Ibrahim Hidalgo Paz: El investigador es un defensor de la verdad histórica
Por: Charo Guerra

El doctor en Ciencias Históricas e Investigador titular Ibrahim Hidalgo Paz (Holguín, 1944), ha publicado varios títulos indispensables para el conocimiento del quehacer político e intelectual de José Martí. Sin embargo, desde 1992 los lectores lo identifican, sobre todo, como el autor de la cronología que contiene la mayor información (posible hasta ahora) de cada día vivido por el Apóstol en 42 años (1853-1895),[1] uno de los libros más consultados de la bibliografía martiana hoy, constantemente requerido en librerías y, por vías informales muy solicitada su copia digital en formato PDF.

En 1980, Hidalgo Paz comenzó a trabajar como investigador en el Centro de Estudios Martianos (CEM). Recuerda su entrada con mucha satisfacción, pues fue interés expreso de su entonces director, Roberto Fernández Retamar, luego de que leyera uno de los textos que entregó para publicar en el Anuario del Centro de Estudios Martianos. Ha ocupado aquí diversas responsabilidades de índole científica; en estos momentos coordina las labores del Equipo de Investigaciones de Historia, e intenta concluir el estudio de la vida del camagüeyano Benjamín Guerra, trabajo que considera un acto de justicia en relación con la personalidad de este fiel amigo de José Martí: “ausencia que debe ser superada”, dice, y para la cual está recabando la ayuda de todos los investigadores que puedan contribuir con informaciones, sugerir o indicar posibles fuentes no exploradas por él dentro o fuera de Cuba.

Es autor de Incursiones en la obra de José Martí (1989); Cuba 1895-1898. Contradicciones y disoluciones (1999, con segunda edición en 2004); Martí en España. España en Martí (1871-1874) (2007); la compilación José Martí: Nuestra América combate (2009). Acerca del PRC ha publicado: El Partido Revolucionario Cubano en la Isla (1992); Partido Revolucionario Cubano: independencia y democracia (2010, con segunda edición en 2011), y La Tesorería del Partido Revolucionario Cubano (1892-1895) (2017), libro este que le multiplicó su curiosidad hacia Benjamín Guerra, pues, a pesar de su dedicación: “en el proceso de búsquedas no encontraba más que datos dispersos sobre él, y algunos artículos breves; ni siquiera una mínima monografía sobre quien llegaría a ocupar –desde el principio hasta la disolución, en 1898– el segundo cargo elegible del PRC”.

 Hidalgo Paz ha impartido docencia en las universidades de Oriente y de La Habana y es miembro de número de la Academia de la Historia de Cuba y miembro titular de la Academia de Ciencias de Cuba. El 23 de diciembre de 2021, junto a otros científicos cubanos, recibió la Orden “Carlos J. Finlay” que otorga el Consejo de Estado. En su haber cuentan otras importantes distinciones: Por la Cultura Nacional (1995); medalla “Alejo Carpentier” (2002); Réplica del Machete Mambí del Generalísimo “Máximo Gómez” (2011), y los premios nacionales de Historia (2009), “Félix Varela” (2017), Academia de Ciencias (2019), Investigación Cultural (2020) y Ciencias Sociales y Humanísticas (2020).

 En mayo último, el Coloquio Internacional [2] convocado por el CEM, esta vez dedicado a los 130 años del Partido Revolucionario Cubano y el periódico Patria,[3] fue inaugurado con una conferencia suya en la cual sintetizó de modo brillante el nexo entre saber académico y asimilación de ese conocimiento, tema que sus colegas continuaron comentando durante los intermedios de aquella primera sesión matutina. Hidalgo Paz retomaba un tema sensible para quienes se dedican a develar hechos y circunstancias que no pueden quedarse encapsulados ni torcerse en su lógico tránsito hacia los lectores, pues justo a partir de esos resultados se escribe (y a veces se re-escribe) la versión más auténtica de la historia.

