El recuerdo imperecedero de Mariana Grajales perdurará en los cubanos
Por: Eduardo Palomares Calderón

Como símbolo imperecedero de la mujer cubana y madre forjadora de una excepcional estirpe de titanes, fue calificada Mariana Grajales Cuello por Olga Lidia Tapia Iglesias, al pronunciar las palabras centrales de la gala político cultural efectuada en ocasión del bicentenario de la insigne patriota, en el teatro Heredia, de Santiago de Cuba.

“Su excepcionalidad —señaló la miembro del Secretariado del Comité Central del Partido—, no viene dada solamente por el hecho de engendrar en su vientre una tribu de leones, sino por su vida ejemplar de inmaculada heroína, mujer de temple y carácter. Fue madre y maestra a la vez de sus hijos, sobre todo en el arte de inculcarles los mejores valores de urbanidad, sociabilidad, cultura y disciplina”.

La dirigente partidista esbozó cómo junto a su esposo Marcos hicieron un respetable hogar de amor y valentía, donde la lealtad y la concepción del deber eran sacerdocio. He cumplido con Mariana, diría él, al caer mortalmente herido en fecha tan temprana como el 14 de mayo de 1869, combatiendo bajo las órdenes de su hijo, el entonces teniente coronel Antonio Maceo.

Apenas 16 años de edad tenía el subteniente Julio, cuando cayó en combate el 12 de diciembre de 1870 —precisó—, pero no solo la prole cultivada por Mariana con Marcos Maceo estuvo presta a dar su vida por Cuba. Sus hijos con el cubano Fructuoso Regüiferos, del que muy joven enviudó, también se alistaron en las filas mambisas y pelearon todos por la independencia de su tierra”.

Al referirse a su esencial influencia en la formación de los Regüiferos Grajales y los Maceo Grajales, dijo que Mariana era de inteligencia natural, vivaz y ágil. Procedía de familia muy humilde, en su infancia de niña mulata y pobre recibió la educación del hogar todo un alimento espiritual que le permitió forjar un espíritu recio y de trabajo incansable.

Por ello valoró que la valentía, el patriotismo y la ética de Antonio, José, Rafael, Marcos y toda la legión de nombres gloriosos salidos de tan fecundo seno solo puede ser entendible desde la impronta materna, donde Marcos y Mariana construyeron un matrimonio ejemplar, cuyos hijos ven en la madre el alma del hogar, la rectitud y la bondad conjugada, y en la unidad de la familia la fibra de un ideario patriótico.

Sobre los sacrificios y el dolor que debió soportar reflejó como tanto Mariana como María Cabrales, la digna esposa de Antonio, padecieron los rigores de la contienda, y en el exilio la persecución y hostilidad del espionaje español. Ambas enfrentaron con honor, hidalguía y resolución las presiones desde la Isla de las autoridades hispanas que en vano intentaron doblegarlas.

“Duro fue —precisó—, recibir la noticia del encarcelamiento de José y Rafael Maceo y de Felipe Regüiferos, encerrados en lúgubres mazmorras en el norte de África, cuando se dirigían desde Cuba a Jamaica a reunirse con la familia. Duro golpe también conocer en 1882 la muerte en Chafarrinas de Rafael, su querido Cholón, víctima de pulmonía y los maltratos del presidio”.

Tapia Iglesias se refirió a la grandeza que percibió José Martí en esta gran mujer desde que la conoció en Jamaica en octubre de 1892 y cuyo testimonio refleja en carta a Antonio Maceo al decir: “Ahora volveré a ver a una de las mujeres que más ha movido mi corazón, a la madre de usted”, así como en el periódico Patria al escribir de la madre más que del padre viene el hijo Maceo fue feliz porque vino de León y de Leona”.

Basada en tales valores citó la amplia relación de mujeres a quienes la heroica estirpe de Mariana les deparó un lugar glorioso en la contienda independentista, y afirmó que también de esa estirpe fueron Melba, Haydée, Vilma, Celia, las heroínas del llano y la Sierra, las adolescentes y jóvenes milicianas, las alfabetizadoras, combatientes y cooperantes internacionalistas, las madres cubanas que desafiaron el reto y las privaciones del periodo especial.

El destino ha querido —destacó—, que los restos de Mariana, la cubana excepcional e inspiradora de José Martí descansen a pocos metros el uno del otro, como si el Apóstol rindiera eterna fidelidad a quien el pueblo cubano espontáneamente ha reconocido como la Madre de Héroes, Venerable Madre, Madre de los Maceo, Madre de la Patria, Madre de la Tribu Heroica, Madre del Titán de Bronce, calificativos todos que reflejan el amor de los cubanos a su grandeza…”

Al referirse a la trascendencia de ese heroísmo hasta hoy, expuso el reconocimiento concedido por el Comandante en Jefe Fidel Castro a la justeza de que las mujeres pudieran combatir en la primera línea, hecho concretado en los primeros días de septiembre de 1958, con la organización del pelotón Mariana Grajales, el cual poco después tendría en el Combate de Cerro Pelado su primera acción bélica.

Símbolo de la mujer cubana de estos y de todos los tiempos —enfatizó finalmente Olga, Lidia Tapia—, el recuerdo inmortal de Mariana Grajales Cuello perdurará de manera indeleble en las cubanas y los cubanos que luchan y trabajan en pos de una humanidad mejor, de un mundo más justo”.

Fuente: www.granma.cu

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*