Homenaje a la Madre de la Patria
Por: Narciso Amador Fernández Ramírez

Cuando Mariana Grajales Cuello cerró definitivamente los ojos al mundo en el exilio de Jamaica, el 27 de noviembre de 1893, su último pensamiento debió ser para la Patria que le viera nacer, para su Cuba, aún esclava.
A ella, y a su independencia, había dado la patriota santiaguera la vida entera y la de buena parte de sus hijos. Empezando por Justo, el primero en abonar con su sangre los suelos de la campiña mambisa, en los años iniciales de la Guerra Grande, hasta el general de brigada Rafael Maceo Grajales, Cholón, fallecido en Chafarinas, en 1882, víctima de los malos tratos y la tuberculosis.
También su corazón de matriarca amorosa y de leona herida cuando hizo falta, había sufrido la pérdida de su esposo Marcos Maceo, caído en combate en 1869, quien, conociéndola como nadie, había dicho en su postrer minuto que había cumplido con ella, con su amada Mariana y con la Patria, con ambos.
José Martí, quien sintió su mano cariñosa sobre su cabeza, al visitarla en Jamaica, escribió una bella semblanza en su honor:
“Los cubanos todos, dice una carta a Patria, acudieron al entierro, porque no hay corazón de Cuba que deje de sentir todo lo que debe a esa viejita querida, a esa viejita que le acariciaba a usted las manos con tanta ternura. La mente se le iba ya del mucho vivir, pero de vez en cuando se iluminaba aquel rostro enérgico, como si diera en él un rayo de sol. Su marido y dos hijos murieron peleando por Cuba, y todos sabemos que de los pechos de ella bebieron Antonio y José Maceo las cualidades que los colocaron a la vanguardia de los defensores de nuestras libertades”.
La Madre de la Patria fue enterrada en el cementerio de Saint Andrew, en “tierra extraña”, como escribiera el Apóstol, y allí permaneció durante varios años. Antes de morir, había pedido que sus restos descansaran en la tierra oriental de Cuba que le viera nacer el 12 de julio de 1815. Era el sagrado deseo de una madre y de una patriota. No podía ser desoído.
Refiere la investigadora Graciela Pacheco Feria, del Centro de Estudios Antonio Maceo Grajales, que en cumplimiento de ese pedido, el Ayuntamiento de Santiago de Cuba promovió su traslado a la Patria y entonces se creó la “Comisión para la repatriación de los restos de Mariana Grajales”.
Con este propósito, en la tarde del 18 de abril de 1923 zarpó de la bahía santiaguera rumbo a Jamaica el crucero Baire. El día 22, se exhumaron sus restos en un acto solemne que contó con la presencia de familiares de Mariana y de patriotas santiagueros, encabezados por el Sr. José Palomino, presidente del Ayuntamiento de Santiago de Cuba, el Cónsul de la República de Cuba y representantes del Consejo Territorial de Veteranos de Oriente y de la Gran Logia Oriental.
El día 23 llegaron a la ciudad de Santiago de Cuba los restos de la venerada patriota y fueron depositados en capilla ardiente en el Salón de Sesiones del Ayuntamiento, donde el pueblo santiaguero le ofreció su último adiós en una jornada que culminó en horas de la tarde, cuando fueron sepultados con merecidos honores, en horas de la tarde, en el cementerio Santa Ifigenia.
En fecha reciente, con la presencia del General de Ejército Raúl Castro, la tumba de Mariana Grajales, al igual que la de Carlos Manuel de Céspedes, fue reubicada y situada en el área patrimonial de Santa Ifigenia, en acto solemne efectuado el 10 de octubre de 2017.
Ahora, a 95 años de la llegada a Cuba de sus restos, se efectuará una jornada conmemorativa, que luego del tributo a Mariana Grajales, el lunes 23, en el cementerio de Santa Ifigenia, se efectuará un panel en la sede de la UNEAC, acerca de la repatriación de los restos de la Madre de la Patria y después se proyectará el documental “Mariana Grajales Cuello: Raíz del alma cubana”.
Para el 24 de abril se programó la celebración del Tercer Taller Raza e Identidad, en el Salón de los Vitrales, en la Plaza de la Revolución Mayor General Antonio Maceo Grajales, organizado por la Comisión Aponte, en conjunto con la Unión de Periodistas de Cuba.
Cerrará el homenaje con una conferencia de la investigadora Zuleica Romay con el tema: “Cultura y política en el debate racial cubano: una mirada diacrónica”.
Vale entonces recordar aquellas hermosas palabras con que José Martí terminó su semblanza sobre Mariana: “Patria en la corona que deja en la tumba de Mariana Maceo, pone una palabra: ¡Madre!

Fuente: http://www.cubahora.cu

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