 Usted habló de la reiteración en centros de enseñanza y publicaciones, de dislates, distorsiones y descontextualizaciones ideológicas relacionadas con hechos de la vida y la obra de José Martí. Por ejemplo, que se atribuya la condición de órgano oficial del PRC al periódico Patria. Algunos investigadores, al argumentar el modo en que se manifestó ese vínculo Patria-PRC, prácticamente sugieren la formalidad del enunciado sin llamarle «órgano oficial del PRC». Se podría asumir que así se comportó de hecho... Ciento treinta años después, ¿constituye un error grave?

Cualquier error de interpretación de la historia puede acarrear lamentables consecuencias en los receptores. Si se confunde síntesis con simplificación, o se aplican criterios de una época a otra, pueden asociarse hechos de diversa índole, sin valorar los antecedentes ni los sucesos posteriores, en aras supuestamente de llegar a un público más amplio, cuando en realidad estarían creándose las bases para tergiversaciones.

 ¿Es posible identificar el principio de ese error en el hecho de que ambos (partido y prensa) tuvieran un nacimiento próximo y Patria constituyera en sí una plataforma para la promoción de las ideas políticas de la organización?

Le confiero importancia, a veces decisiva, al orden cronológico de los hechos. Por tanto debe precisarse esa proximidad: el primer número de Patria es del 14 de marzo y la proclamación del Partido Revolucionario Cubano ocurre el 10 de abril, ambos en 1892. Creo que el principio del tan difundido error radica en el conocimiento generalizado sobre José Martí, director y fundador del periódico. Al no ser órgano oficial, el Apóstol tenía la posibilidad de exponer en Patria sus ideas avanzadas, sin pretender que los miembros de la nueva organización patriótica se vieran compulsados a compartir los criterios de un sector más de la emigración. Esto solo había ocurrido con anterioridad cuando tuvo a su cargo la Revista Venezolana, y son conocidas las consecuencias por expresar su pensamiento en un país donde no se permitía crítica alguna al modo de proceder de los gobernantes. Con Patria alcanzaba al fin su aspiración de formar, instruir, educar en las concepciones democráticas y antimperialistas.[4]

 ¿Cuáles circunstancias hicieron que Martí procediera con cautela en relación con enunciados que comprometen la voz de una publicación? ¿Cuánto repercutiría aceptar una relación oficial PRC-Patria que, como bien ha explicado usted,[5]tácticamente soslayó Martí?

No debe disminuirse la reacción del Apóstol ante el tendencioso artículo de Enrique Trujillo, en su periódico El Porvenir, en que le confiere esa denominación a Patria.  Por cualquier medio, Trujillo pretendía desprestigiarlo, poner en duda su honestidad política: hubiera sido cuestionable ―“usurpación grave” la calificó Martí― conferirle carácter de “órgano” a una publicación que se iniciaba, sin respetar a otras cuya existencia databa de años, como El Yara.

Enrique Trujillo se destacó en las emigraciones como periodista. Desde los órganos de prensa que fundó y dirigió, defendía la idea de la independencia, enfrentado al Partido Autonomista y a los anexionistas, con los que polemizó en varias ocasiones. Mantuvo con Martí relaciones que pueden considerarse amistosas. Sin embargo, traicionó estos vínculos al gestionar ante el cónsul español en Nueva York, en agosto de 1891, los pasaportes de la esposa y el hijo del Apóstol, quienes lo visitaban desde finales de junio, de modo que al regreso de un corto viaje a Sea Cliff se encontró con que había sido abandonado sin previo aviso, gracias a la actuación de aquel individuo, con el que rompió desde entonces todo vínculo personal. Hay que tener en cuenta no solo el hecho, doloroso como padre y esposo, sino las tremendas  implicaciones morales y políticas de la intervención de un hombre ajeno a la familia que asumió la representación masculina –las mujeres no podían hacer este tipo de trámites– ante las autoridades colonialistas. La reacción de Martí es comprensible, no así la del supuesto amigo. Todo indica que actuó con intenciones de herir la susceptibilidad de Martí y dañar su imagen pública.

