“El mejor modo de decir, es hacer”. José Martí.
Por: Astrid Barnet

“El padre Félix Varela, José de la Luz y Caballero, Enrique José Varona y José Martí: cuatro hombres de nuestra historia unidos a la profesión del maestro. No se trata sólo de pensar y predicar el bien, sino de hacerlo. Y esto lo predica Martí cuando dice: El mejor modo de decir, es hacer”.

Con este breve pero imprescindible criterio, unido a un pensamiento martiano, concluyó la prestigiosa historiadora doctora Francisca López Civeira, su conferencia Pensar y hacer para el bien, correspondiente al ciclo Ámbitos de la Espiritualidad, que el Centro Cultural Dulce María Loynaz ofrece mes tras mes.

En esta oportunidad se realizó un recuento de pasadas intervenciones a partir de la lectura de las cuatro personalidades tomadas como objeto de análisis. Primeramente, acerca de qué se entendía por Espiritualidad, como obrar sabio y benéfico hacia los demás, desde un punto de vista histórico y sociológico y esté motivado o no por ideas religiosas; el tema siguiente tuvo como personalidad al Padre Félix Varela, como hombre de iglesia, de ciencia, de cultura, de educación y de profundo patriotismo, y de quien José de la Luz y Caballero afirmase: Mientras se piense en Cuba, se pensará con afecto y veneración en el primero que nos enseñó a pensar.

El tercer encuentro de Ámbitos… tuvo que ver con José de la Luz y Caballero, ilustre filósofo y pedagogo, de pensamiento claro y cultura enciclopédica que implantó métodos modernos de enseñanza. A José Martí, nuestro Héroe Nacional, cubano de proyección universal quien manifestó su preocupación constante, inquietudes sociales e independentistas desde muy joven y que trascendió las fronteras de su época para convertirse en el mayor pensador político hispanoamericano de extensos poemas, epistolarios, ensayos y discursos, lo sitúan como un intelectual de vasta cultura, le fueron dedicados dos espacios.

En el cuarto encuentro se profundizó en la personalidad del admirable ensayista y maestro Enrique José Varona (1849-1933), figura influyente a finales del siglo XIX y principios del XX en relación con sus ideas separatistas, incorruptibilidad y principios contra la dictadura machadista. Educador, además, dirigió el periódico Patria -luego de la caída en combate de Martí-, y su prestigio se vincula básicamente en su pensamiento manteniendo en sus intervenciones críticas un carácter sereno y analítico, a la par de un lenguaje elegante y claro.

Así, en un último encuentro de Ámbitos…y acerca de dichas figuras de nuestra Historia quienes, ejercieron el apostolado de maestros de generaciones y de pensadores independentistas, la doctora López Civeira destacó:

“El padre Félix Varela nace a finales del siglo XVIII (1788) y fallece en 1853, el mismo año en que nace el Apóstol, mientras que José de la Luz y Caballero (1800-1862), tiene algunas coincidencias en relación con tiempo y persona con Varela.

Algunos coincidieron durante un corto tiempo y otros durante un período más extenso -si observamos las fechas de sus natalicios y decesos-, pero entre ellos se dieron relaciones de continuidad en algunos aspectos. En el caso de Luz y Caballero, éste conoció a Varela, al igual que entre Martí y Varona durante el período inter-guerras, en especial, durante el exilio. Martí también conoció sobre la obra de Varona. Asimismo, tras la caída de Martí en Dos Ríos, Varona es quien le sustituye en la dirección del periódico Patria.”

Afirmó seguidamente que cada uno de ellos vivieron en contactos diferentes. Varela “vive en el momento que va a emerger un sentimiento de Patria, y de Patria independiente; Luz y Caballero vive más en el momento que se va potenciando el concepto de Patria y de Patria independiente, pocos años antes del comienzo de la Guerra de los Diez Años. Martí constituyó la cúspide en todo esto, mientras que Varona fallece en 1933, tras participar en la contienda independentista, luego adopta una posición conservadora hasta, finalmente, radicalizarse como paradigma de la juventud de los años treinta en la lucha contra la sangrienta dictadura de Gerardo Machado.

“Son contextos distintos y también posiciones que no siempre, políticamente, se ubican en igual dirección, en especial, en el caso de Varona”.

En otra parte de su intervención, ante un concurrido auditorio que colmó la Sala García Lorca del mencionado centro cultural, la también Profesora Titular Consultante resaltó que al hablar sobre el concepto Espiritualidad, éste en ocasiones nada tiene que ver con aspectos religiosos, sino con valores y con elementos comunes encaminados a brindar una proyección inicial con Varela y que luego continuarán.

“Entre las características más comunes está, en primer lugar, que los cuatro ejercieron el magisterio: fueron maestros, profesores en aulas -Varela, profesor en la Real y Pontificia Universidad de La Habana-, al igual que expresaron sus ideas a través de la escritura; fueron hombres de una escritura en función de los demás, en función del hacer hacia los demás, que cultivaron el sentido de Patria en diferentes contextos.

“Pero si existe una característica que los une, acotó, es el sentido del bien, del bien hacia los individuos, hacia un colectivo, del bien hacia la Patria, fundamental en el sentido del deber, en el sentido de hacer el bien.

