Martí ¡a salvo!

José Daniel de la Torre Sampier, un niño de solo seis años, encontró un busto de José Martí en la orilla de la playa, cubierto de escombros, allá en el norteño pueblito costero de Punta Alegre, en la provincia de Ciego de Ávila. Luego de la gran  sorpresa, corrió hasta su casa para contarle de ese hallazgo a su madre.

Cuando el pequeño caminaba junto al mar, vio algo de aspecto redondo, de un color blanco que parecía sucio y tenía algunos escombros por encima. Poco después, fue donde su madre  a pedirle ayuda para desenterrar aquello que sobresalía  del agua. Entre los dos lo sacaron y después de levantarlo, como un trofeo, el niño fue de casa en casa, mientras gritaba: ¡Mira!, ¡encontré a Martí, encontré a Martí!

Lo trajo para su vivienda y esa noche, el busto del Apóstol permaneció depositado en el closet de la casa, mientras  el pequeño José Daniel dormía, entre su madre y su hermana, después  del desastre ocasionado por el ciclón Irma.

Al día siguiente el niño cumplía seis años y se despertó muy temprano. Dicen en su casa  que en cuanto se levantó, fue a buscar el busto del Héroe, para  limpiarlo bien en la orilla de la playa. Poco después fue a ver a su maestro, porque «Martí es el hombre que está en mi escuela, al lado de la bandera».

Más tarde, los vecinos le vieron abrazando la figura del Apóstol  en el medio de aquel desastre y no se sabía a ciencia cierta, quién protegía a quién.

Esta es la imagen de la generación que viene y  nos muestra que las enseñanzas del Apóstol están más vigentes que nunca antes.

Tomado de: http://www.granma.cu/cuba/2017-09-14/a-salvo-14-09-2017-00-09-05

Foto de: http://www.cubadebate.cu/noticias/2017/09/13/la-imagen-del-dia-lo-apreto-contra-el-corazon/#.WbqR6CnB_IU

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