenas épicas.

Existen numerosos textos de José Martí que fueron escritos con premura y las marcas de esa inmediatez se notan en su discurso. Fueron creaciones elaboradas al paso. Pero en esta pieza se nota una elaboración artística reposada. Los cambios de voces narrativas, por ejemplo, parecen más el resultado de una voluntad sintáctica que obra de la casualidad, el azar o lo fortuito.

El Cuento de la guerra. El teniente Crespo constituye un curioso relato que integra la cuentística de José Martí más allá de los textos de La Edad de Oro y establece, además, múltiples vasos comunicantes con el resto de su creación.

 

Tomado de http://librinsula.bnjm.cu

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