Maestros cubanos que hicieron historia en 1900
Por: Charo Guerra

Uno de los episodios de la historia de la pedagogía nacional, acontecido en 1900: la participación durante dos meses en la Harvard’s Summer School for Cuban Teachers, entre cuyos nombres resaltan los de dos jóvenes que luego serían intelectuales imprescindibles como historiador (Ramiro Guerra) y poeta (Regino Boti), fue el tema del encuentro realizado el jueves 17 de noviembre en el Centro de Estudios Martianos.

Esa experiencia de formación, en la que participaron más de mil maestros de diferentes pueblos de Cuba, ha despertado mucho interés en el mundo gracias al documental (de 2017) Los cubanos de Harvard, del periodista cubano Danny González Lucena, inspirado en una investigación que publicara el doctor Yoel Cordoví, presidente del Instituto de Historia de Cuba.

Para su realización, González Lucena contó con un equipo de reconocidos profesionales, entre quienes resaltan los nombres del poeta y ensayista Víctor Fowler, los músicos Edesio Alejandro y Eliades Ochoa, los diseñadores gráficos Lisett Ledón, Wendy Valladares y Camilo Suárez Hevia, entre otros.

La visualización y debate del documental en el Centro de Estudios Martianos tuvo un significado especial por la presencia de Yoel Cordoví quien, en su intervención, aportó detalles de aquel acontecimiento decisivo de la cultura que, desarrollado en medio de la plena ocupación militar norteamericana en Cuba, tuvo la clara y frustrada pretensión de reforzar la dependencia.

Comentó Cordoví que los maestros de aquella expedición se sintieron herederos de la tradición, de una obra de soberanía y estaban conscientes de la tarea histórica que pesaba sobre sus espaldas. Eran inexpertos cuando se lanzaron a la cruzada del magisterio y fueron hacia ese país que marcaba el progreso y, contrario a cualquier pronóstico, el intercambio consiguió fortalecerles el sentimiento nacional desde la profesión y, a la vez, con su presencia potenciaron el vínculo de pueblo a pueblo.

“Harvard es un punto dentro de un panorama de la educación más amplio”, explicó. “En aquel momento se debían formar maestros cubanos y Alexis Frye, superintendente de Escuelas de Cuba, lanza una circular para que todo aquel cubano que supiera leer y escribir y quisiera impartir el magisterio se enrolara en aquella cruzada. Y, de la noche a la mañana, respondieron miles de jóvenes entre 16 y 25 años”.

En Cuba, desde finales del siglo xix, dijo, venía ya creándose una base científica y moral para la educación, con la finalidad de elevar la cultura, una estructura de magisterio autóctona de pensamiento pedagógico con raíces y herencia en la escuela moderna, con referentes de la ilustración y del naturalismo de la pedagogía mundial, donde el alumno dejaba de ser un ente pasivo. Y ese, junto al sentimiento de rechazo a la ocupación del país, fue el espíritu que prevaleció entre aquella hornada de jóvenes.

Desde esa misma perspectiva, en la apertura del encuentro María Caridad Pacheco, subdirectora del CEM, se refirió a las crónicas de uno de los expedicionarios, el joven maestro Regino Boti, entonces con 22 años (“Harvartianas”) publicadas en el periódico de su provincia, Guantánamo, en el que habla del avieso fin de la expedición fomentada como “cortesía político-pedagógica” para seducir a jóvenes impresionables y hacer de parte de esa colectividad del saber cubano un instrumento útil en relación al ideal político norteamericano. Como diría de sí mismo, los jóvenes se sintieron impresionados, pero no seducidos.

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