Por otra parte, desde el momento en que se comenzó a organizar el Partido Revolucionario Cubano, Trujillo manifestó su desacuerdo con los documentos fundacionales que combatió en reuniones de clubes y por la prensa. Expresó que no era el momento adecuado para una nueva guerra, y cuando las mayorías daban su anuencia, desató una campaña basada en el argumento de una supuesta dictadura civil que se instauraría mediante los mecanismos concebidos, por lo que propuso la creación de una Convención Cubana que propiciaría un Partido Separatista (evidente: no Revolucionario) cuya dirección sería amplia, con representantes de todas las emigraciones, y no solo los dos funcionarios que se proponían en los Estatutos secretos. A pesar de todas sus gestiones y propaganda, no tuvo seguidores, y se dedicó a una labor de zapa desde dentro del Partido Revolucionario Cubano, hasta que el Cuerpo de Consejo de Nueva York consideró negativa su actuación, y dejó de asistir a las reuniones de los clubes a que pertenecía, aunque sin cejar en sus posiciones antimartianas y antipartido.

Si se acepta que Patria fue “órgano oficial” de la Delegación del Partido, se confunden dos etapas del periódico delimitadas por la muerte de Martí y el ascenso, por elección, de Tomás Estrada Palma al cargo vacante.

¿Se legitima, en este caso, la construcción «órgano oficioso» partiendo de las funciones de José Martí como Delegado del PRC y, a la vez, director y fundador del periódico que difundía documentos básicos de la organización? Oficioso como el término más adecuado para una condición similar (vocero de), como lo expone Roberto Fernández Retamar.[6]

Otro asunto es considerar al periódico de Martí (reitero: durante la dirección del Maestro) “órgano oficioso”, vocero de la agrupación política, pues lo era en un plano de derechos iguales al resto de las publicaciones que acataban las Bases del Partido Revolucionario Cubano –e inclusive algunas las publicaban, como muestras de adhesión (lo que comenzó a hacer Patria desde el primer número). En este sentido, comparto la expresión utilizada por Roberto Fernández Retamar, por su connotación democrática con respecto a las publicaciones de las emigraciones y algunas de la Isla, que en medio de la represión, veladamente divulgaban el ideario independentista.

Entre los desaciertos que comentó usted en el Coloquio, está el repetir que Estrada Palma fuera designado Delegado sucesor del PRC por el propio José Martí, obviándose la circunstancia de su elección por votación mayoritaria de los miembros de la organización. ¿Qué implicaría tomar esa versión como verdad histórica? ¿Cuánto cambió Patria a partir de la posición ideológica que impuso oficialmente Estrada Palma en las páginas del periódico?

Admitir que Martí nombró un sucesor para su cargo al frente del Partido sería negar sus concepciones democráticas, no solo para la dirección de la organización fundada por él, sino para la futura república que concibió. En el acápite 9 de los Estatutos secretos queda claramente expresado: “Caso de muerte o desaparición del Delegado, el Tesorero lo pondrá inmediatamente en conocimiento de los Cuerpos de Consejo, para proceder sin demora a nueva elección”.[7] Y, como no aparece ningún texto en las obras martianas sobre tal sucesión, ha habido personas “imaginativas” que afirman que él no lo escribió, “pero lo dijo”. Con tal metodología se le pueden atribuir las palabras más descabelladas o antihumanas, todo radica en quién “aporta” los nuevos “aportes no escritos”. Además de contradecir un procedimiento concebido y aprobado como válido, la supuesta decisión de nombrar un sucesor destruía uno de los principios democráticos más elementales sobre el que se sustentaba la futura república, pues la elección de los funcionarios –no la designación– fue un derecho defendido por el Maestro en todo momento de su vida política.

