El primer día de la Patria

El alzamiento del 10 de octubre de 1868 es, tal vez, el acontecimiento histórico más conocido por los cubanos. Que ese día el hacendado oriental Carlos Manuel de Céspedes liberó a sus esclavos e inició la guerra por la independencia de Cuba, y que tuvo lugar en el ingenio Demajaguason detalles bien conocidos.

Pero, aún así, la significación de la fecha y los pasos que llevaron a aquellos hombres hasta allí no ocupan el mismo lugar en el recuerdo.

Carlos Manuel de Céspedes era un hacendado lo suficiente rico, para morir rodeado de lujos, viajó por varios países europeos y culminó sus estudios de abogacía en la ciudad de Barcelona, en España, que- al decir del historiador Miguel Muñoz López-, cambió para siempre la vida del joven bayamés.

Allí coincidió con su coterráneo Pedro Figueredo Cisneros, Perucho para los amigos, a quien años después el pueblo de Bayamo le pediría la letra del himno glorioso de la Patria.

Juntos se iniciaron en el liberalismo radical burgués y en la masonería, y volvieron al terruño imbuidos del espíritu liberal y rebelde de los catalanes.

Hay hombres que llevan en sí el decoro de muchos hombres, como sentenció el Apóstol José Martí, y Céspedes fue uno de ellos. Vivió el sufrimiento ajeno como el suyo propio y tomó las riendas de su pueblo para guiarlo a la lucha.

El pronunciamiento independentista no contó con el respaldo de miles de hombres armados, ni se levantó toda una región, por el contrario, en la mañana del 10 de octubre, el patriota solo pudo liberar a los 23 esclavos que se encontraban en el ingenio Demajagua.

A ese sitio, cercano al mar, acudieron algunos de los valerosos hombres que empezaron las revueltas en días anteriores, para aumentar lo que luego sería el Ejército Libertador.

Entre los presentes en aquella jornada estuvieron hacendados, intelectuales, trabajadores del ingenio y esclavos.

De acuerdo con un manuscrito de Céspedes, que se conserva en la urbe bayamesa, ascendían a 37 las personas armadas, aunque los historiadores manejan varias cifras con respecto a la cantidad exacta de sublevados.

En el alzamiento participaron entre cinco y 10 esclavas, que se encargaban de la atención de la casa, las  que a partir de entonces fueron libres y una hermosa mujer blanca muy cercana a Céspedes, Candelaria Acosta, quien tuvo a su cargo la confección de la bandera que portó el joven Emilio Tamayo, trabajador del ingenio y primer abanderado de la Revolución.

En las dos semanas siguientes se produjeron levantamientos en varias localidades de la región oriental, y Bayamo resultó la primera y única ciudad ocupada en la Guerra de los Diez Años.

En ese momento muchos condenaron la actitud de Céspedes por apresurada, y todavía hoy, algunos historiadores creen que asumió un rol que no le correspondía, pero la historia se encargó de demostrar que eso era el momento y el lugar preciso.

No debe olvidarse que el bayamés era el más experimentado y mejor informado entre los conspiradores orientales y aunque en la Guerra de los Diez Años no se ganó la libertad plena, sí se luchó contra la esclavitud y el dominio español, con la guía del Manifiesto del 10 de Octubre, programa político proclamado por Céspedes.

Sin duda alguna aquel día, con el acto heroico y altruista emprendido por quien luego fue considerado como el Padre de la Patria, se dio un giro a la historia de Cuba, que rompió la inercia de sumisión del país. Ese día, además de iniciarse la lucha por la independencia, el levantamiento permitió unir diferentes clases sociales de cubanos, que ya se reconocían como tales, pero estaban separados por su estatus social.

Esta fue la primera vez que los cubanos, armados de sentimiento patrio, dotados con símbolos propios y regidos por un programa político, se lanzaron a luchar por su tierra.

Fuente: http://www.vanguardia.cu

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