Vindicación de Martí
Por: Dra. C María Caridad Pacheco González

En los últimos tiempos los enemigos de la Revolución Cubana han dirigido sus ataques y agravios al símbolo más acabado y permanente de la nación, al héroe a quien rendimos tributo este año por el aniversario 168 de su nacimiento y que es una referencia ineludible para cualquier cubano que quiere para su patria un futuro mejor. Cuba tiene el privilegio de contar con el apostolado fundador de un hombre que supo trazar para su pueblo un camino autóctono que integrara la justicia, la belleza y la verdad, que nos dejó principios, horizontes, ejemplos de conducta a seguir, y como revolucionario cabal, preparó por amor la guerra que llamó “necesaria”, “generosa”, “benéfica” y “culta”. Luchó por una República en Revolución, cuya ley primera sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre, y por ello solo puede calificarse de bárbaros e ignorantes a quienes han profanado su querida imagen, el símbolo que Fidel magistralmente identificó con la idea del bien. Pero lejos de lo que muchos piensan los agravios a su imagen y la exégesis irreverente y tergiversadora en torno a la ejecutoria martiana es de larga data.

Durante su agitada existencia fueron muchas las batallas que, de forma tenaz y sin recursos económicos, sostuvo el Apóstol contra las corrientes anexionista y autonomista a través de la prensa revolucionaria, de la tribuna pública y del epistolario. Esta guerra silenciosa, llevada a cabo en el campo de las ideas, formó parte de una estrategia global para defender el derecho de los cubanos y puertorriqueños a ser libres de todo colonialismo y para impedir a tiempo lo que su genio político había previsto en relación con la expansión del imperialismo norteamericano.

Si bien la guerra ideológica ya se había manifestado con gran dramatismo en la década del 80, es indiscutible que sus más trascendentales batallas tuvieron lugar a partir de la fundación en 1892 del Partido Revolucionario Cubano, con el cual Martí daría unidad y orientación ideológica al proyecto revolucionario en marcha.

La base social del Partido, compuesta en su mayoría por obreros, que tenían un cierto grado de organización y recibían influencia de las ideas socialistas introducidas en Estados Unidos por vía del movimiento obrero norteamericano, y la presencia de amplias masas de negros y mestizos en el Ejército Libertador, alarmaron con creces a los representantes  de una burguesía nativa que aspiraba a una república liberal moderada, sostenida sobre los cimientos de un nexo económico permanente con los Estados Unidos, país que admiraban como modelo de desarrollo económico y social.

Es natural entonces que el líder de la Revolución de signo popular y antiimperialista fuera el blanco predilecto de los ataques y recelos de quienes veían en su línea revolucionaria un peligro para sus intereses económicos y políticos. Aún antes de estallar la guerra del 95, se manifestaba una interpretación de la obra y acción del Apóstol que apuntaba abiertamente hacia la oposición y la crítica en relación con sus métodos organizativos y de dirección así como su orientación ideológica.

Entre los que así se expresaban, se destacaba de forma especial Enrique Trujillo, quien inicialmente había apoyado a Martí, pero es uno de sus más sistemáticos críticos. Aunque no fue partidario abiertamente del evolucionismo, se opuso desde sus mismos inicios a la fundación del Partido Revolucionario Cubano (PRC). Precisamente pocos meses antes de constituirse el PRC, expresaba que”… para desgracia nuestra, la evolución de Cuba es estéril; para ser libres no nos queda más recurso que luchar por nuestra independencia”[1]. Mientras Trujillo escribía esto, Martí arribaba a un momento importante de su obra unificadora en la emigración cubana con la publicación de las Resoluciones de Tampa.