A partir de la segunda mitad de 1895, es otro el carácter de la publicación y muy diferente su proyección ideológica. Mencionaré solo un aspecto de gran repercusión: desaparecieron de las páginas de aquel órgano las alertas sobre el peligro del expansionismo imperialista estadounidense, de modo que en 1898, la intervención llegó a considerarse beneficiosa para lograr el fin de la guerra, gracias a la “ayuda desinteresada de la gran nación del Norte” (no de las armas mambisas, luego de tres años de enfrentamiento al poder colonial hispano).

Entre los cambios introducidos por Estrada Palma en Patria deben mencionarse las transformaciones que fue implementando en la estructura y los métodos de dirección, amparado en el argumento de que con el inicio de la guerra habían cambiado las condiciones. Esto era cierto, pero lo esencial fue el giro ideológico impuesto a la agrupación: de la tendencia a tener en el centro de las preocupaciones los intereses mayoritarios fue derivando en representante de los sectores conservadores que existían y fueron incorporándose a las emigraciones y, por otra parte, de poner el énfasis en lograr la victoria mediante las armas, se inclinó hacia la búsqueda a ultranza de la obtención del reconocimiento de la beligerancia por el gobierno de los Estados Unidos. De estos dos principios provinieron los demás cambios.

Uno de los más importantes logros de la posición antidemocrática de Estrada Palma fue la eliminación de la elección del cargo de Delegado del Partido Revolucionario Cubano, como resultado de un acuerdo de los Cuerpos de Consejo. Desde el 1ro. de abril de 1896 fue suprimido ese procedimiento. La gravedad del hecho quedó demostrada dos años después, cuando ya era demasiado tarde para restarle poder a quien se había convertido en un autócrata. No es extraño, entonces, que desaparecieran de las páginas del periódico los principios ideológicos martianos, de modo que varios temas trascendentales no volvieron a ocupar lugar destacado, como el alertar sobre los peligros del expansionismo imperialista, el apoyo a los puertorriqueños para que lograran su independencia, el carácter popular de la futura república a fundar tras la independencia.

Acerca del mal uso de la palabra de Martí, tema que también he visto muy bien tratado en la prensa por el estudioso Luis Toledo Sande, usted mencionó como ejemplo una frase popularizada (“Ser culto para ser libre”) que, extraída de un concepto-clave más amplio,[8] desvirtúa la esencia y riqueza de su contenido: ¿Cómo debería enfocarse socialmente la citación de los textos martianos?

Al divulgar, por escrito o verbalmente, esa frase, por ejemplo, pudieran tenerse las mejores intenciones, pero se está cometiendo un grave error con respeto a José Martí, pues se le atribuye algo que nunca dijo. Y si se permite sin objeción alguna en un caso, se sientan las bases para la permisibilidad en la totalidad de las ocasiones, y ha de tenerse presente que no son simples palabras, sino ideas, pues estas se expresan en aquellas. Se ha llegado a una situación en la que parece intrascendente el rigor, sin comprender que si los patriotas se toman la licencia de modificar o inventar citas, los anticubanos pueden hacerlo con igual habilidad, aunque con intenciones torcidas. Pero en tal caso el mal estaría hecho: se facilitaría el trabajo al enemigo.

Considero que el organismo o institución a que corresponda debería establecer una orientación, directiva, acuerdo, o como se le denomine mejor, donde se norme la obligatoriedad de consignar el tomo y la página de las Obras completas (sea de la Editorial Nacional de Cuba reimpresa varias veces, o de la Edición Crítica del Centro de Estudios Martianos) de donde se ha tomado la cita que se utilice, mencione, reproduzca impresa o verbalmente. Debe ser por estas fuentes mencionadas, pues hay decenas de aprovechados en Cuba y en otros países que durante el siglo pasado hicieron compilaciones con las más variadas calidades, por lo que su uso no resolvería la cuestión, sino la empeoraría. Esto incluye a los órganos de divulgación impresa o digital, que por razones de espacio, perfil, o de lo que fuere, a veces suprimen las referencias.

