El personaje más difícil de Damián
Por: Laura López Montoto

Damián Antonio Rodríguez ha cambiado mucho, pero su mirada, penetrante y melancólica, todavía reflejan la inocencia del personaje que interpretó hace casi una década en la película José Martí: El ojo del canario. Su voz grave no es ya la de un muchacho que transita hacia la adolescencia, y varios tatuajes le marcan el cuerpo. En cada oreja tiene un hueco, de esos que llaman expansiones, y de la nariz le cuelga una argolla plateada. Ahora tiene 25 años y resulta imposible reconocer, tras su barba y bigote, a aquel niño que encarnó al Pepe niño.
El joven que tengo delante recuerda como un momento clave de su vida el rodaje del largometraje dirigido por Fernando Pérez. ¿Cómo llegaste al filme?, ¿cuál fue tu experiencia durante el rodaje?, ¿por qué abandonas la actuación? Comenta Damián que antes de formar parte del elenco de la cinta, participó en “El cohete”, teleplay futurista dedicado al programa televisivo El Cuento.
Cuando cursaba octavo grado, cuenta, pertenecía a una compañía de magia de Santo Suárez y a un taller de títeres del municipio capitalino Arroyo Naranjo. Allí comenzaron sus inclinaciones artísticas. En esos y otros grupos de niños aficionados al arte, Fernando Pérez y su equipo, realizaron un casting para seleccionar a quien representaría a Pepe posteriormente. Los aspirantes no hicieron pruebas de actuación. Sin embargo, desarrollaron exámenes de vestuario, maquillaje y cámara, en las distintas locaciones donde se filmaría la película.
“Al principio, mi familia y yo pensábamos que me habían elegido para actuar de extra, tapar un hueco en la pared. Cuando Fernando Pérez nos dio la noticia fue una gran sorpresa. Todos estaban contentos con la idea de tener un actor en casa”, recuerda el joven. Para lograr el personaje, Rodríguez aprendió a escribir con las plumas características del siglo XIX, incluso llegó a imitar la caligrafía del más universal de los cubanos. También le enseñaron a montar a caballo sin silla, “al pelo”, como se dice en los campos de Cuba.
Entre risas rememora que durante la filmación de una de las tomas con el animal, se cayó al suelo, pues un músculo de la pierna se le tensó, debido a la cantidad de horas que estuvo sobre el caballo. “Por suerte fue solo un susto”. Cuando él llegaba a las filmaciones, el realizador le quitaba lo que tenía en los bolsillos: el teléfono, el paquete de cartas, los
utensilios para hacer trucos de magia. “Era muy intranquilo. Yo siempre me ponía a hacerle cuentos a todo el mundo. A veces Fernando me trancaba en un cuarto para que nadie me diera conversación. ¡Hasta la comida me llevaban allí!”
Después de finalizados los seis meses de grabación, la concepción de Damián con respecto al Maestro cambió en gran medida. “En la escuela te muestran a Martí como un hombre que no camina, vuela. Te lo enseñan como esa persona perfecta, pura e inocente.
Gracias a la preparación que recibí y a todos los lugares a los que me llevaron, aprendí que Martí era un ser humano igual a todos los demás, y que, de niño, en ocasiones, se portaba mal de la misma manera que lo hace el resto”.
Luego de terminar la película, estuvo un tiempo en la compañía El Hombrecito Verde. Continuó con su grupo de magia. Sin embargo, abandonó el mundo de la actuación a pesar de haber entrado en él por la puerta ancha.
-¿Por qué?
“Me frustré ya que no pude ingresar en la ENA (Escuela Nacional de Arte). Me faltaban veinte milésimas de promedio académico para poder hacer las pruebas de actitud ¡Veinte milésimas!. Lo mismo sucedió para entrar en Circuba”.
Actualmente, Damián estudia Veterinaria. Realiza incursiones momentáneas en la pintura urbana, los llamados grafitis. Ama ir con sus amigos a Las Terrazas, Pinar del Río, a practicar allí mountain bike, un deporte extremo que consiste en montar bicicleta en las
montañas, o como él mismo dice “tirarse de los barrancos”. Es padre soltero de un bebé de cuatro años que se llama igual que él. Reconoce que la experiencia de la paternidad fue muy difícil al principio. “Crío a mi niño yo solo desde que tiene un mes y medio de nacido, pero con el apoyo de mi familia, y en especial de mi mamá, he logrado salir adelante. Este es el papel más difícil e importante que he tenido que interpretar, y por suerte el personaje no acaba con un simple ¡corten!”.

*Estudiante del curso Grandes Periodistas (José Martí) que se imparte
en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana (11na.
edición).

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