Nuestro José Martí. Su legado

Había comenzado el siglo XX y cuando en Cuba se mencionaba a José Martí, excepto en las escuelas más humildes, por instituciones que acogían en su seno a personalidades de pensamiento progresista, la burguesía, los políticos y gobernantes huían de sus ideas políticas, ofreciendo de él una imagen angelical, moralista y apocalíptica.
Sin lugar a dudas, el panorama político era favorable al olvido del ideario martiano después de la intervención militar y ocupación estadounidense, el primer gobierno de Tomás Estrada Palma, el licenciamiento del Ejército Libertador, la imposición de la Enmienda Platt y la puesta en marcha de la neocolonia en la mayor de las Antillas.
En este contexto, surge la figura de un joven enérgico, lleno de virtudes revolucionarias que retoma para sí las banderas martianas. Era Julio Antonio Mella, quien junto a Carlos Baliño, fundó el primer Partido Comunista de Cuba, el 16 de agosto de 1925, y que en su artículo «Glosas al Pensamiento de Martí» fustigó a quienes desvirtuaban la vida del héroe de Dos Ríos o hacían uso de ella para sus intereses.
En el citado artículo, publicado en 1926, donde reclama un estudio serio y profundo sobre el Apóstol cubano, precisando hacerlo «..no como el fetichismo de quien gusta adorar el pasado esterilmente, sino de quien sabe apreciar los hechos históricos y su importancia para el porvenir».
Mella no dejó de adentrarse en el ideario martiano que tanta prioridad ofreció a la lucha por la independencia de otros pueblos de la región frente a las apetencias anexionistas de Estados Unidos.
Para él, decía de Martí, «no ha habido otro revolucionario de los finales del siglo pasado que amase más al Continente y que lo sirviese mejor con la pluma, la palabra y la espada. Siempre es la América que obsesionaba».
Fue Mella quien creó la Universidad Popular José Martí, como fruto de la alianza de estudiantes, obreros e intelectuales, teniendo como finalidad abordar temas sobre la independencia económica y política de Cuba y la instauración de una sociedad sin clases.
Conllevaba, además, el propósito de impartir instrucción política y académica a los trabajadores y de vincular a la universidad con las necesidades de los oprimidos.
Desafortunadamente, Mella no pudo escribir el libro que deseaba sobre José Martí. Sería asesinado en México, el 10 de enero de 1929, a la edad de 25 años, por sicarios del dictador Gerardo Machado.
A nuestro juicio, después de los serios intentos de Mella por relanzar el pensamiento político y social de Martí, vendrían otros revolucionarios, marxistas-leninistas, como fue el caso de Juan Marinello Vidaurreta, apasionado y fiel seguidor del Maestro, incaudicable con tal de esclarecer, valorar y difundir su obra, lo cual hizo en numerosos escritos, conferencias y artículos periodísticos.
Transcurrieron los años y en 1941 se constituyó el Seminario Martiano de la Universidad de La Habana, dirigido por Gonzalo de Quesada y Miranda, ferviente divulgador de la vida y obra del paladín de la independencia nacional y latinoamericana.
En el año 1953 se van a producir dos hechos de trascendencia política relacionados con Martí.  Así, en el mes de mayo, y como una manera de honrarlo en el centenario de su nacimiento, una expedición dirigida por el Doctor Manuel Sánchez Silveira, su hija Celia Sánchez Manduley, y la escultora Jilma Madera, junto a varios obreros, ascienden el Pico Turquino para colocar, en la elevación más alta de la isla, un busto del Héroe Nacional.
Hacia el «Turquino» llevaron, a cuestas, todos los materiales, necesario abriendo camino con el uso del machete por la copiosa vegetación existente.
El busto quedó inaugurado el 21 de mayo, el cual tiene incrustado en el pedestal,  en letras de bronce, el pensamiento martiano que dice: «Escasos como los montes, son los hombres que saben mirar desde ellos, y sienten con entrañas de nación o de humanidad». Detrás, en la parte posterior, otra placa con los nombres de los que hicieron esa hermosa iniciativa.
A esta acción martiana le seguiría otra, la del 28 de enero de 1953, Centenario del Natalicio de José Martí, en que se produce, a partir de la Universidad de La Habana y de manera organizada y masiva la Marcha de las Antorchas, la que culminó en la Fragua Martiana, en la que participaron cientos de cubanos.
Esa noche se vería desfilar, por primera vez, el contingente de hombres encabezado por Fidel, marchando en cuadro apretado los jóvenes que pocos meses después combatirían heroicamente en las acciones del 26 de julio de 1953.
Desde entonces, estaba muy definido por Fidel, como después se demostró, siendo jefe máximo de aquellos hechos, que Martí formaba parte del arsenal ideológico necesario para el triunfo de la Revolución.
Detenido Fidel días después fue llevado a interrogatorio por las fuerzas represivas  junto a otros asaltantes al Cuartel Moncada.
Había -en sentido figurado- un combatiente más en la sala al constatarse, detrás de aquél una foto ampliada de Martí, como si fuera un enjuiciado más.
Por ello, cuando Fidel asumió su autodefensa, expresó categóricamente que Martí había sido el Autor Intelectual de lo sucedido.
Prisión, exilio y regreso a la patria en la expedición del yate Granma y la Sierra Maestra, en que el pensamiento martiano sería muy constante.  Tal es así que a la primera columna guerrillera del Ejército Rebelde, Fidel le dio el nombre de José Martí.
Desde el triunfo de la Revolución el lro. de enero de 1959, Fidel tomó muy en cuenta dos conceptos martianos que han sido decisivos en la consolidación del sistema político, social y económico de la mayor de las Antillas:  la unidad del pueblo y la existencia de un solo partido para dirigir la sociedad cubana.
Se iniciaba una nueva vida de José Martí. Y es que, como refirió ese ferviente martiano que fue Armando Hart Dávalos, Martí tuvo en Fidel a su mayor discípulo.
Por ende, la vigencia del pensamiento martiano es total para Cuba, y diríamos más, para los pueblos de nuestra región, ante la agresividad del imperialismo yanqui, su injerencismo y la ola de neoliberalismo.
Cuanto hubo de escribir y hacer Martí, precursor de la lucha antiimperialista  contemporánea, no puede ser cuestión de museo. Sus ideas «están incorporadas a nuestra lucha y son nuestro lema, son nuestra bandera de combate», como dijera el Che  a los niños cubanos, un 28 de enero de 1960.

Fuente: http://www.radiocubana.cu

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