Mientras se decide quién debe asumir la tarea (lo que puede llevar varios años) y cómo implementarla (preveo otro largo período), el propio Centro de Estudios Martianos podría iniciar una campaña no declarada, para demostrar la necesidad de cotejar las citas de los textos de Martí y consignar sus referencias tanto en los trabajos académicos como de divulgación.

A 45 años de su fundación, ¿cómo ve al Centro de Estudios Martianos? ¿Cuáles podrían ser los retos futuros de la institución en cuanto al aporte de novedades dentro de su objeto de estudio?

Las instituciones son como organismos vivos, que crecen y se desarrollan, y pueden llegar a perecer cuando sus objetivos han sido agotados. No es este el caso del Centro de Estudios Martianos. Sin embargo, según lo aprecio, sin el apoyo de las instancias superiores llegaría a declinar –de modo artificial, a causa de decisiones erróneas–, en estos momentos cuando por la calidad y conocimientos de sus integrantes considero que podríamos desarrollarnos con todas las características estructurales que sustentan sus numerosos logros científicos, académicos, que le han ganado prestigio dentro y fuera de nuestro país. Lo que digo está avalado por los numerosos premios, distinciones y reconocimientos recibidos por sus investigadores y por el centro.

Los cuarenta y cinco años de experiencia en el trabajo investigativo y de divulgación de alto nivel, deberían tenerse en cuenta en estas circunstancias de crisis económica, a los efectos de valorar las inversiones que requiere ya, y no serían simples gastos, hablo de fuentes de desarrollo no solo para mantener lo logrado, sino para avanzar como amerita nuestro objeto de estudio: la vida y la obra de José Martí, de cuya importancia para el presente y su trascendencia nadie con elementales conocimientos puede dudar. A estos objetivos se dedican día a día todos los trabajadores del Centro, quienes merecen apoyo para continuar aportando, a menos que se desconozca la trayectoria de estos nueve lustros.

Los retos a que te refieres los sitúo en el presente. Como parte principal de la lucha ideológica actual se hallan el pensamiento, la vida y la obra de José Martí, tergiversadas y utilizadas por quienes pretenden destruir la obra revolucionaria. Desde nuestra trinchera de ideas tomamos parte, de modo cotidiano y permanente, en estos combates que no se reducen a enfrentar posiciones contrarias a nuestra ideología, sino también a equivocaciones cuya base, considero, es la incultura, el desconocimiento o la formación deficiente de algunas personas que expresan opiniones tan faltas de sustentación como la creencia en lo innecesario de investigar acerca de Martí, argumentando que “ya está todo dicho” o, por otra parte, estiman como una repetición inútil la publicación de la edición crítica de las Obras completas del Maestro, pues consideran suficiente la existencia de varias reimpresiones de las conocidas. Son estas, entre otras, razones para no diferir una tarea de gran envergadura y de enorme importancia para la cultura nacional como la continuación de la edición crítica de las obras martianas, la investigación de áreas poco tratadas de la literatura martiana y de aspectos de la práctica política del Delegado y sus seguidores, así como la profundización en el estudio del pensamiento filosófico y económico martianos, su concepción humanista y, por otra parte, la recepción de sus ideas y su ejemplo en la actualidad. Estos son algunos de los asuntos que pueden constituir motivos para la continuación del trabajo del Centro durante un período cuya conclusión no puede tener límites.

¿Cuál es la razón más poderosa que esgrimiría para sintetizar su relación con la obra de José Martí?

Es una pregunta acerca de mis motivaciones personales y, sin dudas, la causa más poderosa que sintetiza mi relación con la obra de José Martí es su total coincidencia entre pensamiento y actuación. Es la más importante personalidad de nuestra historia en quien hallamos una correspondencia absoluta en principios, criterios, opiniones, meditaciones, plasmadas no solo en textos de diversos géneros sino consecuentemente avalados con su proceder, desde sus vínculos afectivos a las más importantes actividades políticas. Esta es, para mí, la más admirable de sus innumerables virtudes.

