Solidaridad antillana en el proyecto liberador martiano: Cuba y Puerto Rico. (1)
Por: Ms. C. José A. Bedia Pulido

Cierra el siglo XIX y el ciclo independentista hispanoamericano con él; José Martí despliega sin embargo todas sus fuerzas en aras de la emancipación antillana, de Cuba y Puerto Rico. Su prédica atrae a revolucionarios en las islas y su exilio. Para alcanzar el lauro emancipador desarrolla una concepción liberadora reinterpretada a la luz de los acontecimientos sociopolíticos de su tiempo, distintos a los de la alborada continental. Ya aflojaba el dominio colonial español ante las presiones económicas, evidentes luego de la Ley McKinley y la Enmienda Aldrich.[1].

Proyecta alcanzar la independencia insular atento a las realidades hemisféricas, la geopolítica internacional que se erige y a un conjunto de identidades forjadas por la historia. Su estrategia liberadora recaba el esfuerzo de todos, considerando asimismo nuestras diversidades. Cuenta con los hombres de las islas y su emigración, a ellos expone sus ideas sobre cómo “obtener la independencia y libertad de Cuba y Puerto Rico, sin tratos peligrosos con los pueblos de composición diversa, en América o Europa, de quien no pueda venirnos una ayuda desinteresada.”[2]

Incorpora a su llamado reclamos de la predica antillana que le precede, se erige sobre el legado histórico de un dilatado proceso, elevado a grito en 1868 y continuado en esfuerzo durante la llamada tregua fecunda, pues: “Jamás reposó, en Cuba […] ni en Puerto Rico […] el espíritu que […] comenzó a batallar por la independencia antillana.”[3] Necesita de un medio para llevar a todos su quehacer, funda Patria, que nace para procurar el alma patriótica de las Antillas.[4] Su publicación divulga los conceptos que luego sostendrán las armas en el momento preciso, cava lo que llamó trincheras de ideas.

Patria encarara una situación internacional diferente a la de los estallidos precursores de Lares y Yara. En el XIX finisecular las Antillas hispanas viven bajo nuevas presiones, se dice que España gobierna sus colonias en favor de los Estados Unidos, y en América Latina el entusiasmo independentista que hermanó dio paso luego a regímenes que no estaban lo suficientemente dispuestos a colaborar con la emancipación insular como a insertarse en la economía mundial.

El periódico de Martí tiene una gran acogida, pronto gana protagonismo entre las publicaciones del exilio antillano que circulan en los Estados Unidos.[5] Pero en el contexto lleva a formular interrogantes: ¿Cómo exponer el hermanamiento cubano-boricua generando poca hostilidad? ¿Cómo presentar, con escasa beligerancia, el papel crucial de las Antillas en la geopolítica del orbe? En la última década del siglo XIX ya no es viable proyectar la unión del área sustentando ideas de federación o confederación, como lo fue en las décadas de 1860 y aún de 1870. La unidad no puede ser concebida desde una coalición sin “que provocase reparos y justificaran la agresión, [lo viable radicaba] […] en la unión sutil, y manifiesta en todo, sin el asidero de la provocación confesa, de las islas que han de sostenerse juntas”.[6]

La integración, elemento neurálgico debe ser sutil, componente novedoso en la prédica independentista que siempre proclama a las Antillas hispanohablantes como conglomerado que comparte el sueño de crear un frente común. La unidad ideológica, de espíritu, requiere una diferente liga a fin de encarar sus desafíos y momentos. No se pronuncia por una estructura orgánica pero enfatiza la fraternidad avalada en origen, lucha y destino: “Unas son en el porvenir, como han sido unas en el pasado, el alma de Lares y el alma de Yara.”[7]

El concierto regional, vital en su propuesta, encara el futuro y con él la libertad hispanoamericana y el equilibrio del mundo. Su empresa no es solo una campaña justa, encierra una tarea mayor, ser salvaguarda regional.[8] Las Antillas independientes, junto a los pueblos libres del hemisferio deben ser el muro de contención a pretensiones injerencistas, por ello aclara: “peleamos en Cuba para asegurar, con la nuestra, la independencia hispanoamericana”.[9] Su estrategia política expansiva proyecta a partir de alcanzar la independencia insular buscar la salvación de toda la América hispana, el aseguramiento de la soberanía regional.

Atento a su momento y a las experiencias revolucionarias precedentes, con noción clara de la historia y las problemáticas coyunturales de su entorno geo-político expone su proyecto, publica las Bases del Partido Revolucionario Cubano que “se constituye para lograr con los esfuerzos reunidos de todos los hombres de buena voluntad, la independencia absoluta de la Isla de Cuba, y fomentar y auxiliar la de Puerto Rico. // […] a fin de fundar en Cuba por una guerra de espíritu y métodos republicanos, una nación capaz de asegurar la dicha durable de sus hijos y de cumplir, en la vida histórica del continente, los deberes difíciles que su situación geográfica le señala.” [10]

Mucho se habría de batallar a partir de ese momento, el sueño de obtener la independencia comienza a ser realidad, recobra fuerzas, la primera etapa de la guerra necesaria ha concluido.[11] Comienza Martí nuevas tareas por el bien de las Antillas y el orbe.

[1] Ver de Diana Abad: Cuba. La revolución de 1895. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1996. pp. 4 y 5.

[2] José Martí: “Recomendaciones”, en: José Martí Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1973, t. 2, p. 155. (En lo adelante OC.)

[3] José Martí: “A Nuestra Prensa”, en: OC. t.1, p. 322.

[4] Véase de José Martí: “Generoso deseo”, en: OC. t 1, p. 25.

[5] Sobre el particular consúltese de Ibrahím Hidalgo: “Patria: Órgano del patriotismo virtuoso y fundador”, en: Incursiones en la obra de José Martí. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1989. p.140.

[6] José Martí: “Las Antillas y Baldorioty Castro”, en: OC., T. 4, P. 405.

[7] José Martí: “El convite a Puerto Rico”, en: OC. t.1, p. 324.

[8] Julio Le Riverend expresa que Martí aborda la idea de equilibrio del mundo en 1889, siendo este el punto de partida de su tercera etapa revolucionaria. Entonces el cubano señalaba: “la independencia de la América española, donde está el equilibrio del mundo” En: “Congreso Internacional de Washington”, OC. t. 6, pp.62 y 63. Le Riverend argumenta la articulación de esta idea en el Apóstol partiendo de la realidad histórico-concreta del orbe en el XIX finisecular. Consúltese de este autor: “El historicismo martiano en la idea del equilibro del mundo”. En: José Martí: pensamiento y acción. Editora política, La Habana, 1982. pp. 97-122.

[9] José Martí: “En Casa” En: OC. t. 5, p. 375.

[10] José Martí: “Bases del Partido Revolucionario Cubano”, en: OC. t. 1, p. 279.

[11] Véase de Ibrahím Hidalgo: “Reseña de los clubes fundadores del Partido Revolucionario Cubano”, en: ob. cit. p. 138.