La firmeza de José Martí en el presidio político en Cuba

El 4 de abril de 1870, José Martí fue trasladado al Presidio Departamental de La Habana, donde lo identifican como el recluso número 113 de la primera brigada de blancos. Con singular firmeza él enfrentó el rigor del presidio político y la realización de trabajos forzados.

El propio 4 de abril, antes de ser trasladado al citado lugar había escrito:

Voy a una casa inmensa en que me han dicho
Que es la vida expirar,
La patria allí me lleva. Por la patria,
Morir es gozar más.

Su entereza la reflejó también en fecha posterior en las dedicatorias que le puso a retratos suyos enviados desde la prisión a su gran amigo Fermín Valdés Domínguez y a su querida madre Leonor Pérez Cabrera.

El 9 de junio de 1870 le señaló a Valdés Domínguez:

Si en un retrato el corazón se envía,
Toma mi corazón, y cuando llores
Lágrimas de dolor, con ellas moja
La copia fiel de tu doliente amigo

El 28 de agosto de ese mismo año le escribió a su madre en la foto que le enviara, donde aparecía con el traje de presidiario y el grillete. Le expuso:

Mírame, madre, y por tu amor no llores;
Si esclavo de mi edad y mis doctrinas,
Tu mártir corazón llené de espinas
Piensa que nacen entre espinas flores.

También en otra dedicatoria a Fermín le expresó:

Hermano de dolor, no mires nunca
En mi al esclavo que cobarde llora;
Ve la imagen robusta de mi alma
Y la página bella de mi historia.

La detención y  posterior condena de José Martí guardó relación con algo sucedido el 4 de octubre de 1869 en La Habana.

Ese día un grupo de integrantes del Cuerpo de Voluntarios, una fuerza militar auxiliar al servicio del régimen colonial español, después de participar en una gran parada militar, pasaron por la calle Industria, donde vivía Fermín Valdés Domínguez.

En la ventana varios amigos que se hallaban en la casa de Fermín conversaban cuando pasó el escuadrón de Gastadores del Primer Batallón de Ligeros.

Los voluntarios siguieron de largo, pero al poco rato regresaron, ya que les había despertado sospechas la risa y la conversación de los jóvenes.

Al realizar un minucioso registro en la casa encontraron una carta en la cual José Martí y Valdés Domínguez fustigaban a un antiguo compañero suyo del colegio de Mendive que se había enrolado en dicha fuerza militar. En la comunicación dirigida a Carlos de Castro decían: “Compañero; ¿Has soñado tú alguna vez con la gloria de los apostatas? ¿sabes tú cómo se castigaba en la antigüedad la apostasía? Esperamos que un discípulo del Sr. Rafael María de Mendive no ha de dejar sin contestación esta carta.”

Debido a ello se produjo entonces la detención de los jóvenes que se hallaban en la citada vivienda.

Posteriormente, el 21 de octubre fue detenido también José Martí. Durante el juicio, tanto Fermín Valdés Domínguez como Martí trataron de asumir la mayor responsabilidad en la confección de la carta.

Mas la vehemencia de Martí en sus argumentaciones hizo que el tribunal lo considerase el mayor culpable, de ahí que le impusieran la pena más severa.

El 4 de marzo de 1870 José Martí fue condenado a seis años de presidio y la realización de trabajo forzado, cuando era todavía un adolescente ya que en enero había cumplido 17 años.

Durante más de seis meses Martí se vio obligado a arrastrar las cadenas y el grillete, hasta que se logró fuera sacado del presidio, por gestiones realizadas por un amigo de sus padres. Entonces se trasladó hacia la finca El Abra en Isla de Pinos y ya en enero de 1871 salió hacia España en calidad de deportado.

Durante su permanencia en el territorio español Martí elaboró un trabajo titulado El Presidio político en Cuba”, en el que al evocar su imagen de presidiario, manifestó: “El orgullo con que agito estas cadenas, valdrá más que todas mis glorias futuras.”

De modo muy especial en esta obra cuyo objetivo esencial fue denunciar y hacer que se conociese, más allá de lo sufrido por él, la situación que continuaban padeciendo los prisioneros políticos en Cuba, el joven Martí llegó a enfatizar: “Si los dolores verdaderamente agudos pueden ser templados por algún goce, sólo puede templarlos el goce de acallar el grito de dolor de los demás. Y si algo los exacerba y los hace terribles, es seguramente la convicción de nuestra impotencia para calmar los dolores ajenos.”

Y además expresó lo que sentía cuándo podía hacer algo para aliviar la pena ajena: “Yo suelo olvidar mi mal cuando curo el mal de los demás. Yo suelo no acordarme de mi daño más que cuando los demás pueden sufrirlo por mí”.

En El Presidio político en Cuba Martí citó ejemplos específicos puesto que hizo referencia a Nicolás del Castillo, de 76 años, condenado a diez años de presidio; al niño de 12 años Lino Figueredo, condenado a similar pena, así como a otros adolescentes.

Y por ello no es de extrañar que en el trabajo que elaboró en España afirmara con particular significación: “¿A qué hablar de mí mismo, ahora que hablo de sufrimientos, si otros han sufrido más que yo? Cuando otros lloran sangre, ¿qué derecho tengo yo para llorar lágrimas?

E igualmente resaltó: “Y sufro más, pensando que, así como es honda mi pena, será amargo y desgarrador el remordimiento de los que la causan a alguien.

Fuente: www.habanaradio.cu

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