Desde la adolescencia dio muestras de su capacidad para sostener y argumentar los ideales que lo guiaban, incluso a riesgo su libertad y con el peligro de la muerte rondándole, como apreciamos en lo que conocemos del consejo de guerra en su contra por la carta que dirigiera a un condiscípulo que se unió al ejército español. Paradigmática puede considerarse su honestidad política al apartarse del plan insurreccional organizado en 1884 por los generales Máximo Gómez y Antonio Maceo, los más destacados líderes del pueblo cubano de entonces, por diferir de sus concepciones sobre los métodos y objetivos en la preparación de una nueva contienda bélica. Y el más alto ejemplo de su postura radical, su incorporación a la guerra que había convocado, en que murió en el primer combate, no eludido cuando tenía razones sobradas para hacerlo. Este rasgo de su personalidad es para mí el más admirable: un ser humano capaz de defender con honestidad lo que cree, contra todos los riesgos.

 Habla usted del investigador como de un ser humano poco visible, que requiere años para que sea validado su quehacer en la búsqueda, confrontación de datos, fuentes, elaboración y exposición de los temas de su objeto de estudio. ¿Qué cualidades deben prevalecer en el investigador de la obra martiana, además de (como principio) reconocerse en la inmensidad de su cometido? ¿Por qué dice que el investigador es (o debe ser) un creador?

Con solo observar en el entorno a mis colegas del CEM, tanto como de otras instituciones, puedo concluir que entre las cualidades indispensables de un investigador de la obra martiana son esenciales la honestidad intelectual, la modestia ante la inmensidad del propósito que se acomete y, por tanto, la ausencia de la llamada vanidad de autor; la dedicación, la entrega al estudio de los más diversos reservorios; la solidaridad con respecto a los demás investigadores, a quienes debe prestarse la colaboración que soliciten, sin ocultar fuentes u opiniones; la defensa de la verdad histórica por sobre conveniencias momentáneas, personales o sociales; el ansia inacabable de saberes y, de modo transversal, el más profundo patriotismo, unido raigalmente al internacionalismo, y la convicción de la necesidad de llevar a la práctica las ideas de justicia social, democracia, y defensa de los intereses de las grandes mayorías, basadas en los principios de la ética que sustentan la vida y la obra de Martí.

Cuando afirmo que los investigadores debemos ser creadores tengo en cuenta que crear es generar algo nuevo y, en nuestro caso, uno de los propósitos fundamentales es alcanzar nuevos conocimientos, adentrarnos en áreas no tratadas o poco abordadas, en busca de la confirmación de datos u opiniones. Crear es, también, fundar.

¿En qué etapa se encuentra su proyecto de investigación acerca de la vida de Benjamín Guerra?

Durante los dos años más graves de la pandemia no fue posible mantener el ritmo de búsquedas en archivos y bibliotecas. Ahora he retomado labores y confío en poder terminar dentro de unos meses o, al menos, publicar un adelanto para procurar la solidaridad de aquellos colegas que puedan tributar nueva información que hayan encontrado en fondos cubanos (en especial de su natal Camagüey, donde quizás aparezca algún documento relativo a sus vínculos familiares) o foráneo, en su condición de emigrado. Benjamín Guerra fue un hombre reconocido por la generalidad de sus contemporáneos; un ejemplo de dedicación a la causa revolucionaria, sin ostentación de sus méritos ni de su posición dentro del Partido. Tras la muerte del Apóstol, lentamente sería relegado de las actividades patrióticas públicas, tuvo muy poco destaque en la prensa de la época, aunque sí continuó respaldado por la mayoría de integrantes de los clubes y Cuerpos de Consejo. Esta investigación es mi homenaje a un patriota cuya característica esencial fue la honestidad, la cual siempre encuentra opositores en los que ansían medrar a costa de quienes la ostentan.

