Martí a través de los ojos del cineasta Fernando Pérez
Por: Karla Rodríguez Albert y Mercedes Muñoz Fernández

Llegó como quien tiene que llegar, con gesto desenfadado y sonrisa sincera. En una posición juvenil, quizás para acercarse a nosotros o porque la sencillez es una de sus cualidades más visibles, se sentó en la mesa ignorando la silla que yacía frente a él.
Esta visita había sido deseada por todos los estudiantes que, como nosotros, decidieron redescubrir a José Martí cada miércoles en el último turno de clases. Por eso, muchos nos sentíamos dichosos aquella tarde pues, tras ocho años de lejanía, volvía a la Facultad de
Comunicación ese cineasta admirado e intrigante.
Con la bienvenida que sustituía la clásica e innecesaria presentación de nuestro invitado, comenzó la amena charla. Mientras los profesores rememoraban la visita anterior, algunos se dedicaban a tomar fotos como paparazzis, y otros ni siquiera nos atrevíamos a sostenerle la mirada. Aunque nunca se mostró pretencioso, le precedían los méritos y
popularidad de sus obras.
Un profesor, que había sido testigo como estudiante de la visita de Fernando a la Facultad de Comunicación en 2011, aconsejaba aprovechar al máximo la experiencia. Entre felices recuerdos de aquella vez, auguraba la posibilidad de saciar nuestras dudas. Pero ¿quién era ese realizador que tanto interés suscitaba en los amantes y estudiosos del Apóstol? A quedar prendados, aún más, de la mágica historia y personajes de la película José Martí: el ojo del canario, de 2011, nos convocaba aquella tarde Fernando Pérez.
El líder de los clandestinos dejó de esconderse detrás de la pared de las palabras y se presentó ante nosotros como lo que es: un martiano insumiso, que niega la perenne idealización del Maestro, que sigue al Martí de carne y hueso.
Nos vino a hablar específicamente de esa entrega cinematográfica, esa que es capaz de regalarnos una mirada diferente y novedosa del Martí que conocemos desde la primera enseñanza. Aunque el filme era el motivo de la charla, secretamente esperábamos más que un simple cine debate. Desentrañar las pasiones del autor era nuestro verdadero
deseo. Sin embargo, permanecen las ganas de redescubrir la etapa menos conocida del Apóstol: su infancia y juventud. El principal pretexto para hablar eran los sentimientos y convicciones que estuvieron presentes a la hora de rodar esta película más que de su guion, actuaciones, vestuarios o escenografía.
¿Por qué el joven Pepe?, nos preguntábamos todos en silencio. ¿Por qué no explorar en el filme la época que inmortalizó a Martí? Como si Fernando nos estuviera escuchando comentó emocionado que para él: “la personalidad martiana es tan compleja que resulta imposible exponer toda su grandeza en una película. Su infancia y adolescencia son las
etapas menos conocidas, y verdaderamente fueron las formadoras del germen de su verdad”.
Un momento clave de la conversación fue cuando aclaró que no venía solo como un apasionado del séptimo arte, sino como el profundo martiano que es. Entonces todos comprendimos el valor humano y patriotismo de este cubano al ofrecer su visión del Maestro. Una imagen fundamentada en su concepto de que: “Cada cubano tiene un
Martí, y el que me acompaña lo hace por una razón más emotiva que histórica”.
Nosotros mismos nos habíamos hecho esa pregunta varias veces. A varios los acompaña el Martí periodista, a otros el patriota. Pero algunos llevábamos en el pecho el mismo Apóstol que Fernando: el apasionado.
La mirada poética martiana nos llenaba más, tal vez, que otras dimensiones de su vida. Esa capacidad para no odiar, para mirar las cosas solamente con los ojos del corazón.
Aquella conversación, devenida entrevista y luego de nuevo íntima charla, fue de las más placenteras en nuestra corta vida en el Periodismo. Reafirmar que desacralizar a Martí no es un pecado, sino una bondad que nos regala al Apóstol en su inmensidad, fue, tal vez,
la mayor enseñanza que guardamos.
Sembrando en nuestras mentes de jóvenes periodistas el ferviente deseo de investigar más sobre esa etapa de la vida martiana, terminaba Fernando Pérez su intervención entre chistes y secretos sobre la realización del filme. Una foto grupal y la promesa de un pronto
regreso marcaron el adiós de nuestra conversación aquella tarde.

Los autores son estudiantes del curso Grandes Periodistas (José Martí) que se imparte
en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana (11na
edición).

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