“Cuando Luz y Caballero se encargan de ser editores de la revista Bimestre Cubano, de la Sociedad Económica de Amigos del País, y Varela se hallaba en el exilio en Estados Unidos, éste último los llamó a unir en ella los ánimos para hacer el bien. Algo siempre presente después en nuestro José Martí cuando dijo: La noción del bien flota sobre todo y no naufraga jamás. El bien que en una parte se siembre, es semilla que en todas partes fructifica. Convicción martiana que trasciende en aquellas figuras en contextos, momentos y circunstancias distintas, condicionando el bien pero con proyecciones diferentes.

Argumentó a continuación que ese sentido del deber, de hacer el bien, tuvo lugar prominente en la labor de enseñanza que los cuatro realizaron y ejercieron, en el sentido de formar a niños y jóvenes para el bien de la sociedad y de la Patria.

Martí escribió en una ocasión (1871-73), durante su primer destierro a España, que “los norteamericanos posponen a la utilidad el sentimiento, mientras que los cubanos posponemos el sentimiento a la utilidad (…) Las leyes americanas han dado al norte alto grado de prosperidad, y lo han llevado también al más alto grado de corrupción. Lo han metalificado para hacerlo próspero. ¡Maldita sea la prosperidad a tanta costa!”.

“Todo ello a costa de perder la espiritualidad, de perder el sentimiento, de perder los valores”, resaltó la Profesora universitaria, para añadir “es importante la prosperidad, pero el sentimiento no puede ni debe perderse.

Citó una serie de sentencias que pueden hallarse en Varela, en Luz y Caballero y que incluyen a Martí y a Varona, en relación con el deber.

En el caso de Varela existen tres máximas importantes: preferir el bien común por encima del particular, la búsqueda de una sociedad perfecta y trabajar en aras de lograrla; lograr, además, la educación científica y patriótica como elemento que guíe la labor docente.

En dos cartas que Varela le dirige en 1839 durante su exilio en Estados Unidos -y donde publicó su periódico El Habanero-, a Luz y Caballero, se acusa él mismo de ser el primer fanático, pues casi siempre me he lanzado a hacer el bien sin tener medios para ello. En otra carta (1840) a un discípulo le dice: Jamás ha habido un filósofo que se atreviese a negar que un bien real es una utilidad verdadera, y que un bien aparente es una utilidad falsa”.

Durante la vida y la obra de Varela se observará que el sentido de Cuba y de Patria independiente era el objetivo esencial de su pensamiento, amor y acción.

En José de la Luz y Caballero pesa mucho el amor como la elevación de todas nuestras potencias a la última potencia”, mas pesa mucho en él también el sentido del deber de hacer por los demás (…) la razón de conveniencia esté siempre subordinada a la razón del deber, que acrisola y santifica el alma. La razón de conveniencia suele adulterarla y amenguarla (…) El deber es la ley suprema de la humanidad”.

“Para la historia, Luz es el Maestro emblemático, y quien marcó una definición y ruta del sentido de lo que es Maestro: Tremendo ejercer este ministerio de la enseñanza, por los deberes que impone, (…) ¡Tengamos el Magisterio y Cuba será nuestra! (…) Para que Cuba sea libre soy yo maestro de escuela”.

José Martí nunca llegó a conocer a Varela ni a Luz y Caballero, mas siempre mantuvo un profundo reconocimiento hacia la obra de ambos. Existieron clubes patrióticos en Tampa y Cayo Hueso con los nombres de esos antecesores de nuestra independencia. Igualmente no existía una casa de emigrados cubanos donde no existiese una foto de Luz y Caballero, El Maestro.

Hay que recordar que Luz fue maestro de Rafael María de Mendive, éste a su vez del Apóstol, quien lloró en 1862 la muerte del primero. Martí lo calificó como El Padre y El Silencioso Fundador.

Todo ello revela una secuencia histórica de maestros continuadores de una enseñanza patriótica.

Finalmente y, en relación con Enrique José Varona -profesor de la Universidad de La Habana-, la doctora Civeira rememoró su sentido de admiración y continuidad hacia el Padre Varela, cuando señaló que el sentido de los conocimientos que se adquieren son bienes comunes y los errores no son defectos mientras no se defiendan con temeridad (…) Que el fanatismo no destruya la obra del patriotismo.

Mas la mayor identificación de Varona fue con Luz y Caballero, en especial, en cuanto al tema de la educación, lo que le lleva a plantear que el hombre estudia para conocer el mundo en que vive, para conocerse a sí mismo y llegar a ser una persona útil.

“Varona trata de hacer de la Universidad de La Habana un centro de estudios moderno, una enseñanza encaminada a hacer el bien. En ella, en su época, tan sólo se estudiaban Leyes, Literatura, Filosofía y Medicina, nada que tuviese que ver con la arquitectura, ingeniería…Varona inicia un cambio de estructura en la universidad, a través de la reforma que lleva a cabo.

“Varona partió de una posición conservadora fue vicepresidente durante el gobierno de Mario García Menocal-, hasta llegar a radicalizarse y convertirse en una figura clave para la Generación del Treinta en Cuba”.

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