 Pienso, como la mayoría de sus lectores, que la Cronología de José Martí, publicada por usted es un trabajo monumental. Libro para leer y, a la vez, indispensable documento de referencia. ¿En qué etapas de su trabajo echó de menos una obra como esa y decidió entonces emprenderla? ¿Cuánto tiempo tardó para decidir que ya el texto podía ser enviado a imprenta? ¿Considera que puede ser vista aun como trabajo en proceso, dada la complejidad que supone ordenar y racionalizar 42 años de vida tan intensa?

Desde mis primeros acercamientos a la lectura de las Obras completas sentí la necesidad de una cronología, pues como sabemos dicha compilación tiene un orden temático, de modo que para conocer el conjunto de textos de un período o etapa debemos pasar de un tomo a otro, valiéndonos de las fechas que aparecen en los índices. Fue a partir de la lectura de Por la senda del Apóstol, de Luis García Pascual, publicado en el Anuario Martiano de 1971, que comprendí a fondo el valor de ordenar la información dispersa sobre la vida de José Martí. Se trata de un trabajo arduo, sobre todo si tenemos en cuenta que García Pascual era obrero (ayudante de electricista de la cervecería del Cotorro), no investigador profesional, lo que no le impidió hacer aportes significativos, como el mencionado, y otros de mayores dimensiones, por su contenido y alcance, como Epistolario, Destinatario José Martí, Entorno Martiano y José Martí: documentos familiares, además de los artículos que publicó en revistas y periódicos.

Aquellas páginas de García Pascual me permitieron, años después, concebir la solución para uno de los trabajos que me correspondió realizar como parte del proyecto emprendido por el Instituto de Geodesia y Cartografía en colaboración con el Centro de Estudios Martianos, en el que participó un colectivo de investigadores agrupados en un Consejo de Dirección que hizo posible el Altas histórico biográfico José Martí, impreso en 1983. Se me asignó la tarea de redactar, en cronologías para cada mapa de contenido martiano, la información que no pudiera incluirse por medios cartográficos. Se comprenderá mejor el rigor con que se trabajaba si tenemos en cuenta que en el consejo mencionado, presidido por el Dr. Armando Hart, se encontraban, entre otros, Roberto Fernández Retamar, Sergio Aguirre, Ramón de Armas, Gloria García, Ángel Augier, Manuel Galich, además del equipo del Instituto, encabezado por el teniente coronel ingeniero Emilio Lluis. Desde entonces, verificaba una y otra vez cada dato que incorporaba a las sucesivas ediciones (en ningún caso se trata de reimpresiones, por la cantidad y calidad de la nueva información incluida). Pueden consultarse dos muestras del método: “Los primeros veintidós años en la vida de José Martí”,[9] y “José Martí y Máximo Gómez en 1895. Cronología crítica”.[10]

Considero que, actualmente, es un trabajo en proceso, y en muchos sentidos de carácter colectivo, pues he incluido datos y fechas  partir de las valiosísimas notas que aparecen en los tomos de las Obras Completas. Edición crítica, así como por disímiles autores, de los cuales solo destacaré al propio Luis García Pascual y a Enrique López Mesa, personalidades muy diferentes, pero unidos en la rigurosidad casi obsesiva por compulsar fechas, nombres, lugares, fuentes. Para ambos, y para los muchos no mencionados, mi profundo agradecimiento, pues sin ellos no hubiera podido realizar una obra que tantas satisfacciones me ha deparado.

Es muy justo el reconocimiento que hace del trabajo de Luis García Pascual, quien este año habría cumplido cien años, una buena parte de ellos dedicados a José Martí. Pensando en su ejemplo, quisiera preguntarle, ¿cree que se puede conseguir el rigor académico necesario para la investigación desde la práctica, amparándose en la disciplina de la lectura y el estudio personal?

