Nuestra América, un ensayo hogareño

Una evocación a José Martí y a Haydée Santamaría introdujeron las palabras del cantautor Silvio Rodríguez, quien oficialmente dejó inaugurada, la 59 edición del Premio Literario Casa de las Américas, en la sala Che Guevara de la institución.
«Si a un siglo de su nacimiento José Martí fue identificado como responsable de los hechos revolucionarios que inauguraron nuestra etapa libertaria de 1953, también pudiera decirse que esta Casa de las Américas fue fundada por nuestro Apóstol, por su compromiso con los próceres que empezaron las guerras de emancipación continental contra el colonialismo. Para colmo, una joven de la generación del centenario del nacimiento de Martí, protagonista de aquella jornada terrible y simbólicamente hermosa fue, a su vez, quien fundó y animó a esta institución, que ha reunido escritores como haciendo un ensayo hogareño de aquel ideal llamado Nuestra América», indicó en sus palabras el cantautor.
A otro imprescindible de la Casa, su presidente, Roberto Fernández Retamar, se refirió también Rodríguez para explicar los motivos que lo llevaron a inaugurar el Premio: «y es que Roberto sabe que, aunque este entrañable evento aún no ha incluido la modalidad de canción, es incuestionable que aquí se ha cantado mucho, tanto con lírica como con guitárrica».
Más adelante, el juglar aludió a los 50 años —que pronto se cumplirán— de que un grupo de trovadores entre los que él mismo se encontraba, actuaran en esa sala aún sin nombre, presintiendo la cercanía espiritual del Che Guevara.
«El mes que viene hará medio siglo de que varios trovadores de mi generación estuvimos por primera vez en este mismo salón. Aún no se llamaba Che Guevara, aunque ese fue un nombre que nos sobrevoló aquella noche. Lo que era yo, estaba bastante azorado, casi no me lo creía, porque en febrero de 1968 Casa de las Américas era ya un lugar honroso y querido, liderado por una heroína y respaldado por brillantes artistas y escritores», afirmó.
Para el cantautor, asimismo, fue oportuno referirse a ciertas presencias que vendrían más tarde como «muchas novelas, narraciones, piezas de teatro; e inolvidables libros de poesía», y resueltas ausencias, entre ellas las de «varios hermanos queridos» que les serían después arrebatados.
Entre lo que estaba por venir en aquel entonces citó «iluminaciones, torpezas, aprendizajes; faltaba tiempo, partícula a partícula, haciendo lo que la brisa y el agua cuando corren. Faltaba, después de la espuma, el sedimento revelador que nos hace reconocer y desafiar, entre las miserias del mundo, lo triste de nuestra propia naturaleza».
De aquella joven generación que halló refugio en el recinto –al que llamó alguna vez útero de la nueva trova, y de la que él mismo es pilar– dijo que fueron entonces aprendices de todo, de la historia escrita, la que faltaba por crear y la real, la que «entre acorralado y desafiante, ha escrito este pequeño país, capaz de proyectar las enormes luces de sus sueños», algunos de los cuales no podrán tocarse completamente «porque el acoso constante sin dudas nos limita».
Entre las bondades de la Casa que aglutinó a latinoamericanos comprometidos con sus pueblos está la de haber dado pruebas a sus inquilinos «de que el bien es posible, y de que el arte y la cultura son parte de su sustancia». También sabemos —agregó— que algunas inconveniencias pueden durar más de lo proclamado y que el bien es aún perfectible.
«Por esas razones aquí estamos, con la voluntad de ser mejores, de avanzar. Por eso aquí seguimos. Por supuesto que no eternamente y mucho menos por costumbre, sino porque aún somos capaces de estremecernos cuando llegamos a un lugar como esta Casa».
Para cerrar, Rodríguez volvió a recordar a aquella «señora con una sonrisa entre pícara y materna, con una mirada entre nostálgica y escrutadora, con una voz de flauta y unos brazos menudos que te rodean, te sostienen y hasta te enderezan, y te hacen pensar que estás a salvo, que realmente puedes decir todo lo que te parece —y hasta lo que imaginas—; extraordinario abrazo que te hace sentir que estás creciendo, o que te hace creer que cuando dices es que creces, y que solo por eso vale la pena estar vivo», memorias inevitables cuando visita la Casa donde Haydée es permanencia y vida.
El premio Casa está conformado por un grupo de actividades que tendrán lugar hasta el día 25, con la premiación de las obras concursantes en los apartados de cuento, teatro, ensayo de tema artístico-literario, literatura brasileña, literatura caribeña en inglés o creol y premio de estudios sobre la mujer.
La ceremonia primicial mostró, en la conducción de Jorge Fornet, director del Centro de Investigaciones Literarias de la Casa, a los respectivos jurados del certamen, en presencia de Abel Prieto, Ministro de Cultura, entre otros intelectuales.

Fuente: http://www.granma.cu

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