Por los caminos de la identidad latinoamericana
Por: Ms.C. Lourdes Ocampo Andina

Lourdes_OcampoEn José Martí su teoría poética constituye un cuerpo orgánico, esta alcanza todos los géneros en los que incursiona y determina su expresión. La literatura es una dimensión sustancial de su propia existencia; de ahí que los hechos vitales y los literarios no encuentran un claro deslinde[i] entre sí.

Heredero de la poética romántica, se adhiere al principio de la libertad formal. Su ideal está orientado a buscar una forma propia para cada creación: en definitiva, la modernidad expresiva. La armonía entre expresión y contenido es particular para cada hecho artístico: la nueva relación no admite leyes, pues cada obra elabora las suyas propias. Dice: “La idea ha de encajar exactamente en la frase, tan exactamente que no pueda quitarse nada de la frase sin quitar eso mismo de la idea.”[ii]

En América, junto a la necesidad de un gobierno acorde a la constitución física y espiritual del continente, se impone la urgencia de crear una literatura arraigada en lo hispanoamericano. Uno de los primeros pasos para elevar la categoría de las letras americanas, consiste en transferir a la literatura la naturaleza y el entorno humano que le son propios, no es la mera representación de los motivos literarios genuinamente hispanoamericanos, sino la elaboración de un lenguaje de inconfundible acento americano. La armonía esencia-forma da como resultado un discurso acorde con la idea sentida. La completa independencia llegará cuando la esencia del continente tome cuerpo en un discurso poético distinto del que España le proporciona.

Dice Martí: “Lengua áurea, caudalosa y vibrante habla el espíritu de América, cual conviene a su luminosidad, opulencia y hermosura” y con esto sella su vínculo indisoluble entre cultura y lengua nacional.

Martí conoce, en su andar por España e Hispanoamérica, distintas variantes nacionales y regionales de la lengua española: en España, la madrileña y la aragonesa y en América, la mexicana, la guatemalteca, en su variante culta y popular, la venezolana y por supuesto la suya propia, la cubana. Las conoce en un momento histórico cultural en que la literatura solo reflejaba las variantes cultas y de prestigio, que seguirán moldes y motivos propios de Europa y específicamente de España.

Martí intenta representar—y de esta manera validar ante el mundo desarrollado y ante América misma—lo autóctono y para ello se vale especialmente del lenguaje, en la medida en que para él esencia y forma se hallan estrechamente ligados, por tanto escribe con un lenguaje que sea la esencia misma de América. Para esto, en ocasiones, utiliza las variantes locales, en sus estratos más populares, como es el caso de su [Diario de Izabal a Zacapa].


[i] Para ampliar al respecto veáse La poética de José Martí y su contexto, de Carlos Javier Morales. Ed. Verbum, Madrid, 1994, p. 162.

[ii] OC. T. 21, p. 255.

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