Escribir como acto de libertad
Por: Hayled Martín Reyes Martín

Hay hombres que han escrito páginas hermosas; otros han hecho la historia. Martí conlleva en sí a estos dos hombres: el que escribe y el que hace la historia. La Naturaleza sumó al hombre el ser alado. La libertad de la escritura es tremenda, cuando escribir la libertad se hace un acto. Tres ideas escribió Martí que son una: la libertad de Cuba, la independencia de América Latina y el peligro de los Estados Unidos. ¿Su oficio?: escritor de la Libertad.

¿Qué Martí dejó de escribir por la Revolución? Cuando único detuvo la escritura fue para dejar constancia de sí, y Norman lo retrató en su oficina neoyorquina de 120 Front Street. Con la misma pluma del Apóstol, trazó los bordes del rostro enjuto y la mirada triste del que tanto sufría en aquel invierno de angustia. Los libros de fondo; la mano izquierda, que es fuego, como quien no quiere ser visto, se escondía detrás, y sólo se alcanza a ver el anillo, fundido de metal del presidio, que tiene grabado las cuatro iniciales de Cuba. La otra mano, la derecha, la que nunca dejó de escribir, reposa ahora y simula para la pintura que escribe.

Un encuentro con el joven poeta en Nueva York, y su encendido verbo, le bastó para el título «raro», junto al oscuro Poe y Verlaine el maldito. Cuando Martí terminó su discurso el nicaragüense no pudo parar de aplaudir. El Maestro —que ahora no figura en las selecciones que se hacen de los grandes poetas hispanoamericanos— le llamó «¡hijo!», al Príncipe de las Letras Castellanas. Cuando aún no se conocían, y antes de escribir su Azul, Darío fue capaz de decir esto del cubano maravilloso: «Hoy ese hombre es famoso, triunfa, esplende, porque escribe, a nuestro modo de juzgar, más brillantemente que ninguno de España y de América; porque su pluma es rica y soberbia; porque cada frase suya si no es de hierro, es de oro, o huele a rosas, o es llamarada». Un año después de su caída el modernista le llamó «Maestro».

La mano diestra, mística, la de escribir, previó su muerte y la plasmó en versos. ¡Vuelos de ángel! El verso amigo, su amoroso compañero, se arrastra ante el cruce fiero de la tierra. Con la misma mano de escribir toma el revólver, y con la otra, arrea el caballo. Se adelante su corcel en la quijotesca marcha debido a la furia de la mano izquierda, que arde, quemada, por el anillo que lleva a Cuba toda. Nunca antes sus manos soportaron tanto metal. La bala enemiga mató al que tenía pensado escribir la historia de la revolución latinoamericana, la historia de la revolución cubana, un libro sobre el sentido de la vida y otro sobre los grandes libertadores de la humanidad: los pensadores y poetas. ¿Quién escribirá ahora nuestro Leaves of Grass?

Martí fue ese ser alado que supo recibir la bala para los cubanos futuros; es ese otro que recibió la bala para mí, que sesenta años después alguien tomó su mano prestada para escribir el poema de Los otros. La muerte en combate son tres puntos suspensivos a su último y mejor escrito: la independencia de Cuba. Escribió en vida lo que hizo en muerte. Martí es la idea de América, como la América fue su idea. Nuestra aquella; nuestra la de hoy. Martí es nuestro presente, pese al mármol de su frente. Sus manos flacas y temblorosas no han soltado la pluma, que no descansará hasta que se escriba la última página de la libertad americana.

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