Se pueden alcanzar conocimientos profundos sobre los temas más disímiles por la vía autodidacta. Hecha esta afirmación, es necesario precisar que han de reunirse condiciones personales –presentes en Luis García Pascual, y en otros como él– como la disciplina, la dedicación, la modestia, y sobre todo el ansia de saber, la entrega a la búsqueda de conocimientos. No obstante, considero que para alcanzar un mínimo de rigor académico ha de partirse de una base de cultura general que estimo imprescindible, pues sin los conocimientos que posibiliten la comprensión de los textos de la materia que se trate es imposible lograr el dominio de los principios elementales para avanzar en los estudios de cualquier asunto. Esa base cultural, unida a la pasión por el saber, son elementos sin los cuales no puede hablarse siquiera de autodidactas.

¿Ha podido saber (por estudios o información de los lectores) cuán útil es la Cronología…, como resultado científico ya socializado?

Sobre la utilidad del libro, solo recordaré una anécdota que para mí fue definitoria: una tarde me encontraba en el Centro, en la oficina donde trabajaba entonces, en el piso inferior, y vi por la puerta y la ventana a un grupo de niños, cuyo profesor, luego de solicitarme permiso para entrar, se volvió a sus alumnos y les dijo: “Él es el autor de la Cronología…”. Aún recuerdo los aplausos. Son los que más me han emocionado como autor.

 

[1] José Martí. Cronología. 1853-1895(primera edición: Ciencias Sociales y CEM, 1992 y otras tres del CEM, aumentadas y corregidas:2003, 2012 y 2018), además de varias reproducciones en CD-ROM.

[2] Como parte de su trabajo académico, el Centro de Estudios Martianos convoca cada año a la comunidad martiana a participar en un Coloquio Internacional, este año (2022)se denominó“Partido Revolucionario Cubano: Guerra y Revolución”. Ya está en curso la convocatoria del siguiente (2023): “José Martí, un hombre de todos los tiempos”.

[3] En esta ocasión, también dedicado a los 140 de publicados el Ismaelillo y el prólogo a El Poema del Niágara (del venezolano Juan Antonio Pérez Bonalde), y en homenaje a los 45 años de la desaparición física del intelectual cubano Juan MarinelloVidaurreta (1898-1977).

[4] Acerca de este tema, consultar su texto “Antianexionismo y antimperialismo en Patria”, Anuario del Centro de Estudios Martianos, vol. 6, 1983, pp. 7-42.

[5] En “Patria: ‘órgano del patriotismo virtuoso y fundador’”, Anuario del Centro de Estudios Martianos, vol. 5, 1982, pp. 247-262.

[6] En el artículo “Cuál es la literatura que inicia José Martí”, publicado en Anuario del Centro de Estudios Martianos (vol. 4, 1981, p. 30) dice Retamar: “Incluso en el periódico Patria, que fundó en Nueva York en 1892 como vocero oficioso del Partido Revolucionario Cubano…”.

[7] En OC, t. 1, p. 283.

[8] “[…] Ser bueno es el único modo de ser dichoso. / Ser culto es el único modo de ser libre. / Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno. / Y el único camino abierto a la prosperidad constante y fácil es el de conocer, cultivar y aprovechar los elementos inagotables e infatigables de la naturaleza. La naturaleza no tiene celos, como los hombres. No tiene odios, ni miedo como los hombres. No cierra el paso a nadie, porque no teme de nadie. Los hombres siempre necesitarán de los productos de la naturaleza. Y como en cada región solo se dan determinados productos, siempre se mantendrá su cambio activo, que asegura a todos los pueblos la comodidad y la riqueza […]”. José Martí, en “Maestros ambulantes”, La América, Nueva York, mayo de 1884 (OC, p. 289).

[9] En Anuario del Centro de Estudios Martianos, vol. 7, 1984.

[10] Ibídem, vol. 11, 1988.

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