Algunos investigadores han sostenido que el origen de tales discrepancias tenía por base algunas fricciones de índole personal. A esta percepción del problema había contribuido quizás, el artículo que Modesto Tirado publicó en la Revista Bimestre Cubana en 1933, bajo el título de “Vacilaciones”, en el cual insistía en plantear que la contribución de Trujillo a la salida de la esposa y el hijo de Martí de la ciudad de Nueva York, sin haber consultado previamente al líder revolucionario, fue el detonante que motivó la ruptura de relaciones entre ambos emigrados. Sin desconocer la resonancia que tal episodio pudo haber tenido en las relaciones entre ambos, considero que fue la postura política antipatriótica de Trujillo el móvil fundamental que desencadenó sus incesantes campañas contra Martí, las cuales tuvieron tal grado de agresividad y mala fe que Antonio Maceo se vio precisado a reprocharle:

La guerra que Ud. hace al Sr Martí es un crimen de lesa patria. La revolución que se agita sufre las consecuencias con la incertidumbre que se apodera de la gente floja. ¿Cómo tacha Ud. Al Sr Martí, porque consuma ahorros de tabaqueros, que Ud. también explota con su publicación? Si es verdad que lo ameno y variado de El Porvenir lo hace a Ud. acreedor a recoger esos frutos de su trabajo, no es menos cierto que la labor revolucionaria no puede hacerse con sólo el pensamiento. El Sr. Martí consagra todo su tiempo a la causa, sin otra recompensa que la censura imprudente”[2].

Esta oposición a Martí, después de su muerte se incrementa. Trujillo no vacila en acusarlo de querer implantar a través del PRC “una dictadura absoluta”[3], desconociendo de este modo el papel revolucionario y el carácter unitario de la organización política creada por el Delegado.

Pero Trujillo no es el único de los contemporáneos que, desde la emigración, se manifiesta contrario a las ideas del Apóstol. José Ignacio Rodríguez- en este caso anexionista- no sólo acusó a Martí de haber permeado de posiciones socialistas y anarquistas su organización política, con lo cual coincidía con Trujillo[4] sino también condenó a Martí por haber azuzado el odio contra los ricos y los Estados Unidos.

Este cubano que se había acogido a la ciudadanía de Estados Unidos y había ocupado diversas responsabilidades en el gobierno de ese país, entre ellas la de asesor del Departamento de Estado, hizo un documentado y polémico libro, titulado Estudio histórico sobre el origen, desenvolvimiento y manifestaciones prácticas de la idea de la anexión de la Isla de Cuba a los Estados Unidos, donde fundamentaba sus tesis anexionistas.

En su afán de oponerse al ideario martiano no solo desvirtuó lo que Martí había promovido, atribuyéndole una falsa hostilidad hacia España y los Estados Unidos, sino que también trató de rebajar los enormes méritos del Maestro, calificándolo incluso de “desequilibrado mental”. Para validar la tesis de la necesidad de la opción anexionista, Rodríguez no vaciló en usar un tratamiento irreverente y tergiversador en relación con la trayectoria patriótica y antimperialista de Martí llegando incluso a plantear como algo curioso el papel desempeñado por el PRC, organización que se había declarado antianexionista desde sus inicios, en la entrega de Cuba, atada de pies y manos, a los Estados Unidos.[5]

En esta misma línea de pensamiento estuvieron otros detractores que llegaron a culpar a Martí de acelerar la intervención norteamericana.  El escritor matancero Nicolás Heredia en un discurso pronunciado con motivo del III aniversario de la muerte en combate de José Martí afirmó que éste había actuado como un “motor” que había precipitado la intervención, llegando a la insólita conclusión de que con esta se habían hecho realizables las ideas de Martí.[6]

[1] Enrique Trujillo. Apuntes históricos. Propaganda y movimiento revolucionario cubano en los Estados Unidos desde inicios de 1880 hasta febrero de 1895. Tipografía “El Porvenir”, Nueva York, 1896, p., 120.

[2]  Antonio Maceo. Carta a Enrique Trujillo, San José, 22 de agosto de 1894. En: Portuondo, José Antonio. El pensamiento vivo de Maceo. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1976, p.120

[3] Enrique Trujillo, Ob Cit, p.106

[4] Enrique Trujillo, Ob Cit, p. 106

[5] José I Rodríguez. Estudio histórico sobre el origen, desenvolvimiento y manifestaciones prácticas de la idea de la anexión de la Isla de Cuba a los Estados Unidos de América, La Habana, 1904, p. 283.

[6] Nicolás Heredia. “La obra de Martí en relación con los últimos sucesos”. En: José Martí. Obras. Edición de Gonzalo de Quesada. Tomo III “En los Estados Unidos”. Imprenta de teniente Rey 23, La Habana, p.1015.

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